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8 de octubre de 2011

CUENTO POPULAR: Los ratones que comían hierro

CUENTO POPULAR: Los ratones que comían hierro

Este cuento procede de Calila y Dimna, colección de relatos en sáns­crito debidos a Bilpay y traducidos al pahlevi por el médico y filósofo persa Barzuyeh (años 531 a 579). Sobre esta última versión preparó la suya en árabe el erudito Abdullah-ben-Aímocaffa, agregando algunos relatos. A fines del siglo XIII el texto de Almocaffa fue traducido al romance castellano.

El tema de los ratones que comen hierro aparece en Pantchatantra, I, 21, y en el Fabularío de Sebastián de Mey (1613). Para la presente versión se ha tomado en cuenta la edición académica de D. José Alemany Bolufer para la Biblioteca Selecta de Clásicos Españoles, Madrid, 1915.

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Dicen que en un país lejano había cierto mer­cader que obligado a emprender un viaje dejó cien quintales de hierro en custodia a un hombre que él conocía. A su regreso demandó el hierro, y aquel hombre –que lo había vendido en su propio beneficio– trató de explicar su infidelidad con el siguiente argumento: "Estaba depositado en un rincón de mi casa y lo comieron los ratones".

Al escuchar estas curiosas palabras dijo el mer­cader: "Ya oí decir muchas veces que nada roe tanto el hierro como los ratones".

El otro quedó entonces satisfecho e invitó al mercader a comer y beber con él esa noche. Pro­metió éste volver y al salir tomó a un hijo pequeño del propietario y lo escondió muy bien en su casa.

A la caída de la tarde retornó el mercader y en­contró a su amigo, que comenzó a preguntarle si había visto al niño. "Sí, respondió el mercader. Vi cuando lo arrebataba un halcón". El otro comen­zó a dar voces y a quejarse, al tiempo que decía: "¿Es posible que un halcón arrebate a un niño?".

"Es posible –afirmó el mercader burlado–. En la tierra donde los ratones comen cien quintales de hierro no es maravilla que los halcones arreba­ten a los infantes". Y dijo entonces el hombre bue­no: "Yo comí tu hierro, que fue como un veneno para mi vientre".

"Pues yo tomé a tu hijo". Y díjole el hombre: "Dame a mi hijo y yo te devolveré lo que me de­jaste en custodia". Y así se hizo.


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