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26 de diciembre de 2012

Análisis del poema Balada de los dos abuelos de Nicolás Guillén


Análisis del poema Balada de los dos abuelos de Nicolás Guillén



Nicolás Guillen ha sostenido la presencia del negro en la poesía contemporánea, como una forma de profun­da expresión americana, en aquellas regiones en las que el hombre de color participó en la integración del perfil criollo. En su obra late un generoso sen­timiento de solidaridad humana que va más allá de las diferencias raciales y de las fronteras nacionales
El tema del poema es el de la integración de las razas que fueron trasplantadas a América en tiempos de la conquista y la colonización. El poeta evoca, a través de las simbólicas figuras de sus dos abuelos, los elementos que componen su pasado, la raza negra y la raza blanca, cada una con sus destinos opuestos, ambas con sus amarguras y sin­sabores.


El poema se reproduce al final del artículo

ESTRUCTURA

El poema está estructurado sobre la base de tres grandes núcleos o partes, cada una de las cuales consta, a su vez, de dos momentos.

Primera parte
Comprende los ocho primeros versos. Su función es introducir el tema y presentar a los dos abuelos.
a-Los dos primeros versos hacen referencia al presente del poeta y se centran en su yo. Los abuelos son sombras que lo acom­pañan desde su propia interioridad:
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.

b-Los seis versos siguientes son descriptivos y presentan a ambos antepasados, a ambos como guerreros, cada cual con los atri­butos bélicos propios de su raza-, lanza y tambor en un caso, gris armadura en el otro.

Segunda parte

Comprende los treinta y dos versos siguientes. En contraposición con la primera y la tercera parte, referida al presente, ésta tiene por objeto la vivida evocación del pasado histórico a través de dos momentos: el primero centrado en los dos abuelos, el segundo en las penurias de los esclavos.

a-    (Comprende desde “África de selvas húmedas” hasta “sobre el sueño de los monos!”)
El primer momento tiene una estructura paralelística que ex­presa a través de una simetría de elementos los dos destinos diferentes: el lamento del abuelo negro está enmarcado, simétricamente por la referencia al lugar nativo, África, y la alusión a la geografía antillana:

Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos

expresando así, en forma tácita, simplemente por medio de la mención sucesiva de los medios diferentes, todo el dolor del desarraigo y las infinitas amarguras de la esclavitud. A su vez, los dos versos citados también enmarcan simétricamente, junto con los que aluden a la codicia de los conquistadores y a los sinsabores de los largos viajes marítimos:

Oh velas de amargo viento,
galeón ardiendo en oro

el lamento del abuelo blanco, que expresa la fatiga que supone la ardua empresa conquistadora y un similar dolor por el ale­jamiento del suelo natal.

Luego se reiteran ambos lamentos, intercalando entre uno y otro paralelas referencias a los nativos de las islas inexploradas, seducidos por los conquistadores con coloridas cuentas de cris­tal, y a los días y las noches del trópico.

b--(Comprende desde “¡Qué de barcos, qué de barcos!” hasta “qué de negros!”)
El eje de interés se ha desplazado del paralelo entre los dos antepasados a una descripción cálida y elocuente de la tristí­sima vida de los esclavos. La estructura de este fragmento también es simétrica, pues la enumeración de las fatigas y penu­rias está enmarcada en el comienzo y en el final por idénticas exclamaciones que sugieren la ininterrumpida y cuantiosa afluencia de gentes de color a las costas americanas;

¡Qué de barcos, qué de barcos!
¡ Qué de negros, qué de negros!

De la atención en el caso individual (el abuelo negro), se ha pasado a la consideración, en términos generales, del destino sufrido por sus hermanos de raza.

Tercera parte

Comprende los últimos veinte versos y en ella aparece como con­clusión el núcleo de significación de todo el poema: la fecunda y generosa idea de una enriquecedora integración, que, superando las tristes diferencias del pasado, implique un común acto de fe en el amor y en la esperanza.

 Una vez concluida la evocación histórica sugerida por las som­bras de los dos abuelos, el poeta nos ubica de nuevo frente a su sentir subjetivo y a su presente, mediante la reiteración de los versos iniciales:

Sombras que sólo yo veo
me escoltan mis dos abuelos.

Sus abuelos se desvanecen como figuras de realidad histórica y vuelven a adquirir el carácter que mantendrán hasta el fin del poema: sombras que acompañan al poeta desde su propia interioridad.

b-   Comprende desde “Don Federico me grita”, hasta “¡Cantan!". Los dos personajes vuelven a ser presentados, no ya en sus ves­timentas y atributos exteriores, como al principio, sino a través de sus nombres, de las fórmulas de cortesía que a cada uno corresponden {Don en un caso, Taita en el otro) y de actitudes definitorias: soberbia altivez en el abuelo español, taciturna y callada mansedumbre en el negro:

Don Federico me grita,
y Taita Facundo calla;

A partir de aquí ambos perderán su individualidad diferenciadora y serán “los dos”, hermanados en un abrazo, igualados en fortaleza, en estatura, en el cielo que los cubre, en las ansias, en los gritos, en los sueños, en los llantos y en los cantos, vale decir, en la dimensión humana que ambos tienen en común y que excluye el absurdo dominio del uno sobre el otro.

ESTILO

Paralelismo y enumeración

Son los dos recursos más reiterados en el poema, al punto de que las dos primeras partes consisten casi exclusivamente en una larga enumeración de elementos, y el paralelismo conforma la estructura interna y hace a la índole del tema: los destinos simultáneos y opuestos de los dos personajes. Se analizarán conjuntamente por­que en la mayoría de los casos las enumeraciones presentan un paralelismo sintáctico y una simetría de contenido.

El paralelismo se emplea en el poema con toda una gama de matices:

a-    Paralelismo sintáctico y simetría de contenido aplicado a las descripciones:

Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
(…)
Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos.

b-    Paralelismo enfatizado por la exclamación y la reiteración de la interjección oh al comienzo del verso:

Oh velas de amargo viento,
¡Oh
costas de
cuello virgen
¡Oh
puro sol
repujado,
oh luna redonda y limpia

c-    Paralelismo reforzado por la anáfora y por las reiteraciones dentro del verso y de versos completos:

¡Qué de barcos, qué de barcos!
¡Qué de negros, qué de negros!
¡Qué largo furor de cañas!
¡Qué látigo el del negrero!
¡Qué de barcos, qué de barcos, qué de negros!

d-    Paralelismo acentuado por la reiteración de la conjunción y para coordinar los diversos miembros de la enumeración (re­curso del lenguaje poético denominado polisíndeton):

y madrugadas vacías,
 y atardeceres de ingenio,
y una gran voz fuerte voz



Se observa cómo la repetición de la conjunción “y” subraya la sensación de oprimente monotonía que comunica el tipo de vida que se describe.

e-    Reiteración intensiva de un mismo verso, hasta convertirlo en motivo conductor de todo un fragmento:

los dos del mismo tamaño,
bajo las estrellas altas; los dos del mismo tamaño,
 ansia negra y ansia blanca,
 los dos del mismo tamaño,
 gritan, sueñan, lloran, cantan.

Este recurso, acentuado por la anterior anáfora de la expresión “los dos”, reiterada en cuatro oportunidades, tiene por objeto potenciar al máximo la idea básica del poema: la igualdad de ambas razas.


METÁFORAS
Observamos cómo por medio de la trasposición metafórica los ele­mentos adquieren una mayor calidad poética: tantos son los cai­manes que se convierten en la sustancia misma del agua:

Aguaprieta de caimanes,

otro tanto sucede con la mañana transmutada en cocos:

verdes mañanas de cocos

Al transformar las velas en viento amargo, el poeta expresa el punto de vista de los conquistadores sobre las riesgosas travesías marítimas:

Oh velas de amargo viento,

y al imaginar que el oro abrasa los galeones, comunica con gran intensidad la fiebre de la conquista:

galeón ardiendo en oro

La extrema dureza y esterilidad de la vida del esclavo, causa de un infinito sufrimiento, se expresa  a través de la fusión de ele­mentos tan opuestos y dispares como la piedra inanimada y el llanto y la sangre humanos:

Piedra de llanto y de sangre,

En todos estos casos el valor poético fundamental consiste en el gran poder de síntesis, pues con muy pocos elementos se comuni­can realidades geográficas o humanas con la mayor intensidad.

IMÁGENES SENSORIALES

En el poema abundan los efectos pictóricos y sensoriales que Gui- llén obtiene por medio de un elaborado lenguaje poético. Una rica conjunción de imágenes visuales, auditivas y sinestésicas se aplican a la descripción de la ardiente naturaleza tropical, de los persona­jes y de situaciones vítales:

Imágenes visuales:

Lanza con punta de hueso,
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
Aguaprieta de caimanes
verdes mañanas de cocos
oh luna redonda y limpia

A veces la imagen visual se combina con la personificación, como en el caso del sol:

¡Oh puro sol repujado
preso en el aro del trópico;

La imagen del sol prisionero del trópico aumenta eficazmente la sensación de agobiante calor.

IMÁGENES AUDITIVAS:

Las emplea para completar la descripción de un personaje, ini­ciada con una imagen visual:
tambor de cuero y madera:

o combinada con la aliteración para acentuar el efecto musical y onomatopéyico:

y de gordos gongos sordos

(la reiteración de la g, la o y la r reproduce el sonido del ins­trumento)
o para añadir una nota patética a la descripción de una situa­ción negativa:

y una gran voz, fuerte voz
 despedazando el silencio,

IMÁGENES SINESTÉSICAS:

África de selvas húmedas
           Oh velas de amargo viento,.

METONIMIA

Es un recurso del lenguaje poético que consiste en aludir a un obje­to nombrando a otro contiguo. Guillen lo emplea para referirse a los nativos de las Antillas: en lugar de nombrarlos en forma direc­ta, lo hace sustituyéndolos por las costas donde vivían, las cuales adquieren de pronto un cuello virgen (doble alusión a lo inexplo­rado de las islas y a la ingenuidad de sus naturales) y aparecen atraídas y engañadas por los abalorios de los conquistadores. Su valor expresivo radica, como en el caso de la metáfora, en su poder de síntesis, pues en pocas imágenes se han concentrado varios conceptos complejos:

¡Oh costas de cuello virgen
engañadas de abalorios. .

PUNTOS SUSPENSIVOS

Aparecen reiteradamente en el poema luego de pasajes descrip­tivos que, por lo general, aluden a muy pocas notas de los paisajes o situaciones plasmados; los puntos suspensivos cumplen, entonces, la función de complementar las descripciones sugiriendo todo lo que el poeta ha omitido.

RITMO

Todos los recursos que hemos analizado conforman, en su conjun­to, el ritmo del poema: 

paralelismos, anáforas, reiteraciones inten­sivas, pero además intervienen otros elementos. El ritmo no es uniforme, sino que varía para adecuarse en cada momento al des­arrollo del tema. En la primera parte y en el primer momento de la segunda, que tienen por objeto presentar a los dos personajes y expresar sus fatigas y penurias, el ritmo es lento y demorado y esto se logra merced a la construcción sintáctica: enumeraciones de sustantivos complementados con adjetivos y con modificadores articulados por preposición, ausencia casi absoluta de verbos, excep­to en ambos lamentos. 
En la parte dedicada a la vida de los escla­vos, gracias a las reiteraciones intensivas, el ritmo sugiere la continua llegada de multitudes de negros, y luego la coordinación polisindética acentúa la monotonía de sus vidas sin esperanzas ni horizontes. Por fin, en la última parte el ritmo se agiliza y cobra una vida inusitada al expresar el núcleo significativo: la definitiva igualación de las razas: el lenguaje se hace más parco y sintético, los verbos conjugados aparecen cada vez con más frecuencia hasta dominar con exclusividad los últimos cuatro versos en una magní­fica graduación que culmina con la exclamación optimista y espe­ranzada :

gritan, sueñan, lloran, cantan.
Sueñan, lloran, cantan.
Lloran, cantan. ¡Cantan!

MÉTRICA

La métrica del poema es irregular. Hay un predominio de octosíla­bos y en algunos versos se da una rima asonante, pero, si bien el poema aparece dividido en estrofas de acuerdo con su estructura interna, éstas no responden a ninguna de las combinaciones tra­dicionales.


 Balada de los dos abuelos

Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.
Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco!
Africa de selvas húmedas
y de gordos gongos sordos...
--¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos...
--¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)
Oh velas de amargo viento,
galeón ardiendo en oro...
--¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
¡Oh costas de cuello virgen
engañadas de abalorios...!
--¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)
¡Oh puro sol repujado,
preso en el aro del trópico;
oh luna redonda y limpia
sobre el sueño de los monos!
¡Qué de barcos, qué de barcos!
¡Qué de negros, qué de negros!
¡Qué largo fulgor de cañas!
¡Qué látigo el del negrero!
Piedra de llanto y de sangre,
venas y ojos entreabiertos,
y madrugadas vacías,
y atardeceres de ingenio,
y una gran voz, fuerte voz,
despedazando el silencio.
¡Qué de barcos, qué de barcos,
qué de negros!
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Don Federico me grita
y Taita Facundo calla;
los dos en la noche sueñan
y andan, andan.
Yo los junto.
--¡Federico!
¡Facundo!   Los dos se abrazan.
Los dos suspiran.   Los dos
las fuertes cabezas alzan;
los dos del mismo tamaño,
bajo las estrellas altas;
los dos del mismo tamaño,
ansia negra y ansia blanca,
los dos del mismo tamaño,
gritan, sueñan, lloran, cantan.
Sueñan, lloran, cantan.
Lloran, cantan.
¡Cantan!

Nicolás Guillén



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