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5 de julio de 2008

Análisis y resumen de La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca


Análisis y resumen de La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca


Pedro Calderón de la Barca pertenece a una generación anterior que Lope de Vega , Góngora y Quevedo, de modo que en su obra fusiona características que podían ser antagónica­s entre los poetas mencionados.

 En su teatro, Calderón adopta todas las innovaciones de Lope, pero agrega una perfección estructural y una esti­lización dramática que este no tenía. Además del fino trabajo con la lengua, herencia de Góngora, el discurso dramático de Calderón se caracteriza por un lenguaje que adopta las formas del razonamiento filosófico, lo que no quita lirismo a los parlamentos. Como buen representante de la última parte del Barroco, en la cual el sentimiento dramático de la vida y la visión compleja del mundo se profundizaron, imprimió en sus obras un tono trágico, más allá de la fama de sus comedias de enredo.

Publicada por primera vez en 1636, La vida es sueño reelabora una serie de relatos de la tradición oriental y occidental que tratan los temas del poder de los ho­róscopos y la relación entre vida y sueño.

Resumen de las tres jornadas:

Primera jornada: Rosaura y su criado Clarín, extraviados, llegan hasta un lugar siniestro, donde escuchan las desventuras de Segismundo, un ser mitad hombre mitad fiera. El encargado de cuidar a Seguismundo es Clotaldo, quien, cuando advierte que personas extrañas han conocido el secreto de Seguismundo, ordena su detención. Rosaura, disfrazada de varón, es reconocida por Clotaldo como una hija suya, abandonada años atrás.
Seguismundo es heredero del rey de Polonia. Su padre, Basilio, lo ha encerrado en una torre para resguardar a su reino de los malos vaticinios que anunciaran los hados cuando nació: indicaban que Seguismundo sería un príncipe vicioso y tirano, que humillaría a su propio padre.
El rey Basilio, arrepentido, quiere probar a Seguismundo en la vida de la corte. Para ello, ordena traerlo dormido al palacio real.

Segunda jornada: El príncipe despierta en el palacio y se asombra de las maravillas que lo rodean. Clotaldo le explica su verdadera situación y Seguismundo, ya afincado, comete todo tipo de atrocidades. Entonces el rey, ante lo que interpreta como ratificación de los malos augurios, ordena el regreso de su hijo a la torre. Ya en ella, Seguismundo cree haber vivido tan solo un sueño.

Tercera jornada: Al conocer la existencia de un príncipe heredero, los soldados se sublevan en su favor, pues no quieren aceptar a Astolfo como sucesor de Basilio. Liberan entonces a Seguismundo y éste logra humillar a su padre, con lo cual parece confirmarse el vaticinio de los hados. Sin embargo, el príncipe perdona a su padre, mostrándose un gobernante moderado y de gran equilibrio.
No obstante el sentimiento amoroso que había comenzado a sentir Seguismundo por Rosaura, al enterarse de la relación que la une con Astolfo, ordena la boda de ambos. Él, por su parte, se casa con Estrella, con la que comparte el trono.

Elementos para su análisis

El rey Basilio ha mantenido a su único hijo, Segismundo, encerrado en una torre desde su nacimiento, porque el vaticinio de los astros anunciaba que sería un tirano y que destronaría a su propio padre. El joven príncipe no conoce su identidad ni comprende su falta de libertad. Su padre lo pondrá a prueba y, a lo largo de la obra, Segismundo deberá transformarse heroica­mente para vencer a los hados y para mostrarle a su padre el error cometió.
Entrelazada con esta trama principal, aparece la historia de Rosaura, que constituye la trama secundaria. Rosaura, con su criado Clarín (quien cumple la función de "gracioso") llega a Polonia en busca de Astolfo, que la ha se­ducido y abandonado, para que la reconozca como su legítima esposa y así recuperar su honra perdida. La relación entre las dos tramas es compleja, pero ambas comparten el tema del dominio de las pasiones y descu­brimiento de la propia identidad.

El libre albedrío, otro de los temas de La vida es Sueño, es la capacidad del hombre de decidir los caminos de su vida. Su poder fue una preocu­pación candente en la Europa del momento desde la época de la Reforma luterana a principios del siglo XVI. Hubo muchas discusiones sobre si el hombre podía ayudar a su salvación (ir al Cielo) con las obras buenas que realizó en este mundo o si su condena o salvación ya estaban predestinados por Dios. Quienes confiaban en el poder del libre albedrío sostenían que el hombre podía torcer cualquier mala inclinación y sobreponerse a las adver­sidades por medio de sus buenas elecciones.
El tema de la vida como un sueño, por su parte, tiene en esta obra un sentido profundamente religioso con la mirada puesta en la trascendencia. La idea que se maneja aquí supone que la vida puede considerarse un sueño, porque es sólo el camino hacia otra vida "más verdadera", y que to­das las glorias, posesiones y poderes mundanos son un espejismo compara­dos con la "gloria eterna".

Segismundo, un héroe barroco

El lector o el espectador conoce a Segismundo mediante su monólogo del primer acto. Lamentando su falta de libertad, el personaje compara su suerte con la de todos los otros seres creados. De modo que, desde un principio, se presenta al protagonista como un personaje reflexivo e introspectivo, y este será el rasgo principal de su figura de héroe.
Su padre, el rey Basilio, se caracteriza por una excesiva confianza en el poder de su ciencia. Luego de considerar que ha desentrañado los miste­rios del porvenir, orgullosamente cree haber encontrado la solución para torcer los malos augurios: hacer vivir a su hijo como una fiera.
El experimento que realiza con Segismundo, al llevarlo dormido-a la cor­te, es poco válido: ¿tiene el príncipe posibilidades de salir airoso? El cambio de mundos -de la prisión a la corte- es muy brusco, y Segismundo carece de armas para enfrentarse a él. Las críticas que le hace a su padre sobre la manera en que lo ha criado son, en este sentido, totalmente legítimas.
Pero el problema de Segismundo es que, después de añorar tanto la libertad, ahora que la tiene no sabe cómo usada. Cree que ser libre equivale a hacer todo lo que se le da la gana, por eso se enfurece con quie­nes lo corrigen o contradicen. Mientras que lo cierto es que, en las relacio­nes humanas, hay ciertas reglas que deben respetarse y ciertos impul­sos que necesitan ser dominados, porque de otra forma no se es hom­bre, sino fiera.
Con esta dualidad tan barroca, termina la conversación con su padre: "sé que soy / un compuesto de hombre y fiera" (vv. 1546-1547).
Para el Barroco, to­do hombre se constituye por esta dualidad: inteligencia e instintos. Según qué aspecto de su ser privilegie, será más hombre o más fiera. En la historia de Segismundo, estas ideas se extreman y, por eso, este personaje puede ser considerado como símbolo del hombre. En su primer contacto con la liber­tad, Segismundo se comporta más bien como una fiera y, así, falla en su primera prueba. Para salir airoso, deberá todavía crecer como héroe.

El regreso y la reflexión

Cuando Segismundo retorna a su torre ya no es el mismo: la experien­cia lo ha perturbado. Le relata orgulloso a Clotaldo sus actitudes violentas y su venganza en lo que no sabe si fue sueño o realidad 'Clotaldo, como buen maestro, le da la clave para reflexionar y comenzar su camino hacia el triunfo: debería haber dominado sus impulsos, porque aun en sueños / no se pierde el hacer bien (vv. 2146-2147).

Obrar bien siempre es válido para el hombre, aunque no pueda deter­minar si es verdad o ilusión lo que vive. Esta reflexión produce en Segis­mundo el reconocimiento barroco de que la vida misma es un sueño, no porque sea todo un engaño, ni haya nada fijo (como puede pensar el hom­bre postmoderno), sino porque, en esta vida, todos los hombres cumplen un papel, y serán juzgados por lo bien o mal que lo interpreten, no impor­ta si es el papel de un pobre o de un rey. Lo esencial son las buenas accio­nes: los atributos y las funciones que le tocan vivir al hombre son acceso­rios y no le pertenecen. Esto es lo que se plantea en el famoso monólogo que cierra la Jornada segunda.


Las nuevas pruebas


Con el nuevo propósito de obrar bien luego de su fracaso inicial, Segismundo emprende una nueva eta­pa en su camino heroico. En el tercer acto, el perso­naje lucha contra sus instintos, que lo hacen enfure­cerse y vanagloriarse. Hay varios episodios en los que se muestra cuánto le cuesta a Segismundo dominar sus pasiones y ejercer su libertad con responsabilidad, aunque más no sea por una idea interesada de "ganar amigos / para cuando despertemos" (vv. 2426-7), si lo que vive es un sueño.

El momento culminante llega con el encuentro con Rosaura. En ese momento, Segismundo se desengaña de la treta urdida por su padre y des­cubre que lo vivido en la corte no fue ningún sueño (como le habían hecho creer), como tampoco lo es todo lo que le sucede en ese mismo momento. Pero, además, se enfrenta con la tentación más grande para su autodo­minio: conmovido por la belleza de Rosaura, quisiera aprovechar el mo­mento de dicha que se le presenta y gozar de ella. Sin embargo, como su triunfo mayor sobre las pasiones, recuerda su ideal de obrar bien y recono­ce: "¿quién por vanagloria humana / pierde una divina gloria?" (vv. 2970-1), resumiendo en este paralelismo su conflicto interior.

Con su nuevo lema: acudamos a lo eterno (v. 2982), ha triunfado sobre sí mismo, ha dejado de lado a la fiera para ejercer su papel de hom­bre. Falta ahora el último paso en la aventura del héroe: su regreso con un mensaje universal.

Hasta el final, el problema de Basilio es que no confía realmente en el libre albedrío humano. Pero Segismundo le trae un mensaje acerca del poder de la libre elección y la necesidad de educar al hombre para que sepa emplearla correctamente. Seguismundo argumenta en contra del ac­cionar de su padre y le demuestra su error. Su padre no pudo vencer el des­tino, pero él sí lo hará mediante el poder de su albedrío. Todos los hechos pronosticados se cumplen: sedición en el reino, revueltas, Basilio a los pies de Segismundo; pero la libertad humana produce la gran diferencia, porque Basilio no fue aplastado por su hijo, sino que se rindió a él. He aquí el triunfo del héroe y la desmentida del vaticinio.

La conclusión sobre el tema del destino es que los designios divinos son inescrutables, y que no se deben juzgar a la ligera. El hombre no debe ser tan soberbio de creer que tiene poderes para conocer el futuro, así como tampoco debe convertirse en tirano para otros hombres (como hizo Basilio al quitarle la libertad a su hijo). Pero sí debe saber que siempre po­drá elegir y encaminar su vida hacia el bien o hacia el mal. .
En definitiva, La vida es sueño trata el tema del hombre: cuáles son sus poderes y cuáles, sus limitaciones. La figura de héroe que surge de ella es la de un ser que se encuentra en una aventura existencial, que lucha con­sigo mismo y alcanza la perfección como hombre.

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