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22 de enero de 2012

ANÁLISIS DE DOÑA BÁRBARA, de RÓMULO GALLEGOS


Análisis de Doña Bárbara de Rómulo Gallegos

La Novela Doña Bárbara, del venezolano Rómulo Gallegos, se presenta como un tipo de literatura que ofrece, en la superficie, una fábula, pero hay otras fábulas en  varios planos del discurso novelesco, promoviendo una lectura no lineal, sino selectiva. En este sentido, la novela puede leerse a la manera de los films corrientes: triunfa el bueno, muere el malo, se casan los protagonistas. En otro plano, puede insertarse dentro de las novelas de la corriente regionalista: es una novela que se inspira en la tierra americana, en la cual paisajes, situaciones, anécdotas, tipos y hábitos son reflejados. Y en un tercer plano puede leerse como un texto guiado por la intención de testimoniar los abusos de un régimen y el salvajismo que corroía a los funcionarios que sostenían ese sistema.
El texto que examinamos ofrece una visión intelectual específica: la ley, el orden, la modernidad, con un ideal práctico de ruptura con un pasado socio-histórico de base feudal , "bárbara", de violencia impune y contra el cual es necesario luchar.
Para hacer reflexionar, el narrador se esfuerza por mostrar, seleccionando un cierto número de rasgos que considera representativos y típicos a la vez y que le parecen adecuados para ilustrar su propósito. Utiliza la teoría sarmientina sobre el determinismo geográfico: es el medio el que determina la naturaleza, costumbres y formas de vida e ideas del hombre .Pero este determinismo no es fatal y absoluto ya que la educación puede subvertir esta influencia negativa.
El texto es presentado como un modo de leer lo político al mismo tiempo que como un modo de escribir literario: la división entre ciudad y campo, entre civilización y barbarie, e incluso la simbología de la conquista y domesticación del medio expresada a través del alambramiento de los campos, son las excusas narrativas que permiten esbozar un proyecto de país en el que se pueda instaurar una política que efectivice la regeneración moral y la educación cívica del pueblo.
La visión de mundo de Santos Luzardo  se vincula con la exaltación del campo tecnológico, sinónimo de modernidad indispensable: " ¡El ferrocarril! (...) Algún día será verdad. El progreso penetrará en la llanura y la barbarie retrocederá vencida".  
" ... y cuando se dio cuenta de que en la quesera actual todo iba a hacerse mediante los procedimientos rutinarios de una industria primitiva, se avergonzó de sí mismo. ¿Sería acaso, así como Altamira se convertiría en un feudo moderno ,palabras suyas cuando decidió dedicarse al hato, dotado de todos los adelantos de la industria pecuaria en los países civilizados?  
La novela se abre con el escenario del paisaje venezolano, el que aparece en toda su teatralidad. Naturaleza y subjetividad interactúan: el personaje protagonista femenino, Doña Bárbara, tiene un paisaje natural a través del cual se la representa:
"Doña bárbara, esa mujer de origen ignoto cuya niñez y primera juventud transcurren entre ríos salvajes, selvas vírgenes y tribus lejanas, personifica en cierto modo la llanura, que lleva la vida en su vientre y administra la muerte en el hueco oculto a la vista del jinete veloz, en la tarascada del caimán, en la embestida del toro o en la emboscada que encubren las sombras de la mata. La llanura devora al hombre que se le entrega y lo convierte en algo suyo para siempre: Doña Bárbara es la devoradora de hombres ... " (Araujo: 64)

 Doña Bárbara, "hembra tremenda" que reúne en su espíritu la esencia de esta  barbarie y destrucción: en su alma se conjugan todos los malos instintos, sus actos están determinados, ya por la fría maldad calculadora, ya por el odio o la sensualidad desbordante, todos dirigidos a una sola finalidad, el Poder; poder sobre los hombres y sobre las cosas y, más allá de los hombres y de las cosas, sobre un mundo misterioso y extrahumano donde existe un "Socio" que la ayuda. A veces, en su alma asoma como una pequeña ", lumbre de amor puro, el recuerdo de Asdrúbal, el enamorado adolescente, pero es menos que una lumbre, un fugaz relámpago.  

Frente a ella aparece el Dr. Santos Luzardo, joven universi­tario que lleva a aquellas tierras la palabra nueva y cuyos actos van a estar determinados, ya por el Derecho, ya por el Amor: a los manejos de doña Bárbara opone la fuerza de la ley; a los obstáculos que se presentan, la  firmeza de su voluntad; a las amenazas del enemigo, la absoluta confianza en mismo. Doña Bárbara y Santos Luzardo, el uno frente al otro, son los dos polos a cuyo alrededor se van a desarrollar las acciones y episodios de la novela.

Santos Luzardo será quien enfrente a Doña Bárbara y todo lo que ella representa: el desorden, la confusión, el engaño, la mentira, la corrupción, la violencia sistemática, el soborno, el crimen, la astucia, es decir todo aquello que una sociedad "ilustrada" y democrática aborrece y considera diametralmente opuesta a sí misma.
Luzardo "(Luz-ardo: luz que arde) nombre que va muy de acuerdo con el carácter altivo y con la misión civilizadora del personaje ", sale de la ciudad para volver al llano venezolano. Su mirada comienza a especular sobre la posible dominación del espacio, en un intento de neutralizar la distancia entre la civilización y la barbarie : " ... ante el espectáculo de la llanura, reflexiona en el deseo de consagrarse a la obra patriótica, a la lucha contra el mal imperan te, contra la naturaleza y el hombre, a la búsqueda de los remedios eficaces ... "

Parte I. En esta parte se presentan el medio y los personajes. El medio, como fondo de lo que acontece a los personajes o como protagonista; a veces, confundido entre los hombres, naturaleza actuante, hu­manizada. En el capítulo II, "El descendiente del Cunavichero", nos hallamos frente al Dr.Luzardo, descendiente de una antigua familia llanera, dueña del hato de Altamira, fundado por don Evaristo Luzardo, "uno de aquellos llaneros nómadas que recorrían  con sus rebaños, las inmensas praderas del cajón del Cunaviche".

Sus descendientes fueron lla­neros legítimos que dieron pruebas de un valor personal temerario, de una voluntad fuerte y de una acometida avasalladora. Todo esto lo hereda Santos Luzardo: pero como es un hombre educado en la Universidad, que ha estudiado leyes, y se ha desligado­ del medio bárbaro en que nació, logra someter aquellas tenden­cias y subordinarlas a un ideal.
Cuando va al llano a visitar su hato, con la finalidad de venderlo, observa de cerca los hechos de doña Bárbara y ve en ella la "criatura y personificación de los tiempos que corrían". El hombre  civilizado que hay en él se subleva y decide luchar contra la poderosa doña Bárbara, por­que luchar contra ella no significa sólo salvar a Altamira, "sino contribuir a la destrucción de las fuerzas retardatarias de la prosperidad del llano".
Sin embargo, en el fondo de su alma dormían las tendencias e impulsos de sus antepasados. Al contacto con la tierra salvaje, estas tendencias e impulsos van a despertar y a enfrentarse con el ideal que el hombre civilizado se ha propuesto. Este drama interior, este conflicto va a complicar vitalmente la acción del personaje y a impedir que el mismo se convierta en una simple ficha de ajedrez.

Luzardo comienza a ver, desde su hato "Altamira"(altas miras), el modo posible de oponer al miedo la virtud, al despotismo la libertad, a la fuerza la razón, al terror y al desprecio por los derechos del hombre la ley escrita y el orden, virtudes todas consideradas características de los gobiernos republicanos democráticos. En otras palabras, quiere destruir el primado de aquello que parece indiscutible a favor de lo posible y verdadero, dando cuerpo a los augurios de felicidad que por su presencia en el Llano comenzaban a vislumbrarse. Augurios que la aparición de "El Familiar" había presagiado y que la muerte del Bramador terminó por confirmar.

La trama de la genealogía familiar de Santos Luzardo se confunde con la intriga del pasado del Llano. Don Evaristo Luzardo, el cunivachero, fue un cacique de la llanura y la prosperidad de los Luzardo "tenía todos los defectos de toda prosperidad obtenida por vías del todo no legales" . Su padre fue un asesino (parricida) y todos sus familiares se han ido matando entre sí . Contra ese pasado, sangriento, bárbaro, feudal, violento, se articula la voz del presente: él ha ido a la Universidad, se ha educado, ha estado en contacto con la ciudad y está capacitado, por lo tanto, para romper con ese círculo, trayendo la civilización.

Luzardo regresa al Llano e intenta instaurar la contrahistoria. El alambrado será la frontera simbólica que marque la diferencia entre un "ellos" y un "nosotros", marcando así no solo los límites territoriales sino también ideológicos desde donde producir la re-escritura de la Historia.
Aparece doña Bárbara (Cap. III, "La devoradora de hom­bres") proyectada en su trágico pasado:
"Fruto engendrado por la violencia del blanco aventurero en la sombría sensualidad de la india, su origen se perdía en el dramático misterio de las tierras vírgenes". 

Un episodio determina el cambio fundamental de su vida: el amor a Asdrúbal, el muchacho de quien se enamoró en su adolescencia transcurrida en una piragua, entre ríos salvajes; su muerte, asesinado a causa de los celos del capitán de la piragua; y luego la violación brutal. En el corazón de la mestiza se anidan el odio al varón y el deseo de vengarse 'en cada hombre que se cruce en su camino; junto con el dulce recuerdo de Asdrúbal, queda sepultado todo sentimiento de ternura y delicadeza. Doña Bárbara busca ávidamente todo lo que sea un arma para su propósito de destrucción. Es bella y pronto conoce los recursos de la seducción. En las tribus aprende brujerías, "y nada le complacía tanto como el espectáculo del varón debatiéndose entre las garras de las fuerzas destructoras".

Como ya hemos dicho, toda la actividad de doña Bárbara tiene una sola finalidad, el poder. Los medios para alcanzado son la seducción, el soborno, la astucia y  el crimen. En el fondo, como causas últimas de aquella actividad, la doble corriente de su irrefrenable sensualidad y de su odio. El recuerdo de As­drúbal es la única posibilidad de redención que hay en su alma, una emoción puede hacerla surgir, y por esa rendija del senti­miento un rayo de bondad y de amor puro se escapa hacia las cosas y hacia los seres.

Continúa la Parte I introduciéndonos en el mundo de los otros personajes: el Brujeador, los Sandoval, los peones, Marisela, Lorenzo Barquero, Mr. Danger. Cada uno de ellos con su carácter propio, cada uno con sus intereses, pasiones, ideas, esperanzas, dolores, pero todos envueltos en el conflicto planteado, que al­canza su mayor desarrollo en la Parte II.

Es sabido que el delito atrae a toda una serie de agentes, instituciones y actores satélites. Todos los personajes que rodean a Doña Bárbara se colocan del otro lado de la observancia de las leyes escritas, todos sobreviven en el espacio de la corrupción de todo vínculo civil y afectivo: el Brujeador (así apodado por su oficio de cazar bestias salvajes, persiguiéndolas día y noche sin dejarlas comer ni dormir) es un ex salteador de las montañas y espaldero preferido de Doña Bárbara. "Brujos ambos, habían aprendido de los dañeros indios a no mirarse nunca a los ojos" . Sujeto tortuoso y agazapado" sus ademanes envolvían una maldad buida y fría que traspasaba los límites de lo atroz. 
El extranjero Mr.Danger, representante del "zarpazo imperialista", es quien saca partido de la ignorancia e inferioridad del criollo, "esos hombrecitos". A pesar de su carácter delincuente no deja de colocarse en inferior".

El Jefe Civil y su secretario Ño Pernalete son los clásicos exponentes de los funcionarios obsecuentes al poder y que no vacilan en realizar todo tipo de "pequeños favores" a cambio de protección.

Como en todo gobierno corrupto, no falta tampoco la figura del primer ministro-mayordomo (o amante de turno , llámese Apolinar o Balbino Paiba ) el cual, en la embriaguez de un poder discrecional, pero no exento de temor por cuanto puede ser llamado a rendir cuentas en cualquier momento, según los imprevisibles caprichos del amo, se mantiene junto a éste por la fuerza revulsiva de sus             pasiones y ambiciones : el enriquecimiento ilícito y el crimen impune.

Todos estos personajes viven inmerso s en su pasión dominante: los súbitos en el miedo, el déspota en su voluptuosidad y todos tienen en común la inautenticidad, la falta de conciencia y del valor humano.

Al ponerse de relieve la degradación del entorno de Doña Bárbara, por contraste, los personajes que rodean a Santos Luzardo evocan valores más puros y nobles: lealtad sin obsecuencia, amor a la propia tierra, son los auténticos llaneros , representantes del ciudadano virtuoso que, intrépido por carácter o por elección moral, no tiene miedo de enfrentar al despotismo en cualquier forma que se presente , aunque caiga víctima inocente de "las intrigas de palacio" que elabora el entorno de Doña Bárbara: Carmelito y Rafael, dos hermanos "luzarderos", son asesinados por Balbino Paiba . Este hecho desencadena que el Dr. Luzardo se convierta en el brazo armado de la resistencia "porque el atropello me lanza a la violencia" y " porque ahora estamos en otro camino(...) Momentos después, Santos Luzardo irrumpía en la casa de Macanillal, revólver en mano.

De acuerdo a la visión de Santos Luzardo, el habitante de esa región contaminada no puede descubrir por sí solo la verdad de la que es portador inconsciente. Ello requiere la mediación del hombre cultivado que  convierta al rústico y al miserable, que lo moralice y ennoblezca . 

De esta manera Marisela, la hija de Doña Bárbara y Lorenzo Barquero, que en el plano simbólico "encarna esa Venezuela soñada por todos, es quien mejor actualiza las teorías de Luzardo.

Para Robespierre, la obra maestra de la política de los déspotas es el adueñarse de la razón del hombre para volverlo cómplice de la esclavitud. En el texto, el exponente de esta teoría es Lorenzo Barquero: anulado y entorpecido de tal manera por Doña Bárbara se muestra incapaz de realizar toda acción. Luzardo, "con la intención de provocar en aquel espíritu envilecido alguna reacción saludable", intenta vencer la inercia rompiendo la red de letargo que lo envuelve, sacudiéndolo para que vuelva a tener confianza en sus propias fuerzas.


            SEGUNDA PARTE: "Un acontecimiento insólito" es el primer capítulo de esta parte. Doña Bárbara emplea  su táctica de engaño cuando, citada por Luzardo a la jefatura civil, finge someterse a una ley que, en realidad, ha sido arreglada para favorecer sus propios desmanes.
La habilidad de Santos Luzardo para vencer allí a Mr. Danger hace nacer la admiración en ella; y la claridad con que aquél hace valer la ley, le impone un respeto nunca sentido hasta entonces. Comienza a desconcertarse. La gallarda presencia del Dr. Luzardo le recuerda, sin que ella quiera, el único momento hermoso de su vida: su amor por Asdrúbal. Y el odio al varón, "la pasión funda­mental de su vida", empieza a ceder terreno a un nuevo sentimiento. Es entonces cuando comienzan las "mudanzas de doña Bárbara”. Urde proyectos que luego abandona, toma la pistola para disparar sobre Luzardo y se da cuenta de que no matará porque ya no es la misma.

Por propia intuición sabe que la violencia no le servirá para nada en este caso. Acude entonces a su belleza que aún es subyugadora, sus trajes comienzan a ser más femeninos, la sensualidad pone en sus ojos un brillo ardoroso. Pero la seducción tampoco le entrega al hombre que ama. Es en este momento cuando recurre a los poderes sobrenaturales de que se cree investida. Se dirige al "Socio" y lo invoca a la luz vaci­lante de una lámpara, entre fetiches y amuletos. Nunca como entonces el "Socio" se mostró más reacio a responderle hasta que al fin cree oír una frase:      

_”Las cosas vuelven al lugar de donde salieron”

¿Era tiempo todavía de volver atrás? ¿Podría, acaso, comenzar .de nuevo? ¿Y sus crímenes, no los sepultaría su nuevo sentimiento? ¿O todo era en vano? Éstas son las preguntas que se formula en el cuarto de los conciliábulos misteriosos. Las palabras que el "Socio" le responde resultan incomprensibles, a pesar de que las oye como si resonaran dentro de ella:

(Doña Bárbara) "hundió la frente ardorosa entre las manos ateridas y así pasó largo rato en silencio y sin pensamientos. Chisporroteó con más fuerza la llama de la lamparilla, ya para extinguirse y a los oídos alucinados de doña Bárbara llegó clara y distinta esta frase:
"-Si quieres que él venga a ti entrega tus obras.
"Alzó de nuevo la mirada hacia la sombra que por fin le de­cía algo que ella no hubiera pensado; pero la lamparilla se ha­bía extinguido y todo era sombra en torno suyo".

En la Parte III, la acción camina hacia su desenlace. En el espíritu de doña Bárbara el conflicto es cada vez mayor. Un nuevo obstáculo se interpone en su camino hacia Luzardo: su hija Marisela, a quien ella abandonó al azar de la llanura y que ahora le disputa el amor de aquél.
Marisela es, vista desde este ángulo, expresión de la vida nueva que comienza en el llano. Fruto de la barbarie y abando­nada a su propia suerte, la encuentra Luzardo y se entrega a la tarea de educarla. En el capítulo XI -"La Bella durmiente”-asistimos al encuentro de ambos personajes. San­tos Luzardo toma de la mano a Marisela y la conduce a un claro pozo para lavarle la cara mugrosa: una nueva vida comienza para ella.

 Las fuerzas del mal renacen con violencia en el  alma de Doña Bárbara, y el Brujeador recibe el encargo de llevarle a Luzardo vivo o muerto. Por su parte, y a raíz del asesinato de Carmelito -el peón fiel a quien la autoridad del lugar no hizo justicia, Luzardo decidió hacerla por su propia mano: era el viejo impulso arrollador de los Luzardos, que ya brotaba  incontenible.

Acudió a la cita en Rincón Hondo y allí se en­frentó con el Brujeador, quien resultó muerto. Antes había entrado en la casa de Macanillal, revólver en mano, había obligadoa los dos peones de doña Bárbara que la habitaban, a pegarle     fuego, y herido a uno que quiso resistir. El Dr. Luzardo iba por un camino difícil de abandonar una vez que se ha tomado. Sólo una conmoción muy profunda puede salvarlo. El derecho y la justicia que hasta entonces habían dirigido sus acciones ya no le eran suficientes, la antigua violencia de los Luzardos  parecía tener ganada la partida. Pero ahí estaba Marisela, su propia obra; y será el amor el que va a detener a Santos Luzardo en la carrera hacia su perdición.

La lucha había debilitado a doña Bárbara y sus acciones       comienzan a ser disparatadas:
"La mujer indomable que ante nada se había detenido, se en­cuentra ahora en presencia de algo contra lo cual no sabía lu­char... Presentía el fracaso de las esperanzas puestas en la en­trega de sus obras, y el fatalismo del indio que llevaba en la sangre le hacía mirar ya, a pesar suyo, hacia los caminos de renunciación”

El final de su drama se perfila a la vista de Marisela y Lu­zardo abrazados. El impulso destructor le llevó las manos al re­vólver y apuntó, pero el impulso contrario, nacido del recuerdo de Asdrúbal, que la luz de los astros sobre la mira de la pistola evocaba, le hizo bajar el brazo que ya no podía matar:
"Puesto el ojo en la mira que apuntaba el corazón de la mu­chacha embelesada, doña Bárbara se había visto, de pronto, a sí misma, bañada en el resplandor de una hoguera que ardía en una playa desierta y salvaje, pendiente de las palabras de Asdrúbal, y el doloroso recuerdo le amansó la fiereza".
                                                               
Se advierte en esta novela la presencia de los mismos conflictos predominantes en las novelas anteriores  de Rómulo Gallegos y, en cierto modo, el que va a dominar en Canaima: el drama del hombre y su destino es evidente en la decisión de Luzardo de no vender  su hato, para enfrentarse a la barbarie; en la tenacidad que pone en su obra; y, sobre todo, en la angustia, del hombre que, habién­dose trazado un camino, es solicitado continuamente por estí­mulos exteriores e interiores que tratan de desviarlo.

 El drama  de la sangre es el conflicto de las tendencias hereditarias de los  Luzardos: impulsos de violencia en continuo choque con impulsos de bondad, reforzados éstos por la conciencia moral adquirida mediante la cultura. En el espíritu de doña Bárbara van a confluir en violento y frecuente choque el Bien y el Mal: su ca­pacidad para la bondad y el amor está dormida en ella: basta el recuerdo de Asdrúbal para despertarla; el odio al varón es la pasión fundamental de su vida y la que dirige sus actos; pero a la vista de Luzardo, Bien y Mal van a chocar para predominar el bien sobre el mal, el amor sobre el odio.

Así, en magnífica síntesis, Doña Bárbara unifica los prin­cipales conflictos desarrollados en las novelas anteriores, y les da un desarrollo distinto; su estructura es, por tanto, más compleja y rica que la de aquéllas. Pero la novela es, por sobre todo, el  drama de la tierra, la "devoradora de hombres", que en cierto , modo personifica doña Bárbara. En el fondo de aquellos conflictos aparece la tierra: a su contacto, despiertan en Luzardo ten­dencias dormidas, ímpetus hasta entonces acallados. En la de­cisión de no vender el hato y combatir la barbarie, hubo, en cierto modo, un impulso de machismo nacido al contacto con el medio, "pues bastó que el bonguero ponderase los riesgos que corría " quien intentara oponerse a los planes de doña Bárbara, para que él desistiese de su propósito de vender el hato''.

Los viejos rencores de familia que Luzardo, como hombre civilizado no compartía, surgen de pronto a la vista del lugar de los acontecimientos. A Luzardo no se le escapa que:
"esa fuerza irresistible con que atrae su imponente rudeza, ese exagerado sentimiento de la hombría producido por el simple hecho de ir a caballo a través de la sabana inmensa, pondría en  peligro la obra de sus mejores años, consagrados al empeño de sofocar las bárbaras tendencias del hombre de armas tomar, la­tente en él".

La tierra es una fuerza viva, creadora y destructora, que embrutece y devora a los hombres. El autor juega con el símbolo: doña Bárbara es también la devoradora de hombres, la hembra tremenda; y en la embriaguez y locura de Lorenzo Barquero, la mujer y la tierra se confunden:
"Esta tierra no perdona (le dice a Santos). Tú también has oído ya la llamada de la devoradora de hombres. Ya te veré caer entre sus brazos. Cuando los abras, tú no serás sino una piltra­fa ... ¡Mírala! Espejismos por dondequiera: allí se ve uno; allá otro. La llanura está llena de espejismos".  "Ya te veré caer entre sus brazos y enloquecer por una ca­ricia suya. Y te dará con el pie, y cuando tú le digas: 'Estoy dispuesto a casarme contigo' se reirá de tu miseria ... "."-¡La llanura! ¡La maldita llanura, devoradora de hom­bres!".
                                                                                         
La novela está llena de sugestiones en el mismo sentido, de modo que el símbolo de la mujer-llanura es una conclusión motivada por la relación vital y poética entre una y otra, por lo cual el símbolo no resta vida al personaje ni estorba el desarrollo , de su personalidad, ni las variaciones imprevistas de su carácter.
Doña Bárbara es una novela de símbolos en esta forma: los personajes conservan su complejidad psicológica y toda su vitalidad, pero por lo que son y por lo que hacen se definen como tipos ideales y quedan en la imaginación popular como símbolos.
Es frecuente, desde entonces, en el habla venezolana, designar a  una mujer de actitudes varoniles con el nombre de doña Bárbara, y Mujiquita es el nombre de muchos intelectuales venezolanos  cuya pluma está dispuesta o ha entrado ya al servicio de las malas causas. Santos Luzardo es, en cierto modo, la personificación del espíritu de justicia y del derecho.
El drama de la tierra engloba al paisaje y al hombre que habita: de la sequía a la inundación y de la inundación a la sequía; de un crimen a su venganza y de ésta a otro crimen; el amor y el odio, la vida y la muerte en un solo torbellino; la muerte que acecha en la emboscada y Carmelito que cae atrave­sado de un balazo, Lorenzo Barquero que se consume en la in­consciencia de la borrachera y Luzardo que conduce atado al través de la cabalgadura el cadáver del asesino enviado en con­tra suya. Hay, pues, sobre el Llano, un trágico péndulo que no cesa de moverse: vida-muerte, inundación-sequía. De modo que el círculo humano crimen-venganza-crimen es semejante al círculo geográfico sequía-inundación-sequía.

En el proceso de puesta en orden, el cierre textual confluye con una Doña Bárbara sometida a una ceremonia de expulsión: está fuera de las nuevas estructuras existentes, y, al ser incompatible con ellas, debe irse. No es posible tolerar la presencia de alguien que es representante de un exceso y de una violencia, o del exceso de la violencia. El que salga de la sociedad (y de la novela misma) es la conclusión apropiada a una cadena de acontecimientos siempre significantes.
Como figuras retóricas, el viaje y el río vinculan el curso de la Historia con un proceso irrepetible y siempre en continuo movimiento. Sin embargo, "la hija de los ríos" (la hija de la Historia) al "volver al lugar de donde había salido" enfatiza y advierte sobre la naturaleza cíclica de la misma, porque "ha desaparecido la cacica de Arauca", pero no ha muerto.



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