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20 de octubre de 2010

Análisis de Justicia India deRICARDO JAIMES FREYRE

Análisis y resumen de Justicia India de RICARDO JAIMES FREYRE


En Justicia India se revela la aplicación de la estética modernista a uno de los problemas más constantes de Hispanoamérica: la explotación del indio. Ese problema había de inspirar toda una serie de obras que comienza con Raza de bronce (1919) de Alcides Arguedas y que llega a definirse más a partir de 1930: Huasipungo (1934) de Jorge Icaza; El indio (1935) de Gregorio López y Fuentes; El mundo es ancho y ajeno (1941) de Ciro Alegría y otras muchas.
Aunque están presentes casi todos los abusos, ya consagrados literariamente en las obras susodichas, lo que más impresiona en este cuento es su composición sinfónica que llega a opacar la protesta social. Ésta se debilita, además, porque: 1) todos los abusos se presentan rápidamente dentro de una sola página: el robo del caballo, la quema de la choza, el despojo de las tierras, el regalo forzoso de la oveja y de las gallinas y el latigazo en el rostro; 2) la mayor parte de ellos no ocurren en el momento del cuento; 3) el razonamiento de los blancos respecto a los caballos, a la quema de la choza y a la comida es grotesco; 4) el diálogo es tan rápido, saltando de tema en tema, que causa un efecto operático.
“Justicia india” es una sinfonía escrita para cornetas y tambores. Pedro Quispe toca el cuerno para reunir a los suyos. Al oírlo, el guía indio huye. El cuerno de Pedro Quispe sigue sonando y pronto un crescendo se produce con los otros cuernos que llena todos los valles. Al mismo tiempo, la lluvia de las piedras también se va intensificando. El uso de los cuernos y de los tambores en la parte central del cuento tiene tanta fuerza que cunde por toda la obra. Un músico podría describir sinfónicamente el camino del sol, progenitor mitológico de los indios. El principio del cuento en las primeras horas de la mañana se anunciaría suavemente con la corneta que se oiría cada vez más fuerte a medida que avanzaba el sol, “la cumbre de la montaña comenzaba a brillar con los primeros rayos del sol”, convirtiéndose por fin en un fortissimo con el apedreamiento de los viajeros que coincide, probablemente, con la llegada del sol al cenit. Luego, las cornetas comenzarían a desvanecerse con la luz, “y bebieron hasta que empezó el sol a caer sobre el horizonte”, hasta confundirse con los tambores que también se ensordecerían hasta diluirse totalmente en el silencio de la noche, “la inmensa noche caía sobre la soledad de las montañas”.
El tono épico de esta sinfonía para cornetas y tambores se refuerza con el uso de adjetivos “grandiosos”: “ancho patio”, “vasto patio”, “pesadas columnas”, “enorme portón”, “gruesa viga”, “grandes cántaros”, “grandes postes”, “inmensa noche” y con la insistencia en la palabra “cumbre”. El marco de la sinfonía se perfila más con la presencia inicial y final de los motivos “bebieron” y “atados a las columnas” — “los ataron a los postes”.
Aunque Jaimes Freyre era un poeta modernista que pasó gran parte de su vida fuera de Bolivia, este cuento tiene el brillo y la rebelión victoriosa de los indios que caracterizan las obras indigenistas de ese país en contraste con las del Ecuador y las del Perú.

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