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9 de enero de 2012

La representación del pasado en el relato histórico y la pintura

La representación del pasado  en el relato histórico y la pintura

Los hechos sucedidos en el pasado han despertado el interés ele los dis­tintos pueblos  a través del tiempo. Explicar las condiciones actuales de una comunidad, justificar o condenar formas  de accionar, construir la memoria de una nación han sido algunas de las razones que motivaron tal interés.
La Historia se ha ocupado de los acontecimientos realmente ocurridos. Historia es una palabra de origen griego cuyo significado es "investigación" y fue Herodoto, autor de Los  nueve libros de la Historia  quien la utilizó por primera vez en el siglo V antes de Cristo. Al comenzar el Libro  I dice:
Esta es la exposición de las investigaciones de Herodoto de Hali­camaso, para que no se desvanezcan con el tiempo los hechos de los hombres, y para que no queden sin gloria grandes y maravillo­sas obras, así de los griegos como de los bárbaros, y, sobre todo, la causa por la que se hicieron guerra.

Apreciaciones interesantes se desprenden de las palabras de Herodoto: la Historia requiere una investigación,  es un relato de acontecimientos que ocurrieron como consecuencia de la intervención del hombre, sus funcio­nes primordiales consisten en rescatar los hechos del olvido y aclarar las causas que motivaron las acciones. Por otra parte,  la importancia que le otorga a la glorificación de ciertas obras de los hombres pone de manifies­to que una de las tareas del historiador es evaluar los acontecimientos.
Me­moria e interpretación constituyen las palabras clave al definir la Historia: la escritura permite dar testimonio para evitar el olvido y siempre propor­ciona una reconstrucción desde una postura determinada.

El historiador,  como el detective de un relato policial,  está comprome­tido con la verdad. Su objetivo es descubrir la verdad y presentar al lector los hechos tal como sucedieron. Una vez que ha investigado ,  un segundo problema se le plantea: ¿cómo narrar verazmente lo acontecido?
Estrategias de escritura que un autor pone en funcionamiento para traducir la historia en un texto 

La representación del pasado en el relato histórico

La Historia es una narración de hechos pasados realmente acaecidos.
Como todas las narraciones, está constituida por una sucesión de acciones que realizaron personas en un lugar y un tiempo determinados. A diferen­cia de los relatos ficcionales, los sucesos referidos por la Historia ocurrie­ron en la vida real y todo lo afirmado por el narrador debe ser verdadero.
Los textos históricos están compuestos por narraciones  pero incluyen también comentarios o evaluaciones que efectúa el historiador acerca de los hechos que narra. Por ejemplo, el historiador George Rudé dice en su libro La revolución Fancesa:
La Declaración de los Derechos del Hombre fue adoptada por la Asamblea Nacional antes de trasladarse a París, el 27 de agosto de 1789. Estos "principios del '89", que más tarde habrían de cautivar o dividir a Europa entera, fueron el resultado de un áspero regateo entre diferentes grupos de diputados. ( ... ) La Declaración de Derechos de 1789 es notable en cuanto equilibra bien un enunciado de principios universales con una preocupación evidente por los inte­reses de la burguesía. (..) Pese a toda la nobleza del lenguaje y la afirmación de verdades universales, la Declaración es esencialmen­te un manifiesto de la burguesía revolucionaria y sus aliados radi­cales y liberal-aristocráticos.

El historiador no solo cuenta cómo surgió la Declaración de los Dere­chos del Hombre y cuándo se adoptó, sino que, además  interpreta y eva­lúa sus alcances.

Esas interpretaciones están acompañadas, frecuentemente, por argumentaciones que fundamentan las afirmaciones.

LAS FUENTES DE INFORMACIÓN

El trabajo de reconstrucción que realiza un historiador  parte de una investigación minuciosa de datos, testimonios, documentos de la época por analizar. Cartas, diarios íntimos, documentos oficiales, fotografías, pinturas, esculturas, textos literarios, periódicos, obras arquitectónicas, todos aquellos elementos que testimonien algún aspecto del período estudiado constituyen un material útil.
La evolución de técnicas y tecnologías multiplicó, a través del tiempo, las fuentes de información de los inves­tigadores. Por ejemplo, la fotografía amplió las posibili­dades de atestiguar visualmente momentos cuya imagen, anteriormente, solo podía ser captada por la pintura.

En la actualidad, los medios con los que trabajan los historiadores han cambiado. Eric Hobsbawm dice en Historia del siglo XX:
A medida que el historiador del siglo XX se aproxima al presente depende cada vez más de dos tipos de fuentes: la prensa diaria y las publicaciones y los informes periódicos, por un lado, y los es­tudios económicos y de otro tipo, las compilaciones estadísticas y otras publicaciones de los gobiernos nacionales y de las institucio­nes internacionales, por otro.
Los medios masivos de comunicación se han convertido, por su inci­dencia en el mundo actual, en un instrumento importantísimo a la hora de analizar la Historia reciente. Por otra parte, la complejidad de los procesos históricos de los últimos tiempos ha orientado la investigación de los historiadores hacia fuentes nuevas.

Los hechos y el relato
Los hechos sucedieron en un tiempo y en un espacio reales, a sujetos reales. Esos hechos son presentados al lector a través de un relato que debe dar cuenta verazmente de lo acontecido. El relato es la forma en que el narrador organiza y refiere los acontecimientos. Una vez que ha recopila­do los datos, e! historiador selecciona los sucesos que narrará, los ordena en una secuencia, les asigna una cantidad de páginas diferente para los dis­tintos episodios, privilegia algunas acciones y desestima otras, caracteriza a los participantes de los acontecimientos, describe los espacios, establece relaciones causal es entre los hechos.
En consecuencia, el tiempo de los hechos, llamado tiempo de la histo­ria, es transformado en un tiempo textual, denominado tiempo del relato.

En este tiempo del relato, podemos considerar dos aspectos:

Orden
Frente a la sucesión temporal en que se produjeron los acontecimientos, el historiador puede elegir distintas opciones:
- Reproducir la secuencia lineal en la que ocurrieron, siguiendo un orden cronológico.
- Anticipar hechos o remitir a un pasado anterior, alterando el orden cronológico.
Ejemplos:
Michelet caracteriza a Thuriot, el hombre que emplazó al goberna­dor de la Bastilla, a partir de dos participaciones durante la revolu­ción:"lo encontraremos dos veces, al comienzo y al fin; su palabra es dos veces mortal; mata la Bastilla, mata a Robespierre." Para presentar al personaje, anticipa una acción posterior en que le negó la palabra a Robespierre.
En otra parte de su libro, retrocede a un tiempo anterior para expli­car por qué los franceses odiaban la Bastilla: "el crimen de uno de los prisioneros había sido ofrecer a nuestra marina un invento útil; ¡se temió que ofreciera el secreto a otros países!".

DURACIÓN

El tiempo real se traduce, a través del relato, en páginas cuya duración es diferente. Por ejemplo, diez años de la historia de un país pueden na­rrarse en un párrafo de unas pocas líneas. Por otra parte, no existe una relación proporcional constante entre el tiempo de la historia y el tiem­po del relato. Por ejemplo, cada párrafo no representa siempre diez años de Historia. El historiador privilegia ciertos hechos y períodos, extendién­dose en la narración, trata brevemente otros y omite deliberadamente algunos. Es por eso que encontraremos en los textos históricos:
- Elipsis. Períodos suprimidos, tal vez porque el historiador los considera irrelevantes o porque prefiere silenciarlos. General­mente, un espacio en blanco en la página o una frase como "Vein­te años después ... " indican la omisión.
-Episodios narrados con muchos detalles. Hechos y períodos que el historiador destaca y a los que les dedica toda su atención. La Toma de la Bastilla es narrada extensamente por Michelet: lo que hizo cada personaje aparece detallado en el relato.

El narrador
Como la Historia no es un relato ficcional, el narrador no es un sujeto inventado por el autor. El narrador es el historiador, la persona real que in­vestigó los hechos y los escribió.
La Historia se narra, generalmente, en tercera persona. Es la forma que manifiesta la postura objetiva del narrador frente a los sucesos: el hecho de que no esté involucrado en los acontecimientos favorece la construcción de una mirada distante y desinteresada. Algunos autores, convencidos de que el hecho de contar el pasado incluye la acción de interpretado, no temen usar la primera persona para poner en evidencia sus evaluaciones personales.

¿Objetividad o subjetividad?
Más allá de la persona gramatical que se emplee para narrar la Histo­ria, es evidente que la escritura siempre implica una serie de operaciones en las que se manifiesta la posición del autor. La selección de hechos, el ordenamiento, la atribución de causas y consecuencias, la duración que se les otorgue a los episodios, el uso de determinadas palabras, que valoran positiva o negativamente las acciones, indican que la narración realizada por un historiador siempre está cargada de subjetividad. Al contar, el autor evalúa, interpreta, construye héroes y villanos, rescata algunas acciones y denosta otras, según su propia visión del mundo y de los hombres. Bas­ta con comparar dos textos que narren el mismo acontecimiento, para advertir con claridad que ofrecen interpretaciones diferentes. Aquello que pa­ra un autor fue una traición, para otro fue una debilidad; un episodio fun­damental para un historiador resulta irrelevante para otro.
Sin embargo, es cierto que encontraremos textos en los que el escritor emplea abundantes marcas de su subjetividad y otros en los que se intenta borrar todas las huellas evidentes del punto de vista.

El lugar del arte - La representación de pasado en la pintura

Si bien los artistas han testimoniado en sus obras sucesos históricos, han pintado batallas o retratado personajes de distintas épocas, el compromiso que el arte tiene con la verdad es diferente del que establece la Historia. A la Historia se le exige veracidad, mientras que el arte goza de la libertad imaginativa.
La pintura, en particular, ha plasmado en imágenes diversos acontecimientos importantes de la historia de la humanidad. Resulta interesante analizar cómo un pintor también "escribe" la Historia, aun cuando su imaginación "tiña" completamente los hechos.
El arte se ha ocupado también del pasado. La pintura, con materiales diferentes, ofrece una galería poblada de personajes, situaciones, actitudes, que testimonian momentos cruciales en la vida de los hombres de distin­tos territorios y que los interpretan desde la creatividad estética.
Si bien la pintura no narra, describe situaciones y permite atestiguar momentos memorables del pasado. Distintas elecciones pueden observar­se en los cuadros testimoniales. Algunos intentan reproducir fielmente las escenas o los rasgos de un personaje, aunque la forma de representación que se considera fiel a la realidad varía con los artistas. David, por ejem­plo,  al referirse a sus retratos, dice:
La semejanza no da la exactitud de los rasgos ( ... ) Lo que hay que pintar es el carácter de la fisonomía, lo que la anima ... Nadie se pre­gunta si los retratos de los grandes hombres se les parecen. Basta que en ellos se encuentre su genio.
En sus palabras, queda claro que la pintura que representa con exactitud a un hombre es, para el pintor, aquella que logra descubrir su carác­ter y no  la que muestra de manera semejante los rasgos físicos.
Otros proporcionan una interpretación de los acontecimientos y no te­men incluir en la composición un personaje simbólico, como lo hace Delacroix. La Libertad, en el cuerpo de una mujer, es la que ha motivado al pueblo  en su lucha y surge victoriosa en medio de la destrucción.

La caricatura
La caricatura es la representación, en una imagen o en un texto escrito, de los rasgos físicos o faciales, del comportamiento, de la vestimenta o de los modales de un individuo. En la caracterización, se exageran o de­forman los rasgos, en algunos casos, para ridiculizar los actos de personas o grupos sociales; de instituciones políticas, sociales o religiosas. La representación carica­turesca de personajes pone de manifiesto una mirada crítica sobre el individuo representado.

Fuente: 
AAVV-Lengua y Literatura I
Ed.Estrada



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