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16 de octubre de 2008

Electra de Sófocles- Análisis-Resumen


Análisis-resumen de Electra de Sófocles


La temática de la tragedia Electra de Sófocles es, poco más o menos, la misma que la de Las coéforas de Esquilo: la venganza de Orestes sobre su madre Clitemnestra y sobre Egisto, asesinos de su padre. Algunas hábiles innovaciones, típicas de Sófocles, dan variedad al interés dramático, en especial el contraste entre las hermanas Electra y Crisótemis, de una heroica y desesperada voluntad de venganza frente a una resignada aceptación de la realidad.
Sófocles comienza a relatar la historia de Electra cuando Orestes ya está en Argos, listo para ejecutar la venganza. Pero es Electra quien se halla en el centro de la tragedia, aunque corresponda a Orestes llevar a cabo el acto; Electra con su humillada y atormentada existencia junto a los asesinos de su padre; Electra con su expectativa de venganza, única razón de su vida; Electra que, ante la noticia de la muerte de Orestes, decide cumplir por sí sola la acción gloriosa; Electra más impla­cable aún que Orestes en el momento decisivo, en que grita al hermano que vuelva a dar el golpe mortal.
En tal forma, el matricidio, que en Esquilo era un imperativo teológico y ético en trágico contraste con la ley natural, se torna aquí quizá más hábilmente motivado precisamente en la figura de Electra y trasladado a la esfera de la voluntad humana, en la que Sófocles pone concretamente el acento; pero resulta, justamente por ello, una mo­tivación inhumana y hasta casi injustificada, en la cruel deter­minación de Electra.
La muerte del padre está ya lejana, y el caso de Electra es más bien, diríamos, un caso personal entre ella y su madre. Alguna alusión, como la de la fama que con­seguirá ante los ciudadanos al cumplir su venganza, la muestra ligada a un heroísmo convencional y obligatorio con una exaltación que se queda más bien en pura expresión verbal.
Apolo le ordena a Orestes vengar la muerte de su padre asesinando a su madre y a Egisto, quienes, a su vez, han matado a Agamenón para vengar ofensas que sus familiares han padecido por responsabilidad de este rey. La venganza es ley divina pero ni semejante imposición ni el haber sufrido ser alejado desde pequeño del hogar por las intrigas de la madre impi­den que, cuando está por realizar su deber, Orestes sienta du­das generadas por el amor filial: Pilades, ¿qué haré? ¿Huiré con horror de matar a mi madre?
Pílades recuerda a su amigo el mandato de Apolo y Ores­tes cumple con lo impuesto por los dioses. En cuanto lo realiza, empiezan a acosarlo, para castigarlo por ese crimen de sangre familiar, las Erinias, diosas vengadoras que persiguen a quienes atentan contra su propia familia.
El mismo espíritu de Clitemnestra las incita a ello. Apolo protege a Orestes, que no por ello deja de sufrir la locura que provoca la persecución de las Erinias. La Orestíada presenta a los dioses entonces enfren­tándose, desautorizándose, amenazándose, porque tienen diver­sos criterios de Justicia. La diosa Atenea arbitra el dilema. Or­ganiza un tribunal con los mejores ciudadanos y ellos votan si se ha de castigar a Orestes. El joven es absuelto.
Las Erinias, las "antiguas diosas", enfurecen: Ellas amenazan con asolar el suelo de Atenas, pero Ate­nea les promete templos y honores altísimos. Las diosas aceptan el ofrecimiento y Atenea dice:
Ciudadanos de Atenas, que vais a juzgar por primera vez en cau­sa de sangre, mirad ahora la institución que yo fundo. En ade­lante subsistirá por siempre en el pueblo de Egeo este senado de jueces. (…) Oíd mi consejo, ciudadanos que habéis de mirar por la república: no rindáis culto a la anarquía ni al despotismo ...

Para poder comprender cabalmente la historia planteada, es necesario conocer los antecedentes de la historia de esta familia en conflicto por generaciones.

La historia de la familia Pelópida o Átrida
Hipodamia es una joven bellísima, cuyo padre no permite que se case. Pélope, uno de los muchos pretendientes de Hipo­damia, logra ganársela en una competencia de carros gracias a las trampas de un cochero, Mirtilo. Pélope se lleva a Hipodamia y después de un tiempo mata al cochero de quien cree que in­tenta seducir a la joven. Hermes, padre de Mirtilo, cumple con la última voluntad de su hijo: que la descendencia de Pélope sea maldita.
Pélope engendra en Hipodamia dos hijos, Atreo y Tiestes, y en la ninfa Axíoque concibe a Crisipo. Cuando Atreo y Tiestes crecen, por pedido de su madre, asesinan a Crisipo. Pélope los maldice y destierra. Los jóvenes se refugian en Micenas, donde reina un rey sin descendencia. Siguiendo un mandato de los dio­ses, los habitantes de Micenas convocan a los hijos de Pélope para elegir un heredero al trono. Esta convocatoria desata la ri­validad de los hermanos. Atreo tiene un vellocino (una piel de oveja) de oro. Tiestes seduce a la esposa de Atreo, Aérope, quien entrega el vellocino a su cuñado-amante.
Por esto, frente a los micénicos, Tiestes propone que sea rey el que posea un vellocino de oro. Atreo, aconsejado por Zeus a través de Her­mes, convence a Tiestes de considerarse verdaderamente rey si el sol repite una vez más su recorrido habitual (de este a oeste). Si el sol invierte su curso, Tiestes deberá admitir que el rey sea Atreo. En cuanto el confiado Tiestes acepta la propuesta, el sol se pone por el este.
Confirmado como rey, Atreo finge perdonar a su hermano la traición cometida con Aérope. Lo invita a un banquete. Mientras tanto, Atreo mata a tres hijos de Tiestes, los despedaza y prepara como manjar para servirle a su hermano. Una vez que Tiestes ya ha comido, Atreo le muestra las cabezas de los niños y lo destierra. Tiestes, por consejo de los dioses, fe­cunda a una de sus hijas, Pelopia, y así engendra a Egisto. Pe­lopia no sabe quién es el padre de su hijo y poco tiempo des­pués se casa con su tío Atreo, quien cría a Egisto. Egisto crece y Atreo le encomienda el asesinato de Tiestes. El joven sale de Micenas en búsqueda de su víctima, pero se entera de que Ties­tes es su verdadero padre. Vuelve al reino de Atreo, lo mata y devuelve el trono a Tiestes.
Atreo concibe en Aérope a Agamenón y Menelao, los hé­roes que encabezan la guerra griega que destruye a Troya. La leyenda cuenta que el motivo de esta guerra ha sido Helena, la mujer más hermosa del mundo, envidia de la misma Afrodita y esposa de Menelao, de quien la rapta el troyano Paris, guiado por ia diosa del Amor. Agamenón está casado con la hermana de Helena, Clítemnestra. Pero la ha forzado a ello, lo ha logrado a través de un crimen: Clitemnestra estaba casada con Tántalo, hijo de Tiestes; Tántalo y Clítemnestra ya tenían incluso un ni­ño; Agamenón mata a padre e hijo y consigue de los hermanos de Clitemnestra una reconciliación que le permite el matrimo­nio, pero no repara el odio que la joven le profesa. De los hijos de la nueva pareja, los poetas trágicos griegos destacan a Ifige­nia, Electra, Crisótemis y Orestes.
En un momento de la guerra de Troya, los barcos griegos no pueden avanzar hacia Asia Menor por falta de vientos, hasta que descubren que la diosa cazadora Ártemis es quien en reali­dad se les opone. Ella exige un sacrificio humano. El motivo varía según las leyendas: la causa del cruel pedido podría ser que Agamenón se ha Jactado de cazar una cierva mejor que la dio­sa, o que Atreo no le ha sacrificado a la hermana de Apolo el vellocino de oro o que Agamenón le ha ofrecido a la diosa el producto más bello del año en que nació Ifigenia. Es a esta precisamente a quien solicita la diosa. Agamenón accede y se profundiza el rencor de Clitemnestra, sometida por segunda vez a la pérdida de un hijo por las manos de Agamenón.
Mientras Agamenón está en Troya, Egisto y Clitemnestra se aman, unidos especialmente por un odio común a Agamenón. Cuando este vuelve de Troya y trae consigo a Casandra, troyana sometida a él por el triunfo guerrero, Egisto y Clitemnestra lo asesinan. Electra teme por la vida de Orestes, hijo varón de Agamenón y, por lo tanto, heredero legítimo al trono. Lo envía entonces en secreto a Estrofio, rey de Fócida, con un pre­ceptor de confianza. En Fócida se cría Orestes en íntima y sin­cera amistad con el hijo de Estrofio, Pílades. Cuando es adulto Apolo le ordena vengar la muerte de su padre.
Sabemos que cuando Sófocles escribe y representa su Electra, el público ateniense ya ha visto en los teatros de su ciudad la Orestíada de Esquilo, quien junto con Euripides completa la tríada de los autores trá­gicos más trascendentes de la literatura clásica, los tres del si­glo de Pericles.
Eurípides, después de Sófocles, también escribe una tra­gedia a la que titula Electra y otra, Orestes. Los textos de Es­quilo, Sófocles y Eurípides (en ese orden) ponen la misma his­toria en escena, pero en diferentes momentos tanto del siglo V ateniense (el tiempo de los espectadores) como de la historia de los personajes. Cuando se representa la Orestíada (458 a.c.), la polis ateniense está consolidando su democracia y nuevas clases sociales acceden a las jerarquías políticas. Esquilo narra la historia de Orestes desde que Clitemnestra mata a Agamenón y la esposa asesina recuerda a Atreo.
La Electra de Sófocles se supone posterior al 442 a.c. Sófocles presencia la violencia de la guerra del Peloponeso, que sume la grandeza de Atenas en pestes, hambre y muerte. También ve la democracia tambalear frente a las dictaduras de oligarquías que aún aspiran al poder exclusivo. Los cambios que enfrenta la ciudadanía ateniense duran­te el siglo V son también Lingüísticos. Esto es importante porque con la lengua cambia la sociedad que se comunica con ella. La palabra escrita comienza a instalarse positivamente frente a la oral de la tradición en la segunda mitad del siglo. Ello influye en la política y la justicia: empieza a no considerarse ley lo que no está escrito y la manipulación de las leyes (orales) se reduce. Después de un brutal régimen oligárquico, se restablece en el 403 a.c. la democracia y se prohíbe a todo magistrado aplicar una ley que no esté escrita.

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