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2 de julio de 2008

Análisis poema de Jorge Luis Borges: El general Quiroga va en coche al muere

Análisis del poema
El general Quiroga va en coche al muere


de Jorge Luis Borges
















El madrejón desnudo ya sin una sé de agua
y la luna atorrando por el frío del alba
y el campo muerto de hambre, pobre como una araña.

El coche se hamacaba rezongando la altura:
un galerón enfático, enorme, funerario.
Cuatro tapaos con pinta de muerte en la negrura
tironeaban seis miedos y un valor desvelado.


Junto a los postillones jineteaba un moreno.
Ir en coche a la muerte ¡qué cosa más oronda!
El General Quiroga quiso entrar en la sombra
llevando seis o siete degollados de escolta.


Esa cordobesada bochinchera y ladina
(meditaba Quiroga) ¿qué ha de poder con mi alma?
Aquí estoy afianzado y metido en la vida
como la estaca pampa bien metida en la pampa.


Yo, que he sobrevivido a millares de tardes
y cuyo nombre pone retemblor en las lanzas,
no he soltar la vida por estos pedregales.
¿Muere acaso el pampero; se mueren las espadas?


Pero al brillar el día sobre Barranca Yaco
sables a filo y punta menudearon sobre él:
muerte de mala muerte· se lo llevó al riojano
y una de puñaladas lo mentó a Juan Manuel.


Ya muerto, ya de pie, ya inmortal, ya fantasma,
se presentó al infierno que Dios le había inarcado,
y a sus órdenes iban, rotas y desangradas,
las ánimas en pena de hombres y de caballos.


Borges se inicia en la literatura co­mo poeta y, más precisamente, como poeta ultraista. El ultraismo fue un movimiento de vanguardia orientado hacia la renovación del lenguaje poé­tico: consideraba como elemento esen­cial del género lírico la metáfora, pero valoraba en ésta, por sobre todo, lo insólito, lo novedoso, de modo que su valor era proporcional al grado de sor­presa y de capacidad de impacto que encerraba. Borges fue al comienzo un entusiasta ultraísta: publicó sus pri­meros poemas en las diversas revistas del movimiento y hasta fue un teórico de la nueva tendencia. Sin embargo, aun en sus textos de juventud se ad­vierte un espíritu de mayor sutileza, de mayor amplitud artística y de ma­yor profundidad que en la mayoría de los ortodoxos de esta escuela. Para él, el valor de la metáfora no radica únicamente en su poder de sorprender, y esto se advierte en una de sus de declaraciones en la revista Ultra, N· 1: "Yo anhelo un arte que traduzca la emoción desnuda, ... Para esto -como para toda poesía- hay dos imprescindibles medios: el ritmo y la metáfora: el elemento acústico y el luminoso. .. La metáfora, esa curva verbal que traza casi siempre entre dos puntos -espirituales- el camino más breve".
En los poemas de su primera ver­tiente temática, la que él mismo defi­ne como "mitología del arrabal" (Fer­vor de Buenos Aires, Luna de enfrente, libro al cual pertenece El general Quiroga va en coche al muere), alude a circunstancias y motivos históricos argentinos y adopta una peculiaridad idiomática pocas veces frecuentada por nuestra poesía: emplea numerosos ar­gentinismos consistentes no sólo en matices fonéticos (ciudá, sé, tapaos por ciudad, sed, tapados), sino , tam­bién construcciones típicamente por­teñas, como la que aparece en el tí­tulo del poema que analizaremos: "El general Quiroga va en coche al muere". Esto manifiesta una marcada tendencia de la poesía de Borges al tono habla­do o conversacional, que no sólo no rehúye sino que busca los giros pro­saicos.
En la madurez, Borges aborda en sus poemas los mismos temas de su narrativa: la obsesión del tiempo, el infinito espacial, la vida como sueño, la relatividad de lo real, la muerte, dan a su obra un tono reflexivo y de hondura filosófica. Desde el punto de vista formal, ha vuelto a formas mé­tricas y estróficas regulares, abando­nando la libertad rítmica anterior y su lenguaje se ha tornado más sencillo y elemental que nunca.

TEMA
El tema del poema es la evocación del asesinato de Facundo Quiroga, perpetrado por la partida que comandaba Santos Pé­rez, en Barranca Yaco, provincia de Cór­doba, en 1835. Quiroga había sido enviado a la ciudad de Córdoba para mediar en ciertas diferencias que separaban a los gobernadores del norte del país y a su re­greso es advertido en numerosas oportu­nidades de la emboscada que le aguarda.
Pese a ello y llevado sin duda por su orgullo y por la convicción de que el solo magnetismo de su nombre y de su presen­cia bastarían para desarmar a los hombres de Santos Pérez, se obstinó en seguir la ruta que lo conduciría a la muerte junto con toda su escolta, integrada por su secre­tario, el postillón, dos correos, un niño y un negro que iba a caballo junto a la galera. Nadie logró escapar con vida a la masacre, hasta los caballos fueron destro­zados, y la galera, con su macabro conte­nido, arrojada a un bosque cercano. Borges logra no sólo recrear poéticamente este hecho de sangre, sino' también hacer revi­vir, en toda su: arrogancia y en su temeraria confianza en sí mismo, la personali­dad de su protagonista enfrentando a la situación límite de la muerte.

ESTRUCTURA
El poema consta de dos partes perfectamente definidas en cuanto a su contenido y a su función específica:
1) Primera parte
Comprende los tres primeros cuartetos.
Su función es describir el lugar en el que va a transcurrir el hecho evocado, crear el ambiente adecuado y presentar al caudillo, cuya figura dominará el resto del poema.
Se parte del marco geográfico para llegar lentamente al protagonista, median­te un graduado movimiento descriptivo que se detiene sucesivamente en los siguientes elementos:
· El madreján, la luna, el frío del alba, el campo miserable, conjunto de ele­mentos que· crean desde el comienzo la necesaria atmósfera de soledad, des­amparo y tristeza.
· El coche y sus caballos, presentado co­mo un verdadero carruaje fúnebre.
· En el último verso de la segunda es­trofa:
tironeaban' seis miedos y un valor desvelado.
Se alude ya a los ocupantes de la galera, contraponiendo mediante sus diversos sentimientos a Quiroga y a los integran­tes de su escolta.
La descripción se detiene fugazmente en el moreno que marcha a caballo junto a los postillones. Se completa así el cuadro exterior: ya están presenta­dos los protagonistas del drama que va a ocurrir -hombres y caballos-, el Fúnebre galerón que les servirá de ataúd y el desolado paraje en el cual trans­currirá la acción. Además, mediante una serie de recursos expresivos se ha crea­do una atmósfera luctuosa en la que cada elemento está orientado a anun­ciar la inminencia de la muerte.
· La descripción se interrumpe de pronto ,con una súbita intervención del autor, que contiene una consideración general acerca dl hecho evocado y una síntesis de la situación:
Ir en coche a la muerte ¡qué cosa más oronda!

2) Segunda parte
Comprende los cuatro cuartetos restan­tes y está dominada por la figura del pro­tagonista. Pueden distinguirse en ella tres momentos, que difieren por su forma y por su contenido:
a) Los dos primeros cuartetos expresan las. cavilaciones del caudillo y adoptan, para hacerlo, la primera persona. Con ello se obtiene un doble efecto: se ma­tiza la forma del poema, interrumpien­do la monotonía de la tercera persona; se logra plasmar la presencia de Qui­roga de manera más vívida y directa, el lector invade su interioridad más profunda, nutrida de soberbia arrogan­cia y de ilimitada autoconfianza. El pronombre de primera persona con que comienza el segundo cuarteto tiene un enorme peso en la economía del poema: es como si el protagonista se erigiera en figura indestructible e in­mortal, y esto se acentúa mediante el contenido de la estrofa y a través de la tácita comparación con el pampero y las espadas .

b) En un segundo momento (penúltima estrofa) se desencadena la tragedia. El cambio de tono está expresado por la conjunción adversativa pero que en­cabeza el cuarteto, la cual establece ­cierta continuidad pero marca al mis­mo tiempo una oposición con respecto al anterior. Se mencionan escuetamente la hora del día, las armas homicidas y una ligera referencia al presunto cul­pable. Esta sobriedad de elementos acentúa la intensidad del hecho.
c) En un tercer momento Quiroga ya se ha convertido en fantasma o en legen­daria presencia inmortal, y el poeta lo acompaña hasta su destino definitivo: aun allí lo imagina comandando a su destrozada escolta.

Al igual que en su narrativa, el estilo poético de Borges se caracteriza por una extremada sencillez y' sobriedad en el uso de los recursos expresivos. Su talento lo lleva a organizar el poema no sobre la base de una acumulación de figuras retó­ricas, sino mediante una selección rigurosa de cada vocablo, orientada a obtener con un lenguaje simple y aun de todo colo­quial, la mayor síntesis expresiva y la ma­yor intensidad poética. Sus períodos oracio­nales son también breves y de estructura sintáctica poco compleja.

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