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29 de junio de 2008

Pablo Neruda: un recorrido por su obra


Resumido: Pablo Neruda: Un recorrido por su obra

(En la imagen: Pablo Neruda recibiendo el Premio Nobel)


La obra poética de Pablo Neruda (seu­dónimo de Neftalí Ricardo Reyes) es quizás la que mayor influencia ha ejercido en la poesía latinoameri­cana contemporánea. Aunque discuti­do, Neruda ha producido una poesía que figura entre las más alta del si­glo XX.
Obra extensa, en cuyo proceso tiene radical importancia la adhesión del poeta a la ideología marxista y su lu­cha política en las filas del Partido Comunista Chileno. Vida y poesía, en todas sus instancias, aparecen total­mente ligadas. Y no nos referimos so­lamente al compromiso que asume con la realidad político social, sino también a todo aquello que hace a la vida del poeta. Su obra se abre a sus amores, sus angustias, sus alegrías, sus libros, sus amigos, el paisaje de su tierra y de las tierras que recorrió. El mismo lo reconoce ya en 1924: "No era posi­ble cerrar la puerta a la calle dentro de mis poemas, así como no era posi­ble Cerrar la puerta al amor, a la vida, a la alegría o a la tristeza en mi cora­zón de joven poeta". Luego va a sos­tener frente a la poesía pura de Juan Ramón Jiménez su poética de "una poesía sin pureza" (1935) y, ya emban­derado en el realismo socialista, pro­pone una poesía abierta a las cosas esenciales, comunicadas a todos. Desde esta posición Neruda hará poe­sía didáctica, proselitista, de denuncia y hasta panfletaria. Esta suele ser una de las zonas más atacadas de su pro­ducción. Sin embargo, aunque hay mu­chos poemas que pueden ser olvida­dos, Neruda dará siempre, en todas las líneas que ha emprendido, una lección de gran poesía.
Antes de cumplir los veinte años pu­blica su primer libro: Crepusculario (1923). Escribe incansablemente. Prue­ba distintos caminos para hallar una expresión personal, pero se le mezclan las numerosas lecturas que realiza, la presencia aún viva del modernismo. Los libros siguientes revelan esta multiplicidad de voces que alientan su tarea: Rubén Darío, Sabat Ercast y Walt Whitman.
En 1924 publica Veinte poemas de amor y una canción deses­perada . Con ellos vendrá el éxito y en ellos cuaja ya una de las vertientes constantes de su poesía, la pasión amorosa. Ensaya también la prosa poé­tica en Anillos (escrito en colaboración con su amigo Tomás Lago) y El habi­tante y su esperanza, ambos de 1926. Por estos años escribe El hondero en­tusiasta, que publica en 1933.
En Tentativa del hombre infinito (1926) nos dice que ha empezado a encontrar el cami­no hacia la madurez poética, apoyado en las experiencias con las técnicas surrealistas. Esa madurez la alcanza a patir de la soledad y el aislamiento en Rangon (1927), a donde se instala como cónsul del gobierno chileno. Allí comienza un ciclo fundamental en la poesía de habla española: Residencia en la tierra. Este ciclo está integrado por Residencia en la tierra (1925-1931), Residencia en la tierra (1925-1935) y Tercera Residencia 0935-1945). Esta última concluye en realidad con su extraordinario poema "Las furias y las penas", ya que desde la. tercera parte su actitud poética cambia de rumbo como' consecuencia de la guerra civil española y de su adhesión al mar­xismo.
Residencia en la tierra expresa la an­gustia existencial del hombre sumido en la incesante destrucción del uni­verso y de sí mismo. El poeta se inter­na en esa alucinante e insaciable pe­sadilla detenida, inmovilizada en un crecer que se desmorona continua­mente. El título del primer poema indica ya el clima de la obra: "Galope muerto". Para connotar ese "movi­miento sin tregua" que no es más que una "ceremonia de cenizas" utiliza to­dos los recursos aprendidos del su­rrealismo y seguramente de la lectura de "West land" de Eliot. Se despoja de todas las ataduras tradicionales y en largos versículos, en series enumerati­vas, va intentando definir ese caos que lo invade.
Inmerso en la desolada desesperación de ese mundo de escombros -lexicalizado en la ceniza, el polvo y la sal- el poeta aproxima ma­teriales insólitos que van indicando el caos y la muerte, el transcurrir del tiempo. Esas enumeraciones comien­zan a menudo con la forma impersonal “hay", relacionada con la movilización, también impersonal, del gerundio. Veam­os un ejemplo: "Hay cementerios solos, / tumbas llenas de huesos sin nido, / el corazón pasando un túnel/ oscuro, oscuro, oscuro, / como un naufragio hacia adentro nos morimos, como ahogarnos el corazón, como irnos yendo desde la piel al alma. / Hay cadáveres, / hay pies de pegajosa losa fría, hay la muerte en los huesos ... " ('Solo la muerte")
Neruda acumula palabra como el universo acumula materiales deshechos,­ deshace la sintaxis en correspondencia con esa aniquilación que lo invade 'Yo lloro en medio de lo invadido, entre lo confuso ... " "Estoy solo entre materias desvencijadas", "Si me pregun­táis de dónde vengo: tengo que conversar con cosas rotas".
Se siente cercado también por la opacidad, el fracaso y la insatisfacción del mundo moderno, empequeñecido, incapaz de hundirse en la destrucción abismal de la pasión. Lo persiguen, lo acechan esos signos vacíos de la sociedad: El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos", "Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, / con furia, con vida, / paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, / patios donde hay rop­as colgadas de un alambre ... ", dice en"Walking around" y en "Desespe­diente": "Rodad conmigo a las ofi­cinas, al incierto / olor de 'ministerios, tumbas, y estampillas. / Venid con­migo al día blanco que se muere / dan­do gritos de novia asesinada".
El erotismo atraviesa toda la Resi­dencia en la tierra, como soledad,
como ausencia y como encuentro. Co­mo encuentro agónico, bestial, una batalla entre enemigos que inmovili­zan, y repiten, la oposición vida/muerte­: " ... transcurrimos, / apartando las sílabas del miedo y la ternura, / interminablemente exterminados". Así concluye "Las furias y las penas" y con él , en verdad, La residencia en la tierra . En "Tango del viudo" el tema del amor se expresa a través de una sangrienta ironía. Es también uno de los grandes poemas del ciclo.' Junto a la 'Oda a Federico García Lorca" o "Al­berto Rojas Jiménez viene volando". En este último poema, precisamente, en que recuerda a su amigo muerto, hay un tímido intento de afirmación, que resuena también en los "Tres cantos materiales" y en "Ritual de mis piernas" (" ... lo puro, lo dulce y es­peso de mi propia vida").
Si bien nunca dejó de incluirlo en las ediciones de sus obras completas, Ne­ruda renegó de Residencia en la tierra. Razones ideológicas lo llevaron a re­chazar este ciclo de su poesía, que indudablemente sigue presente en su obra inmediatamente posterior: "Son poemas que están empapados de un pesimismo y de una angustia atro­ces. Si examinamos la. angustia vemos que es la eliminación que hace el capitalismo de las mentalidades que pueden serle hostiles en la lucha de clases".
Ya en la nota que pone antes de "Las furias y las penas" advierte que su poesía ha cambiado. Estamos en 1934 y Neruda es cónsul en Espa­ña. Allí conoce al poeta Rafael Alberti y su influencia tiene que ver en su adhesión al marxismo. La guerra civil española marca la modificación defi­nitiva de su actitud estética. En Espa­ña en el corazón (1936-1937) su poesía es arma de combate. Canta al heroico pueblo español y al mismo tiempo maldice, expresa su odio recurriendo a las imágenes más terribles y sórdidas ("Aquí estás. Triste párpado, estiér­col/de siniestras gallinas de sepul­cro, pesado esputo, cifra de traición que la sangre no borra. _ ." dice en "El general Franco en los infiernos". En la quinta parte de Tercera residencia incluye sus "Canto a Stalingrado", "Nuevo Canto a Stalingrado", "Canto a los ríos de Alemania", "Canto al Ejér­cito Rojo a su llegada a las puertas de Prusia", etcétera.' '
Hacia 1938, ya de regreso a su patria, comienza Canto general (1950), Lo es­cribe en medio de una gran actividad política y en el exilio. Originalmente proyectaba un canto a Chile, que luego extiende a toda América: "Mi contacto con las luchas populares iba siendo cada vez más estrecho. Comprendí la necesidad de una nueva poesía épica que no se ajustase al antiguo concepto formal”.
A lo largo de quince largos cantos Neruda penetra en la realidad americana. Interpreta su historia, can­ta a sus héroes ya la valentía anónima del pueblo, se interna en su geografía, confiesa sus luchas, denuncia el impe­rialismo yanqui.
Canto general es de difícil clasificación. Si resulta esquemática y a veces inge­nua su visión de la historia americana -que transita escasamente por el ma­terialismo histórico de Marx-, es tam­bién cierto que este largo ciclo contie­ne algunos de los más logrados poemas de Neruda -"Alturas de Macchu Pic­chu", "El gran océano". El poeta ha sabido fundir su intención proselitista con un sentimiento de América real y profundo. El poeta aúna la denuncia con la evocación, el relato de los he­chos históricos con su yo presente, la geografía americana con su experien­cia americana con su experiencia de la tierra. "Alturas de Macchu Picchu", relacionado todavía con Residencia en la tierra (fue escrito en 1945) es uno de los poemas en que Neruda logra fundir las diversas líneas de su Canto general. En esa "madre de piedra, es­puma de los cóndores" se confunden la historia del hombre americano y el presente, la realidad actual de Améri­ca, con la solidaridad, del poeta que, presente aún la angustia de la des­trucción y de la muerte, pide y da su canto ("Contadme todo . , . y dejadme llorar horas, días, años, edades cie­gas, siglos estelares. . .. Dadme el si­lencio ... Hablad por mis palabras y mi sangre").
Esta actitud continúa en Las uvas y el viento (1954).

Comunica ahora la esperanza ante el mundo socialista que nace tanto en Europa como en Asia. Sin embargo, ha disminuido la calidad del Canto general, que perdura sólo en algunos poemas, como por ejemplo el' dedicado al poeta español Mi­guel Hernández, titulado "El pastor perdido". Años más tarde cantará otro proceso revolucionario, la revolución cubana, en Canción de gesta (1960). Esta poesía inspirada en el realismo socialista va a madurar realmente en Los versos del Capitán y el ciclo de las Odas elementales.
Neruda encuentra en estas obras esas poesías transparentes, capaz de llegar a todos los hombres con el mensaje de la esperanza, en poemas de gran calidad poé­tica. Los versos del capitán se publi­caron como anónimos en 1953, por razo­nes privadas. Recién los reconoce en 1962 al incorporarlos a sus Obras como completas.
Inicia su poesía amorosa dedicada a Matilde Urrutia que perdura como una línea constante de su produ­cción hasta la actualidad. El amor no es ya una experiencia total de la destrucción; es una asunción vital y solidaria del mundo, en la cual cada acto cotidiano, el más común e inmediato, es un mensaje esencial a comunicar. Vive y se realiza en las cosas más menudas y circunstanciales: la crónica diaria del amor reemplaza al erotismo ("Te veo / lavando mis pañuelos, / colgando en la ventana / mis calcetines rotos, / ... Ay, vida mía, / no sólo el fuego entre nosotros arde, / sino toda la vida, / la simple histo­ria, / el simple amor / de una mujer y un hombre / parecidos a todos."). En 960 vuelve a la poesía amorosa en Cien sonetos de amor. Aquí retorna una arma tradicional del verso español, el soneto, aunque sin considerar la rima. En sus últimas obras Neruda ha insistido en recuperar los ritmos clásicos , sobre todo, las formas populares.
En el ciclo de las Odas elementales canta todo lo que es· común y esencial en la vida del hombre: el vino, la cebo­lla, el mar, el libro, el amor .. Se ubica en un prosaísmo vital para hacer de su poesía el mensaje de los otros ("Y canten en mi canto, / yo no tengo importancia"). Su poesía se vuelve sencilla, transparente, fresca. Y con el mismo tono continúa en Extravagario (1958), pero ya aquí han desaparecido los signos exteriores de la poesía didáctica. No persigue enseñar, sino transmitir su experiencia humana a esos hombres de su pueblo a quienes dirige su voz. Es un mensaje franco, abierto, donde retorna con frecuencia al pasado, al recuerdo y confiesa la angustia de ese otoño que ya está cer­ca.
Se acerca a las formas de la poesía oral, de la poesía popular recogiendo la lección de José Hernández. Su dis­curso poético recurre a las acotacio­nes, a las expresiones populares, al diálogo, al guiño con picardía. Entre las últimas obras publicadas de Neruda vamos a considerar por último Memorial de Isla Negra (1964). La au­tobiografía del poeta es el tema central de los cinco tomos de esta obra. Elabora una sutil fusión de pasado y presente, de autorretrato y evocación, de presencia de la vejez y pervivencia de la infancia. Es la crónica íntima de la vida del poeta: no sólo nos proporciona un importante material para conocer la historia de sus libros y de sus luchas sino también una de las autobiografías líricas más logradas de la poesía americana.

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