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9 de octubre de 2016

Teorías de la recepción. La lectura como una respuesta individual o como actualización de una competencia colectiva

Teorías de la recepción. La lectura como una respuesta individual o como actualización de una competencia colectiva


La lectura consiste en correlacionar una expresión dada con un contenido por referencia a determinado código. El lector construye así sintáctica y semánticamente el objeto semiótico al que se refiere el texto-signo a partir del diccionario y las reglas gramaticales que maneja. Esta operación requiere, por lo tanto, como sostienen Joseph Courtés y Algirdas Greimas (1990), de un destinatario con una competencia lingüística análoga a la del productor del texto para poder identificar los términos y sus funciones recíprocas en el contexto de la oración.
Todo texto contiene, sin embargo, numerosos puntos de indeterminación, problemas y lagunas que deben ser salvados en la lectura. Incluso si un escritor se propusiera ser lo suficientemente explícito como para no dar lugar a ambigüedades, jamás podría evitar la proliferación de interpretaciones inherente a todo signo. La definición de un término proporcionada por un diccionario no agota en modo alguno sus propiedades semánticas puesto que todo término admite además de un sentido denotado, un sentido connotado.
Por este motivo, todo texto implica, además, como plantea Eco, “(…) ciertos movimientos cooperativos, activos y conscientes, por parte del lector” para poder actualizar aquellos elementos no dichos en el plano de la expresión (2000: 74), elementos que, según este enfoque, el autor prevé serán rellenados. La iniciativa interpretativa del lector no solo enriquece el texto sino que constituye la condición de posibilidad de concreción de una obra, una función del propio texto que, como buen “mecanismo perezoso (o económico)”, “(…) vive de la plusvalía de sentido que el destinatario introduce en él” (Eco 2000: 76). Ahora bien, el productor también espera que el texto sea interpretado con un cierto margen de univocidad. Para Eco, la suerte interpretativa de un texto forma parte de y orienta el propio proceso de composición del texto: el productor despliega distintas estrategias textuales en función de sus previsiones respecto de los movimientos que efectuará un lector potencial. De este modo, el autor concibe imaginariamente un lector modelo capaz de interpretar el texto de la manera prevista por él y contribuye a su vez a construirlo. El lector, por su parte, construye en base a las estrategias y operaciones formales de composición del relato una imagen del autor que orientará su interpretación de lo que lee.
Rayuela (1963) de Julio Cortázar admite, al menos, dos lecturas posibles, dos modos de recorrerla: por un lado, la lectura de corrido sin considerar los capítulos prescindibles y, por otro, la lectura que incorpora intercalados los fragmentos del final de acuerdo con la propuesta del autor. Ahora bien, el texto no se limita a señalar estas dos alternativas sino que promueve desde el prólogo y desde la teoría del arte, y de la literatura que desarrolla, fundamentalmente, a partir del personaje Morelli, un tipo de texto (la novela fragmentaria opuesta a la novela rollo) y un tipo de lector (el lector cómplice en contraposición al lector-hembra) específicos.
Como no hay modo de determinar si los sentidos previstos en la instancia de producción coinciden con los recreados en la instancia de recepción, la propuesta de Eco debe fundarse, necesariamente, sobre la base de las proyecciones que autor y lector hacen del otro. La interpretación, por  lo  tanto,  implica  necesariamente  cierto  grado  de  intencionalidad y de arbitrariedad. No podemos mantenernos dentro de los límites del texto y hacer caso omiso a la pregunta por la voluntad del autor (¿qué quiso decir?), como tampoco desconocer que esa intención, esa coherencia interna, es (re)construida en el proceso de lectura a partir de los indicios que proporciona el texto y también de las propias proyecciones y figuraciones del lector.
A pesar de considerar y valorar positivamente la libertad del lector para interpretar un texto, la teoría de Eco tiende a ceñir ese ejercicio de libertad a aquellos “vacíos” que el autor, de algún modo, había contemplado, con lo cual el autor continúa jugando un rol preponderante en el establecimiento de una interpretación.
Por otra parte, independientemente de las intenciones y previsiones del autor, existen otro tipo de restricciones que condicionan las lecturas posibles de un texto (o que orientan a los lectores en su tarea interpretativa) y que se vinculan con el medio sociocultural del lector:
Toda lectura deriva de formas transindividuales: las asociaciones engendradas por la literalidad del texto (por cierto, ¿dónde está esa literalidad?) nunca son, por más que uno se empeñe, anárquicas; siempre proceden (entresacadas y luego insertadas) de determinados códigos, determinadas lenguas, determinadas listas de estereotipos (Barthes, 1994, p. 37).
En todo momento, existe un repertorio de convenciones o un sistema  de normas determinadas históricamente que constituyen la competencia del lector y definen, a su vez, un conjunto de lectores. Es a partir de un saber previo que lo que hay de nuevo en un texto se hace experimentable o legible y pasa a integrar nuestro conocimiento:
Aunque aparezca como nueva, una obra literaria no se presenta como novedad absoluta en medio de un vacío informativo, sino que predispone a su público mediante anuncios, señales claras y ocultas, distintivos familiares o indicaciones para un modo de recepción completamente determinado (Jauss, 2013, p. 178).
El género discursivo funciona como un esquema de recepción que le indica implícitamente al lector cómo debe abordar el texto y asegura en cierta medida su comprensión. El sentido último de un texto resulta, por consiguiente, inseparable de las restricciones genéricas: son las convenciones históricas propias del género con el que el lector identifica un texto en particular, las que determinan, entre los distintos recursos y procedimientos diseminados en el texto, aquellos que serán actualizados en la lectura.
FUENTE:
 Equipo Especialización (2016). Modulo Didáctica de la Teoría Literaria. Clase 3. La lectura como fenómeno cultural: del gusto personal a la práctica social. Especialización en Enseñanza de Escritura y Literatura para la escuela secundaria. Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.



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