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7 de agosto de 2011

CUENTO POPULAR: Lisandro y Morniones

CUENTO POPULAR: Lisandro y Morniones

Fuente: Susana Chertudi, Cuentos Folklóricos de la Ar­gentina (1a. serie). Instituto Nacional de Filología y Folklore, Bs. As., 1960.

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Había dos amigos, uno se llamaba Lisandro y el otro Morniones; ambos eran muy enamorados y ricos. Un día dice Lisandro:

–Vamos a rodar tierras.

Y se fueron; durante el viaje enamoraban prin­cesas, y uno y otro conseguían lo que querían. Después de andar siete años en esto, le dice Morniones:

–Yo ya me voy a ver mis fincas.

–Yo me quedo –dice Lisandro.

Lisandro tuvo noticias de que en un puesto ha­bía una buena muchacha y allí se fue; la encon­tré sola, sin padre y sin madre, pues se habían ido a la ciudad. Anduvieron tres días, y él la pe­chaba a todo trapo; ella le decía que no, solamen­te que se casen. Entonces volvieron los padres y tuvo que casarse, para que no quede una sin que sea de su cuenta. A los dos meses de casado se puso muy triste, y Delfina, que así se llamaba la señora, le pregunta:

–¿Qué te pasa?

Le dice Lisandro que piensa en sus intereses y la señora le contesta:

–Pero vos sos dueño, te podes ir llevándome. Se fueron los dos, y el mismo día que llegaron a su casa, se presentó su amino Morniones

–¿Esta qué es para vos? –le dice. –Es mi señora.

–;,Será capaz? –pregunta Morniones. –Porque es capaz, me he casado con ella –contesta Lisandro.

Este lo convidó a su amigo para su casa, y Mohinotes le dice:

–Te hago una apuesta; a que tengo que ver con tu señora.

–Ya está –contesta Lisandro–; juguemos puestos con hacienda y todo lo que tenemos en nuestras casas, a entregarse llave en mano al que gane. Tenis tiempo; yo voy a andar veinticinco días por los puestos.

Después le dice Lisandro a la señora:

–Si querís que te conchabe una sirvienta para que te acompañe, avísame.

–No hay para qué –contesta ella.

Se fue Lisandro al alba, y a las ocho estuvo Morniones de pie firme, y la comenzó a pechar. Ella le dijo que se había casado para hacer feliz a su marido y que ni diga semejante cosa. La pe­chó tres días y tres noches, no la dejaba dormir ni comer; sacó el puñal para matarla v ella le dijo que la mate, que no iba a hacer infeliz a su ma­rido Al fin, Morniones se desengañó.

Al otro día de mañana se puso muy triste en la galería, frente a la calle. En eso pasó una vieja y le pregunta qué le pasaba; él le dijo que para qué quería saber. Al momento recorrió su memoria v pensó que las viejas tienen un punto más que el diablo; la llamó y le comunicó la parada que ha­bía hecho con Lisandro. Entonces le dijo la vie­ja que era la cosa más fácil!

La vieja se fue a la casa de Delfina v le dijo;

–Pero, niña linda, que tanta calor y no se ba­ña: le voy a acarrear agua pa'l baño.

La pilachó y la niña tenía un lunar en el muslo, y el marido la había sirnbado y tenía dos nudillos; le hizo uno más. Después le robó un anillo de la mesa, con el nombre y apellido de Lisandro, un pañuelo de cuello, y se fue a la casa de Morniones.

Entonces vino Lisandro del puesto y se fue de­recho a la casa de Morniones, sin llegar a su casa, y le dice Morniones:

–Ese día que te fuiste, tuve que ver con tu se­ñora; aquí tenis el anillo y el pañuelo con tu nom­bre. Además, para mejor prueba tiene en una simba dos nudillos y yo le he hecho otro más, y tiene un lunar en la pierna.

Dicho esto, se fue Lisandro enseguida a su ca­sa; la señora lo saludó y él no. Después se fue al carpintero y mandó hacer un cajón bien seguro, con llave, y mandó que lo pongan a orillas de la mar. La convidó a la señora para que vaya y en­tonces la mandó que se meta adentro; cuando es­tuvo adentro le cerró la tapa, le echó llave y la dejó que se la lleve el mar "se mismo día, llega­ron los padres de Delfina a la casa y preguntaron

por ella; Lisandro dijo que no sabia dónde estaba, y como no supo dar razón, lo metieron en la cár­cel diciendo que la había muerto.

Había un rey que iba todos los días a la orilla de la mar, y un día vio este cajón que llevaban las olas, y lo mandó sacar de la mar. Como oye rui­dos adentro, preguntó quién estaba; !e contestaron de adentro y entonces mandó abrir el cajón y dijo a la persona que salga. Delfina contestó que no podía salir porque estaba en mal estado; pidió que le dieran primero una navaja, pantalones, sa­co y zapatos. Se afeitó el lunar y la cabeza, se vistió de hombre y salió.

Entonces le preguntó al rey cuánto le debía por haberla sacado de allí, y el rey le dijo que nada; entonces ella dijo que le serviría diez años. Es así que el rey, creyendo que era varón, le hizo com­prar una lanza, boleadoras, espada y la mandaba con los soldados a las batallas. Al cumplirse los diez años que estuvo al servicio del rey, 5ste le dice que le pida o que desee. Entonces ella le pi­de que lo deje ser rey por poco tiempo, que le dé la corona, su bastón, cincuenta soldados de línea con ministro y todo, para salir a recorrer las provincias. Así le concede el rey y sale a visitar las provincias; a cada pueblo que llegaba iba a las cárceles y visitaba todos los presos, v les pre­guntaba por qué estaban allí; a muchos los lar­gaba.

Al fin llegó a su ciudad y visitó la cárcel; allí es­taba Lisandro. Le preguntó por qué estaba allí y lisandro le contó su apuesta con Morniones.

–¿Y vive Morniones? –preguntó ella.

–Sí, vive.

–Bueno, tráiganmelo.

Cuando llegó Morniones le contó cómo le ganó a Lisandro» con la ayuda de una vieja.

–Bueno –dice Delfina–, átenlo a un palenque; ahora tráiganmela a la vieja.

Le pregunta a la vieja de qué manera se había ella enterado de todas las cosas; después ordenó

atarla también a otro palenque. Enseguida mandó traer dos carradas de leña y que la echen a la vuelta de los palenques, y les hace meter fuego.

Después lo manda traer a Lisandro. Los guar­dias no lo podían encontrar porque se escondía-entre las cobijas, hasta que lo encuentran. Des­pués les manda a los guardias:

–Bueno, ahora lo tusan y lo bañan.

Luego Delfina se viste de mujer y se da a co­nocer por Lisandro y vuelven nuevamente a vivir juntos. Y quedaron allá y yo me vine para acá.


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