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25 de octubre de 2009

Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes-Análisis y resumen


Análisis y resumen de Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes (en la imagen)

“…Simplemente un relato”: Así define Güiraldes Don Segundo Sombra, evitando su clasificación como novela. La obra se estructura en torno a las vicisitudes de un reserito que cuenta su historia en forma retrospectiva. Es un guachito, fruto de amores clandestinos entre Fabio Cáceres, patrón de estan­cia, y una puestera. El muchachito ignora este asunto, que nunca le han revelado unas tías que lo tienen a su cuidado. De vez en cuando recibe la visita de un hombre a quien él cree su padrino. Oprimido por la austeridad del hogar de las tías, empieza a callejear y a pensar en evadirse de esa tutela y de ese ambiente.
La casualidad lo pone en con­tacto con don Segundo, renombrado resero de la zona. Poco después se fuga de su casa y comienza, junto a él, la vida andariega que pondrá a prueba su coraje y su estoicismo de gaucho tradicional .
En torno a él desfilan los personajes típicos: las tías, Cáceres, reseros, domadores, peones, pulperos, chinas, etcétera, que completan el elenco a la manera de un coro teatral.
Fascinado por la fortaleza y la destreza de don Segundo, el chico lo sigue como dis­cípulo. Nada sucede, excepto los incidentes propios de esa vida de aspereza y de tra­bajo. Al final, muere su padre, don Fabio Cáceres, que lo deja heredero de su nombre y su fortuna. El guachito de quien no se sabía el nombre se convierte, de la noche a la mañana, en patrón de estancia. Ropas ciudadanas cubrirán su rudeza campesina y con ellas vendrá la asimilación de nuevos hábitos y la adquisición de otro lenguaje, junto con la introducción en el mundo de la cultura, de la mano de Raucho Galván, el hijo de su tutor.
Don Segundo lo acompaña algún tiempo, hasta que, al fin de tres años, se produce la separación del binomio; su instinto vagabundo lo hace partir de nuevo para satisfacer su "sed de camino". Cuando se despiden lo hacen a lo gaucho: sin llantos ni palabras, ni siquiera un abrazo: únicamente el sólido y viril apretón de manos con que se sella una amistad hasta la muerte. A la manera del payador legendario, como una "sombra", don Segundo se aleja por el camino -"más una idea que un hombre"-, mientras el reserito se vuelve para las casas, "como quien se desangra".

La acción transcurre en la provincia de Buenos Aires, hacia la costa, antes de 1900. La línea argumental es muy débil: más que de un argumento, se trata de una serie de estampas, de escenas pintorescas o extrañas, cómicas o trágicas, expresadas con el chisporroteo verbal de los dichos agudos y los giros peculiares del habla gauchesca, en confraternidad natural con la prosa artística del autor.
Se advierten dos planos y una tercera dimensión:
· Uno dado por las vicisitudes del protagonista: narración autobiográfica, descripción de experiencias, material visible.
· Otro, menos visible -tan importante como el primero-, representado por la pintura del ambiente rural y de quienes lo habitan, no como simple telón de fondo, si como algo vital que está dando su razón de ser a los personajes.
· Simultáneamente con estos planos objetivos, una zona de introspección personal: los efectos, en la sensibilidad del protagonista, de ese ambiente que lo rodea, de ­naturaleza, de esa vida en contacto con la tierra, traducidos en reflexiones, a veces lamentaciones.

El plan de la obra no sigue estrictamente las condiciones exigibles a su género narrativa, en cuanto a presentación, nudo y' desenlace. Entre éste y la presentación existe una relación lógica, pero el nudo o parte media no conduce al desenlace. Podría decirse que la revelación de la identidad del guachito y su repentina fortuna provocan separación con que se da fin a la obra. Si así fuera, están demasiado cerca y el fin ­resulta precipitado·.
Se pueden señalar tres momentos o partes fácilmente divisibles, concebidas de modo matemático, haciendo, con los veintisiete capítulos de que consta el libro, tres grupos de nueve:
1) el que contiene la presentación del muchachito y de don Segundo;
2)el que, a través de un recurso de introspección en forma de "racconto", va mostrando la evolución de ese muchachito;
3) el que parte del momento en el cual Fabio Cáceres recibe esa fortuna caída ­cielo, que en un principio no lo hace feliz, y que apresura el desenlace.
Se produce en este plano la alianza de elementos modernistas y ultraístas con muestras de criollismo. La explicación está en la formación a medias europea a medias de campo bonaerense que tuvo Güiraldes.
Cuando transcribe el diálogo entre paisanos no solamente reproduce las peculiaridades de pronunciación; también las de construcción, como los giros perifrásticos "La tierra se había puesto a despedir perfumes intensamente".
Es frecuente el uso del sustantivo colectivo: vacaje, gentío, paisanaje. Además de las palabras, reproduce los tonos, sobre todo el irónico:
-¿Qué estáh'ablando solo? -me gritó Horacio, que pasaba cerca.
-¿Sabéh'ermano?
-¿Qué?
-¡Que me voy con el arreo!
-¡Qué alegría pa la hacienda! -exclamó Horacio, sin la admiración que yo esperaba.


Abundan los giros adverbiales: "Al tranco, fuimos para el reñidero".
El predominio del presente en la inflexión verbal hace más vívido el relato, expresado en estilo directo
La forma autobiográfica, el estilo propio de las memorias, todo tiende a señalar que el protagonista es Fabio Cáceres. Pero el propio autor confiesa que el padrino, "desde su relativa colocación de segundo plano en el relato, nos domina y nos refresca ... ". Además, el libro se titula Don Segundo Sombra. Si fuera posible, habría que hablar no de un protagonista, sino de una pareja protagónica. Literariamente, debe optarse por el guachito, sin olvidar la gran importancia que asume su maestro y amigo. El reserito cuenta su propia historia de personaje viviente. Desde chico, se revela atrevido y audaz. A medida que pasa el tiempo, se acredita de corajudo y estoico, dicharachero, improvisador, jugador. Cuando lo alcanza la fortuna, le cuesta aceptar su nueva con­dición de patrón.
Al narrar retrospectivamente sus recuerdos, lo hace con una curiosa alianza de imá­genes preciosistas con terminología gauchesca. Es que, para entonces, ya se ha cul­tivado con las lecturas proporcionadas por Raucho Galván; ya se ha convertido en "gaucho acajetillado".
A don Segundo empieza Güiraldes por describirlo físicamente de la cabeza a los pies. Luego traza su semblanza valiéndose de su actuación en un lance de pulpería y, en el transcurso de la obra, por la opinión que de él va formándose su protegido.
En circunstancias difíciles se muestra reservado, prudente, con gran dominio sobre sí mismo y sobre los demás. Su carácter estoico; resignado, lo hace indiferente ante el dolor y la muerte. Su sabiduría es la que dan los años. La experiencia lo hace desconfiar de la bebida y las mujeres. Emana de su persona una autoridad natural y demuestra grandes dotes en la educación del guachito. Parco e intencionado en el ha­blar, se conduce de acuerdo con una filosofía intuitiva, unida a la ciencia adquirida en su continuo andar. Entre él y su pupilo se traba una relación paterno-filial a la que voluntariamente pone fin, para seguir su vida sin ataduras y lanzarse a "caminar, cami­nar, caminar".
En Raucho -su primera novela-, Güiraldes describe minuciosamente a cada uno de los personajes que aparecen en su transcurso. En Don Segundo Sombra los va nombrando al pasar, con pocas aclaraciones que bastan para definirlos: "Fabiano, que no decía nunca palabra". Con mayor extensión habla de Antenor Barragán, al que Fabio evoca afectuosamente. Todos los gauchos son baquianos. No hay en el pago gauchos malos; tampoco gringos. El habitante de la campaña es ya definitivamente ese "paisano gaucho" de que hablaba Mansilla: hombre de trabajo y de orden en una pampa alambrada.
Como en todas las obras de ambiente y personajes gauchescos, las figuras mascu­linas ocupan el primer plano. La aparición de las mujeres es fugaz. Don Segundo Sombra no es excepción en este sentido. Salvo Aurorita y Paula, que apenas se desta­can momentáneamente, el resto se pierde en el anonimato del montón, mientras los hombres, claramente identificados uno por uno, juegan su papel junto a la pareja cen­tral y siempre en relación con ella *.
El escenario de la novela es la pampa, recorrida paso a paso arreando animales; el trabajo está en función del ambiente. Las tareas son las propias del campo, en este caso, de las agrícolas. A pesar de su evolución, el gaucho da época sigue probándose en las faenas más rudas y continúa siendo señor de a caballo. Dentro del gran ambiente de la pampa, el microambiente de la estancia, la cual significa organización rural, patrón, peones, animales, corrales, cocina y fogón; yerra y fiestas.
Característica de este entorno pampeano, la clásica pulpería -especie de club de campaña-, donde el paisano bebe, charla o comparte el silencio con sus iguales, se aprovisiona, juega a los naipes o a las bochas, solaza sus ratos de ocio. También del ambiente, los bailes camperos y la riña de gallos -de la que era Guiraldes' apasionado espectador-, pretexto para jugar apostando fuerte. Además de estos entre­tenimientos, el deporte por excelencia: las carreras cuadreras, infaltables en es este fresco de escenas a campo abierto, junto con demostraciones de ciencia rural. No aparece el cantor -típico personaje de la literatura gauchesca-, reemplazado por el narrador de cuentos, sin guitarra –Dos relatos del padrino -el del paisano Dolores (capítulo XXI) y el del herrero y el diablo (capítulo XXI), narraciones dentro de la narración-- mencionan indirectamente las supersticiones campesinas. Al mismo tiempo, manifiestan la fe en lo sobrenatural y en el poder divino para vencer al demonio con la sola fórmula "Nómbrese a Dios", como sucede en el episodio episodio de don Sixto Gaitán (capítulo XV).

El gran tema: el ansia natural de libertad que hay en el hombre. En busca de ella, aunque inconscientemente, abandona Fabio la casa de las tías y lo que hasta allí fue ­su pequeño mundo. El encuentro con don Segundo le abre un panorama de posibilidades infinitas, tan dilatadas como la pampa. La llanura ilimitada es en sí mi invitación a la libertad. Así lo siente don Segundo, incapaz de permanecer atado a un destino sedentario. Tampoco, como el personaje hernandiano, se liga afectivamente en forma definitiva, ni siquiera con su ahijado.
Por otra parte, todo el libro es un canto al trabajo. Es un trabajo penoso, sacrificado, en el que el cuerpo sufre las inclemencias del tiempo y está expuesto a riesgos y accidentes.
Es también una exaltación de la amistad. En primer lugar, la paterno-filial entre don Segundo y el reserito, nacida de la diferencia de edad y de la función que cumple el mayor respecto al menor, al guiarlo en su aprendizaje. En segundo lugar, la que entabla el ­joven con sus iguales: Pedro, Patrocinio, Antenor. Pero, por su misma condición de resero, esta relación de "hermano", "hermanito", no es constante, aunque sí después, si la suerte provoca el reencuentro, reaparece la camaradería como si no hubiese pasado el tiempo. En cambio, cuando el guachito de ayer es el Fabio Cáceres vertido en patrón, la amistad que se anuda entre él y Raucho Galván tiene todas las condiciones para perdurar: la cercanía de las respectivas viviendas, la similitud en la 'edad, de condición social, de gustos e intereses; el tener un lugar de residencia estable, donde saben que siempre podrán encontrarse.

FUENTE: AAVV:Las letras en la américa hispana
Ed.Estrada,Bs.As.,1994

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