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20 de octubre de 2010

Análisis de La signatura de la esfinge de Rafael Arévalo Martínez

Análisis y resumen de La signatura de la esfinge de Rafael Arévalo Martínez

Modernista de la segunda generación, Rafael Arévalo Martínez (1884-1975) comparte con los anteriores la gran sensibilidad artística, pero ya no siente la obligación de embellecer el idioma. Sus cuentos psicozoológicos contribuyeron valiosamente al desarrollo de la prosa narrativa en Hispanoamérica. Por primera vez, se excluye casi totalmente la realidad exterior. Es la esencia básica del personaje —su realidad interior— lo que forma la médula del cuento. La trama y el suspenso desaparecen completamente y el cuento se transforma en un psicoanálisis inspirado en los escritos de Freud.
“La signatura de la esfinge” presenta el caso de la mujer masculina que se parece a una leona. Aunque el estilo casi científico del autor tiende a convertir la obra en un ensayo, se salva como cuento por la gran emoción que se siente cuando la protagonista reconoce que seguirá siendo una leona hasta encontrar un león bastante fuerte para dominarla.
La asociación de la protagonista con la leona no debe confundirse con la bestialización de los naturalistas. Arévalo Martínez no rebaja a sus personajes al compararlos con animales. Al contrario, los hace sobresalir más, buscando la clave de su carácter entre el mundo zoológico. Como leona, Elena es bella y altanera; enérgica y silenciosa. El autor, que interviene directamente en el cuento como actor y ya no como simple narrador, dice al principio que llegó a la visión leonina de Elena por cinco pasos que menciona. Luego, el cuento se elabora a base de esos cinco pasos en el orden alterado de 3, 5, 1, 2, 4.
Además de su carácter leonino actual, la vida de Elena también se nos revela poco a poco en un orden no cronológico. Primero sabemos que está divorciada después de un matrimonio trágico. Luego, se nos dice que el marido era un actor famoso que la dejó. Poco a poco, el pasado de Elena se va poblando de los pretendientes, de la amiga “gatita” y el profesor “cordero”. Sólo hacia el final se habla de su hija Alicia. El autor narra el episodio de Amatitlán antes de contar su primer encuentro con Elena. La descripción que hace Arévalo Martínez del lago Amatitlán es uno de los pocos trozos poéticos de toda su obra en prosa.
El estilo de este cuento es rápido y lógico. Predominan los verbos para dar movimiento a un cuento exento de acción. Algunas preguntas y exclamaciones retóricas atestiguan la presencia del autor que desde luego se hace sentir más por su propio contacto personal con la leona.
Los personajes de Arévalo Martínez no participan en la vida nacional, pero viven intensamente en su mundo interior. Esa introspección constituye el rasgo más distintivo de la literatura guatemalteca. Con los cuentos psicozoológicos, se ensancha el concepto del género y se prepara el terreno para algunos de los escritores más renombrados de hoy

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