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29 de diciembre de 2011

Análisis del poema Era un aire suave de Rubén Darío

Análisis del poema Era un aire suave de Rubén Darío

Era un aire suave es la poesía que inicia la serie que se publicó con el título de Prosas profanas ( el poema se reproduce al final del artículo). 

Paseo por Longchamp de Gabriel de Saint Aubin 
El mundo evocado es el de la Francia versallesca del siglo XVIII.
Rubén Darío  pretende reflejar el mundo cortesano del siglo XVIII en Francia, principalmente: fiestas galantes, representaciones de escenas pastoriles con nobles y damas que llevaban estilizados disfraces rústicos, jardines artísticamente diseñados con estatuas, balaustradas, glorietas a imitación de los templetes griegos, ambientes interiores delicadamente decorados.
La gracia, el refinamiento, la elegancia se ponen de manifiesto en todos los aspectos de la vida tanto de la nobleza como de la burguesía adinerada: en sus casas, en el vestir, en los gestos y actitudes. Es el período del rococó frívolo, ligero, artificioso. Estamos en pleno siglo XVIII que expresa así, a tra­vés de nuevas formas de arte y de vida, más libres, más desprejuiciadas, el camino hacia el romanticismo.

Darío admiró el mundo versallesco y lo traspuso poéticamente en estas estrofas, interrelacionando con eficacia los recursos literarios; la organización graduada de los contenidos, marcada por el uso de los tiempos verbales; las imágenes y adjetivos caracterizadores, el ritmo acompasado, los efectos musicales. Todo sugiere levedad, gracia, coquetería. Y en ese mundo hará actuar a Eulalia, porque allí, en ese juego de amores y danzas resaltará lo que es la esencia de la mujer. Si bien allí Eulalia despliega sus artes con toda evidencia, ella, la mujer, será eterna, fuera del tiempo y del espacio. Su risa persistente es un símbolo.
El mundo del rococó se evoca a través de imágenes auditivas y visuales, con predominio de las primeras, y va surgiendo en una cuidadosa gradación:
- Al iniciarse el poema, las imágenes auditivas crean un ámbito impreciso y la música envuelve con su magia todo el conjunto. Por el momento es sólo un aire suave; las frases son también vagas; y tenues los suspiros. Tres adjetivos (suave, vagas, tenues) desdibujan la visión, la esfuman.
- Luego aparece la mención de la terraza, y el indicio apenas esbozado de figuras humanas. Los sedosos trajes y las blancas magnolias van di­bujando el mundo que se mueve en esa atmósfera sonora de violines.
- Las imágenes auditivas se vuelven luego más precisas: una orquesta, un coro de sones que nos sugieren pavanas y gavotas, danzas de la época.
- También los objetos comienzan a adquirir forma: sabemos ya que es noche de fiesta, en un baile de trajes: podemos imaginar el con­torno humano de ese aire, los brocados, las plumas y las joyas multipli­cándose sin cesar en salones de espejos.
Un nombre propio acentúa el proceso de acercamiento: es el de Eulalia, vestida de encajes, que sos­tiene entre sus tersas manos una flor destinada inútilmente a morir. No importa si Eulalia existe o no. Ella es, o puede ser, cada una de las de­licadas presencias femeninas que enriquecen con su belleza el mundo apenas vislumbrado al comienzo.
- El ambiente del siglo XVIII se va perfilando. Pero a partir de la estrofa sexta el cuadro evocado, la Francia galante, se presenta con un enfoque inesperado. El yo poético se interroga: "¿Fue acaso en el tiempo del rey Luis de Francia?". Y aparecen a continuación una serie de preguntas retóricas (son las que no esperan respuesta), de valor dubitativo. Es como si se dijera: no sabemos en qué época y lugar ocurrió. La incer­tidumbre está acentuada por el adverbio acaso. La escena pudo desa­rrollarse en cualquiera de las brillantes etapas cortesanas de Versalles; quizás la de Luis XIV, o la de Luis XV, en pleno rococó. Y aun pudo transcurrir en cualquier parte: en el Norte, en el Mediodía. No hay finalmente localización ni en el tiempo ni en el espacio.

Hay un personaje, una actitud que perdura: la de Eulalia, la de la mujer frívola, esquiva y cruel, símbolo de lo femenino. Y la risa de Eulalia parece afirmar esa perduración.
La intención del yo poético parece clara: sumergir al lector en un ambiente exquisito, que es evocado primero como una visión imprecisa y delicada y que luego se va corporizando. Así, el lector, con esta lenta recreación, puede gus­tarlo más, apreciarlo en todas sus notas de refinamiento. Pero también se advierte otro propósito, el de sugerir que aunque ese ambiente y ese momento parezcan circunstanciales y perecederos, algo sobrevivirá: el eterno juego fe­menino que Eulalia representa.
El yo poético y el lector van viviendo juntos un proceso, si bien no intervienen directamente en él. Pero en la estrofa final, el yo poético irrumpe sorpresivamente, en primera persona, marcada más aún con la presencia del pronombre (yo, el tiempo, el día, y el país lo ignoro). Con su intervención, pues, quiere subra­yar la afirmación final, destacarla (Sé que Eulalia ríe). Es decir, lo femenino es eterno.

Análisis formal: El poema se desarrolla en cuartetos dodecasílabos, es decir, estrofas de cuatro versos con doce sílabas cada uno.
La rima es consonante y alternada, y se mantiene en todos los versos (1º y 3º; 2º y 4º); pero los sonidos repetidos al final de cada verso varían siempre: giros y suspiros; vuelos y violoncelos en la primera estrofa; ramajes, y trajes, eolias y magnolias en la segunda, etc. Esta variación matiza el ritmo que está impreso en la poesía por la posición fija de los acentos (Era un aire suave de pausados giros...).
El ritmo acompasado del verso largo sugiere ambiente de ballet; la varia­ción de rima, insinúa la levedad y frivolidad de ese mundo.
Todos los recursos del lenguaje están seleccionados con eficacia, tanto para recrear el clima cortesano como para conducimos a la afirmación final sobre la mujer, encarnada por Eulalia. Vamos a señalar algunos

Los calificativos se prodigan para describir lo exquisito y suntuoso de la visión: sedosos trajes, liras eolias, mágicas notas; dulces violines, triunfos mundanos; divina Eulalia, regia y pomposa rosa Pompadour. Son abundantes y sugeridores, y a veces se acumulan en un mismo verso, para realzar detalles significativos de ambiente (el tacón rojo, lindo y leve el pie; regia y pomposa rosa).

Pero por lo general, hay una distribución semejante en toda la poesía: ca­lificativo + sustantivo (tenues suspiros). El calificativo así antepuesto con­nota el clima de fiesta dieciochesca, destacando los delicados movimientos de un ballet, la música melodiosa y suave, las representaciones pastoriles: ga­lantes, fugaces, dulces, alados (referidos a la música y al baile); floridos, albos (referidos al tema pastoril).

IMÁGENES y METÁFORAS.
La evocación se cumple por imágenes directas.
Los objetos, las notas del ambiente (siglo XVIII) por su sola referencia, van iluminando el galante cuadro versallesco, terraza, ramajes, orquesta, encaje. El procedimiento (imágenes directas) es un modo de llamar a los sentidos, oído, vista, tacto, olfato, para que percibamos directamente el espectáculo, en toda su gracia estilizada.
Hay, sin embargo, varias metáforas, utilizadas cuando el poeta salta a la corte de Luis XIV, célebre por su riqueza, por su suntuosidad:
Sol con corte de astros. Parece aludir al rey Luis XIV (a quien llamaban el rey Sol) y a sus cortesanos (que como astros, giraban alrededor de su señor).
Campo de azur, es el color heráldico del fondo del escudo. La metáfora alude ahora a un emblema de nobleza. Ese sol y esos astros están sobre un escudo; representan así la corte más aristocrática y fastuosa de Europa. Pero hay algo más aún: el sol, foco luminoso, hace fulgurar a los astros que lo rodean (los cortesanos), los cuales como son astros, a su vez reflejan y re­vierten su resplandor sobre el cuadro, intensificándolo en su esplendorosa riqueza. Se exalta así, mediante un encadenamiento de metáforas, el brillo deslumbrante de ese ambiente.
Retrato de la marquesa de Pom­padour,
óleo de Francois Boucher,
pintado en 1759.
(Colección Walace, Londres.)
Regia rosa, Pompadour. La fragancia y la belleza de la rosa están señalan­do a la célebre marquesa Pompadour, que simbolizó a la mujer frívola, alta­nera y elegante de la época. Ciertos efectos sonoros parecen realzar su imagen (la repetición de sonidos como “r”  y “p”: regia, pomposa, rosa, Pompadour).
El variado uso de los tiempos verbales realza el sentido de esta recreación.
- En pretérito imperfecto 
- En presente, la escena adquiere sus contornos (es, ostenta, ríe).
- En pretérito indefinido indica desplazamiento impreciso de tiempo (del siglo XVIII, al reinado de Luis XIV o a cualquier época). "¿Fue acaso?" o "¿fue cuando?". Con estas interrogaciones plantea la duda, la incertidumbre temporal.
Cada escena de las estrofas 6ª, 7ª y ª es recreada nuevamente en pretérito imper­fecto usado con el mismo valor que se indica en el párrafo anterior (seguía, ornaban). Es decir, el indefinido nos traslada en el tiempo, el imperfecto revive ante nuestros ojos los diferentes y delicio­sos cuadros: el baile del minué, los juegos pas­toriles.

En presente, otra vez el poeta nos conduce hasta "su" verdad (ignoro, sé, es). Lo femenino -enig­ma, coquetería, exquisitez-, es de todos los tiem­pos y lugares, y siempre será reconocible, cual­quiera sea su disfraz.


Algunos verbos están utilizados para provocar sinestesias (asociaciones de diferentes sentidos): "la orquesta perlaba (perlar, es un neologismo; sugiere el brillo y el resplandor de la perla que se vincula con el mundo de la música y lo enriquece); "la orquesta deslíe" (desliar, significa que separa las notas y por lo tanto las hace palpables).
Los efectos musicales:  El ambiente musical, casi de ensueño de la primera parte, está delicadamente insinuado no sólo mediante las imágenes y la adje­tivación. Muchas palabras elegidas por su particular cuerpo sonoro, acentúan la atmósfera de suave armonía. Las susurrantes s y r de "pausados", "suspi­ros", "acariciaba", "sedosos",  el ondulante efecto de trémolo y perlaban ;  la melodiosa “l”  en eolias, violoncelos, magnolias.
Los siguientes datos históricos permitirán interpretar mejor el contenido de la poesía de Rubén Darío:
- El palacio de  Versalles fue construido en la época de Luis XIV, el rey Sol, quien dirigió personalmente las obras. Luis XV habría de embellecerlo y ampliarlo. El esplendor de Versalles abarcó desde el reinado de Luis XIV, hasta la caída de Luis XVI, en 1789.
- La música italiana se había extendido por toda Europa en el siglo XVIII y era es­cuchada con deleite en los brillantes salones palaciegos.
- Dos grandes pintores, Fregonard y Watteau, reproducen en sus cuadros las fiestas deslumbrantes, los graciosos juegos cortesanos de los jardines.
- Madame Pompadour, favorita de Luis XV, encarna el ideal de belleza femenina de la época, elegante, refinada, ingeniosa, a veces enigmática.
- Las damas y caballeros de la corte solían actuar como pastoras y pastores refinados, siguiendo la moda que desde el siglo XVI reflejaba la literatura bucólica. Estilizaban el traje rústico, organizaban paseos campestres y hablaban de sus amores en un len­guaje artificioso. La pintura de la época reflejó los jardines en que ellos graciosa­mente se movían: elegantes columpios, frondas cuidadas, primorosos y blancos corderos. Y profusión de lazos y cintas en las elegantes pastoras.
 Vocabulario:
Trémolo: sucesión rápida de muchas notas iguales, de la misma duración.
Lira: instrumento musical de la antigua Grecia. Está com­puesta de varias cuerdas tensas en un marco, y es el antece­dente más lejano del arpa.
Eolias: en este caso alude a Eolo, dios de los vientos: liras de viento.
Pavanas: baile de origen español, de gran majestuosidad. Pa­recido a un desfile, permitía a las damas y caballeros lucir su lujosa indumentaria.
Gavotas: baile y música con ritmo alegre, que tuvo su ori­gen en Francia.
Azur: palabra de origen francés. Alude al color azul oscuro con que se denotan ciertos escudos. En grabado, se obtiene mediante líneas horizontales muy espesas.
Minué: baile y música para dos personas, una de las más graciosas danzas francesas.
Chambelanes: gentilhombre de cámara, persona distinguida que tiene acceso a recintos reservados para el rey y otras altas dignidades.

Bibliografía consultada: Antología II de Lacau - Rosetti,
 Ed. Kapeluz, Buenos Aires.
Fecha de impresión: sin datos



ERA UN AIRE SUAVE...

. . . .Era un aire suave, de pausados giros;
El hada Harmonía ritmaba sus vuelos;
e iban frases vagas y tenues suspiros
Entre los sollozos de los violoncelos.
.
. . . .Sobre la terraza, junto a los ramajes
Diríase un trémolo de liras eolias
Cuando acariciaban los sedosos trajes
Sobre el tallo erguidas las blancas magnolias.
.
. . . .La marquesa Eulalia risas y desvíos
Daba a un tiempo mismo para dos rivales,
El vizconde rubio de los desafíos
Y el abate joven de los madrigales.
.
. . . .Cerca, coronado con hojas de viña,
Reía en su máscara Término barbudo,
Y, como un efebo que fuese una niña,
Mostraba una Diana su mármol desnudo.
.
. . . .Y bajo un boscaje del amor palestra,
Sobre rico zócalo al modo de Jonia,
Con un candelabro prendido en la diestra
Volaba el Mercurio de Juan de Bolonia.
.
. . . .La orquesta perlaba sus mágicas notas,
Un coro de sones alados se oía;
Galantes pavanas, fugaces gavotas
Cantaban los dulces violines de Hungría.
.
. . . .Al oír las quejas de sus caballeros
Ríe, ríe, ríe, la divina Eulalia,
Pues son su tesoro las flechas de Eros,
El cinto de Cipria, la rueca de Onfalia.
.
. . . .¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!
¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!
Con sus ojos lindos y su boca roja,
La divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.
.
. . . .Tiene azules ojos, es maligna y bella;
Cuando mira vierte viva luz extraña:
Se asoma á sus húmedas pupilas de estrella
El alma del rubio cristal de Champaña.
.
. . . .Es noche de fiesta, y el baile de trajes
Ostenta su gloria de triunfos mundanos.
La divina Eulalia, vestida de encajes,
Una flor destroza con sus tersas manos.
.
. . . .El teclado hamónico de su risa fina
Á la alegre música de un pájaro iguala,
Con los staccati de una bailarina
Y las locas fugas de una colegiala.
.
. . . .¡Amoroso pájaro que trinos exhala
Bajo el ala á veces ocultando el pico;
Que desdenes rudos lanza bajo el ala,
Bajo el ala aleve del leve abanico!
.
. . . .Cuando a media noche sus notas arranque
Y en arpegios áureos gima Filomela,
Y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque
Como blanca góndola imprima su estela,
.
. . . .La marquesa alegre llegará al boscaje,
Boscaje que cubre la amable glorieta
Donde han de estrecharla los brazos de un paje,
Que siendo su paje será su poeta.
.
. . . .Al compás de un canto de artista de Italia
Que en la brisa errante la orquesta deslíe,
Junto á los rivales la divina Eulalia,
La divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.
.
. . . .¿Fue acaso en el tiempo del rey Luis de Francia,
Sol con corte de astros, en campos de azur?
¿Cuando los alcázares llenó de fragancia
La regia y pomposa rosa Pompadour?
.
. . . .¿Fue cuando la bella su falda cogía
Con dedos de ninfa, bailando el minué,
Y de los compases el ritmo seguía
Sobre el tacón rojo, lindo y leve el pié?
.
. . . .¿ O cuando pastoras de floridos valles
Ornaban con cintas sus albos corderos,
Y oían, divinas Tirsis de Versalles,
Las declaraciones de sus caballeros ?
.
. . . .¿ Fue en ese buen tiempo de duques pastores,
De amantes princesas y tiernos galanes,
Cuando entre sonrisas y perlas y flores
Iban las casacas de los chambelanes ?
.
. . . .¿ Fue acaso en el Norte o en el Mediodía ?
Yo el tiempo y el día y el país ignoro,
Pero sé que Eulalia ríe todavía,
¡Y es cruel y eterna su risa de oro!
.
.
. . . .1893.




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