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23 de marzo de 2019

Jorge Luis Borges : El universo como caos y la existencia como azar


Jorge Luis Borges : El universo como caos y la existencia como azar

El universo como caos

La visión del universo, en Borges, es la de un caos azaroso, incomprensible,       en el cual el hombre se debate sin posibilidades de hallar en él un orden que se ajuste exactamente a su naturaleza (que no podrá conocer, claro está).
Esa realidad monstruosa y caótica ha sido ejemplificada por Borges en La Biblioteca de Babel, donde el universo está simbolizado en una biblioteca infinita, edificio exagonal como una torre sin término, que contiene todos los libros, pero cuyo sentido, cuyo significado final escapa a quienes la recorren y escu­driñan anhelosamente. Y el desorden irracional que en ella impera se co­rresponde con el del mundo todo. La arquitectura del edificio, sus espejos, las innumerables galerías exagonales, los pozos infinitos, Dios, que está oculto bajo las formas del círculo y la esfera, son también un símbolo de esa inalcanzable realidad que nos ro­dea. Porque el mundo es un caos que no puede ser reducido a ninguna ley comprensible para el hombre. Ese es el sentido del palacio inconmesurable que habita el Minotauro en "La casa de Asterión", que es un laberinto.

El laberinto, en Borges, es un motivo repetido que reaparece en varias de sus ficciones. Por una parte represen­ta alegóricamente el universo; por la otra apunta a  la  imposibilidad huma­na de comprenderlo.
 Estamos en un mundo creado por dioses que son los únicos que podrán comprenderlo. Es­to ha sido muy claramente explicitado por Borges al describir el palacio de los Inmortales en su admirable re­lato "El Inmortal"
"la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y re­pugnó. Un laberinto es una casa la­brada para confundir a los hombres, su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin. En el pa­lacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin. Abunda­ban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable, la aparatosa puerta que daba a una celda o a un pozo, las increíbles escaleras inver­sas, con los peldaños y la balaustra­da hacia abajo... la desatinada ciu­dad que yo recorrí": suerte de paro­dia o reverso y también templo de los dioses irracionales que manejan el mundo "y de los que nada sabemos, salvo que no se parecen al hombre..."

Esta idea aparece también expresada conceptualmente en Otras  inquisicio­nes: "La imposibilidad de penetrar el esquema divino del universo no puede, sin embargo, disuadirnos de planear esquemas humanos, aunque nos conste que estos son provisorios".

La existencia como azar

Esta visión del universo, escéptica y cargada de irracionalidad, se conjuga con una semejante referida a nuestra existencia y nuestro destino como hombres. Es muy difícil que poda­mos conocer con exactitud la reali­dad del mundo, pero también la reali­dad de nuestras vidas, el sentido de ellas, la diferencia entre el Bien y el Mal.
Este pensar la vida humana como sometida a un hado incognosci­ble e indomeñable ha sido magistralmente concretado en La lotería en Babilonia. Allí nos enteramos que la pasión por el juego de los babilo­nios lleva a los organizadores a intro­ducir en los premios no solamente el dinero, la fama, el poder y la gloria, sino también la muerte, el escarnio, la derrota y la pobreza. Así, el triun­fo o la desgracia dependen de pode­res ocultos, inalcanzables (la Compa­ñía), que decretan la suerte que nos tocará en los juegos. Al final del cuento advertimos que estamos le­yendo una alegoría de nuestra propia existencia, del caótico azar que nos rodea y gobierna.
Esta concepción del propio destino como sujeto al laberíntico universo, también ha sido conceptualmente ex­presada por el autor, en Discusión: "Yo creo que en el impensable desti­no nuestro, en que rigen infamias co­mo el dolor carnal, toda estrafalaria cosa es posible, hasta la perpetuidad de un Infierno”.
La idea de que el destino no depen­de de nosotros está magistralmente expresada ya en uno de los cuentos de Historia universal de la infamia. Y tiene una magnífica versión indi­vidual en "El muerto". El protago­nista triunfa, logra el poder, el amor y el éxito, para descubrir al final que todo ha sido una burla siniestra; lo han dejado llegar a la felicidad para después matarlo.
fUENTE:  CEAL (Centro Editor de América Latina ) nº 48. BUENOS AIRES, 1968.





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