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9 de agosto de 2011

La conquista española y la fundación de las ciudades en la República Argentina (siglo XVI).

La conquista española y la fundación de las ciudades en la República Argentina (siglo XVI).

Los españoles aparecieron por primera vez en el Río de la Plata en 1516, veinticuatro años después de la llegada de Colón al continente americano. Ciertamente, no buscaban tierras, sino un paso que comunicara el océano Atlántico con el Pacífico, recién descubierto por Balboa. Juan Díaz de Solís, que mandaba la expedición, recorrió el estuario y descendió en las costas orientales: allí trabó contacto con los querandíes, que lo mataron a poco de desembarcar. Así empezaron las relaciones entre indios y conquistadores.

De los hombres de la expedición de Solís, el más joven, Francisco del Puerto, quedó entre los indios; los demás regresaron a España; pero una de las naves naufragó en el golfo de Santa Catalina y algunos de los tripulantes se salvaron nadando hasta la costa. Uno de ellos, Alejo García, oyó hablar a los indios de la existencia de un país lejano —la tierra del Rey Blanco— en cuyas sierras abundaban el oro y la plata. Seducido por la noticia, emprendió a pie la marcha hacia la región de Chuquisaca, y luego de llegar y de confirmar la noticia, regresó hacia la costa. También él fue muerto por los indios cuando volvía; pero lo que había visto llegó a oídos de sus compañeros y así nació la obsesionante ilusión de los conquistadores de alcanzar la tierra de las riquezas fabulosas. Poco después, el Mar Dulce, como lo llamó Solís, comenzaría a ser llamado Río de la Plata, en testimonio de esa esperanza.

Sin embargo, la busca de un paso que uniera los dos océanos seguía siendo lo más importante para la Corona española; y para que lo hallara envió a Hernando Magallanes en 1519 con la misión de recorrer la costa americana. Seguramente, tanto él como Solís poseían noticias de navegantes portugueses que habían hecho ya análogo viaje. Magallanes no se dejó tentar por las promesas del ancho estuario y siguió hacia la costa patagónica. Hizo escala en el golfo que llamó de San Julián, conoció a los indias tehuelches —que los españoles llamaron patagones—,y finalmente entró en el estrecho que luego se conoció con su nombre. Siguiendo sus huellas, llegó al Río de la Plata en 1526 la expedición de Sebastián Gaboto; pero las noticias difundidas por los que sabían del viaje de Alejo García incitaron al piloto a penetrar en el río Paraná en busca de un camino hacia la tierra del Rey Blanco. Un pequeño fuerte que se llamó de Sancti Spiritus, levantado sobre la desembocadura del Carcarañá, fue la primera fundación la en suelo argentino.

Ya entonces comenzaron las rencillas entre los que buscaban la tierra de la plata. Gaboto exploró el Paraná y el Bermejo, pero retornó al saber que otra expedición al mando de Diego García, le seguía los pasos. Cuando se pusieron de acuerdo, recorrieron juntos el Paraguay hasta las bocas del Pilcomayo. Pero nada pudieron averiguar sin certeza sobre la manera de llegar a la fabulosa región de guaraníes destruían el fuerte Santi Spíritu.

Desde ese momento, el hallazgo de un camino que condujera desde el Río de la Plata hasta el recién descubierto Perú comenzó a transformarse para los españoles en una obsesión.

Si ese camino existía y era más fácil que la ruta del Pacífico las incalculables riquezas que habían dejado estupefacto a Pizarro podrían llegar a la metrópoli por una vía más directa y más segura. Para tentar esa posibilidad, Pedro de Mendoza, investido con el título de adelantado del Río de la Plata, salió de España en 1535 al mando de una flota para fundar un establecimiento que asegurara las comunicaciones con la metrópoli.

Así nació la primera Buenos Aires, fundada por Mendoza en 1536, sobre las barrancas del Riachuelo que pronto se llamaría de La Matanza. Ulrico Schmidl, uno de sus primeros pobladores, describió la ciudad y relató las peripecias de sus primeros días. Un muro de tierra rodeaba las construcciones donde se alojaban los expedicionarios, entre los que había, además de los hombres de espada, los que venían a aplicar sus manos a los instrumentos de trabajo. Caballos y yeguas que habían viajado a bordo de las naves daban a los conquistadores una gran superioridad militar. Los querandíes ofrecieron al principio carne y pescado a los recién llegados; pero luego se retrajeron y las relaciones se hicieron difíciles. Hubo luchas y matanzas. Pero los españoles se sobrepusieron a las dificultades y procuraron cumplir sus designios emprendiendo el camino hacia el Perú.

Juan de Ayolas navegó por el Paraná y el Paraguay y se internó luego por tierra hacia el noroeste. Quizá llegó a Bolivia y acaso logró algunas riquezas, pero nunca volvió a las orillas donde lo esperaban sus hombres. Su lugarteniente, Domingo Martínez de Irala, asumió el mando en la pequeña ciudad que otro de ellos —Juan de Salazar— acababa de fundar con el nombre de Asunción. Desde entonces, ésa fue la base de operaciones de los que repitieron el intento de llegar a la tierra de la plata: el segundo adelantado, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Irala y otros más. Buenos Aires fue despoblada y abandonada, en tanto que Asunción prosperó con la introducción de ganados y el desarrollo de la colonización. Pero la ruta que conducía al Perú no fue hallada.

Viniendo del Perú hacia el sur, en cambio, los españoles de la tierra de la plata lograron hallar una salida hacia la cuenca de los grandes ríos. Diego de Almagro recorrió en 1536 el noroeste argentino. Poco después, en 1542, Diego de Rojas —y sus hombres después de su muerte— cruzaron esa misma región, que se conoció con el nombre de el Tucumán y llegaron hasta las bocas del Carcarañá. Y algo más tarde, Núñez del Prado fundó en esa comarca la primera ciudad, que llamó del Barco.

Por entonces, comenzaba a desvanecerse la esperanza de establecer en el Río de la Plata la base de operaciones para el transporte de los metales peruanos. El tercer adelantado,; Juan Ortiz de Zárate, decidió colonizar la fértil llanura que le había sido adjudicada, y uno de sus hombres, Juan de Garay, fundó en 1573 la ciudad de Santa Fe. La estrella de Asunción, que tanto había ascendido durante el esforzado gobierno de Irala, comenzó a declinar, y el Río de la Plata volvió a parecer el centro natural de la región. Al año siguiente, Ortiz de Zárate regresó de España con cinco naves colmadas de hombres y mujeres que se afincaron en la comarca y por cierto, acompañado del arcediano Martín delf Barco Centenera, que más tarde compuso un largo poema; en el que narró la conquista y que tituló precisamente "La Argentina". Pero el adelantado murió al poco tiempo y tras diversas vicisitudes, quedó Juan de Garay a cargo del gobierno del Río de la Plata.

Para entonces, los conquistadores que venían del Perú lograron reducir a los diaguitas y fundaron Santiago del Estero en 1553, San Miguel del Tucumán en 1565 y Córdoba en 1573. Los que venían de Chile, por su parte, fundaron Mendoza en 1561 y al año siguiente San Juan. El origen de los conquistadores determinó la orientación de cada una de esas regiones: el Tucumán hacia el Perú y Cuyo hacia Chile.

Pero la cuenca de los grandes ríos miraba hacia España y Juan de Garay decidió cumplir el viejo anhelo de repoblar Buenos Aires. En 1580 reunió en Asunción un grupo de sesenta soldados, muchos de ellos criollos, y se embarcó llevando animales y útiles de trabajo. Sobre el Río de la Plata, el 11 de junio de 1580, fundó por segunda vez la ciudad de Buenos Aires, distribuyó los solares entre los nuevos vecinos, entregó tierras para labranza en las afueras y constituyó el Cabildo. Así quedó abierta una "puerta a la tierra" que debía emancipar al Río de la Plata de la hegemonía peruana. Poco después, sin embargo, la metrópoli invalidaría el puerto de Buenos Aires, que sólo sirvió para alimentar el temor a los ataques de los piratas. Muy pronto debía servir tambien para el contrabando de las mercancías que España le vedaba recibir

En 1582 fue fundada la ciudad de San Felipe de Lerma, que recibió del valle en que estaba situada el nombre de Salta. Las riquezas minerales de la sierra de Famatina atrajeron a los conquistadores hacia otros valles, y en 1591 se fundó La Rioja; y para vigilar la boca de la quebrada de Humahuaca se fundó en 1593 San Salvador de Jujuy. No mucho antes, el cuarto adelantado Juan Torres de Vera y Aragón había fundado en el alto Paraná la ciudad de Corrientes en 1588.

Así nacieron en poco tiempo los principales centros urbanos del país, donde se radicaron unos pocos pobladores, españoles de la península unos y criollos nacidos ya en estas tierras otros; a su alrededor flotaban los grupos indígenas de la comarca conquistada, sometidos al duro régimen de la encomienda o de la mita con el que se beneficiaba de su trabajo el español que era su señor; y mientras fatigaban sus cuerpos en la labranza de las tierras o en la explotación de las minas, soportaban el embate intelectual de los misioneros que procuraban inducirlos a que abandonaran sus viejos cultos y adoptaran las creencias cristianas. Un sordo resentimiento los embargó desde el primer momento, y lo tradujeron en pereza o en rebeldía. Las mujeres indias fueron tomadas como botín de la conquista, y de ellas tuvieron los conquistadores hijos mestizos que constituyeron al poco tiempo una clase social nueva. De vez en cuando llegaban a Ias ciudades nuevos pobladores españoles, que se sentían más amos de la ciudad que esta heteróclita población criolla, mestiza e india, que se agrupaba alrededor de los viejos vecinos. En los cabildos, aquellos que tenían propiedades ejercían la autoridad bajo la lejana vigilancia de gobernadores y virreyes.

En la dura faena de la conquista y la colonización, los misioneros solían introducir cierta moderación en las costumbres y algunas preocupaciones espirituales. Pero su esfuerzo se estrelló una y otra vez contra la dureza del régimen de la encomienda y de la mita. En los templos que se erigían no faltó la imagen tallada por artesano indígena que transmitió al santo cristiano los rasgos de su raza o el vago perfume de sus propias creencias. En 1570 fue creado el obispado de Tucumán para celar la obra de sacerdotes y misioneros. A los dominicos y franciscanos, se habían agregado poco antes los jesuitas que, activos y disciplinados, organizaron las reducciones de indios y dedicaron sus esfuerzos a la educación. Así adquirieron los religiosos fuertes influencia y osaron disputar con las autoridades civiles sobre la vida misma de la colonia. Muy pronto hubo frailes criollos y mestizos. Criollos fueron también el gobernador de Asunción, Hernando Arias de Saavedra y el obispo del Tucumán, fray Hernando de Trejo y Sanabria; mestizo fue también Ruy Díaz de Guzmán que escribió en Asunción la primera historia argentina. Las razas y las ideas comenzaban a entrecruzarse.


Fuente:Breve historia de la Argentina -José Luis Romero- Primer tomo

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