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12 de junio de 2008

Aguafuertes porteñas de Roberto Arlt


Con este título están recogidas y publicadas algunas de las crónicas escritas por Roberto Arlt para el diario El Mundo entre el 1928 y el 1933. En ellas se mezcla el género periodístico y el folletín, recogiendo lo descriptivo de uno y la concreción del otro. En los Aguafuertes, encontramos al mismo autor inconformista que se reflejaba en sus novelas, aunque con un ánimo más optimista, educativo, moralista.
No por ello se distingue en estos textos una mayor confianza en la sociedad ni especial aprecio por la bondad humana. El uso de temas populares, el alejamiento del trascendentalismo y la metafísica imperante en sus novelas junto al distinto uso que hace del humor y la ironía, son los fundamentos donde se ampara el éxito de los artículos de Arlt.
Utiliza la primera persona, atribuyéndose el papel de testigo ocular o protagonista y aportando la requerida verosimilitud. Los temas y sus desarrollos son completamente realistas —incluso costumbristas—, perfectamente creíbles y observables en aquel Buenos Aires de los años treinta, resultando especialmente humorísticos los retratos de personajes tipo, satirizados
Ateniéndose a la clase social del receptor, utiliza un lenguaje llano, con términos sencillos, reiteradamente adjetivados y añadiendo el uso de refranes y dichos populares. Para mayor concreción, delimita con exactitud el tiempo —presente, por supuesto— y el espacio, próximo y común.
Se dice que se vendía el diario El Mundo casi exclusivamente por estos artículos y que gracias a ellos, Roberto Arlt contestaba con orgullo de ganador las muchas críticas que su estilo recibía. El paso del tiempo sobre ellos los ha convertido en mosaicos de una época y las dudas sobre su estilo han quedado disipadas ante la magnitud y originalidad de su intensa obra.
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El periodismo fue, sin duda, una forma básica de expresión y vida para Arlt durante toda su existencia. Desde sus primeras y oscuras aventuras periodísticas de barrio, hasta sus experiencias maduras de cronista policial en Crítica y de aguafuertista porteño en El Mundo, el escritor encontró en esta actividad, no solo un modesto medio de subsistencia, sino también una de las vetas principales de su vocación.
Párrafo aparte merecen las Aguafuertes que, a lo largo de varios años, marcaron día a día uno de los grandes éxitos de nuestro periodismo, y al mismo tiempo dieron nueva vida a esa picaresca de la gran ciudad que desde los días de Fray Mocho había quedado casi abandonada. En las Aguafuertes se destaca, ante todo, el estudio irónico y socarrón de prototipos ciudadanos, muchas veces realizado con hondura psicológica: aparecen, así, el solterón, el "parásito jovial", el mentiroso, el "hombre corcho", el que siempre da la razón, el que "se tira a muerto", el "turbo", y tantos otros personajes pintorescos surgidos de las entrañas de esa nueva ciudad aluvional profundamente sacudida por la ola inmigratoria y los cambios sociales.
También se muestra hábil Arlt en la descripción sintética y contrastada de escenas típicas del suburbio porteño, y, cuando la faena diaria lo obliga a buscar temas ajenos a esta mitología ciudadana, compone agudas y polémicas páginas en que justifica su ideario de escritor, defiende su utilización del dialecto, se burla de los académicos, endereza su artillería contra la política y los políticos y, en fin, encuentra tiempo para decir: "Si usted quiere formarse «un concepto claro» de la existencia, viva. Piense. Obre. Sea sincero. No se engañe a sí mismo. Analice. Estúdiese. El día que se conozca a usted mismo perfectamente, acuérdese de lo que le digo: en ningún libro va a encontrar nada que lo sorprenda."

Antes de introducirnos en la lectura de las Aguafuertes Porteñas, precisaremos el significado de algunos términos:
Aguafuerte: Se denomina de esta manera a la lámina o estampa realizada en cobre, obtenida por el grabado al agua fuerte, es decir una solución de ácido nítrico y agua (esto es el propio aguafuerte). Esta solución corroe el cobre en las zonas en que éste no está protegido por el barniz, y deja unos surcos. El tiempo de inmersión de la lámina en el ácido determina la profundidad de la línea en el grabado, otorgándole a mayor tiempo mayor valor.
Folletín: Recibe este nombre la novela por entregas. Constituye un subgénero caracterizado por la simplicidad psicológica y el argumento sensacionalista, dramático, sentimental. Recurre a la temática amorosa, pero también al misterio y a lo escabroso. El folletín se publicaba en la franja baja de los periódicos y, cuando se trataba de revistas más extensas, en cuadernillos o secciones de estas.
Crónica deriva del griego "cronos" que significa "tiempo". De allí que la "crónica" es un relato detallado de los acontecimientos sucedidos.
La sátira es un subgénero literario que expresa indignación hacia alguien o algo, con propósito moralizador, lúdico o meramente burlesco.En la sátira los vicios individuales o colectivos, las locuras, los abusos o las deficiencias se ponen de manifiesto por medio de la ridiculización, la farsa, la ironía y otros métodos, ideados todos ellos para lograr una mejora de la sociedad.[ ]Aunque en principio la sátira está pensada para la diversión, su propósito principal no es el humor en sí mismo, sino un ataque a una realidad que desaprueba el autor, usando para este cometido el arma de la inteligencia. Es muy común, casi definiendo su esencia, que la sátira esté fuertemente impregnada de sarcasmo; además de la parodia, la burla, la exageración, las comparaciones, las yuxtaposiciones, y los dobleces son usados de manera frecuente en el discurso y la escritura satírica.
Ironía: es la figura del discurso mediante el cual se da a entender lo contrario de lo que se dice. Se origina cuando, por el contexto, la entonación o el lenguaje corporal se da a entender lo contrario de lo que se está diciendo. Cuando la ironía tiene una intención muy agresiva, se denomina sarcasmo.
Parodia: Una parodia es la imitación de alguien o algún personaje cambiando lo que ha dicho o hecho. En literatura, es una obra satírica que imita a otra obra de con el fin de ridiculizarla. La parodia existe en todos los medios, incluyendo literatura, música y cine. Los movimientos culturales pueden ser asimismo parodiados.
El Costumbrismo: el Costumbrismo literario consiste en reflejar los usos y costumbres sociales sin analizarlos ni interpretarlos, ya que de ese modo se entraría en el realismo literario con el que se haya directamente relacionado.

Aguafuertes porteñas – Roberto Arlt ( Selección)
SOLILOQUIO DEL SOLTERÓN
Me miro el dedo gordo del pie, y gozo. Gozo porque nadie me molesta. Igual que una tortuga, a la mañana, saco la cabeza debajo la caparazón de mis colchas y me digo, sabrosamente, moviendo el dedo gordo del pie:
–Nadie me molesta. Vivo solo, tranquilo y gordo como un archipreste glotón.
Mi camita es honesta, de una plaza y gracias. Podría usarla sin reparo ninguno el Papa o el arzobispo. A las ocho de la mañana entra a mi cuarto la patrona de la pensión, una señora gorda, sosegada y maternal. Me da dos palmaditas en la espalda y me pone junto al velador la taza de café con leche y pan con manteca. Mi patrona me respeta y considera. Mi patrona tiene un loro que dice: "¡Ajuá! ¿Te fuiste? Que te vaya bien", y el loro y la patrona me consuelan de que la vida sea ingrata para otros, que tienen mujer y, además de mujer, una caterva de hijos.
Soy dulcemente egoísta y no me parece mal. Trabajo lo indispensable para vivir, sin tener que gorrear a nadie, y soy pacífico, tímido y solitario. No creo en los hombres, y menos en las mujeres, mas esta convicción no me impide buscar a veces el trato de ellas, porque la experiencia se afina en su roce, y además no hay mujer, por mala que sea, que no nos haga indirectamente algún bien.
Me gustan las muchachitas que se ganan la vida. Son las únicas mujeres que provocan en mí un respeto extraordinario, a pesar de que no siempre son un encanto. Pero me gustan porque afirman un sentimiento de independencia, que es el sentido interior que rige mi vida.
Más me gustan todavía las mujeres que no se pintan. Las que se lavan la cara, y con el cabello húmedo, salen a la calle, causando una sensación de limpieza interior y exterior que haría que uno, sin escrúpulos de ninguna clase, les besara encantado los pies.
No me gustan los chicos, sino excepcionalmente. En todo chiquillo, casi siempre se descubren fisonómicamente los rastros de las pillerías de los padres, de manera que sólo me agradan a la distancia y cuando pienso artificialmente con el pensamiento de los demás que coinciden en decir: "¡Qué chicos, son un encanto!", aunque es mentira.
Me baño todos los días en invierno y verano. Tener el cuerpo limpio me parece que es el comienzo de la higiene mental. Personas que me conocen poco dicen que soy un cínico; en verdad, soy un hombre tímido y tranquilo, que en vez de atenerse a las apariencias busca la verdad, porque la verdad puede ser la única guía del vivir honrado.
Mucha gente ha tratado de convencerme de que formara un hogar; al final descubrí que ellos serían muy felices si pudieran no tener hogar. Como todos los seres humanos he localizado muchas mezquindades en mí y más me agradaría no tener ninguna, mas al final me he convencido que un hombre sin defectos sería inaguantable, porque jamás le daría motivo a sus prójimos para hablar mal de él, y lo único que nunca se le perdona a un hombre, es su perfección.
No tengo parientes, y como respeto la belleza y detesto la descomposición, me he inscripto en la sociedad de cremaciones para que el día que yo muera el fuego me consuma y quede de mí, como único rastro de mi limpio paso sobre la tierra, unas puras cenizas.
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