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23 de junio de 2008

Teatro: de Sófocles a Shakespeare.El teatro isabelino



RESUMEN: TEATRO-DE SÓFOCLES A SHAKESPEARE

Desde la época clásica griega (siglo V a.C.) hasta el surgimiento del tea­tro isabelino (siglo XVI d.C.) en Inglaterra, el teatro occidental vivió una se­rie de transformaciones que se manifestaron de distinta manera a lo largo de los siglos.
1. Teatro latino: el imperio romano heredó de los griegos los dos géne­ros dramáticos más importantes: la tragedia y la comedia. Pero, a diferencia de los sucedido en la Grecia clásica, el teatro latino alcanza su mayor desa­rrollo en la comedia a través de autores como Plauto (251­184 a.C.) y Terencio (190-159 a.C.).

2. Teatro medieval: durante la Edad Media (siglos V a XV), se desarrollaron inicialmente dos géneros, uno cómico y otro de carácter netamente religioso. Con el correr de los si­glos, se produjo un proceso de secularización, es decir, se in­cluyeron ciertos temas que produjeron un distanciamiento entre el teatro y su adscripción a la Iglesia Católica.

3. Teatro renacentista: durante el período conocido co­mo Renacimiento (siglos XIV al XVI), se desarrollaron dos for­mas de teatro: una culta y otra popular. Dentro de la vertien­te popular, se destacó La comedia dell Arte en Italia, centrada en la improvisación de los actores, que representaban perso­najes típicos de la sociedad de la época.

Los siglos XVI Y XVII son considerados como aquellos en los que surge el teatro moderno, ya que las nuevas obras plantean una diferencia con res­pecto al tipo de teatro regido por las pautas de la antigüedad griega. La mo­dernidad, entonces, intenta darle una nueva interpretación a la doctrina dramática desarrollada por el filósofo griego Aristóteles en la Poética. En es­ta obra de análisis, se explican tres conceptos fundamentales:
1. el de mímesis o imitación de aquellos aspectos de la realidad que re­sultan verosímiles. De esta forma, por sentir que se presentan aspectos creíbles del mundo que lo rodea, e! espectador puede comprender e identifi­carse con lo que ocurre en escena y, entonces, puede purificar sus pasiones.
2. el de unidad de acción hace referencia al desarrollo de una sola histo­ria a lo largo de la obra, sin elementos que puedan resultar distractores ni acciones paralelas; y

3. el de separación estricta de géneros y estilos; para ello Aristóteles compara la tragedia con la comedia y e! drama satírico y determina cuál es el estilo y los temas que le corresponden a cada una.

Dentro del teatro moderno, que busca romper con estas pautas, se desta­can el drama español y el inglés que tuvieron una amplia repercusión popu­lar. Sus autores más representativos son los españoles Félix Lope de Vega (1562-1635), Tirso de Molina (1579-1648) , Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), y el inglés William Shakespeare (1564-1615). Paralelamente, en Francia, se desarrollaba un tipo de teatro más apegado a la tradición griega y con un carácter cortesano. Sus autores más representativos son Pierre Cor­neille (1606-1684), Moliere (1622-1673) y Jean Racine (1639-1699).

El dramaturgo inglés William Shakespeare escribió durante un período de gran florecimiento de las artes, y en particular del teatro, en Inglaterra. Esta época es conocida como "período isabelino", porque se consolidó bajo e! reinado de Isabel I (1558-1603).

Por entonces, los autores teatrales escribían sus obras para su propia com­pañía de actores, formada exclusivamente por hombres. Estas compañías lo­graban algunas veces el aporte económico, la protección y el reconocimiento de los nobles, quienes destinaban parte de sus riquezas a promover el arte y la literatura. A esta relación se la conocía como "patronazgo".

Las obras del teatro isabelino, y en especial las de William Shakespeare, tienen ciertas características comunes.

1. Presentan formas originales de organizar las tramas, por lo general saturadas de enredos, equívocos y muertes violentas. Utilizan estrategias narrativas novedosas para la época, como el desarrollo de acciones simultá­neas planteadas en forma sucesiva. Por ejemplo, en Macbeth, se observa pri­mero a los conspiradores que están organizando una rebelión, y luego se ve al rey que, al mismo tiempo, está preparando la defensa.

2. Se pone en escena un amplio despliegue de recursos dramáticos y actorales , hay, además, una preocupación por el cuidado formal de los parlamentos de los personajes.

3. La ausencia de escenografía obligaba a los autores de la época a inventarla a través de los parlamentos de los personajes. Esto consti­tuyó para muchos autores una gran posibilidad creativa ya que al no estar condicionados por una escenografía probablemente costosa podían ubicar la escena en cualquier parte, en las obras de Shakespeare, por ejemplo, ocu­rren naufragios y batallas.

4. Los personajes, sin abandonar los ejes de acción de la historia, re­flexionan sobre temas que preocupaban a los hombres de la época: la legitimidad del poder del rey, la existencia o no de un destino, etc. Los es­pectadores, independientemente de que la historia se desarrollara en el siglo I , como Julio César de Shakespeare, comprendían que se estaba haciendo re­ferencia a sus propios problemas e inquietudes.
5. Los textos no están atados a las unidades de tiempo, lugar y acción, que habían regido una parte importante de la ficción teatral has­ta entonces.

6. No se observa de manera rígida la separación entre lo trágico y lo cómico de acuerdo con el planteo propuesto por Aristóteles.

7. Los personajes se construyen con caracteres sumamente com­plejos y pasionales, que se debaten permanentemente entre el deseo y la realidad o entre la cordura y la locura. Para transmitir esta ambivalencia, el recurso empleado es el del monólogo, parlamento solitario en el que los personajes realizan una introspección y reflexionan sobre sus dudas y sus miedos.
En resumen, los rasgos más significativos del teatro isabelino son la li­bertad formal en lo creativo y el amplísimo conocimiento del teatro como forma de expresión y como espectáculo.

El siglo de Shakespeare

Macbeth no es solamente la tragedia de un feroz asesino cegado por la ambición. Es también la tragedia de una mujer que enloquece y muere por la imposibilidad de olvidar aquellos crímenes de los que es responsable, y es, por último, la tragedia de un reino sometido al po­der arbitrario de un déspota.
La obra se basa en las crónicas históricas de Escocia que tratan sobre un monarca opresor y criminal que vivió en el siglo Xl. Sin embargo, no debe entenderse esta obra como una crónica fiel a la verdad histórica sino como una pieza teatral que, tomando un hecho relativamente docu­mentado, cuenta una historia que pueda atraer e interesar a sus contemporáneos.
Según el escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) "La tragedia ocurre a la vez en dos lugares del espacio y en dos períodos de tiempo, en la lejana Escocia del siglo once y en un tablado de los arrabales de Londres, a principios del siglo diecisiete". Lo que Borges quiere decir es que Macbeth, además de una versión literaria de un hecho histórico, es el reflejo de la época en que fue escrita. El si­glo XVII inglés está tan presente en la obra como ese re­moto rey que gobernara Escocia hacia el año 1050. En este sentido, pueden encontrarse diversos rasgos propios de la época de Shakespeare.
• La lucha por el poder real en el marco de guerras san­grientas había formado parte del pasado más reciente de In­glaterra hasta la llegada al trono de Isabel 1 en el año 1558. Con ella, se inició un período de paz. En consecuencia, durante la represen­tación de Macbeth, el espectador podía reconocer acontecimientos de su his­toria reciente en ese conjunto de nobles que luchan por reinstaurar un esta­do monárquico legítimo, que responda a los ideales de paz y justicia .
• La obra fue estrenada ante la corte del rey Jacobo 1, sucesor de Isabel 1.

El hecho de que la obra se haya escrito para ser presentada ante reyes se evidencia en el espíritu general del texto y especialmente en el elogio final del acto V, en el que uno de los personajes pondera los beneficios de un go­bierno fuerte ejercido por un rey justo.

El gobernante Ideal

La figura del gobernante que aparece en Macbeth también remite a la época de Shakespeare, ya que la función del rey en la Inglaterra del siglo XVII era establecer y mantener la justicia. W. Auden explica en El mundo de Shakespeare que el gobernante ideal debía satisfacer cinco condiciones para lograr esos objetivos:
1. debe saber qué es justo y qué es injusto;
2. debe ser justo.
3. debe ser suficientemente fuerte para obligar a aquellos que pre­ferirían ser injustos a comportarse con justicia;
4. Debe tener la capacidad, tanto por naturaleza como por artificio, de conseguir que los otros le sean leales;
5. Debe ser el gobernante legítimo según el parámetro -sea cual fue­re- que determine la legitimidad dentro de la sociedad a la cual pertenece".

Macbeth no sigue estos preceptos: accede al trono de manera ilegítima y gobierna con crueldad, por lo tanto no es apto para ser monarca.
Un gobierno manejado por el terror: una reina que enlo­quece y se suicida; un rey al que sólo le importa obtener ma­yor poder; un reino, el de Escocia, fuera del control racional de los nobles. ¿Cómo actúa la naturaleza en un mundo en el que los hombres han quebrado el equilibrio y han violado las leyes del orden? Para el pensamiento del siglo XVII, los se­res humanos forman parte de la naturaleza y sus actos repercuten sobre ella. Por eso, en Macbeth, la naturaleza parece acompañar el desarrollo de los acontecimientos: e! viento arremete contra los castillos durante las noches, se produce, entonces, una identificación entre el accionar del hombre y el de la naturaleza: "Macbeth.-{. . .] Comienza a fati­garme la luz del sol, y quisiera ya que la existencia del mundo se destruyera. iQue suenen las trompetas! ¡Sopla, viento! ¡Ruge, destruye! Por lo menos moriremos con las armaduras puestas".

El que destruye no es el viento, como Macbeth grita, si­no el hombre que con sus conductas rompe el equilibrio reinante en el universo.
Por otra parte, la noche (la oscuridad) aparece como tes­tigo del imperio del horror: Macbeth asesina al rey Duncan durante la noche y también durante la noche se produce la batalla en la que se le dará muerte al rey ilegítimo. El día (la luz), es lo que trae la esperanza y lo que permite la reinstauración del orden perdido: "Siward.-{... ] El día casi predice vuestra victoria, queda poco por hacer".
En el mismo sentido, el hombre, por formar parte de la naturaleza, reproduce sus ciclos vitales:
"Macbeth.-{... ] He vivido bastante. Mi vida se marchita como una hoja seca en el otoño, y ni siquiera puedo esperar el honor, el amor, la obediencia o los grandes amigos que acompañan la vejez {. . .]".

Macbeth plantea la existencia de dos universos entremezclados y confundidos: uno racional y otro irracional o sobrenatural, regido por fuerzas oscuras y malvadas. Lo irracional es el motor que mueve lo racional “Las brujas son la clave de todo. No están vaticinando el futuro, hacen que futuro se realice", dice el cineasta estadounidense Orson Welles (1915-1985).
No se hubiese roto el equilibrio si Macbeth hubiese desoída las palabras de las brujas, pero, por otra parte, encontrar un orden en el caos ante es posible gracias a las fuerzas de los soldados y los nobles que per­tenecen al mundo de lo racional. Este enfrentamiento entre lo natural y lo sobrenatural se relaciona con la concepción que el hombre isabelino tenía sobre el universo: se trata de un milagro de ordenada armonía del que las brujas, las hadas y los duendes también forman parte. Sin embargo, la bru­jería y el contacto con las fuerzas oscuras eran castigados duramente.

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