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11 de febrero de 2014

Resumen y análisis de ROBINSON CRUSOE de Daniel Defoe

Resumen y análisis de ROBINSON CRUSOE de Daniel Defoe

En 1719 se publicó en Inglaterra una novela que tuvo un éxito rotun­do. Su autor, Daniel Defoe, tomó como base para la escritura un hecho real muy difundido en ese entonces. La primera parte del libro se llamó, al uso de la época, Vida y extrañas aventuras de Robinson Crusoe, de York, marinero.
Su argumento es el siguiente: Robinson nace en un hogar de buena familia, pero lo asedia un deseo irresistible de aventuras. En uno de sus viajes, el personaje se embarca hacia Guinea en busca de esclavos. El buque naufra­ga ante las bocas del río Orinoco, y Robinson queda solo en una isla. A medida que pasan los años, va construyendo con tesón instrumentos, barcas, refugios. También, siembra con unas pocas semillas y cría rebaños con escasas cabras. Logra cocinar pan y carne, preservar la pólvora salvada, reencontrarse con Dios, alabarlo por tener la suerte de estar vivo.

Un día memorable, ve una huella de un pie en la arena y salva a una víctima de caer en las garras de nativos caníbales. Al rescatado, le asigna el nombre de Viernes, símbolo del buen salvaje y leal servidor del amo blanco. Se trata de un indígena inteligente y bien parecido, quien es salvado por Robinson de otras tribus caníbales como él. Cuando el héroe lo ve huir de sus captores y decide ayudarlo, duda entre tomarlo como criado o como "el compa­ñero y ayudante que necesitaba". Sin em­bargo, Robinson reconstruye su mundo con los criterios y valores de la clase so­cial a la que pertenece. Por eso, hace de Viernes un esclavo, aunque lo trate con cariño.

Al fin, más de veintiocho años después, abandona el lugar y vuelve a Europa. La segunda parte de la novela relata otros viajes al Oriente y a las este­pas rusas, plenos de incidentes y de aventuras. Las historias de ambas par­tes están contadas por el propio protagonista en primera persona, quien in­troduce en ella fragmentos de su diario.

Robinson Crusoe se basa en una histo­ria real. Esta historia es la de un marinero escocés, Alexander Selkirk, quien partió de Inglaterra en 1703, a bordo del galeón Cinque Ports. Al morir el ca­pitán de este barco, Selkirk comenzó a tener problemas con el segundo de la embarcación, que había quedado al mando de esta. Como la situación era insostenible para el marinero, pidió que se lo dejara en una isla desierta con lo necesario para su supervivencia.
La isla quedaba a más de 700 km de la costa de Chile, y Selkirk perma­neció en ella durante cuatro años, hasta que fue rescatado por otro barco. Tanto el capitán de la nave salvadora como su primer oficial escribieron sendas narraciones refiriendo la aventura del náufrago, que se hizo muy popular. En 1713, un periodista publicó una tercera versión de la his­toria. Sin embargo, la obra de Defoe fue la más notable sobre el tema. A pesar de ser la suya una novela sobre un personaje de ficción, el pú­blico no pudo dejar de relacionarla con la historia de Selkirk, a la que superaba en riqueza narrativa y en atractivo.

Robinson es un aventurero que ha embarcado numerosas veces en busca de nuevos hori­zontes. Nace en una familia acomodada, y su padre es un negocian­te de muy buen pasar y de excelentes relaciones, que quiere que su hijo estudie leyes y viva tranquilo en el ejercicio de su profesión. Pero Robinson sale al mundo con el afán de recorrerlo y de obtener riquezas: salvo su primer viaje, todos los demás los realiza con fines comerciales. Por estos motivos, por su proveniencia y por su espíritu lucrativo, este personaje representa cabalmente al hom­bre burgués de su tiempo, ese tipo de hombre que había creci­do al amparo del desarrollo económico de Inglaterra.

Robinson representa al hombre que se hace a sí mismo. Triunfa en su lucha contra la naturaleza mediante instrumentos rudimentarios que crea como si se tratara del hombre primitivo. Y está imbuido del espíritu protestante, que muestra que Dios bendice a quienes se esfuerzan en las empresas terrenas.
Ante las desgracias que le acontecen, Robinson reacciona de acuer­do con la clase social a la que pertenece. Así, no se conforma con vivir en una cueva, sino que se provee de una carpa y trabaja duro para convertir una caverna en un sitio que le sirva de almacén, cocina, comedor y bodega. Una vez que logra este propósito, se ocupa de "amueblar" a la que llama su "casa" e, incluso, manifiesta cierta tranquilidad cuando, tras la colocación de algunos estantes, puede tener todo perfectamente "ordena­do". En una ocasión, además, compara su tarea con la de un hombre de Es­tado, que debe resolver una cuestión política difícil, o con el trabajo de un juez, que tiene que decidir acerca de la vida o la muerte de una persona.

Robinson es un hombre común y corriente que, sometido a una situa­ción extrema, logra sobrevivir con notable perseverancia y con sentido práctico. El personaje tantea y se equivoca como cualquier mortal (cuando in­tenta moldear jarras de cerámica o cuando cultiva cereales en la estación ina­decuada, por ejemplo) pero, a medida que va superando las distintas pruebas, se convierte en un héroe que demuestra ser autosuficiente, seguro de sí mis­mo, un héroe que no se deja vencer por el destino.

Con Robinson Crusoe, se inaugura una nueva literatura en la cual no se idealiza la realidad, y aparecen nuevos valores en lugar de los valores corte­sanos, como el amor a la patria o a una mujer soñada, el espíritu caballeres­co, y el apego a la elegancia y al habla refinada. Los valores que sobresalen son otros, propios de la sociedad burguesa:

el afán de aventuras sólo para enriquecerse;
el apego al bienestar y al dinero;
el agradecimiento demostrado con cheques o con dones pecuniarios;
la habilidad para servirse de las herramientas y de los materiales;
la visión práctica de la vida;
el trabajo de la tierra;
•la redención del salvaje, a quien, al final, Robinson logrará convertir al anglicanismo, la religión de Inglaterra.

Con todos estos elementos, Defoe quiso darle a la odisea robinsoniana un sentido particular: quiso mostrar cómo un hombre, producto de la so­ciedad de su tiempo, puede enfrentarse completamente solo a la naturaleza y reconstruir, por sus propios medios, los rudimentos de una civilización.

Contexto histórico

En el siglo XVII, Inglaterra limitó el poder del rey y, luego de dos revo­luciones, estableció una monarquía parlamentaria. En la primera de estas revoluciones, ocurrida en 1641, se destacó la figura de Oliver Cromwell, y se determinaron las bases de un nuevo tipo de Estado. En la segunda, de 1688, llamada Revolución Gloriosa, se inició el mecanismo que permitió el desarrollo de la agricultura y de las innovaciones técnicas aplicadas a la in­dustria. Este mecanismo le dio al país un siglo de ventaja por sobre el continente europeo. En ese tiempo, en el campo cultural, brillaron escrito­res de la talla de William Shakespeare y de John Milton (1608-1674), autor de un famoso poema heroico de tema religioso: El paraíso perdido.
El siglo XVII marcó el inicio de la preponderancia política de Ingla­terra. El país dominaba los mares y gozaba de un crecimiento económico extraordinario. Los acontecimientos políticos del siglo XVII, sumados al de­sarrollo mercantil y financiero, habían contribuido a la maduración de un importante grupo social: los burgueses, importantes comerciantes y propietarios de tierras que tenían una nueva mentalidad y un interés sin par por el progreso.

En este contexto, nacieron los primeros periódicos, y se desarrolló especialmente un género literario: la novela. A este género, se dedicaron varios autores, entre ellos: Daniel Defoe (1659-1731), famoso por su Robinson Crusoe; Jonathan Swift (1667-1745), quien criticó duramente a la sociedad de su tiempo en las páginas de Los viajes de Gulliver; y Lawrence Sterne (1713-1768), conocido por la excéntrica, novedosa y extensísima narración en la que cuenta, con humor, la vida de un héroe muy particu­lar: Tristam Shandy.

La sociedad inglesa del siglo XVII se caracterizó por el puritanismo, el movimiento político y religioso que propugnó la Reforma de la Iglesia para establecer una religión que sus seguidores consideraban más pura, distan­ciada de la Iglesia de Roma. El panorama cambió a raíz de las revoluciones inglesas y, en el siglo XVIII, el interés principal de los hombres se desplazó hacia el crecimiento económico. Entonces, surgió el espíritu utilitarista, la idea de que algo es bueno si se considera útil, y de que la utilidad se en­cuentra en aquello capaz de dar felicidad al mayor número posible de perso­nas. Por el momento y las circunstancias de su nacimiento, Robinson, al igual que su creador, fue hijo de las revoluciones inglesas que lo ubica­ron a medio camino entre el puritano del siglo XVII y el utilitarista del siglo XVIII.

El espíritu puritano del personaje se observa en su reencuentro con Dios, a partir de su residencia en la isla. Robinson tenía olvidado a Dios desde la niñez y, en esta nueva circunstancia de su existencia, aprende a agradecerle cada día el hecho de estar vivo. A medida que pasa el tiempo, crece su confianza en Dios y, también, en sus propias fuerzas. El espíritu utilitario, por su parte, se reconoce a cada instante en las acciones que Robinson realiza para sobrevivir y para mejorar las condiciones en las que se encuentra. Así, por ejemplo, el personaje cuenta cómo ideó un mecanis­mo para hacer girar una piedra de afilar, necesaria para sus actividades.

Fuente: Literatura Europea y Norteamericana, Puerto de Palos, Bs.As., 2001.





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