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4 de febrero de 2009

Análisis de DESPUÉS DE LAS CARRERAS de MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA


Análisis de DESPUÉS DE LAS CARRERAS
MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA
[1859-1895]


“Después de las carreras” es un magnífico ejemplo de la primera etapa modernista que se salva como buen cuento por sus huellas románticas. Lo que da vida a este cuadro es la compasión que el narrador siente y expresa por Manón. En oposición a la impersonalidad de la estética parnasiana que profesaban los modernistas triunfantes de 1896 (fecha de publicación de Prosas profanas de Rubén Darío), Gutiérrez Nájera interviene directamente en el cuento. Los duendes le permiten entrar en las dos alcobas y él mismo termina el cuento con una exhortación a la luz del amanecer. El contraste entre la señorita rica y la costurera pobre también pertenece más bien al romanticismo que al modernismo.
Como obra artística, “Después de las carreras” luce una unidad que revela ya la madurez del género. Las dos escenas que integran el cuento están estrechamente ligadas. La línea más obvia que las conecta es el viaje del narrador guiado por el duende, pero luego hay una serie de detalles en la escena de Manón que hacen juego con la escena anterior: la vela moribunda, el recuerdo de las carreras, los cristales del carruaje, el galán, el cielo azul y la porcelana. Mientras los naturalistas deshumanizaban a sus personajes convirtiéndolos en animales, los modernistas los deshumanizan transformándolos en objetos de arte. La madre de Berta cuida a su hija “como si fuese de porcelana quebradiza”; Manón tiene “orejas diminutas de porcelana transparente”; Berta tiene trenzas “de rubio veneciano” y “Manón es bella, como un lirio enfermo”.
Además de la unidad entre las dos escenas, cada una de ellas tiene su propia estructura. La de Berta tiene tres momentos: la descripción de la alcoba, los pensamientos de Berta y su sueño. La misma descripción tiene una estructura que la distingue mucho de las descripciones detalladas de los naturalistas. Las exclamaciones “¡Qué hermosa es la vida!” y “¡ésa es la vida!” refuerzan el efecto que el autor quiere crear a la vez que interrumpe el inventario del museo modernista. Otros refuerzos estructurales son “el mármol de la mesa” y “el mármol del tocador”; “el reloj de bronce” y “el tic-tac de la péndola incansable”; la repetición de “mucha luz”; y la frase “muchas flores” que evoca las rosas de la imagen de Galatea, los nomeolvides de la alfombra, el color de rosa de la madera del lecho, el olor a violeta de las colchas y las camelias de los corredores. El segundo momento de la escena de Berta se basa principalmente en los pensamientos sobre las carreras, tema anunciado sólo una vez en el primer momento: “por su imaginación cruzaban a escape los caballos del Hipódromo”. Ese momento realista se capta con un lenguaje menos adornado en el cual predominan los verbos, algunos en pretérito. Se cierra el segundo momento con el espejo de madame Drouot que recuerda el primer momento y anuncia el tercero. La descripción del marco nos sitúa dentro de la alcoba mientras su cristal ayuda a producir el cuadro impresionista del sueño: “el cristal de su memoria empañada por el aliento de los sueños”. Se marca el fin de toda la escena de Berta con dos alusiones al primer momento: “sus pensamientos pavesean” y la bujía apagada, la campana de la torre y el reloj de bronce.
La escena intermedia, o sea aquella que liga las dos alcobas, también refuerza la estructura total del cuento con la frase “como si hubiera de apagar la luz de una bujía”.
Haciendo juego con la escena de Berta, la de Manón también se divide en tres momentos. La descripción de su alcoba sobresale por su falta de muebles y de elementos decorativos. Lo único que se ve es el catre de fierro, pero todo el lujo sinestésico de la alcoba de Berta tiene su contrapeso en una serie de imágenes que emplea el autor para describir a Manón. Su brazo tiene “el frío impudor del mármol”; “es bella, como un lirio enfermo”; tiene “un cutis que trasciende aún a almendra”; y sus pensamientos de noche “visten jubones de crujiente seda y se adornan con plumas de faisanes”. La unidad de ese primer momento depende del progreso hacia lo fantástico y las dos alusiones a los libros. El segundo momento, igual que el de Berta, es una interpretación de la visita a las carreras. Para recalcar la situación desairada de Manón, se repite íntegra la oración inicial de esta sección. En cada párrafo, se alude a la tragedia de Manón a medida que la realidad poco a poco se va transformando en fantasía. Los niños pobres en la noche de San Silvestre hacen eco de los rapazuelos encantados del momento anterior y refuerzan la compasión que siente el autor por Manón. El sueño de Manón, que corresponde al sueño de Berta, se cierra con elementos que dan finalidad tanto a la escena de Manón como al cuento entero. La alusión al “brazo blanco pendiente fuera del colchón” refuerza la primera presentación de Manón mientras la mención de la luz, las rosas, la porcelana y el cielo azul hacen pensar en la descripción de la primera escena de Berta. La importancia de los relojes se percibe cuando se completa el marco cronológico del cuento: desde la medianoche hasta el amanecer.
Ya se han señalado varios casos de sinestesia (los colores, el tic-tac, las flores perfumadas, las distintas telas y metales, el mármol y las golosinas) que contribuyen a la belleza de esta obra. Sin embargo, esta sinestesia, que en manos de la mayoría de los parnasianos franceses y modernistas hispanoamericanos resulta demasiado fría, en la prosa de Gutiérrez Nájera reluce gracia. Hay casos de aliteración y de diminutivos, pero lo que más crea esa sensación de gracia son las imágenes donde el objeto inánime se humaniza delicadamente. Las trenzas de Berta tiemblan besándole la cintura; la péndola está enamorada de las horas; las notas de los pájaros suben como almas de cristal; “las notas cayeron mudas sobre la alfombra”; “el aliento del genio había roto esas pompas de jabón”.
Por ser mexicano, Gutiérrez Nájera, aun en sus momentos más parnasianos, no puede olvidarse de los problemas de la vida. En medio de todo el inventario modernista, hay una compasión sincera por los pobres que impide que el cuento empalague y, por consiguiente, realza su valor artístico.

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Biblioteca Después de las carreras de Manuel Gutiérrez Nájera (1)

Biografía de MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA
[1859-1895]


Mexicano. Escribió bajo varios seudónimos, el más famoso de los cuales fue el Duque Job. A pesar de sus modales y de sus escritos afrancesados, nunca salió de México. Sus padres eran cultos y desde la niñez comenzó a leer a los autores españoles y franceses. Pasó la vida escribiendo para los periódicos: poesías, crónicas, notas de viaje, crítica literaria y cuentos, éstos reunidos en los tomos Cuentos frágiles (1883), donde se publicó “Después de las carreras” y Cuentos color de humo (1890-1894). Fue diputado por el Estado de México. Con Carlos Díaz Dufoo, fundó en 1894 la Revista Azul, que dio a conocer a sus compatriotas el modernismo, tanto mexicano como hispanoamericano y sus fuentes europeas.


FUENTE: SEYMOUR MENTON
El Cuento Hispanoamericano
ANTOLOGÍA CRÍTICO-HISTÓRICA-
COLECCIÓN POPULAR
FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
MÉXICO

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