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4 de abril de 2015

El decadentismo- Características

El decadentismo es una explosión imaginativa en un mundo dominado por la literalidad. La rebeldía contra la ética y la estética imperantes, por un lado, y la exploración sistemática de la angustia de vivir encuadrada en la búsqueda de nuevas for­mas expresivas, por otro, dan cohesión a un grupo de artistas euro­peos y americanos que producen sus obras más representativas entre 1880 y 1910.

Los decadentistas construyen una constelación de redes metafóricas que se expande concéntricamente desde París a todos los países que caen en su órbita cultural. Continúan las búsquedas formales de sus maestros, llevándolas a la exaspera­ción, al exceso, por lo que clausuran las posibilidades abiertas por el romanticismo, a la vez que abren el camino a los movimientos de vanguardia.

Los decadentistas reaccionan contra el positivismo, el realismo y el naturalismo. Los grandes maestros del decadentismo, reconocidos tanto por los integrantes del movimiento como por la crítica, fueron Poe, Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé y Verlaine.

Hay dos grandes tendencias en el movimiento: la pesimista, derivada de la filosofía de Schopenhauer, por la que se rechaza la voluntad de vivir y se considera que la contemplación estética es la única felicidad verdadera del hombre; y la voluntarista , deriva­da de Nietzsche, para la que los estetas son los hombres superio­res que están más allá del bien y del mal.

Los decadentistas practican la discontinuidad, la fragmenta­ción, la acumulación, la reflexividad del texto. Apuntan a un sen­tido que está siempre más allá, en otra parte, recreándose en la polisemia y en las ambigüedades personales y textuales, provo­cando siempre la imaginación del lector. Como señala Cario Annoni, con el decadentismo se consuma la liquidación de las formas en el arte: se pasa de la poética de la forma a la poética del signo, la música llega a la atonalidad y la pintura inicia el camino de la abstracción.

El decadentismo y el simbolismo europeos, y el modernismo en los países hispánicos, fueron un renacimiento del espiritualismo, una revalorización de lo que puede percibirse más allá de los sentidos, un misticismo profano, una preferencia por lo excepcio­nal, lo arquetípico, lo exótico, lo misterioso; una búsqueda de ana­logías y correspondencias que explicaran el sentido oculto del uni­verso, una evocación por la palabra y el ritmo de matices y sutile­zas. Un rechazo, por lo tanto, del realismo, del racionalismo, del positivismo y de la fealdad burguesa e industrial.

 Dentro de esta revolución de la sensibilidad y el gusto que significaron los movimientos citados, el decadentismo es asimilado a la temática más morbosa, más truculenta: las perversidades sexuales, el sacrilegio, la mezcla de erotismo y religión, el satanismo, lo macabro, el deleite en la enfermedad y la agonía, la admiración por la barba­rie, los seres marginales y fuera de la ley; el desprecio, en fin, de la moral burguesa.

El mensaje de Des Esseintes, el personaje de A rebours de Huysmans, prototipo del héroe decadentista, podría sintetizarse en la frase: "El mundo es como yo quiero que sea, yo me lo invento". Pero no hacen falta héroes ficticios para ejemplificar prototipos decadentistas, ya que un tópico de este movimiento fue confundir vida y literatura, y nada mejor entonces que leer la biografía de "Papá Verlaine", "aquel divino huésped de hospitales, de tabernas y de burdeles" como lo llamó Valle Inclán.

El decadentismo fue también un modo de vida: el siglo XIX, que vio tantas transformaciones sociales al consolidarse la revolu­ción liberal, asistió al nacimiento de la vida bohemia. Conspiradores, artistas, jóvenes que abandonaban sus hogares por una vida sin sujeciones burguesas integraban el grupo, que se nutría con otros marginados. El café y las redacciones de los periódicos eran los lugares habituales de reunión, generalmente  alegre y bulliciosa aunque sus integrantes estuvieran en la miseria.

 A fin de siglo la bohemia había consolidado sus estereotipos: genialidad, hambre, rebeldía. Paul Verlaine fue la figura prototípica de la bohemia parisiense durante los diez últimos años de su vida, convirtiéndose en una figura legendaria del barrio latino por su atuendo, los escándalos de su vida, su magisterio sobre los jóvenes escritores, sus excesos, sus hospitales. En la última déca­da del siglo (murió en 1896) fue imitado, admirado, protegido por los decadentistas.

Alternar el hambre con manjares y bebidas caras o los harapos con el smoking -el bohemio y el dandy son prototipos de la época-significaban el desprecio de la medianía, del buen sentido burgués.

La transgresión de los límites semánticos de las palabras, de los límites sintácticos de la oración, de los límites de la proso­dia, de los límites entre las artes, tiene su contrapartida en los temas preferidos por los decadentistas: la podredumbre, lo prohibido, la muerte invadiendo la vida  y viceversa, los límites entre los sexos, el hermafrodita, el arte imitando la vida y la vida imitando al arte, la búsqueda del absoluto por vericuetos inexplorados...
Visiones de exceso que llegan a los movimientos de vanguar­dia y son reelaboradas por el surrealismo; dentro de este movi­miento es quizás Georges Bataille quien las ha explorado más sis­temáticamente, tanto en sus novelas como en sus ensayos.


Fuente: Leda Schiavo ,  El éxtasis de los límites, Ed. Corregidor (sin más datos).

Vanguardias españolas e hispanoamericanas

Resumen 
Vanguardias españolas e hispanoamericanas
Creacionismo
País: Chile, Argentina, España
Primera manifestación: 1916
Características: Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol.
 Exponentes: Vicente Huidobro, Juan Larreta, Gerardo Diego...

Ultraísmo
País: España
Primera manifestación: 1918
Características: Hacer una poesía "ultra" que fuera más allá de todo el arte del novecentismo a través de poemas visuales
Exponentes:  Cansinos-Assens, Guillermo de la Torre, Juan Larrea, Adriano del Valle, Pedro Garfias, Eugenio Montes, José Rivas, Jorge Luis Borges...

Estridentismo
País: México
Primera manifestación : 1922
Características: Exaltación futurista de la mecánica más la irreverencia dada
Exponentes Manuel Maples Arce, Salvador Gallardo, Germán List Arzublde, Luis Quintanilla...

Surrealismo

País: España e Hispanoamérica
Primera manifestación : 1923
 Características: Buscar la libertad creadora más allá del realismo a través del inconsciente y del mundo onírico
Exponentes :Todos los poetas y grupos vanguardistas hispanos tuvieron manifestaciones surrealistas

Martín Fierro

País: Argentina
Primera manifestación : 1924
Características Desterrar el modernismo en pro de la vanguardia y el creacionismo

Exponentes :Jorge Luis Borges, Leopoldo Lugones, Oliverio Girando...

Amauta
País: Perú
Primera manifestación  : 1926
Características :Compromiso político y estético: crear un Perú nuevo dentro del mundo nuevo
Exponentes :José Carlos Mariátegui, César Vallejo, Alberto Hidalgo, Martín Adán, César Falcón, Xavier Abril...

Generación del 27
País: España
Primera manifestación 1927
Características Encuentro entre la poesía clásica española y las vanguardias
Exponentes:  Luis Cernuda, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Jorge Guillen, Manuel Altdaguirre...

Contemporáneos
País:   México
Primera manifestación 1928
Características Búsqueda de expresión poética pura
Exponentes : Jorge Cuesta, Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen, Salvador Novo, Carlos Pellicer, José Gorostiza, Jaime Torres Bodet, Bernardo Ortiz do Monteliano...


 Fuente : Enciclopedia Microsoft(R) Encarta(R) 99. (c) 1993-1998 Microsoft Corporation


21 de enero de 2015

Las mil y una noches: origen- estructura-marco histórico y geográfico. El hilo conductor

Las mil y una noches: origen- estructura-marco histórico y geográfico. El hilo conductor

Los viajes de Simbad el marino -al igual que "Alí Baba y los cuarenta ladrones", "Aladino y la lámpara mágica" y muchas otras historias- se encuentran narrados en Las mil y una noches. Este libro ha sido inves­tigado por los más destacados estudiosos, pero no se ha llegado a una conclusión definitiva sobre sus orígenes.
Existen varias teorías al respecto. Mientras algunos piensan que proviene de la India, otros sostienen que es de origen persa. Los arabistas se basan en un hecho muy concreto: el libro está escrito en árabe. Finalmente, hay quienes relacionan Las mil y una noches y el Libro de Ester, de la Biblia, lo que los lleva a hablar de un autor judío arabizado.

Ahora bien, todos coinciden en que el libro es una compilación de relatos folclóricos de diversa procedencia, como la India, Persia, Egip­to y la literatura judía. Como los árabes fueron quienes se encargaron de recopilarlos, al hacerlo, los modificaron según su religión y sus costumbres. Quienes transmitían oralmente estas historias, los rapsodas (de rapto, coser'), las "cosían", en buena medida, según su propio gusto. A estas modificaciones, hay que sumarles las que intro­ducían los copistas, que eran los encargados -antes de la invención de la imprenta— de copiar los textos a mano.

La vida escrita del libro comienza hacia el siglo IX d. C, pero la obra sufre modificaciones y añadidos hasta el siglo XVI. Hay tantas di­ferencias entre una edición y otra que, por ejemplo, nos encontramos con dos séptimos viajes de Simbad completamente diferentes entre sí.

Antes del siglo XVIII,  muchos de los cuentos de Las mil y una noches se conocían en Europa sin que se supiera su origen. Así, por ejemplo, "La ajorca de oro" constituye una versión de "La Cenicienta" distinta de la que publicó en Francia Charles Perrault (1628-1703), que la había tomado de otras fuentes populares. La fábula de la lechera, que se conoce en España gracias al Infante Juan Manuel( 1282-1348), tam­bién proviene del libro árabe, aunque se supone que es de origen indio.

Por fin, Antonio Galland publicó en París, en 1704, la primera traducción al francés y, con ella, las noches orientales llegaron a Occidente. El éxito fue rotundo, pese a que se criticaron algunas li­cencias del traductor''.
Durante el siglo XIX, se realizan otras traducciones. Para mencionar sólo algunas, citaremos las de Gustave Weil al alemán (1838), que fue retraducida al español por Bergnes (1841); y la del explorador y tra­ductor sir Richard Burton al inglés (1885). Esta última era la que leía con veneración el escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), y fue la primera versión "sin cortes", lo cual le atrajo no pocas críticas en la rígida sociedad victoriana de su época. Recién en 1958, con el trabajo de Rafael Cansinos Asséns, aparece la primera versión castellana tomada :tamente del árabe.

El hilo conductor
¿Cómo se hace, en Las mil y una noches, para dar coherencia y unidad datos tan diversos? Con un recurso propio de todas las colecciones cuentos medievales: el empleo de un marco narrativo, es decir, un suceso o un personaje que sirve de pretexto para presentar cuentos que no tienen relación alguna entre sí, fuera de ese hecho o de ese narrador común. Por ejemplo, en el libro del infante Juan Manuel, el sabio Petronio cuenta "ejemplos" a su alumno, el conde Lucanor, para enseñarle el arte de gobernar. El escritor inglés Geoffrey Chaucer (1340-1400) imaginará una peregrinación religiosa; y el italiano Giovanni Boccaccio 3-1375), una peste terrible; ambas como situaciones propicias para que diversos personajes cuenten, a su turno, una historia.

El hilo conductor de Las mil y una noches es bastante más elaborado y original : en la antigua Bagdad, floreciente bajo el gobierno del imaginario sultán Schahriar, ocurrió que su esposa lo ofendió gravemente. Furioso, la mandó matar y, a partir de entonces, desposó cada día una muchacha distinta, a la que hacía ejecutar en el amanecer siguiente. Ante estas circunstancias, los nobles que tenían hijas solteras comenzaron a huir del reino, hasta que el visir (es decir, el primer ministro) que era el encargado de elegir a las infortunadas novias— no encontró muchacha casadera que no fuera su propia hija, Scherezada, famosa por su  habilidad como narradora. Esta acudió al palacio junto con su hermana menor, Donihzada y, durante la noche de sus nupcias, le suplicó al sultán que le concediera un último deseo: despedirse de su hermana antes de morir. Tal como habían arreglado, Donihzada le pidió que le contara una de sus historias, deseo que cumplió Scherezada frente a su hermana y el sultán. Pero llegó la madrugada y el cuento no había aca­bado, por lo que el sultán, intrigado por el final, le perdonó la vida hasta el día siguiente.

Así, durante mil y una noches, la muchacha mantuvo fascinado al monarca con relatos como el de los viajes de Simbad, hasta que, fi­nalmente, Shahriar, enamorado de ella y de su habilidad, le perdonó la vida. De este modo, a través de la literatura, la hija de la luna no só­lo se salvó a sí misma y a las jóvenes de su reino, sino que transformó al violento sultán en un gobernante magnánimo y justo.

La milenaria Bagdad
Las mil y una noches se ambienta en el período de mayor esplendor político y cultural de los árabes, en el momento inmediatamente anterior a la desintegración política del Islam. Durante parte del siglo II de la hégira (nuestro siglo VIII), este gran imperio fue gobernado, desde su corte de Bagdad, por Harum al Raschid.
Los relatos evocan la fundación de Bagdad (terminada en el 766), cuya posición estratégica la convirtió en el centro del comercio oriental. En esta edad dorada, se mueve la figura del omnipresente califa.
Los hechos históricos posteriores, de enorme magnitud, como la desmembración del califato, el fin del dominio árabe en España, el descu­brimiento de América... no se mencionan en los relatos de Las mil y una noches (salvo alguna alusión incidental a la tercera Cruzada), pese a que su redacción se remonta hasta el siglo XVI. El libro ha mantenido intacto para sus lectores esa Bagdad floreciente, propicia para el ensueño.

El marco geográfico
Algo parecido sucede con la Geografía, ciencia que estaba avanzada en el siglo XVI gracias a los datos de viajeros árabes.
Sin embargo, los viajes de Simbad recorren un espacio mítico, que alberga genios y animales fabulosos, junto con algunos ríos e islas que los geógrafos pueden ubicar hoy con alguna precisión.
El lector encontrará costumbres antiguas de pueblos actuales, hechos imaginarios de personajes históricos, aven­turas ficticias en lugares reales y una enorme cantidad de seres fantásticos, naufragios peligrosísimos y banquetes fastuosos... Todo gracias a un comerciante musulmán protegido por Alá.

Fuente: Simbad, el marino
Ed.Cántaros, Bs.as.,2003




20 de enero de 2015

LA ORACIÓN Y EL ENUNCIADO (II). ORACIÓN SIMPLE. EL VERBO Y SUS ARGUMENTOS. LOS ADVERBIOS. LA REFERENCIA. LAS MODALIDADES


  La oración simple

La oración puede ser estudiada desde la sintaxis, que se ocupa de las relaciones que establecen entre sí las pala­bras y las estructuras que conforman la oración. Desde el punto de vista sintáctico, esto es, de las partes que la constituyen, las oraciones se pueden dividir en simples y compuestas.

A su vez, las oraciones simples pueden ser de dos tipos, según tengan des miembros o sólo uno. En el primer caso se trata de oraciones bimembres; en el segundo, de oraciones unimembres.

Las oraciones bimembres están formadas por dos constituyentes -un sujeto y un predicado- que son codependientes, es decir, no puede apare­cer el uno sin el otro.

Las oraciones unimembres, por su parte, tienen un único constituyente que no es ni sujeto ni predicado. Estas oraciones se forman de tres maneras:

        con verbos atmosféricos Relampaguea en el horizonte.
    con el verbo "haber" conjugado cuando es impersonal:  
  •  Hay demasiada gente en este lugar.
  •   Hubo problemas para llegar hasta ahí.


       con un núcleo sustantivo derivado de un verbo:
  Importante embotellamiento en los accesos a esta ciudad.

Por su parte, las oraciones bimembres están formadas por un predica­do, cuyo núcleo suele ser un verbo conjugado y por un sujeto, que, como ya se dijo, concuerda con el verbo en persona y número. Ejemplo: 

  •  Una persona necesita entre 2.000 y 6.000 miligramos de potasio por día
  • Los comerciantes aumentaron los precios de los alimentos sólo un 30%.
  •  Nosotros viajamos a menudo para ver a mi familia. 


El verbo y sus argumentos
En una oración simple, el verbo conjugado cumple la función de núcleo del predicado verbal. Desde esa posición, selecciona argumentos que lo acompañan. Estos argumentos pueden ser de dos tipos: internos o externos.
 El argumento externo es el sujeto oracional, que puede ser un sustantivo -o construcción sustantiva- o un pronombre personal. Con el argumento externo, el verbo concuerda en persona y en número.
Los argumentos internos son los complementos del verbo que forman con él el predicado verbal. Sin embargo, no todos los verbos conjugados seleccionan argumentos internos ya que puede bastar por sí solo para decir todo lo que se quiere decir sobre el sujeto. Por ejemplo, en:
       El niño duerme.
       El perro huyó.
       Escribiré.

Los verbos ("duerme", "huyó", "escribiré") no seleccionan argumen­tos internos ya que no requieren de otras palabras que completen su sentido. En cambio en:

·         La niña dio un juguete a su hermano.  
·         El mensajero entregó el paquete.

Los verbos ("dio", "entregó") exigen los argumentos que necesitan para completar el sentido. En estos casos, se trata de verbos que requie­ren de argumento o complementos que los acompañen.
Sin embargo, la selección de los argumentos no depende únicamente el verbo sino del discurso y de la situación de enunciación, dado que en muchos casos puede reponerse la información faltante gracias al texto y al contexto. Así en:
·         Cierra un poquito.

·         Juan no viene. / -No sabía.


el sentido se completa por el contexto en el primer caso y por el cotexto, en el segundo. En el primer caso, no es necesario decir "la puerta" o "la ventana", que es lo que hay que cerrar, porque en la conversación el destinatario la ve o reconoce de qué se habla.
Por este motivo, existen pocos verbos que siempre requieren comple­mentos e, incluso, existen verbos que pueden en algunas oportunidades requerir complementos y en otras, no.
Por ejemplo:
·          Escribiré una carta al director.
·          Escribiré.
Estas oraciones presentan el mismo verbo pero en un caso, requiere un complemento mientras que en el otro, no.

Según los complementos que requieran los verbos pueden clasificarse, entre otros, en transitivos, intransitivos y copulativos.
a.      Los verbos transitivos son aquellos que requieren un complemento directo (argumento interno) para completar su significación. Entre ellos, pueden mencionarse: "dar", "dejar", "entregar", "abando­nar", "mostrar", "obtener", "difundir", "reconocer", "guardar", "quitar", "ver", "traer" y "tratar".
Por ejemplo:
·         El hombre abandonó el paquete cerca de la estación de ómni­bus.
·         El noticiero difundió la noticia poco después de ocurrida.

Muchos verbos transitivos no requieren objeto directo cuando de­notan habilidad, capacidad o disposición del sujeto. Por ejemplo, las siguientes oraciones se forman con verbos transitivos que, sin embargo, no seleccionan complementos directos:  
·         Después de la operación., mi madre ve perfectamente.
·         El niño lee sin dificultad.
b.      Los verbos intransitivos son aquellos que no llevan complemento directo, pero sí pueden estar acompañados por otros complemen­tos (indirectos, como construcciones preposicionales).
Son ejemplos de verbos intransitivos: "vivir", "morir", "quedar", "dormir, "venir", "soñar", "llorar" e "ir".

      El niño está llorando.
      La anciana vive en una choza alejada de la civilización.
Dentro de las oraciones formadas con verbos intransitivos (oracio­nes intransitivas), suele formarse un grupo aparte: las oraciones de verbo de estado. Los verbos de estado expresan en el sujeto una situación más o menos fija. Por ejemplo:
·          Mi amigo vive en Santiago de Chile.
·         Los abuelos están en casa con sus nietos.
c.      Los verbos copulativos son verbos de estado que seleccionan comocomplemento un predicativo subjetivo obligatorio. Como su nom­bre lo indica (copular: "unir"), estos verbos relacionan o unen el núcleo del sujeto oracional con un atributo (que es la construcción predicativa).
Entre los verbos copulativos pueden citarse "ser”, “parecer",""resultar", semejar, permanecer, quedar y estar (cuan­do no indica lugar). Estos verbos no admiten el pasaje a voz pasiva. Por ejemplo:

Las galletas eran blancas, de harina y grasa, los dientes de Pancho eran cuadrados y grandes . Su pelo era suave, rubio y de sorprendentes bucles naturales.

NO PUEDE DECIRSE:
Suave, rubio y de sorprendentes bucles naturales es sido su pelo.
Las dos primeras oraciones presentan verbos copulativos con sus correspondientes predicativos ("blancas", "cuadrados y grandes", en el primer caso y "suave, rubio y de sorprendentes bucles natu­rales, en el segundo). El tercer ejemplo es una construcción gramatical que resulta de pasar a voz pasiva una oración con verbo copulativo.

Los complementos del verbo
El objeto directo es la construcción que precisa la significación del verbo transitivo y denota, a la vez, el objeto (persona, animal o cosa) en que recae directamente la acción expresada por el verbo:    Juan cantó la canción favorita de su novia.
También puede ser un objeto creado por la acción del verbo, como en    María pintó el cuadro.

Este complemento se puede definir por les rasgos que lo caracterizan:

a.      se estructura como una construcción sustantiva:
Dejó sus herramientas en el lugar de los hechos.
b.      la construcción sustantiva va precedida por la preposición a cuan­do el núcleo designa una persona o entidad personalizada:

  A pesar del paso del tiempo, reconocí a mi amigo a la distancia.
c.       el objeto directo puede sustituirse por un pronombre personal: lo(s), la(s):
d.       
  El hombre compró el periódico antes de ir a trabajar.
El hombre lo compró antes de ir a trabajar.
d.     el objeto directo es sujeto en la voz pasiva:
Los estudiantes de Letras admiran al poeta Juan Gelman.
E1 poeta Juan Gelman es admirado por los estudiantes de Letras.

El objeto indirecto es el complemento que suele acompañar a los verbos que:
·     denotan transferencia ("dar", "ofrecer", "regalar", "devolver "),
·         a los verbos de comunicación y de decir ("decir", "comunicar", "prometer", "indicar", "señalar")
·         y, también, a los verbos de influencia ("ordenar", "aconsejar", "pedir").

Este complemento suele indicar el receptor de la acción y, también, al paciente.
El objeto indirecto puede caracterizarse porque

a. está siempre encabezado por la preposición a:   Le extendí la mano a Juan.
b.      no sufre cambios en el pasaje a voz pasiva:

       El señor mayor le vendió el libro a María.
  El libro fue vendido a María por el señor mayor.
c.     puede sustituirse o duplicarse por el pronombre le(s): a  Juan pidió a los alumnos un poco de silencio.
  Juan les pidió un poco de silencio.
  Juan les pidió a los alumnos un poco de silencio.

Otro tipo de complemento directo de ciertos verbos, que tiene un funcionamiento diferente, es el predicativo
.
El predicativo puede ser subjetivo (obligatorio o no obligatorio) u objetivo.

El predicativo subjetivo obligatorio es el que acompaña a los verbos copulativos y completa su significación. Además de complementar al verbo, se refiere al sujeto de la oración.

El predicativo subjetivo se caracteriza porque:
a.      puede estructurarse como construcción sustantiva ("Juan es amigo de María"), construcción adjetiva ("Juan parece celoso"), construc­ción preposicional ("Mis amigas están de buen humor") o cons­trucción adverbial ("Sus padres están maravillosamente").
b.     cuando el predicativo es una construcción adjetiva, concuerda con el sujeto en género y número:
El hombre parece demasiado listo para este trabajo.
c.      Cuando es obligatorio, puede ser sustituido por la forma pronomi­nal invariable lo:
 María está contenta.  María lo está.
d.     los predicativos no obligatorios pueden confundirse con el circuns­tancial de modo, pero se diferencian de él porque el predicativo concuerda con el núcleo del sujeto:
Juan llegó cansado.
        María estaba cansada.

EL PREDICATIVO OBJETIVO es un complemento del verbo que modifica, también, al objeto directo, con el que concuerda en género y número. El predicativo objetivo puede estar seleccionado por el verbo, como en los siguientes ejemplos:
* Considero interesante tu propuesta.
•  Las autoridades del teatro nombraron a Pedro director de or­questa.
En los dos casos anteriores, los verbos no sólo seleccionan un objeto directo sino también un predicativo objetivo, ya que sin él el verbo tiene otro significado.

Los verbos que seleccionan predicativos objetivos pueden ser de en­tendimiento ("considerar", "creer", "imaginar", "juzgar", "suponer"), de percepción ("ver", "oír") y otros similares en los que el predicativo obje­tivo denota un cargo o una denominación ("designar", "elegir", "nom­brar", "llamar").


LOS ADVERBIOS
El adverbio es una clase de palabra invariable que puede cumplir distin­tas funciones dentro de la oración. Entre ellas: pueden ser modificadores de un verbo ("Llegó tarde a la cita", "Se levantó lentamente"), de otro adverbio ("Se levantó demasiado lentamente") y de un adjetivo ("Nos sentimos muy satisfechos por su actuación").
Además, puede ser modificador de la modali­dad de la oración, es decir, indicar una valoración del hablante con respecto a la cláusula en su conjunto (por ejemplo,'Lamentablemente, ya salió el ferry rumbo a Colonia), en esos casos son modificadores de modalidad.
Los adverbios que funcionan como modificadores del verbo no son complementos de él sino adjuntos, ya que el verbo no los selecciona como argumentos. Además, se diferencian de los complementos por varios factores:

a.      señalan las circunstancias (tiempo, modo, lugar, etcétera) en las que se desarrolla la acción, el estado o el proceso indicado por el verbo;
b.      no permiten clasificar el verbo (a diferencia de los complementos que permiten clasificarlos en transitivos, intransitivos, etcétera);
c.      por lo general, pueden omitirse, sin que ello cause agramaticalidad;

d.     en algunos casos, pueden ocupar distintas posiciones en la ora­ción, sin restricciones;
e.     no pueden sustituirse por pronombres personales;
f.      en el traspaso a voz pasiva no sufren cambios.
Por lo general, los adverbios tienen significado descriptivo pleno, es decir, independiente de la situación en que se los use o del discurso previo ("despacio", "tarde", "mucho", "rápidamente"). Pero existen otros adverbios, llamados deícticos, que sólo se interpretan a partir del contexto o de la situación en los que aparecen, como "ahora", "ayer", "allí".
Los adverbios en-mente
Los adverbios en -mente son un subconjunto de los adverbios que se distinguen porque se forman con un adjetivo calificativo al que se le agrega la terminación -mente.

Son típicamente adverbios de modo que funcionan como adjuntos (modificadores del verbo). Pero también pueden cumplir otras funciones:

a.     especificadores: de grado ("excesivamente", "escasamente", "to­talmente", "plenamente", "absolutamente") o de precisión ("aproxi­madamente" diez minutos);
b.     adjuntos extraclausulares (modifican a toda la cláusula): de fre­cuencia ("habituaimente", "generalmente", "normalmente"), de cuantiíicación ("enormemente", "exageradamente", "moderada­mente") o de tiempo ("recientemente", "antiguamente", "actual­mente"); .

c- adverbios oracionales:
de actitud del hablante, en general, ("fran­camente", "sinceramente", "honestamente"); modales que pue­den ser de dos tipos: los que precisan la actitud del hablante hacia el contenido del enunciado ("felizmente", "lamentablemente") y los que precisan la evaluación del hablante sobre la posibilidad de que un estado de cosas sea o no verdadero ("ciertamente", "segu­ramente", "probablemente", "posiblemente");  conectivos ("consiguientemente", "primeramente", "igualmente").


La referencia. Los pronombres
Existen, en las oraciones, ciertas palabras cuya función es la de man­tener la identificación de la referencia, de aquello de lo que el texto habla, bien porque establecen un puente con dicho referente, bien porque esta­blecen una relación intra-textual con el sustantivo o la expresión que se ha utilizado para mencionarlo por primera vez. Entre estas palabras se encuentra la compleja clase de los pronombres.

Los pronombres suelen considerarse sustantivos con propiedades semánticas específicas. Esta caracterización se debe, principalmente a que su significado es gramatical y no descriptivo, es decir, no agrega ningún elemento conceptual o dato acerca de aquello a lo que se refiere -a diferencia de palabras como "mesa", "auto" o "árbol" que permiten pensar en un objeto con características determinadas- y, además, porque su referente es ocasional y sólo puede interpretarse en relación con el contexto (pronombres deícticos) o en relación con el discurso (pronom­bres anafóricos).

Los pronombres deícticos son aquellos cuyo referente varía de acuerdo con la situación comunicativa, es decir, son aquellos cuyo significado está vinculado al uso que él hablante hace para referirse a todo lo que forma parte de la situación en la que está participando. Así, los pronombres hacen referencia a distintas entidades o propiedades y su significado podría describirse como "instrucciones" para reconocer su referencia en el contexto o situación de enunciación.

Dentro de este grupo se encuentran los pronombres personales, los posesivos y los demostrativos.
Los pronombres personales designan a las personas que intervienen en el acto comunicativo (primera y segunda persona) y a la que no participa directamente del acto comunicativo (tercera). Estos pro­nombres constan de dos series: átonas y tónicas.
Los pronombres tónicos son los que están marcados en caso nominativo y cumplen la función de sujeto ("yo", "tú", "vos", "él", "ella", "nosotros(as)", "vosotros(as)", "usted(es)", "ellos", "ellas") y, también, los que están marcados en caso terminal (cumplen la función de término de un complemento encabezado por preposición: "mí", "conmi­go", "ti", "contigo", "sí", "consigo", "nosotros(as)", "vosotros(as)", "ustedes)", "ellos", "ellas").
Los pronombres átonos están marcados en caso objetivo (cumplen las funciones de objeto directo é indirecto). Estos son: "me", "te", "la(s)", "lo(s)", "le(s)", "se", "nos", "ustedes".

Ejemplo: Me sentía cansada entonces le pregunté a Lito si podía ayudarme a terminar mis tareas. Sin embargo, él se negó rotundamente. Ellos le habían prohibido hablar conmigo hasta que no hubiera terminado. Por eso no pude escribirte como te había prometido.

En este caso, tenemos una primera persona "yo", de género feme­nino, una tercera persona singular, definida, Lito y una tercera persona plural, "ellos". Además, hay un pronombre de segunda persona singular, que se refiere a aquel/aquella a quien la primera persona le está hablando (el lector/oyente del enunciado).
Los pronombres demostrativos señalan la relación de distancia entre el objeto-a ser señalado y el hablante. Estos son: este, esto(s), estáis), ese, esa(s), eso(s), aquel aquello(s), aquella(s). Cabe se­ñalar que, si bien los demostrativos funcionan fundamentalmente como deícticos, pueden también ser usados anafóricamente.

 Aquel día Juan Carlos agradeció a su madre las atenciones recibidas y se marchó.
Los pronombres posesivos señalan posesión. Estos pronombres con-cuerdan en número con la palabra a la que modifican y en persona con el poseedor {"mis casas", "nuestra casa"). Los posesivos pre­sentan dos series: una átona y otra tónica. Los átonos siempre preceden al sustantivo (mi /-s, tu /-s, su /-s). Los tónicos, en cambio, se le posponen (mío /-s, tuyo/-s, suyo /-s). Sin embargo esta distinción se anula con los pronombres tónicos de primera y segunda plural (nuestro /-s, vuestro/-s).
Los pronombres anafóricos son aquellos que toman su referente del discurso, es decir, del cotexto o palabras que los rodean. Estos son los relativos, los enfáticos y los indefinidos.
Los pronombres relativos reproducen un antecedente (su referente) y lo relacionan con una construcción en la cual el pronombre funciona como encabezador (es decir, introduce esa construcción dentro de la oración). Estos pronombres son: que, cual, quien, cuyo, cuanto, cuando, como y donde.
       El general que se había rendido, aceptó los términos de la derrota.
       Enfrentó a su vecino, quien lo había perturbado durante largo tiempo.



Los pronombres enfáticos (interrogativos y exclamativos) se caracte­rizan por ser tónicos. Estos son: qué, quién(es), cómo, cuándo, cuánto (s), cuánta(s), dónde, cuál (es).
       -¿Quién habla?, la Nene?
 -Sí, ¿cómo andas?, ¿de dónde hablas?1

Los pronombres indefinidos señalan personas o cosas pero de manera general, vaga o imprecisa. Entre ellos se pueden mencionar: poco, bastante, demasiado, todo, un, alguien, algo, alguno, nadie, nada, ninguno y otro.

Ejemplo:
 Doña Lucía alquiló la casa a otra persona, recomendada por su hermana.


LAS MODALIDADES

La modalidad es un fenómeno discursivo que se refiere a cómo se dicen las cosas y, por lo tanto, se relaciona con los fenómenos verbales y no verbales que expresan la visión del enunciador sobre el contenido de su enunciado. Es decir, se trata del modo en que el locutor percibe lo que enuncia. La modalidad afecta al contenido del enunciado (a lo dicho) porque añade la perspectiva desde la cual el enunciador considera lo que dice.

Las posibilidades de manifestar la modalidad se mueven en un eje que cuenta con dos extremos: la expresión de una posibilidad (modalidad epistémica: cierto, probable, dudoso, improbable) y la expresión de una necesidad u obligación (modalidad deóntica: obligatorio, permitido, pro­hibido). Entre estos dos polos, sin embargo, pueden encontrarse otras modalidades intermedias, como la de cantidad (todo, nada, algo, ningu­no, alguno) y la de volición (querer, rechazar, desear, procurar). De esta manera, el hablante tiene una escala de posibilidades desde las que se puede situar en relación con el contenido de su enunciado.

El locutor tiene diversas maneras de manifestar su posición respecto de su enunciado, como por ejemplo:
a. Las modalidades de la frase (asertiva, interrogativa, exclamativa, imperativa) y los modos verbales (Indicativo, Subjuntivo e Imperati­vo) . Estas dos formas suponen una perspectiva implícita del suje­to. Por ejemplo:

·         Podría tratarse de una falsa alarma.
·          Se. trata de una falsa larma.
·         ¿Se tratará de una falsa alarma?
En los ejemplos anteriores, la elección de distintos modos verbales y modalidades de frase manifiesta un cambio en la relación entre el enunciador y el contenido preposicional de su enunciado.
c.       Las modalidades que expresan el grado de certidumbre, probabilidad o posibilidad de lo dicho, que se manifiestan por el uso de expresio­nes modales, de formas no personales del verbo (Participio, Infinitivo y Gerundio) y de algunos adverbios. Estos fenómenos suponen una perspectiva explícita del sujeto.
Ejemplo:
·          Hay que olvidarse de este asunto lo antes posible.
·         Es posible que la mayoría de los ciudadanos mayores de 80 años decidan no votar en las próximas elecciones.
d.      Las modalidades apreciativas que se indican a través del empleo de ciertos lexemas como los adjetivos o los adverbios y, también, por medio de la entonación.
 Difícilmente se olvidará lo que le dije.
 ¡Qué simpático ese niño!
d- Las modalidades deónticas, que se refieren a la obligación que se establece para el destinatario o para un tercero. Se expresan por medio del verbo modal "deber", por el futuro del indicativo o por formas como "hay que..." y "tener que...".
e. LAS MODALIDADES EPISTÉMICAS están relacionadas con los conocimientos y creencias del anunciador respecto de lo expresado en la oración. Se expresan por medio de verbos epistémicos como "creer" o "pensar".
Ejemplo: creo que la vida extraterrestre es posible, pero improbable.

LA EXPRESIÓN DE LA MODALIDAD
Para expresar la modalidad se emplean, típicamente, los verbos mo­dales y las formas léxicas relacionadas, como las perífrasis verbales, los adjetivos y los adverbios.
Entre los verbos modales, pueden mencionarse: saber, deber, querer, poder, soler. Cada uno de ellos puede sustituirse por otras estructuras que conllevan la misma función modalizadora
Por ejemplo:
·         Debe presentarse mañana a primera hora para empezar a traba­jar.
·         Es necesario que se presente mañana a primera hora para empe­zar a trabajar.
·         Sus abuelos suelen caminar durante horas cuando cae del sol.
·         Habitualmente, sus abuelos caminan durante horas cuando cae del sol

En los dos primeros ejemplos, se manifiesta una modalidad deóntica: en el primer caso a partir del empleo del verbo modal "deber", mientras que en el segundo, partir de la perífrasis verbal "es necesario". Sucede lo mismo en el tercer y el cuarto ejemplos, en los que se manifiesta una modalidad de usualidad con un verbo modal en un caso ("soler") y con un adverbio en el otro.
Además de lo ya visto, los modalizadores permiten al anunciador expresar diversas valoraciones sobre su enunciado;
a.     Certeza o incertidumbre sobre el contenido de lo enunciado: pro­bablemente, seguramente, es (im)posible que, casi seguro, etcétera.
b.    Grado de responsabilidad frente al contenido del enunciado. En este caso puede optar por suspender la aserción: no sé, supongo que, parece que, según X, posiblemente, prácticamente, tal vez, a lo mejor, quizás, etcétera. O, también, por reforzarla: es evidente que, la verdad es que, está claro que, ciertamente, efectivamente, lógica­mente, sin duda, por supuesto, claro, etcétera.
 c. Apreciaciones subjetivas, morales o estéticas sobre lo enunciado. Para eso puede emplear las siguientes formas: sintagmas (por suerte/ por desgracia), adverbios (felizmente, des-afortunadamente), cons­trucciones verbales (me alegra, es lamentable, es una pena que), adjetivos (fantástico, increíble, horrible) o derivativos( ible:: im­perdible, -able: esperable, -oso: espantoso; -azo: cuponazo).
Por último, también existen marcadores discursivos de la expresión de la perspectiva subjetiva del enunciador, por ejemplo: en mi opinión, desde mi punto de vista / perspectiva, a mi parecer, a mi modo de ver, según tengo entendido, en lo que a mí respecta, a mi juicio, etcétera.

En todos los casos, es importante recordar que la modalización es un reflejo de la subjetividad del enunciador, quien manifiesta su posición con respecto a lo enunciado y a la relación entre lo enunciado y el contenido.

Fuente: Eje de Lengua
AAVV: Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires
Fecha de publicación: sin datos






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