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27 de diciembre de 2015

EL CUENTO POPULAR, TRADICIONAL O FOLKLÓRICO

EL CUENTO POPULAR, TRADICIONAL O FOLKLÓRICO
CARACTERÍSTICAS

        La costumbre de contar historias es muy antigua. Cuando aún no existía la escritura el hombre ya contaba cuentos que, con el tiempo, se fueron transmitiendo oralmente, de padres a hijos. Así, muchas historias sobrevivieron a través de los años y las generaciones, hasta que fueron escritas y recopiladas. Esto permitió que se conserven y llegaran hasta nosotros.
        Aunque un relato haya tenido originalmente un autor, una vez que el pueblo lo adopta como propio se transforma en popular; es decir, pasa a ser de toda la comunidad: es colectivo, de todos. Forma parte de la tradición de un pueblo. Por esta razón, los cuentos populares son anónimos, es decir, se desconoce su autor. Además, cada persona que transmite un cuento popular le agrega situaciones o detalles y así encontramos diferentes versiones de un mismo cuento.
         Los cuentos populares, también llamados tradicionales o folklóricos, son narraciones simples, porque tienen que ser “fáciles” de seguir cuando se los escucha. De allí que desarrollen una anécdota sencilla, sean espontáneos y redundantes, empleen frases breves y simples, incluyan construcciones propias de la región y expresiones familiares. 

Esa simplicidad se ve compensada por la presencia del relator. Así como en el cuento literario es determinante la figura del autor, en el cuento tradicional el relator tiene a su cargo lograr una versión atractiva de una historia ya conocida, memorizar episodios y diálogos y emplear tonos de voz, miradas y gestos para representar a los personajes o crear climas. Más que limitarse a contar un  cuento, el relator lo dramatiza para conquistar  a su auditorio.
        Existen, por lo menos, dos tipos de cuentos populares: los realistas (que tratan asuntos de la vida cotidiana) y los maravillosos (que tratan asuntos fabulosos y sobrenaturales, generalmente productos de antiguas leyendas o mitos). En ambos casos, los cuentos populares incluyen una cuota de humor.
        El humor permite, en principio, que los lectores u oyentes encuentren su reafirmación a través de la risa colectiva. Hay muchos clases y motivos de humor en los cuentos populares, es decir ingredientes humorísticos básicos que podemos generalizar en: la  burla a las clases dominantes a través del ingenio de pobres y/ o pícaros (normalmente se trata de pobres que, con su astucia, consiguen una serie de cosas); el comportamiento de tontos, debido a que estos rompen los convencionalismos y las costumbres y la astucia sobre la fuerza.

Diferencia entre cuentos populares de tradición oral y cuentos populares literarios: Si se tiene en cuenta su origen (una comunidad o un autor), su forma de difusión (oral o escrita) y el grado de elaboración (menor o mayor), los cuentos pueden ser clasificados en populares (cuyas características ya hemos mencionado) y literarios (o modernos). Este último tipo de cuento es relativamente reciente (siglo XIX), se relaciona con el desarrollo urbano y con el creciente proceso de industrialización. En cambio, los cuentos populares o tradicionales han surgido y se han difundido en comunidades campesinas, en la etapa preindustrial de las sociedades. De allí que muchos de los elementos que los componen remiten al ámbito rural.


CÓMO ESCRIBIR CUENTOS DE TERROR

CÓMO ESCRIBIR CUENTOS DE TERROR


A partir de las características de los cuentos  de terror (VER) ,  te proponemos que inventes tus propias historias

Describe alguno de los siguientes personajes "de terror". Cuenta cómo es su aspecto físico, qué hace, cómo está vestido y cuáles son sus costumbres.

  • La sombra que vive en el altillo de la casa abandonada.
  • El hombre que siempre lleva una extraña caja manchada de rojo.
  • El ser pálido que se desliza por las alcantarillas 
  • La mujer que usa una máscara y solamente sale de noche.


Imagina y describe alguno de los siguientes lu­gares "escalofriantes" en los que podría suceder una historia de terror.

  • Un parque de diversiones abandonado.
  • Un callejón oscuro junto a las vías del tren.
  • Un antiguo teatro semidestruido.
  • El jardín lleno de malezas de una vieja casa deshabitada.



A partir de los personajes y de los lugares que describiste, inventa una historia que "ponga los pelos de punta". Para eso, puedes seguir estos pasos:

  • Imagina que uno o más personajes comunes y corrientes llegan por casualidad a ese lugar.
  • Describe cómo se les aparece el personaje "de terror':
  • Cuenta de qué forma reaccionan y qué hacen para librarse de la amenaza.

Una vez que inventaste la historia, escribí un borrador y verifica que cumpla con los siguien­tes requisitos:



Si estás satisfecho con la historia que imagi­naste, escribe la versión definitiva y colócale un título que despierte el interés de los lectores .

Fuente: AAVV; Lengua 8; Ed.Santillana; Bs.As.; 2002
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26 de diciembre de 2015

El cuento de terror: características, clasificación, personajes, recursos de estilo y temáticos

Desde hace miles de años, los seres humanos hemos inventado historias de terror como una manera de explicar lo inexplicable y de "poner bajo control" nuestros miedos más profundos. Estos relatos aparecen en culturas muy diversas como la sumeria, la egipcia, la griega, la india o la china. Sin embargo, el género de terror se mani­fiesta como tal recién a mediados del siglo XIII y durante el siglo XIX, con novelas como Frankenstein, de Mary Shelley (1816), El extraño caso del Dr.JekyllyMr. Hyde, de Robert L. Stevenson (1886) y Drácula, de Bram Stoker (1897).

Los personajes del cuento de terror
En las situaciones que se generan en los cuentos de terror, los personajes experimentan sentimien­tos de pánico y luchan contra aquello que los amenaza y, al mismo tiempo, contra su propio te­mor. Pero los agentes, conocidos o desconocidos, del terror suelen tener una presencia tan fuerte en el relato que muchas veces terminan convirtién­dose en los verdaderos protagonistas de la histo­ria. Actualmente recordamos con más claridad a Drácula, al monstruo creado por Frankenstein o al ser extraterrestre de Alien, que a los personajes que los rodean.

Los temas del cuento de terror son muy variados y se relacionan con la tradición cultural de cada civilización. Siempre ponen de manifiesto una fas­cinación por lo sobrenatural o lo macabro y presen­tan personajes como ánimas, espíritus, vampiros, hombres-lobos, seres de ultratumba, máquinas in­fernales o estatuas que cobran vida. Algunos de los arquetipos más famosos de este género son:

Los vampiros
El mito del vampiro aparece muy temprana­mente en la cultura popular de diversos países, pero la literatura lo consagra definitivamente con la novela Drácula, del escritor inglés Bram Stoker. A partir de algunos relatos anteriores, Stoker crea su personaje, un si­niestro aristócrata de Transilvania que bebe la sangre de sus víctimas. En el siglo xx, el cine retomará muchas veces el tema en pe­lículas como Nosferatu, Drácula y La danza de los vampiros.

Los monstruos creados por científicos
Una de las primeras novelas que trata el te­ma de los monstruos creados por científicos es Frankenstein, de la escritora inglesa Mary Shelley. En ella, el doctor Frankenstein da ori­gen, gracias a sus experimentos en el campo de la electricidad, a una monstruosa criatura formada con órganos de diversos cadáveres. Al principio, este ser es inocente y bondadoso, pero el rechazo y la crueldad de la gente y de su creador lo convierten en un asesino.

Los seres en parte humanos y en parte bestiales
La combinación de aspectos humanos y bestiales en un mismo ser aparece de mane­ra extraordinaria en el famoso relato de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, del escritor inglés Robert L. Stevenson. En esta historia, el tranquilo y bondadoso Dr. Jekyll logra transformarse, gracias a sus experi­mentos científicos, en el temible y cruel Mr. Hyde. Pero también la cultura popular pre­senta este arquetipo en personajes como el hombre-lobo (séptimo hijo varón que en las noches de luna llena se transforma en ani­mal), el tigre-gente (indio que se convierte en puma por un poder mágico o debido a un pacto con el diablo) o el minotauro (mons­truo de la mitología griega con cabeza de toro y cuerpo de hombre).

Las momias
El antiguo arte del embalsamamiento creado por los egipcios produjo muchos relatos de terror, especialmente a partir del descubri­miento de la tumba del faraón Tutankamón, en 1924, por el noble inglés Lord Carnarvon. Las misteriosas muertes de los integrantes de la expedición dieron origen a la leyenda de "la maldición de la momia", que la literatura y en especial el cine retomaron en muchas ocasiones.

Una clasificación de los cuentos de terror
Los cuentos de terror tienen algunas caracte­rísticas en común con los cuentos fantásticos, ya que en ellos también suele irrumpir lo inexplica­ble en medio de una realidad cotidiana. Por lo tanto, podemos clasificarlos dentro de alguna de las siguientes categorías:

Los que explican de una manera realista los hechos extraordinarios.
En esta categoría entran aquellos relatos en los que el autor opta por una explica­ción natural o seudocientífica de los acon­tecimientos. Éste es el caso, por ejemplo, del cuento "El almohadón de plumas", de Horacio Quiroga, donde la misteriosa muerte de la protagonista se justifica por la presen­cia de un monstruoso insecto que habita dentro del almohadón.

Los que explican de una manera sobrenatural los hechos extraordinarios.
A esta categoría pertenecen los relatos don­de lo sobrenatural, diabólico o divino se da como explicación absoluta de los hechos. Por ejemplo, en el cuento "La lluvia de fuego", de Leopoldo Lugones, la intervención divina arrasa la tierra como castigo al mal.

Recursos de los cuentos de terror
Para lograr su efecto, los cuentos de terror sue­len emplear recursos estilísticos (con respecto al modo de narrar) y temáticos (en relación con la historia que cuentan).
Recursos estilísticos : Abundancia de descripciones, que producen suspenso y están destinadas a crear un ambiente siniestro.

Recursos temáticos
  • La creación de situaciones de encierro o riesgo en las que los protagonistas se sienten a merced de los acontecimientos.
  • La aparición de un agente conocido (seres humanos, animales, plantas, objetos, etc.) que sale de control y pone en peligro a los personajes
  • La aparición de un agente desconocido (monstruos, fantasmas, seres extraterrestres, etc.J que amenaza la seguridad de los protagonistas y los coloca en un estado de indefensión.

Fuente: AAVV: Lengua 8, Ed.Santillana; Bs.As.; 2002




21 de diciembre de 2015

El Siglo de Oro español: La Época Áurea

El Siglo de Oro español: La Época Áurea

Los Reyes Católicos propician el advenimiento de un período de esplendor que enriquece los caminos espirituales de España. La aspiración de Fernando de extender su influencia por toda Europa culmina con la llegada al trono de su nieto Carlos I. Con él se consolida la hegemonía de la Península.
Comienza, entonces, una nueva etapa para las letras españolas, que se co­noce con el nombre de "Siglo de Oro", pues se considera que su momento más fecundo comprende los últimos cincuenta años del siglo XVI y los primeros cincuenta del XVII. Respecto de esta denominación hay diversas posturas: algunos lo sitúan entre 1500 y 1680; otros, entre 1550 y 1650.
La crítica actual prefiere llamar "Época Áurea" a los dos siglos casi comple­tos: desde el advenimiento de Carlos I (1516) hasta la muerte de Calderón (1681); por lo tanto, juzga impropia la vieja expresión.
La "Época Áurea" puede dividirse en dos ciclos:
  • el de plenitud renacentista, que abarca los reinados de Carlos I (Primer Renacimiento) y de Felipe II (Segundo Renacimiento) y se caracteriza por su clasicismo grecorromano; más universal, sin dejar de ser español, recibe la influencia de Italia y sigue la línea paganizante que cunde por toda Europa;
  • el de decadencia, después del reinado de Felipe IV; representa el Barroco, cuyo nacimiento coincide con la declinación política y el estancamiento de la sociedad española.
Primer Renacimiento: la España imperial de Carlos I
Las bodas de España con Europa
Con Carlos I de España y V de Alemania se establece en la Península la Casa de Austria, es decir, la dinastía de Habsburgo o de Habsburgo-Lorena, que recibe este nombre, porque sus primitivos condes se radicaron en Habsburgo del Aare. Esta Casa da a España cuatro reyes más: Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Todos ellos reinan entre los siglos XVI y XVII.
El poderío de los Habsburgo se acrecentó mediante tratados y matrimonios, de ahí que se dijera: “Que otros hagan las guerras/tú, Austria feliz, cásate.

Carlos I supedita toda su política a la defensa del catolicismo. "En la deci­sión del emperador —dice Ángel del Río— se conjugaban la voluntad imperial de origen germánico y el espíritu de cruzada o guerra santa, engendrado en España durante las luchas contra los moros y heredado de sus abuelos espa­ñoles". De ahí su decidida actuación contra los protestantes (1521-1555), quienes alteran las ideas morales y políticas de su reino.

No se ponía el Sol en la España del siglo XVI
Durante el reinado de Carlos I se realizan conquistas y exploraciones que despiertan verdadera admiración. Por este motivo se dice que este monarca forma el Imperio español allende los mares.
Las naves hispanas dan por vez primera la vuelta al mundo y se conquistan dos grandes imperios: México y Perú. A estos hechos podemos agregar otros:
  • Hernán Cortés anexiona las regiones de Guatemala y de Honduras, después de la conquista de México (1519-1521),
  • Fernando de Magallanes llega a las islas de las Especias (Indias Orientales) por la ruta marítima del Oeste. Su expedición, que completó Elcano en 1522, constituye el primer viaje de circunnavegación. Con él se prueba la esferi­cidad de la tierra, se conocen nuevos datos acerca de los países no descu­biertos y se trazan rutas marítimas que luego siguen otros navegantes.
  • La fundación de Lima (1535).
  • El Adelantado Pedro de Mendoza lleva a cabo la primera población de la ciu­dad de Nuestra Señora del Buen Aire (1536).


Segundo Renacimiento: la España católica de Felipe II
España al servicio de Dios
Felipe II, el "rey prudente", no obtiene el título de Emperador como su padre, pero gobierna un verdadero imperio constituido por tierras europeas, africanas, americanas, oceánicas y asiáticas.
Lucha contra el protestantismo y el Islam, para defender la causa del cato­licismo, y logra la tan ansiada unidad ibérica con la anexión de Portugal y de su imperio colonial a la corona española.
Su época se caracteriza por el ansia de expansión colonial, nutrida por el espíritu de aventura, y por el anhelo de implantar en las tierras del Nuevo Mundo la civilización europea:
  • Juan de Garay funda Buenos Aires (1580) y la ciudad de Santa Fe (1573).
  • Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre se lanzan a la búsqueda de El Dorado.
  • Pedro Menéndez de Aviles funda en La Florida la villa de San Agustín, la más antigua de los Estados Unidos de América.
  • Son descubiertas en el océano Pacífico las islas Filipinas, a las que dan este nombre en homenaje a Felipe II.


El Renacimiento español
El Renacimiento en España no implica una ruptura con la tradición medieval como ocurre en otros países, porque:
  • la Edad Media no pierde contacto con las letras clásicas;
  • no se produce una crisis en el seno de las creencias religiosas.

Por eso, dice Dámaso Alonso que "lo esencialmente español, lo diferencialmente español en literatura es esto: que nuestro Renacimiento y nuestro Post­renacimiento barroco son una conjunción de lo medieval hispánico y de lo renacentista y barroco europeo. España no se vuelve de espaldas a lo medie­val al llegar el siglo XVI (como lo hace Francia), sino que, sin cerrarse a los influjos del momento, continúa la tradición de la Edad Media. Ésta es la gran originalidad de España y de la literatura española, su gran secreto y la clave de su fuerza y de su desasosiego íntimo. Hay como una veta de literatura medieval (romancero y cancionero popular, etc.) que entra en el siglo XVI, y llega hasta nuestros días".
Se caracteriza por la:
  • fusión de la tradición medieval con los nuevos aportes europeos,
  • valoración que hace España de su pasado;
  • cristianización de la antigüedad;
  • coexistencia de lo popular, local e hispánico con la cultura universal, recibida de la herencia clásica;
  • unidad político-religiosa;
  • armonización de tendencias contrapuestas (tradición religiosa más humanis­mo pagano);
  • fusión de idealismo y realismo;
  • nacionalización de temas extranjeros;
  • finalidad ética y didáctica.


La cultura renacentista española
Sus valores artísticos, éticos y literarios
Los valores de la cultura renacentista se hallan en:
Política. Se produce un fortalecimiento del poder real. Surge la preocupación por el Estado.
Filosofía. Comienza la crítica de la Escolástica medieval. Juan Luis Vives (1492-1540) es el representante más destacado del humanismo antiescolásti­co; católico ortodoxo, fiel a lo más sustantivo del mundo medieval, pero lleno del nuevo espíritu. Su tratado De anima et vita (Sobre el alma y la vida) es uno de los libros más vivos y agudos que produjo el movimiento humanístico. Es­cribe, además, De institutione feminae chrístianae (Sobre la formación de la mujer cristiana) y Filosofía primera.
El renacimiento de la Escolástica es iniciado y proseguido por la escuela dominica de Salamanca, con repercusión en otras universidades peninsulares, sobre todo en la de Alcalá de Henares. La Escolástica renace en torno del Concilio de Trento, en el nivel al que la había elevado Santo Tomás, y orienta filosófica y teológicamente todo el movimiento de la Contrarreforma, vivificado por la obra de los místicos Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.
También se advierte la Influencia de cuatro escuelas filosóficas que atienden a la vida moral: el eclecticismo, el estoicismo, el epicureismo y el escepticismo.
Ciencias exactas, físicas y naturales. El mayor progreso científico se produce en el arte de navegar, en la Oceanografía, la Astronomía, la Física, la Matemáti­ca, la Geografía y la Cartografía.
Pedro de Medina publica en 1542 su Arte de navegar, utilizado por todos los marinos del mundo durante dos siglos, y en 1500 aparece el Mapa de Juan de la Cosa, primer mapamundi. El primer Atlas de América, que contiene treinta y siete mapas, es obra de García de Céspedes.
Historia. El Padre Juan de Mariana (1535-1624) escribe la célebre Historia de España (1601). Los historiadores de Indias son Gonzalo Fernández de Oviedo, Bartolomé de las Casas, Bernal Díaz del Castillo y Antonio de Solís. Se inician la crítica histórica y la filosofía de la historia-Derecho. El más señalado representante es Elio Antonio de Nebrija (1444-1522), quien, por su Lexicón juris civilis (Diccionario de Derecho civil) y otras obras, puede ser considerado el padre de la jurisprudencia culta y racional y el restaurador del Derecho civil. Economía. Se inicia el movimiento mercantilista.
Educación. La primera Universidad española, la de Salamanca, fundada en 1253, tiene su mayor esplendor entre los siglos XV y XVI. Luego se fundan otras, como la de Alcalá de Henares (al comenzar el siglo XVI), la de Toledo (1520), la de Santiago de Compostela (1527) y la de Oviedo (1608). Y, en el Nuevo Mundo, las de México, Santo Domingo y Lima.
A fines del siglo XVI comienza la actuación pedagógica de la Compañía de Jesús, cuyo libro inspirador, la Ratio studiorum (Método de estudios), es com­puesto en 1588.
Se publican, además, libros de caligrafía y de índole pedagógica.
Arquitectura. Se introduce en España a fines del siglo XV. Predominan los siguientes estilos: plateresco (por su semejanza con la labor de los orfebres) y herreriano (por su creador, Juan de Herrera). Ejemplo del primero es la Univer­sidad de Alcalá de Henares, y del segundo, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Escultura. Descuellan artistas gloriosos: Bartolomé Ordóñez, Diego de Siloé, Alonso Berruguete. El sentido religioso da origen a la gran escuela de ima­ginería policroma de la Época Áurea.
Pintura. Refleja las influencias flamencas e italianas (Van Eyck, Giotto). Se caracteriza por su realismo y religiosidad: Luis Dalmau, Juan de Borgoña, Pe­dro Berruguete. El pintor más destacado, por la magnificencia de su obra, es Domenico Theotocópuli, el Greco (1541-1614), autor de "El Martirio de San Mauricio y la legión tebana" (El Escorial); "La Trinidad"; "El Bautismo de Cris­to"; "La Crucifixión"; "El entierro del conde de Orgaz".
Felipe II siente gran admiración por Hieronimus Bosch, "el Bosco".
Música. Tanto Carlos I como Felipe II protegen la música religiosa. El com­positor más importante es Tomás Luis de Victoria, fiel a la tradición objetiva y eclesiástica de la polifonía.

Religión. Frente a la rebelión protestante, la teología española da origen a la auténtica reforma católica que culminará con el Concilio de Trento.
La España de los Austria es gran defensora de la fe y profesa la obediencia al magisterio romano.
Literatura. Entre los autores más destacados nombraremos a Juan Boscán, quien deja la lengua lemosina por el castellano y adopta, por influencia de An­drea Navagero, los metros italianos: el soneto, la octava rima, la epístola en tercetos, etc., e instala plenamente el Renacimiento en las letras españolas. Garcilaso de la Vega, humanista también, renueva el mundo bucólico de los autores latinos; exalta el amor platónico, fórmula nueva —aunque de inspira­ción clásica— del ya olvidado "amor cortés". Fray Luis de León, representante de la escuela salmantina; profesor, humanista, dedica la mayor parte de su tiempo a obras de traducciones bíblicas y a la poesía, en la que desprecia la artificiosidad de la vida social y admira la obra del Creador en la naturaleza, cantando la aproximación que el hombre siente hacia Dios con la poesía. Santa Teresa de Jesús; quien —según Ballesteros Gaibrois— se halla encendida de amor místico, pero llena de una incansable actividad fundadora y reformadora dentro de su propia orden —la del Carmelo— y de un poder creador literario asombroso. Las Moradas, Camino de perfección, el Libro de las Fundaciones y otras obras reflejan su gran aventura espiritual en busca del Supremo Hace­dor y el lenguaje llano de su tiempo. San Juan de la Cruz escribe las composi­ciones poéticas más elevadas en el ámbito religioso: "Cántico espiritual", "Lla­ma de amor viva", "Noche oscura del alma", "Subida al Monte Carmelo".
La novela picaresca tiene su máxima expresión en El Lazarillo de Tormes.


Fuente: AAVV: España en sus letras; Ed. Estrada; Bs.AS.; 1985












El Renacimiento europeo

El Renacimiento europeo

 Recibe este nombre la época que comienza en Europa en el siglo XV y se extiende hasta el XVII, y se caracteriza por el conjunto de fenómenos políticos, religiosos y culturales que —como dice Guillermo Díaz-Plaja— "sustituye el cuadro espiritual de la Edad Media". Al florecimiento de todas las manifesta­ciones artísticas se agrega un vigoroso despertar de todas las formas del pen­samiento humano.
Desde el punto de vista histórico, es el momento que sucede a la Edad Media y que inaugura la Edad Moderna.
El nombre Renacimiento proviene del francés "Renaissance" y fue creado por escritores y críticos del siglo XVIII que vieron en esa revolución moral y artística un retorno a la antigüedad clásica, un "renacer" de los ideales en que el mundo antiguo se había inspirado.
Este despertar se produce en Florencia, en los albores del siglo XV, pero no queda encerrado en Italia: se extiende a todos los países del continente europeo, que le ponen su sello propio.
En Italia se revive el viejo espíritu ordenado de Roma, por eso una de sus características más evidentes es el sentido de la ley, la arquitectura, el rigor.
Se ha querido ver el Renacimiento italiano como una lucha entre el idealismo humanista y el realismo medieval. Pero ni el Renacimiento es tan idealista, ni la Edad Media tan realista. Ésta renuncia a contemplar las bellezas del mundo, pues bajo su adorno ve la muerte; en cambio, el Renacimiento intenta alcanzar el sereno equilibrio de la edad clásica. Se despliegan, entonces, todas las pasiones sujetas en los rigores medievales. El hombre entabla una dura batalla para gozar de la vida ante la ausencia del cielo prometido en los albores del Cristianismo, derribado por las nuevas ideas.
En España, lo más vivo y firme del espíritu medieval logra una íntima alianza con el Renacimiento. De ahí que se diga que se extiende más allá de los tiempos renacentistas. España no es conmovida, como Italia, por las dudas que surgen en torno del dogma, a raíz de las nuevas teorías científicas y de los nuevos caminos filosóficos abiertos por los humanistas, o por el descubrimien­to del paganismo.
El auténtico Renacimiento español se produce en el período de agotamiento del Renacimiento italiano. Descansa sobre las tradiciones populares españo­las, más que sobre fuentes griegas y latinas. Italia lega a España todo lo que ella ha descubierto, tanto de los griegos como de los romanos, y España lo aprovecha para alcanzar su propia madurez. Además, recibe el préstamo de otras culturas, como la arábiga, la judía, y la de todos los países de Europa a través de sus dominios, y de la realidad americana a través de sus coloniza­dores. En el siglo XVII se lleva a cabo el reagrupamiento y la ordenación de ese legado cultural.


En Francia influye el Renacimiento italiano, pero impera un movimiento más francés, más tradicional, que, sin renunciar a las nuevas tendencias espirituales, no olvida las fuentes medievales de la nación. Algo semejante ocurre en Alemania, Holanda e Inglaterra.
El sentido particular que adquiere el Renacimiento en cada país hace que éste se descubra a sí mismo y que cada hombre profundice los conocimientos acerca de su existencia.
Las causas que dan origen a este movimiento son, fundamentalmente:
•    la caída de Constantinopla en poder de los turcos (1453) y la emigración de los sabios griegos, portadores de valiosas obras artísticas y literarias, sobre todo, de Platón y de Aristóteles;
•    la relación entre los occidentales y los griegos con motivo de las tentativas de unión de la Iglesia Católica con la griega;
•    los grandes descubrimientos marítimos, mediante los cuales Europa se abre al resto del mundo;
•    la invención de la imprenta, que permite la difusión de las obras clásicas;
•    el avance de las universidades;
•    el progreso de la burguesía.

Sus características fundamentales

Las características fundamentales del Renacimiento son:

•    La consideración antropocéntrica del mundo, es decir, que el hombre, poseedor de una nueva escala de valores, es centro y finalidad de todas las cosas; busca el desarrollo armónico de sus facultades físicas y espirituales. Está orgulloso de su saber y de su poder. Es un verdadero gustador de la belleza. El señor feudal se convierte en un cortesano, quien personifica la vida social.  En el ámbito religioso aparece también un tipo definido: el aspirante "a la pureza cristiana de los primeros siglos". En el aspecto cultural, "el estudioso lleno de curiosidad universal". Tres obras corroboran la existencia de estos tres tipos: Cortigiano, de Baltasar de Castiglione (1528); Enchiridion o Manual del Caballero Cristiano, de Erasmo de Rotterdam (1503) y El Scholástico, de Cristóbal de Villalón (1536).
•    Imitación de los modelos griegos y romanos. 
•    Afán de investigación en el ámbito científico con el objeto de lograr una nueva interpretación de los fenómenos naturales.
•    La visión del mundo como lugar de pleno goce.
•    La estimación del cuerpo como fuente de placer.
•    La valoración de la inteligencia como descubrimiento de todo.
•    La razón aplicada al hombre y a la naturaleza.
•    La naturaleza vista como parte viva del universo, del que el hombre es la medida.

Fuente: AAVV: España en sus letras; Es.Estrada; Bs.As.; 1985


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