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6 de febrero de 2013

EL MATADERO DE ESTEBAN ECHEVERRÍA


EL MATADERO DE ESTEBAN ECHEVERRÍA

EL NACIMIENTO DE LA LITERATURA ARGENTINA
 CONTEXTO HISTÓRICO

         Los inicios del siglo XIX están marcados, en las Provincias Unidas, por la Revolución de Mayo y por la declaración de la independencia. Pero estos acontecimientos no dan paz al país. Los años siguientes se desarrollan entre las guerras por la independencia y numerosos enfrentamientos internos que se resumen en una oposición que marcará la historia: la oposición entre unita­rios y federales.
         En medio de esta situación, surge la controvertida figura de Juan Manuel de Rosas,  el Restaurador; cuyo poder se hará notar en todas partes y de todas las formas conocidas. Este es el panorama en el cual nace una literatura tendiente a dar cuenta de esas contiendas internas que desangran al país; una literatu­ra crítica que gira en torno a la imagen de Rosas. Quienes la inauguran son Esteban Echeverría con El Matadero(1840)  y Domingo Faustino Sarmiento con Facundo (1835),  autores en cuyos textos li­terarios comienza a perfilarse la identidad nacional como una lucha perma­nente de opuestos.

Buenos Aires vs. las provincias
         Entre 1820 Y 1830, la Argentina estaba independizada, pero disgregada y enfrentando estallidos de guerra civil. La inestabilidad política era el re­sultado de las posturas encontradas entre el interior y Buenos Aires, y su permanente medición de fuerzas.
         Las provincias, lideradas por caudillos que buscaban una organización fe­deral de la Nación, se oponían a las pretensiones de Buenos Aires de ejercer un poder centralizado y hegemónico, basado en la supremacía económica y estratégica que le daba el puerto. Esta etapa se caracterizó por la sucesión de períodos en los que existía un gobierno nacional y otros en los que las provincias se declaraban autónomas. Federales y unitarios chocaban, en congresos y batallas, tratando de imponer sus ideas acerca de un go­bierno nacional unificado. Entre los primeros, se destacaron Juan Manuel de Rosas, hacendado bonaerense, y Facundo Quiroga, caudillo riojano que llegó a tener un poder militar y político muy importante en el interior.
         En 1826, se promulgó una Constitución de marcado tinte unitario, que fue rechazada por parte de las provincias. El país vivía una situación crítica por la imposibilidad de lograr la organización nacional y por los problemas económicos y de política exterior. El gobierno nacional no existía, y la capacidad para manejar las relacio­nes exteriores recayó en Buenos Aires, a cargo del federal Manuel Dorrego.
         En 1829, la Legislatura de la Provincia de Buenos Ai­res designó gobernador a Juan Manuel de Rosas y le otorgó Faculta­des Extraordinarias. Sus objetivos inmediatos fueron la derrota del partido unitario y la firma del Pacto Federal, para unificar a las pro­vincias afines. Ambos se lograron en 1831: José María Paz, jefe  unitario, fue derrotado, las provincias adhirieron al Pacto y conformaron la Confederación Argentina. Rosas terminó su primer gobierno en 1831 y no aceptó la reelección, pues no se le renovarían las facultades extraordinarias
         Entre 1832 y 1835, los gobiernos que le sucedieron sufrieron  serios conflictos. Rosas parecía la única figura capaz de restaurar el orden. En 1835, la Legislatura lo designó nuevamente gobernador y le otorgó la Suma del Poder Público. Un plebiscito avaló esta amplia concentración del poder. Pero este segundo período que debió durar cinco años, culminó recién diecisiete años después, en 1852, con la batalla de Caseros.
         Si bien Rosas era gobernador de Buenos Aires, reunía las atribucio­nes de un presidente y su mandato, de hecho, tenía alcance nacional: así, por ejemplo, manejaba las relaciones exteriores, el vínculo con la Iglesia y la economía a partir de! control de la Aduana e intervenía las provincias que se le opusieran. Algunas de estas condiciones vigentes durante un período de tiempo tan extenso fueron conformando la unidad nacional.
         La oposición intelectual a Rosas estuvo representada por la llamada Generación  del '37. Entre otros, la integraron Mármol, Echeverría, Alberdi, Sarmiento, Gutiérrez, Tejedor y Lamas, que recibieron la influencia de diversas corrientes del pensamiento.
         Esta diversidad de fuentes inspiradoras generó entre ellos dife­rencias e incluso contradicciones. Sin embargo, tuvieron en co­mún el intento de indagar los caracteres de nuestra realidad social.  Sarmiento abordó su análisis de la situación del país  a partir de la fórmula civilización y barbarie: la ciudad era considerada como sede de la civilización, de la cultura europea y el progreso; el campo (la campiña) como el lugar de la barbarie, el atraso y el criollismo. A partir de esa misma dicotomía, Echeverría describió la vida del suburbio como antro de salvajismo y for­mas de vida primitivas.

LA FIGURA DE ROSAS
         Los fundadores de la historiografía nacional fueron Sarmiento, Mitre, Vicente Fidel López, todos ellos opositores a Rosas. En sus definiciones presentaron a Rosas como una figura altamente repudiable. Se lo consideró como un bárbaro, un atrasado. Más adelante, se hizo hincapié en otras facetas, tales como la eliminación de toda forma de disenso y la presunta falsedad de su federalismo. En la segunda y tercera década del siglo XX, la aparición del revisionismo histórico en Argentina rescató la figura del Restaurador, elevándolo al sitial de los mayores próceres de la historia. En primer lugar, los revisionistas destacaron la acción de Rosas como la de un defensor de la soberanía nacional frente a las dos mayores potencias de su época. También destacaron su papel como organizador de la unión nacional previa a la sanción de la Constitución.
         Desde mediados del siglo XX apareció una nueva camada de historiadores, entre los que se destacaron Enrique Barba y Félix Luna, que atacaron el sistema de Rosas por haber eliminado toda forma de disenso, por antidemocrático y también haber hecho de su gobierno un sistema centrado en el culto a su persona.
         La figura de Rosas se ha visto asociada con Yrigoyen y con Perón; primero por sus opositores, y luego, orgullosamente, por sus partidarios. Los partidarios del liberalismo económico atacan hasta el día de hoy la memoria de Rosas, mientras que rescatan su figura los partidarios de alguna manera de proteccionismo o de nacionalismo. Hoy en día, los historiadores están tratando de llegar a un equilibrio en su análisis de la figura de Rosas, de su sistema político y de su época. Sin embargo, no cabe esperar que ese equilibrio sea alcanzado en los próximos años, ni que sea aceptado por todos.

LA LITERATURA NACIONAL
         En la Argentina, la literatura anterior a la de la llamada Generación del 37 no expresó la realidad histórica en que tuvo lugar. Con Esteban Echeverría, el panorama cambió. El paisaje argentino y la lengua particular de la región ya habían aparecido en las obras de Bartolomé Hidalgo (1788-1822) y de los payadores, poetas gauchos que improvisaban escenas cantadas de la vida del pueblo. Pero fue Echeverría quien, por primera vez, concibió la literatura nacional como una disciplina que se nutrió de sus pro­pias fuentes -la realidad- y expresó lo que la nación era. Lo siguieron, entre otros, Alberdi y Sarmiento.
         Las condiciones que posibilitaron este nacimiento fue­ron varias: la existencia de un grupo homogéneo de auto­res a quienes unía el origen social, la educación, la expe­riencia común del exilio y el impacto que les causó la figu­ra de Rosas. El destierro les permitió ver a la Argentina a la distancia y les produjo un sentimiento de añoranza y de admiración por su grandeza virgen, al mismo tiempo que la urgencia de actuar sobre ella y de construirla. Rosas les generó sentimientos contradictorios: su origen popular, sus actitudes irracionales y su poder los fascinó, a la vez que les provocó rechazo. Pero en este aspecto surgió una contradic­ción: en el afán de oponerse a Rosas, terminaron identificando lo popular tradicional con el atraso y, en su afán de progreso, se volvieron reaccionarios y extranjerizantes. Fueron americanistas en lo literario y antiamericanis­tas en lo político. Plantearon el rechazo de lo español, impulsaron la inclu­sión de los escenarios locales y el uso de un lenguaje propio en oposición al de las formas puras del castellano peninsular.

La identidad nacional en El matadero
         El matadero, escrito en 1840, es una manifestación clara de la naciente literatura argentina, porque se inscribe en un momento determinado de la historia del país, toma partido y adquiere, además, una forma estética propia.
         Echeverría ubicó la acción en una zona marginal de la ciudad, en los lími­tes entre lo urbano y lo rural, y describió el ámbito y sus personajes típicos. Al hacerla, formalizó una acusación política, ya que en la descripción criticó la brutalidad, el atraso del sistema implantado por Rosas. El clima de turbu­lencia, descontrol y desborde tiene su paralelo en la manifestación de una naturaleza también ingobernable: la de la inundación con que se abre el relato. Matasiete, la chusma grosera, el juez son símbolos del salvajismo político criticado; mientras que el unitario representa la cul­tura y el anhelo de libertad y respeto. De acuerdo con esto, en El matadero, se muestran las dos posturas antagónicas en que se debatía la sociedad argentina de la época: la del progreso y la del atraso.

PROGRESO, ATRASO Y LIBERTAD
         Echeverría reconoció el conflicto que mantenía enfrentados a los argentinos y sostuvo la necesidad de la unión. Rehusó ali­nearse en alguno de los bandos en lucha-unita­rios y federales- y propuso la creación de un or­den nuevo que tomara lo mejor de cada fac­ción. Sin embargo, finalmente debió optar fren­te a la realidad que se le imponía: la fractura social. El de la violencia, que expresó de mane­ra brutal en el cuento, fue el único aspecto co­mún a ambos bandos y, en él, se centra temáti­camente EL matadero.
         El otro gran tema que se manifiesta en la obra es el de la libertad como camino para la construcción de la nación. Así, Echeverría elo­gia la independencia conseguida y critica el autoritarismo imperante en su época, en sus dos vertientes: eclesiástica y política. La Iglesia aparece cuestionada, porque claramente se había embanderado tras la causa rosista. El sistema de gobierno, por su parte, está representado por los personajes del matadero a quienes se ve incapaces de ejercer su libertad responsablemente y de respetar la de los otros. Ambos, Iglesia y tiranía, al atentar contra la libertad individual, impedían la organización nacional sobre la base del respeto a los derechos de todos los habitantes.
         Los personajes, que aparecen tipificados, representan las facciones en pugna. Pero esta tipificación no es sólo literaria. Echeverría expresó el modo en que el sector al que pertenecía veía a unitarios y federales en la vida y no sólo en las letras. Así, Rosas era el antihéroe; sus seguidores, una horda de brutos sin pensamiento propio y dueños de una fuerza y violencia descontroladas; el pueblo era una masa manejable por el miedo o el hambre; y el unitario, el representante de la libertad de ideas, el honor, el valor y la dignidad.
         Además de lo ideológico, la obra adquiere identidad nacional por su carácter renovador y particular en lo que se refiere al estilo. Es la prime­ra manifestación del cuento en la Argentina; introdujo el realismo como mo­do de representar la realidad. Las costumbres se describen, en general, para enfatizar lo que debía superarse, pues eran expresión del atraso. Esta postura crítica frente a lo popular se explica porque, en el cuento, el pueblo -con sus hábitos- es mucho más que el grupo menos favorecido en lo económico y en lo cultural; es símbolo de la sociedad según Rosas la concebía.
         Otro gran logro estilístico fue, sin duda, la renovación en el plano de la lengua. Se incorporó el sociolecto de la clase baja, con el uso de expresio­nes groseras y arcaicas, y un léxico de origen latinoamericano. El habla del unitario, por otra parte, reflejó el sociolecto de la clase culta, semejante al del narrador. Así, la lengua alcanzó forma propia y nacional mediante la in­clusión no sólo de vocabulario y expresiones locales, sino de un tono parti­cular, una manera dinámica y vital de contar lo nacional.

Finalmente, la lectura detenida de El Matadero revela la existencia de símbolos. Echeverría censura el régimen político a través de ese lugar y de su gente:·
  • El matadero es el país.
  • ·La casilla es Buenos Aires.
  • ·El juez es Juan Manuel de Rosas.
  • ·Los matarifes son la Mazorca.
  • ·El unitario simboliza a la joven generación argentina.
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EL MATADERO


Actividades y Guía de lectura

ACTIVIDADES

1-Mencionar las características del contexto histórico en el que surgen los primeros textos literarios argentinos. Incluir en la respuesta los autores que inauguran la literatura nacional, sus obras  y en torno a qué figura política giran.

2-En el apartado Buenos Aires Vs. las provincias se menciona la causa de la oposición política entre Unitarios y Federales: explicar en qué consistió esta oposición.

3-Sintetizar las características del gobierno de Juan Manuel de Rosas, incluyendo en la respuesta los diferentes puntos de vista que sobre su figura mantienen los historiadores.

4-Explicar qué condiciones posibilitaron el nacimiento de la literatura nacional argentina. Incluir en la respuesta la contradicción que provocó en los escritores la figura de Rosas, contradicción que se vio reflejada en las características de la producción literaria.

5- Luego de leer  el cuento El Matadero, responder las preguntas de la siguiente 

Guía de lectura:

1)      ¿En qué época del año se ubica la acción y por qué esto da lugar a la crítica a la Iglesia?

2)      ¿Qué es lo que, en realidad, se le critica a la Iglesia?


3)      Describan el ambiente del matadero.

4)      Señalen los personajes que representan los dos grupos en los que se dividía la sociedad argentina de la época. Caractericen ambos grupos (aspecto físico, vestimenta, modales, sociolec­to, etc.) y expliquen la relación que existía entre ellos.


5)      ¿Qué relación establece Echeverría entre el matadero y los federales?

6)   ¿Cuáles son los valores y creencias de los personajes: Matasiete, el joven unitario y el Juez?


7)   Ubiquen en “El matadero” el fragmento en el que el narrador manifiesta que los jóvenes del matadero no podrían ser la “cabeza pensante” de una nación. ¿Quiénes podrían serlo, por oposición?

8)   ¿Por qué  muere el unitario?


9)   ¿De qué manera el texto hace una crítica al gobierno? Justi­fiquen su respuesta.

10)                Explicar por qué el cuento El matadero adquiere identidad nacional.









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