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28 de julio de 2008

José Asunción Silva y el Modernismo

Según Enrique Anderson Imbert, José Asunción Silva (Colombia, 1865-1896) es “de todos los poetas colombianos del siglo XIX, el único que habla a la sensibilidad poética de hoy”. Su lirismo melancólico apunta al subjetivo misterio de la interioridad. Además, ese recurrente tono elegíaco se muestra apto para encauzar una temática que, en sus mejores poesías, ronda el paso inexorable del tiempo, el desgaste de las cosas por obra del olvido, los sutiles enigmas de la noche, la evocación de los bienes perdidos -comenzando por la infancia-, etc. Sin embargo, más relevante que este sugestivo y tierno pesimismo pleno todavía de resonancias románticas, será su aporte a la renovación de las formas: la dislocación de ritmos y la tendencia a la no sujeción a esquemas métricos rigurosos convierten a la poesía de Silva en un hito imposible de ignorar en el camino hacia el verso libre. ( Guillermo García)

Una noche,
una noche toda llena de murmullos, de perfumes y de música de alas,
una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
a mi lado lentamente,
contra mí ceñida toda, muda y pálida,
como si un presentimiento de amarguras infinitas
hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara,
por la senda florecida que atraviesa la llanura
caminabas; [...]
¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de las almas!
¡Oh las sombras que se buscan en las noches de tristezas y de lágrimas!

[Tercer Nocturno, frag.]


La poesía es el género en el que Silva verdadera­mente se destacó. Y entre sus composiciones más di­fundidas está el "Nocturno III", elogiado por su origi­nal musicalidad. Los versos de cuatro y de seis sílabas operan como base (pie) para el crecimiento de los si­guientes, generando un enlace muy delicado en los planos rítmico y visual. Las imágenes imponen su co­lor ("azuloso", "plateado") y se desprenden de la pri­mera persona que las enuncia.
La concepción del poema es romántica: el yo año­ra el amor muerto, y el recuerdo se forma con tópicos recurrentes en el Romanticismo (la muerte, el desenga­ño, la belleza y la melancolía): "sábanas mortuorias", "sepulcro", "blancuras níveas", "muerte", "tumba".
La construcción novedosa de este poema lo diferen­cia notablemente de la de sus contemporáneos. Por es­te motivo, algunos estudiosos buscaron en el pasado li­terario universal una concepción del poema que explicara esa diferencia.
En ese sentido, el teórico Torres Rioseco -en Ensayos sobre literatura lati­noamericana- vincula al poeta colombiano con el escritor norteamericano Edgar Allan Poe (1809-1849), quien no obstante haber descollado en pro­sa, fue asimismo poeta y teórico de la poesía. En el ensayo Filosofía de la composición, Poe analiza el sistema de creación de su poema "El cuervo" y considera que el territorio exclusivo de la poesía es provocar excitación en el lector a través de la belleza. Esa conmoción o elevación lograda por la lectura, que no obtienen el intelecto ni e! corazón sino el alma, se debe a la melancolía que transmiten los versos, al estado de tristeza provocado por la inclusión de! acontecimiento más doloroso para los seres humanos: la muerte.
En el "Nocturno III", Silva ha ligado, al modo de Poe, estos tres componentes: belleza, melancolía y muerte. Y el efecto que causa su lectura es fruto de la intensidad lograda por esa combinación.
El otro parentesco que se le ha señalado es de naturaleza formal, que se verifica en la alternancia de versos cortos y largos que le aportan un ritmo sensual y conden­san el sentimiento de soledad trágica, se intensifica con la construc­ción por adición ("iba sola / iba sola / iba sola por la estepa solitaria") y en el empleo de! estribillo ("y eran una, / y eran una / y eran una sola sombra larga, ") que, a diferencia de lo corriente no está al final del poema si­no en el final.
Esta composición de Silva crea una atmósfera formada por el recuerdo doloroso de quien evoca al ser amado ya muerto y la unión de ambas som­bras. Sus dos figuras, ubicadas en dos planos, el de la vida y el de la muerte, se proyectan en ese escenario en el que la noche, la estepa solitaria, la tum­ba y la "luna pálida" impregnan todo de una espiritualidad fantástica.
Con el "Nocturno III", Silva adquirió la categoría de un verdadero crea­dor en lengua española, cuando la literatura de la propia España seguía ad­herida a viejas fórmulas. y sus innovaciones le confirmaron al Modernismo su identidad como movimiento auténticamente americano.

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