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1 de julio de 2008

El cuento tradicional, popular o folklórico:origen,teoría y características


El cuento tradicional, popular o folklórico: origen, teorías, características


El origen del cuento popular es desconocido, ya que se remonta hasta las primeras manifestaciones culturales de los hombres. Por ser un relato de transmisión oral que pasa de generación en generación, su procedencia se pierde en el tiempo.
Una de las características de los cuentos tradicionales es su finalidad didácti­ca y moralizante, es decir, son relatos pensados para educar a los nobles y al pueblo en general. Por ello, los cuentos que llegaron a Europa durante la Edad Media (siglos VII al xv) provenientes de oriente (Mesopotamia, Egipto, India, etc.) y de occidente (antigüedad grecolatina) fueron, en muchos casos, reescritos y transformados para adecuarlos a la sociedad en la que se insertaban. De esta manera, la enseñanza que originalmente era útil en la cultura en la que los relatos se creaban también resultaba eficiente en el nuevo contexto.
El origen del cuento
Cuándo y dónde se originó el cuento tradicional es en la actualidad un dato tan desconocido como el mismo objeto de estudio. Para tratar de res­ponder estos interrogantes se propusieron varias hipótesis acerca del naci­miento de los cuentos, sin embargo, el lugar y el momento de creación de la mayoría de ellos siguen siendo sólo conjeturas.
Teorías sobre el origen
Entre las teorías acerca de la procedencia del cuento tradicional se desta­can tres:
1. la teoría monogenista (del griego mono: "uno"; gen: "especie"), pro­puesta por el escritor y filólogo alemán Wilhelm Grimm (1786-1859), pos­tula que los relatos son herencia de un pasado común indoeuropeo y que provienen de mitos. Otros estudiosos también piensan que los cuentos eu­ropeos son originarios de la India;
2. la teoría poIigenista (del griego poli: "muchos") plantea que los cuentos se originaron en una época primitiva, salvaje, en varias regiones ya que distin­tos pueblos, en estado cultural semejante, crearon similares narraciones.
Pero, llegar a la forma original de las numerosas variantes de los cuentos es imposible pues, en la tradición oral, las derivaciones del texto primitivo no son fieles copias, sino refundiciones.
3. la teoría de Vladimir Propp (1895-1970) sostiene que las fuentes del relato maraviIIoso están en la realidad histórica. Para este investigador ruso, una determinada política económica condiciona los modelos cultura­les de una sociedad que crea, en consecuencia, ciertos tipos de cuentos y no otros. En ellos pueden verse, precisamente, huellas de formas de la vida so­cial y cultural. Entonces, los cuentos surgirían cuando los ritos (reglas de una ceremonia religiosa) y las costumbres de las sociedades se vuelven su­perfluas y dejan de tener su sentido original.

Sin embargo, el carácter del cuento no se agota en las representaciones ficcionales basadas en lo real, sino que también recrea imágenes y situacio­nes que no se remontan a ninguna realidad inmediata (por ejemplo: la apa­rición de un caballo alado). En otras palabras, estos relatos también son producto de una mentalidad primitiva, que no conoce las abstracciones y confunde la fantasía con la realidad.
Así el cuento provenga de un mito, de un ritual, de viejas costumbres, de culturas ancestrales o remotas, siempre tuvo un creador "concreto" o "personal" (un mendigo ciego que pedía limosna mientras brindaba su narración, un trovador que creaba sus composiciones en la corte, o un ju­glar que relataba historias en las plazas, etc.). Este "autor" ofrecía su re­lato a un auditorio que, al sentirse identificado con la temática abordada, lo adoptaba como propio, y lo transmitía a otros, pero en ese proceso se producían modificaciones: se hacía hincapié en determinada acción o per­sonaje en particular, se añadían o suprimían episodios, etc. Y, de esta manera, el cuento perdía su condición individual y pasaba a ser patrimo­nio del pueblo.
El cuento tradicional es una creación literaria relativamente breve, de carácter narrativo, y autor anónimo, que refiere acontecimientos ficti­cios. Pero, además, por pertenecer a la tradición oral, el cuento tradicional per­dura a través de variantes. Es decir, cada vez que se relata un cuento, en forma oral o escrita, se produce una versión de él, diferente de otra ante­rior.
La estudiosa Susana Chertudi plantea que cada variante es "una secuen­cia de elementos comunes a una serie de versiones, las cuales se parecen más entre sí que a las de las otras series". Una variante puede ser entonces el cambio de un elemento (un animal, un personaje, un modelo dialógico, un paisaje, etc.) por otro, sin que se modifique el tema o el sentido del texto. Por ejemplo: si en una fábula el animal traidor es el escor­pión, que, por su naturaleza, no puede dejar de compor­tarse cruelmente con la rana (el animal traicionado), en otra versión, el que cumple la función de la naturaleza traidora puede ser la víbora, y el engañado, el hombre; o, también, se puede encontrar un refrán que sintetiza el mismo contenido, aunque los protagonistas sean otros: "el zorro pierde el pelo, pero no las mañas".
La necesidad de conservación del tema -aunque qui­zá en algunos casos con ligeras variaciones- responde a la misma finalidad del cuento que, si bien es propor­cionar diversión y placer, también tiene una fun­ción didáctica: enseñar las reglas de conducta al pue­blo, es decir, adoctrinarlo.

El cuento tradicional y el cuento folklórico
El concepto de "literatura tradicional" es bastante amplio, ya que incluye:
1. toda narración heredada del pasado, ya sea en forma escrita u oral. Así, por ejemplo, esta definición incluiría las obras de tradición escrita co­mo las fábulas del escritor griego Esopo (siglo IV a.e.) o Las mil y una noches, de autor anónimo;
2. toda clase de cuentos orales tradicionales de todo el mundo. Las formas narrativas tradicionales más conocidas son los cuentos, los mitos y las leyendas;
3. los cuentos maravillosos, como los recogidos por los hermanos Jacob (1785-1863) y Wilhelm Grimm, llamados popularmente "cuentos de hadas".

Entonces, el estudio del cuento folklórico de raíces tradicionales abarca no sólo las narraciones escritas, sino también todas las formas de la narración transmitidas oralmente. Estas creaciones al ser heredadas por el pueblo y por ser transmitidas de generación en generación se vuelven tradicionales. Asimismo, un relato no popular, es decir, un cuento que pre­senta situaciones que no se remontan a ninguna realidad inmediata, tam­bién puede ser adoptado por el pueblo como tradicional. En esos casos, al­gunos estudiosos del cuento tradicional, (como Stith Thompson o Vladimir Propp, los llaman también "folklóricos", e incluyen en ese grupo cuentos maravillosos o mágicos, cuentos de animales, novelescos, adivinanzas, chis­tes y aun cuentos de fórmula (como el "cuento de la buena pipa").

La procedencia de los cuentos es muy remota en el tiempo y en el espa­cio. Es probable que hayan nacido en Oriente, en lugares como la India, Egipto y Mesopotamia. De ahí pasaron al Imperio Islámico, que, en el siglo XII, los introdujo en Occidente.
En este proceso jugó un importante papel la Península Ibérica (actual Es­paña), pues durante gran parte de la Edad Media (siglos VII a XV d.C.) con­vivieron allí judíos, musulmanes y cristianos que intercambiaron, en su contacto cotidiano, costumbres y culturas.
Fue, justamente, un judío con­verso llamado Pedro Alfonso (1062-1140) quien, en el siglo XII, tradujo al latín (la lengua oficial de la escritura en aquel momento) cuentos de origen oriental y los recopiló en un libro que denominó Disciplina clericalis (ense­ñanza de doctos). El objetivo de este libro era instruir a las personas a través de cuentos y sentencias, sobre la base de que, con un instru­mento agradable y entretenido, la enseñanza sería mejor asimilada.
La escritura en latín de los cuentos provenientes de oriente posibilitó que esa narrativa penetrara en Occidente, y alcanzara una gran difusión por toda Europa.
Además del libro de Pedro Alfonso, hubo otras colecciones importantes de cuentos: el Calila e Dimna (conjunto de fábulas y apólogos), el Sendebar y el Barlaam e Josafat, que se introdujeron al mundo occidental en e! siglo XIII, pero que existían desde mucho antes en Oriente. El Calila, por ejem­plo, creado durante los primeros años de la era cristiana, fue utilizado por los monjes budistas para su predicación; luego, la obra circuló entre los per­sas hasta que, en el siglo VIII, se tradujo al árabe, y fueron los musulmanes quienes, siglos después, la introdujeron en Europa.
La temática de los cuentos de estas colecciones refiere al modo de com­portamiento de las personas, que debe basarse en la prudencia y la mesura; son reglas de conducta que, en sus inicios, sirvieron para educar a reyes y príncipes y, más tarde, a la gente del pueblo.
Sin embargo, y pese a tener marcadas características de la cultura orien­tal (por ejemplo: el desprecio a las mujeres o la presencia de monarcas ro­deados de sabios consejeros), muchos de los motivos tratados en estas co­lecciones provienen del folklore y se hallan en los cuentos tradicionales de todo e! mundo.
Difusión popular
Esta literatura didáctica de origen oriental fue empleada después por los predicadores (religiosos que deseaban adoctrinar al pueblo en la fe católica) en lugares públicos, donde la gente común, en su mayoría analfabetos, los escuchaba y seguía con atención.
Antes de llegar al pueblo, estas colecciones de cuentos orientales sufrían un proceso de modificación: su temática profana, que no respondía a la ide­ología oficial de la Iglesia Católica, era cristianizada por doctos predi­cadores. Ellos, en el siglo XIV, reescribieron estos relatos en la lengua del pueblo (vulgar) en lugar de latín (culta), sacaron aquellos elementos que consideraban inadecuados e introdujeron otros que resultaban aptos para el aprendizaje de la gente.
Durante la Antigüedad grecolatina, en el discurso orato­rio (formulado oralmente ante un público) se pronuncia­- la narración de algún hecho protagonizado por un per­sonaje importante o un héroe histórico, cuya conducta result­aba un modelo a imitar.
Este tipo narrativo se denomi­na exemplum (traducido como "ejemplo") y se lo usaba, principalmente, para la educación de los jóvenes nobles, quienes en el futuro serían los conductores del imperio.
Este tipo de relato se trasladó a Europa. Así, en el siglo XIII, los predica­res europeos se sirvieron de estos ejemplos para ilustrar sus sermones
discursos evangélicos en donde se enseña una buena doctrina) y, a partir entonces, tuvieron gran uso y difusión.
El ejemplo en la nueva cultura
En Europa, la obra literaria no dejó de proporcionar la lección moral que podía desprenderse del relato, pero la parte anecdótica se renovó en varia­s formas literarias:
1. el ejemplo propiamente dicho, que es una narración breve de un acontecimiento, presentado como verdadero, del que se extrae una ense­ñanza, cuya finalidad es la salvación eterna, y
2. la fábula, que es un relato protagonizado, generalmente, por anima­les. En estos casos, el público se identificaba con la anécdota y, de esta ma­nera, percibía la lección moral.
Las dos tradiciones, la oriental (colecciones de cuentos) y la occidental ejemplos y fábulas), no recorrieron caminos totalmente apartados y diversos ,sino que la cultura europea, durante los siglos XII y XIII, se sirvió de am­bos y las fusionó, dando como resultado colecciones de ejemplos que, hacia fines de la Edad Media, se difundieron gracias a la aparición de la imprenta.

Otras rutas del cuento tradicional
Un cuento refleja en los temas que aborda características y rasgos pro­pios de la región en la que nace. Pero, cuando ese relato pasa a ser parte de tradición oral, se lo encuentra con modificaciones en distintas regiones e incluso, en lugares muy diferentes del de origen.
En este sentido, los cuentos de hadas son característicos de Europa tanto oriental como occidental y también del oeste de Asia. El eje temático de es­tos relatos gira alrededor de las proezas de un héroe, que recibe, en la mayoría de los casos, ayuda sobrenatural.
Aquellos cuentos en los que predominan paisajes nevados, animales típi­cos de determinado lugar o situaciones (osos polares a los que se les congela la parte del cuerpo, por ejemplo) no pueden haberse originado en lugares cálidos, sino en zonas frías como el norte de Europa (Finlandia) o Rusia. Pe­ro, a través de la transmisión oral, se expanden a toda Europa más tarde, se difunden por África, hasta cruzar el océano y recalar en América del Norte. Otros relatos surgieron en Irlanda, Islandia, Noruega, Egipto, Babilonia, Grecia e India, como ciclos de narraciones sagradas que constituían las mitologías de esos pueblos






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Literatura Activa-Puerto de Palos

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