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27 de agosto de 2011

CUENTO POPULAR: El robo del tesoro soñado

CUENTO POPULAR: El robo del tesoro soñado

Los cuentos de soñadores son característicos de la tradi­ción popular china y japonesa. El cuento-tipo Yumegai-choja pertenece a la selección Recueil des contes du folklore japonais, de M. Seki, y amalgama los dos temas básicos del tesoro soñado y de la compra o robo del sueño.Una colección clásica como Konjaku-monogatari o Relatos de /os tiempos antiguos(siglo XI) posee numerosos ejemplos de revelaciones transmitidas a los hombres através del sueño.

Versión recogida en Les songas et leur interpretation, Paris, Aux Editions du Seuil, 1969, p. 311.

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Antaño, en cierto paraje, vivían dos mercaderes que emprendieron juntos el camino para traficar sus mercancías.

Un día, al llegar a un punto muy alejado de sus hogares, ambos se sintieron fatigados y resolvie­ron descansar.

–No estaría mal un poco de reposo –dijo uno de ellos.

–Yo deseo dormir –agregó el más anciano, y al punto se lo escuchó roncar.

Y ocurrió que mientras el más joven contempla­ba a su vecino dormido vio salir de su nariz un tábano que echó a volar en dirección a la isla de Sado.

Al cabo de una hora el tábano regresó y volvió a introducirse en la nariz del durmiente, el que despertó cíe inmediato y dijo:

–Es extraño. Soñé que en la isla de Sado vivía un hombre muy rico, y en el jardín de su casa cre­cía una camelia cubierta de flores blancas. Un tá­bano que llegó volando se posó al pie del árbol y me dijo: "¡Cava en este lugar!". Yo cavé donde me indicaba y he aquí que descubrí un jarrón lle­no de oro. ¡Mira lo que he soñado!

El más joven escuchó este relato con el más vi­vo interés y una idea cruzó por su mente. –¿No deseas venderme tu sueño? –¿Vender un sueño? ¿Para qué? El otro no dijo más e insistió para que el ancia­no accediese a su pedido. –Bien. ¿Cuánto estás dispuesto a pagar? –Hmm... ¿Me lo dejarías en trescientos? –¡En ese caso...! -–dijo el soñador, y ambos se pusieron de acuerdo para trocar el sueño a cambio de trescientas monedas de oro.

Luego de comprar el sueño de su vecino, el jo­ven se dirigió a la isla de Sado, buscó (a casa de la camelia, entró al servicio del propietario y esa misma noche desenterró el tesoro, que ocultó en lugar seguro. Seis meses más tarde solicitó per­miso para ausentarse y retornó a su país. Se con­virtió en el hombre más rico de la aldea y vivió feliz el resto de sus días.


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