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3 de noviembre de 2011

Análisis –resumen de El copartícipe secreto de Joseph Conrad

Análisis –resumen de El copartícipe secreto de Joseph Conrad

Golfo de Siam, río Meinam y archipiélago malayo

La historia de El copartícipe secreto se abre con una minuciosa descripción del momento previo a la partida, del instante en que está por comenzar el viaje. El bar­co ha sido remolcado desde el puerto hasta la desem­bocadura del río Meinam y desde allí, emprenderá el viaje cuando el viento se lo permita.
El narrador protagonista de esta historia se encuen­tra en el umbral de la próxima experiencia: todos los preparativos para zarpar ya se han realizado, todo está listo; pero todavía no se ha iniciado el viaje. Desde la primera persona, el capitán ofrece sus impresiones so­bre la situación. Indica con precisión la posición en la que se encuentra y lo que observa a derecha, a izquier­da y al volverse hacia atrás. Ese estado inicial de la tra­vesía es definido como una pausa, en la que la soledad, la inmovilidad, el silencio, el atardecer son los rasgos predominantes:
• La soledad está acentuada por la ausencia abso­luta de presencia humana. El único vestigio que se vislumbraba en el horizonte, el remolcador, ha sido "tragado" por la costa. Nadie puede observarse des­de el barco: el capitán y el mar se encuentran fren­te a frente.
La quietud e inmovilidad dominan el espacio. El mar adquiere las cualidades de sólido y estable, co­mo si se tratara de una imagen estática. El narrador explicita que, en todo el espectro de su campo vi­sual, nada se mueve y emplea una frase que abarca  todas las posibilidades: "ni una canoa en el agua, ni un pájaro en el aire, ni una nube en el cielo".
 El más profundo silencio cubre la inmensidad que circunda el barco.
 El atardecer, el momento intermedio entre la luz del día y la oscuridad de la noche, es el contexto de la observación. La semipenumbra todavía está surca­da por el haz de luz que se oculta en el poniente.
La descripción pormenorizada de la situación per­mite caracterizar el instante breve pero intenso que pre­cede la experiencia por vivir. Ese instante está definido por un estatismo que parece difícil de franquear y por la ansiedad de concretar la acción. Es el momento en que el capitán empieza a ser uno con su barco e inten­ta dominar la situación, para enfrentar la travesía:
En esta pausa sin aliento en el umbral de una larga travesía parecíamos estar midiendo nuestra capacidad para una larga y ardua empresa, la ta­rea crucial de nuestras existencias, que debería· mas realizar lejos de toda mirada humana, con solo cielo y mar por espectadores y jueces.
El punto de partida del viaje es también el comien­zo de! relato; por lo tanto, el umbral es doble: denomi­na el instante previo a la travesía y el momento en que se está por narrar esa experiencia.
Sospechosos
El relato comienza a construir sospechosos en las pri­meras páginas: los personajes se comportan como si ocultaran algo. El oficial segundo conoce todos los daros sobre el buque que ha divisado el capitán; pero no re­vela la información inmediatamente, sino que la guarda hasta que concluye la conversación con el capitán y el oficial primero. El capitán manda a toda la tripulación a dormir y decide hacer la guardia él, fuera de las normas que rigen en las embarcaciones. Alguien ha dejado una escala lista como para que pueda subirse al barco.
Aunque todavía no haya sucedido nada, el lector piensa que los comportamientos extraños ocultan ac­ciones que se conocerán en el futuro de la narración. El texto induce a quien lee a comenzar una pesquisa, como en los relatos policiales, para establecer las razo­nes de ciertas acciones y actitudes; pero sin que se ha­ya narrado el crimen que se debe investigar.
Finalmente, el delito se produce: un desconocido lle­ga de forma misteriosa al barco y debe ocultarse porque ha asesinado a un hombre. Todos los elementos sospe­chosos parecen tener relación con el suceso, aunque luego se confirme que la sospecha era injustificada. El relato genera expectativas que no se cumplen: el oficial, lejos de lo que había imaginado el lector, nada tiene que ver con el buque mencionado; el capitán no ha progra­mado ninguna acción secreta, sino que ha sido sorpren­dido por la llegada del nadador y se ha transformado en su cómplice; la escala no fue alzada por descuido. Los datos, entonces, deben interpretarse de otra manera.
Los enigmas que se presentan son contestados pau­latina y pausadamente a lo largo del relato y, de esta manera, el lector debe ir ajustando sus interpretaciones a las nuevas informaciones.
Una vez que los enigmas se han resuelto, el texto profundiza el trabajo sobre el suspenso y mantiene en vilo al lector en la segunda parte. Diferentes estrategias son empleadas para producir el efecto:
• La construcción de una situación de riesgo obliga al lector a esperar un desenlace poco favorable para el narrador: un asesino está escondido en el camaro­te del capitán y cualquier cosa puede acontecer.
• La narración en primera persona le proporciona al lector solamente los conocimientos y apreciacio­nes del capitán. Desconoce qué piensan o saben los demás personajes y cuáles serán las acciones que llevarán a cabo. El lector sigue el relato desde el punto de vista del que oculta algo y se siente amenazado: puede suponer, junto con el capitán, que los oficiales han descubierto o descubrirán el secre­to y que tomarán alguna decisión al respecto.
• La narración lineal de los hechos, que no antici­pa el desenlace, mantiene la situación de peligro hasta el final. El narrador refiere los acontecimien­tos muchos años después de sucedidos; sin embar­go, los cuenta como si no conociera cómo se resol­verán.
 Las escenas de diálogo trasladan al lector a la si­tuación narrada, para que siga los hechos como si estuviera presente en el momento en que ocurren.
El lector supone que algo no deseado por el prota­gonista sucederá en el barco. No obstante, Leggatt no es descubierto, logra escapar con éxito y el honor del capitán permanece intacto, cuando el viaje está en su primera etapa. El relato, que comenzó cuando se ini­ciaba la travesía, culmina antes de que se cumpla el re­corrido, sin que la tripulación se haya enterado de lo que ocurría a bordo.
El capitán es un personaje que va delineándose a través del relato. Se produce en él un proceso de trans­formación que está relacionado con varios factores: es un hombre joven a quien han nombrado sorpresiva­mente capitán y debe enfrentarse con un barco y una tripulación que le resultan desconocidos y, en cierto sentido, hostiles. Las expresiones con las que se refie­re a los oficiales son peyorativas:
• El oficial segundo es nombrado despectivamente como "ese intolerable jovenzuelo".
• El primer oficial aparece ridiculizado, a partir de uno de sus rasgos, los bigotes, en frases como: "Sus terribles bigotes revolotearon a mi alrededor en una muda crítica". También su forma de hablar y sus comportamientos son objeto de burla, como puede verse en el siguiente ejemplo: "Se me ocurrió que si el viejo 'Dios-Bendito-no-me-diga' asomara la cabeza por la escotilla y nos viera, pensaría que estaba viendo doble, o se imaginaría haber entrado en una escena de brujería".
El capitán no simpatiza con sus subordinados y, a medida que avanza el relato, comienza a considerarlos más peligrosos que el asesino oculto en su camarote. Hacia el final, la amenaza no está en el desconocido que subió al barco, sino en la tripulación: la ferocidad del ofi­cial contrasta con la debilidad del hombre escondido.
La situación pone de manifiesto cierta dualidad en el comportamiento del capitán, entre lo que es y lo que pa­rece: el hombre que duda de su habilidad para enfrentar la travesía se muestra seguro frente a los demás. La du­plicidad de quien se siente un extraño en el espacio que debería considerar su medio habitual aparece en primer plano, cuando el sujeto que llega a nado al barco se des­cribe como doble del protagonista: el narrador, que se siente ajeno a la nave, ve una imagen de sí mismo en el extraño recién llegado.
La llegada del asesino que fugó de un buque adquiere una doble dimensión. El relato puede leerse co­mo la aventura vivida en la travesía. O puede interpre­tarse como una indagación del narrador en su propio yo, de manera tal que las silenciosas conversaciones del capitán con su huésped pueden considerarse como un diálogo interior en el que el sujeto se estudia a sí mis­mo. El aspecto fantasmal de Leggatt y las semejanzas con el capitán apoyan esta lectura. Dos recorridos se narran: la larga travesía de Siam a Inglaterra y el viaje hacia la interioridad del protagonista.
Los espacios del barco pueden relacionarse con lo dos viajes mencionados. La cubierta es el lugar de la ma­nifestación pública, donde el capitán gobierna la embar­cación y conduce la travesía. El camarote es el espacio privado, donde se despliega la intimidad que perturba la tarea pública, donde el personaje duda y descubre sus inseguridades. Las idas y vueltas del exterior al interior del barco, culminarán con la liberación del doble y con la maniobra arriesgada, pero exitosa, que le asegura el mando al capitán:
La verga del trinquete giró con un gran ruido, entre gritos alegres. Y ahora los bigotes temerosos se hicieron oír dando diversas órdenes. El barco ya avanzaba. Y yo estaba solo con él. ¡Nada! Nadie en el mundo se interpondría ahora entre nosotros, arrojando una sombra en el camino del conoci­miento silencioso y el afecto mudo, la comunión perfecta de un marino con su primer mando.

Fuente: Lengua y Literatura II
Ed.Estrada-Bs.as

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