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19 de diciembre de 2016

Literatura fantástica: Lectura y actividades

Literatura fantástica: Lectura y actividades
Las luces del puerto de Waalwijk  vistas desde el otro lado del mar
de Angélica Gorodischer

Andado en la rada1 del puerto de Waalwjk había un barco fantasma. Nadie supo jamás si llegó al puerto en ese estado o si se fantasmizó una vez en la rada. Lo que sí se sabe es que llejó allí a mediados del siglo XVI, época de oro para los barcos, fueran o no fantasmas. También fue una época de oro para los grandes escritores, los piratas, los banqueros y las testas coronadas; pero nada de eso se dirá aquí de ellos porque ninguno tiene nada importante que hacer en esta historia. Tenía, el barco fantasma, un aire a la vez colosal y melancólico (…) Se mecía suavemente con las olas y golpeaba sin ruido contra el malecón2. En los días claros  y en las noches diáfanas se ponía particularmente transparente y a través de los mamparos y de las velas hechas jirones se veía el horizonte o la luna o el sol poniente del otoño. Pero cuando el smog bajaba, espeso y amarillento, el barco fantasma parecía real de tan opaco y casi se podría haber subido a bordo cosa que por supuesto nadie hacía y nadie había hecho en muchos siglos. De vez en cuando se incendiaba. Sí, se incendiaba. Nacía una llamita chiquita, insignificante, en alguna parte, en la arboladura, en una vela, en el camarote del capitán, en un rollo de soga reseca sobre el puente y crecía crecía, corría por las maderas, subía al palo del puente mayor, trepaba, danzaba, reptaba y era de pronto un verdadero incendio que consumía al barco e iluminaba las noches del puerto o hacía vibrar el aire anaranjado bajo el sol. Y cuando el incendio terminaba, el barco fantasma volvía a mecerse con las olas y a chocar silenciosamente contra el muelle, intacto, fantasmoso y fantásmico como el primer día de su tan extraña condición. Otras veces ejércitos de ratas fantasmas de más fantasmas lo abandonaban presurosamente haciendo equilibrio sobre los cabos que lo amraban a la costa, y se esfumaban al tocar las piedras del muelle. Y otras veces se oía una voz que gritaba órdenes en un idioma desconocido que sonaba a música, adornado con largas vocales abiertas.
Así pasaron años y siglos y el puerto fue despoblándose porque sobrevino la época de oro para los aviones, y poblándose y cambiándose porque los ricos llegaban y partían en sus viajes de placer.
Durante los últimos años del siglo XX, cuando pudorosas doncellas, descalzas, dulces, suaves como duraznos de mediodía y altivas como dogaresas5 se hacían a la mar en veleros con quillas de plástico y velas de todos los colores, alguien trató de descifrar el nombre del barco fantasma pintado y despintado en la proa y en la popa con historiadas letras negras. Hasta hubo una polémica en los medios de comunicación masiva y un arqueólogo barbado y estrábico se pronunció por "Hoartrost" y fue contradicho con cierta acritud por un funcionario del Ministerio de Asuntos Marinos e Ictiológicos que aseguró que se trataba de "Alcandory", mientras el Director de la Sociedad "Potamos und Talassá" refutaba diciendo que era "Donostiarre".
Una de las doncellas despiadadas como dogaresas y doradas como duraznos vernales6 se paró una tarde en el muelle y mirando el barco fantasma se preguntó por el verdadero nombre. Su acompañante le dijo algo y ella sonrió. Y en ese momento el barco, como otras veces, empezó a incendiarse. De la sentina7 se alzó una llama alta y esbelta, y otra después, no tan esbelta pero más alta, y otra y otras, y la doncella gritó. Su acompañante, que era un perfecto caballero, trató de calmarla con palabras suaves y optimistas. Pero una voz de hombre, quizá no un perfecto caballero, pedía auxilio desde el puente en un idioma extraño lleno de aes y de íes que cantaban en medio de las palabras. Así que ella corrió, descalza, y corrió y subió al barco fantasma corriendo para socorrer al que clamaba. Le brillaban los ojos mientras corría, y apenas sentía las piedras bajo las plantas de los pies. Como el acompañante de la doncella era un idiota, sólo atinó a llamar a la policía.
Al día siguiente el barco fantasma ya no se mecía con las olas ni chocaba sin ruido contra el muelle del puerto de Waalwijk. Nunca volvió. Ella, tampoco. Se convirtió en fantasma, como tantas otras doncellas y tantas mujeres en tantos siglos, no sólo en el XVI, no sólo en el XX. Averiguó el nombre verdadero y a veces brilla en los lugares más inesperados y hay quienes tienen el privilegio de verla.

Angélica Gorodischer
Vocabulario:
      Rada: bahía, ensenada seguía
      Malecón: murallón o terraplén para defensa de las aguas.
      Mamparo: división en los navíos para formar los camarotes.
      Arboladura: conjunto de palos del navío.
      Dogaresa: mujer del príncipe o magistrado supremo de las repúblicas de Venecia y Génova
       Vernales: que pertenecen a la primavera y al equinoccio así llamado.
       Sentina: parte más baja de un navío, donde se acumula la suciedad
        Waalwijk (pronunciación:  aprox. valveyk) es un municipio  y una ciudad en el sur de Holanda

 Datos sobre la autora :Angélica Gorodischer nació en Buenos Aires el 28 de julio de 1928. Autora de relatos fantásticos y de ciencia ficción. Gorodischer ha recibido innumerables premios, entre ellos el Premio Club del Orden en 1965 y el premio Emecé de novela en 1985.
Obras: Historias con soldados (1965), Opus dos (1967), Bajo las Jubeas en flor (1973), Mala noche y parir hembra (1983) y Flores de alabastro, alfombras de Bokhara (1985).


Actividades
1-       El cuento de Angélica Gorodischer retoma un tema clásico del relato fantástico, aunque planteado desde otra óptica. ¿Cuál es el tema? Antes de responder,  recordamos características del género: observen el siguiente video (duración: 1min .56”) y vayan tomando nota de las características  generales de este tipo de narraciones. Luego compartan con el resto de la clase los datos que hayan anotado y respondan la pregunta anterior.



2-        El cuento leído se estructura sobre dos épocas que marcan la presencia y la desaparición del barco fantasma. ¿Cuáles son esos siglos?
3-       Transcribir los datos que la autora aporta sobre cada uno de estos siglos y que permiten caracterizarlos.


4-       Marcar con una x la interpretación que te parece más adecuada:
La doncella quedó finalmente atrapada en el barco fantasma por querer salvar al que pedía auxilio.
La doncella prefirió quedarse en el mundo del barco fantasma.

5-       Leer el cuento Continuidad en los parquesde Julio Cortázar y compararlo con  Las luces del puerto de Waalwijk  vistas desde el otro lado del mar  de Angélica Gorodischer. Los cuentos leídos, si bien son fantásticos, abordan esta temática desde diferentes ángulos. Marcar con una x en el siguiente cuadro, las características propias de cada uno de los cuentos leídos.

Características


Continuidad ....
Las luces del puerto ...
Presencia de un objeto de características extrañas.



Citas geográficas extrañas o creadas por el autor.



Historias que se cruzan o se funden en un momento del relato.



Imposibilidad de explicar a través de la razón lo que sucede en el relato.





 Fuente consultada:María Rita Guido y Planas María Cristina (1995): Lengua y Literatura III; Bs.As., El Ateneo



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