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25 de junio de 2008

Los Ojos tienen la precisa de Philip Kindred Dick

La literatura de ciencia ficción guarda una estrecha relación con la socie­dad que le dio vida ya que presenta una imagen literaria que anticipa, espe­cula y distorsiona la realidad. En "Los ojos tienen la precisa" se señala el desencuentro del hombre actual con su mundo significante desde distintos aspectos: la alineación, el individualismo, los temores y los valores sociales

La alienación y la soledad

El narrador-protagonista del cuento de Philip Dick es un hombre solitario que, frente a la revelación a la que acaba de enfrentarse, no encuentra cobijo en el seno de su familia ni en el resto de la sociedad. Esta incapacidad manifiesta de comunicarse lo obliga a construir significa­dos errados acerca del mundo y a crear una realidad desvirtuada.
En soledad el protagonista lee y re-significa la lectura con los parámetros de su alineación: ve monstruos e invasiones alienígenas donde debió ver re­laciones afectivas, él mismo alimenta sus temores, traslada sus propios de­monios al mundo circundantes.
Por otra parte, parece ser el azar, una fuerza sin dirección, lo que rige los destinos: el protagonista encuentra un libro olvidado en un ómnibus ("Esta­ba sentado en mi poltrona, dando vuelta ociosamente las páginas de un libro de edición rústica que alguien había dejado en el ómnibus ... ") ya partir de la lec­tura del texto "descubre" la presencia alienígena en el planeta y se desenca­denan todas las situaciones posteriores que lo conducen al aislamiento y a la incomunicación ("De manera bastante accidental descubrí esta increíble in­vasión a la Tierra ... ").
El protagonista no tiene nombre, nada se conoce de él excepto una serie de datos accesorios que no permiten individualizarlo: él es un hombre co­mo cualquier otro, que se identifica con todos pero con nadie en particular. Es el producto de una sociedad que tiende al aislamiento y que no construye cauces para la exuberante imaginación de sus integrantes, por ello las emociones que le provoca la lectura exceden las reacciones normales asocia­das a toda experiencia estética.
El protagonista del cuento de Dick no sólo se aísla, sino que también presenta una actitud individualista. Es él quien descubre una "ver­dad oculta": la sociedad está siendo invadida por alienígena , pero, sin em­bargo, no intenta hacer nada. Su única reacción es simplemente un esbozo de una posible solución: ("Le escribí al Gobierno y me enviaron un folleto sobre la reparación y el mantenimiento de casa prefabricadas") que se desdibuja fren­te a la respuesta recibida.
Frente a la incomunicación social que se reproduce en la inadecuada res­puesta gubernamental y en el desinterés de su familia y de otros que -su­puestamente- han leído el libro, decide adoptar una actitud pasiva como forma de protección: "Yo no quiero verme mezclado en el asunto". El hombre individualista, finalmente, decide preocuparse por su comodidad personal:
"No tengo estómago para eso".

En la sociedad estadounidense de postguerra (a partir de la década de 1950) se produjo un fenómeno social muy particular: las personas tenían miedo a lo que juzgaban diferente, temían su presencia y se consideraban en peligro constante. Se trató, en gran medida, de una paranoia colectiva que tenía sus raíces en la Segunda Guerra Mundial, pero también en la gue­rra fría con la Unión Soviética, en el temor a una conflagración nuclear devastadora y en la posibilidad de invasiones de otros mundos.
Si bien el cuento de Philip Dick es posterior a esta época, la lectura del libro que hace el protagonista refleja ese temor. Sin embargo, el autor pone en juego un ­doble mecanismo: por un lado crea una atmósfera de terror en la que incluye al protagonista, por otro, deja al lector fuera de esta atmósfera pues le
da la posibilidad de conocer más que el narrador sobre lo que está sucediendo
.
Esta diferencia de saberes entre el narrador y el lector, produce un efecto humorístico que ridiculiza la paranoia y la angustia del personaje.

En la actualidad, se habla de la cultura de la imagen para hacer referencia
A los cambios que, a partir del desarrollo tecnológico, se introdujeron en la sociedad. Desde esta visión se plantea el temor a la pérdida de la cultura es­crita y con ella, de la competencia lectora. En "Los ojos tienen la precisa" aparece el tema de la mala lectura, aquella que no puede comprender el metafórico de un texto literario. Pero esta incapacidad no es responsabilidad exclusiva del protagonista, sino que es esa literatura sentimental la que reproduce metáforas que se han desgastado por el uso y ya no generan significados. Se ponen en evidencia, por lo tanto, la pobreza y las limitaciones de cierto género literario.

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