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6 de febrero de 2012

Análisis del poema ¿Y ha de morir contigo el mundo mago? de Antonio Machado


Análisis del poema ¿Y ha de morir contigo el mundo mago? de Antonio Machado

Este poema de Antonio Machado ( se reproduce al final del artículo) expresa una honda e inquietante preocupación: cuál es el destino último de la vida. Esta inquietud individual ( la del poeta) pertenece también a todos los hombres, a todos nos llega. Por eso el poeta parte de algo muy suyo, muy personal -la muerte de un ser amado- y de ahí, con la interrogación directa, pretende inquietar a los demás.
Al amplio mo­vimiento de la primera interrogación (abarca dos estrofas), en que enuncia prolijamente los leves signos de una vida, siguen dos preguntas breves que repiten y condensan la duda (la última estrofa). El poeta habla en primera persona y se dirige a un oyente imaginario que está dentro del poema. Esta situación hace resaltar la interrogación, que cobra más fuerza, y sacude más vivamente al lector. La simetría de contenidos, subrayadas por los verbos, realza el sentido de la poesía, le da claridad y precisión. Pero el movimiento de las preguntas, la distribución, la sintaxis, los acentos, el ritmo, suavizan la rigidez del esquema; y así el yo poético no sólo expone y apela, sino que además expresa, sugiere su complejo estado de  ánimo en que se funden perplejidad, sorpresa, atisbos de rebeldía, resignación, tristeza.
Se plantea en este poema de Machado  una inquietud, una angustia, que renovadamente perturba al hombre? ¿Cuál es su último destino?; ¿qué hay más allá del final?; ¿todo lo que laboriosamente construye se evapora al morir? El poeta presenta este problema partiendo de un interrogante que se refiere a su situación personal : la muerte de Leonor, su joven esposa. Pero esa pregunta pretende recoger la ­tremenda duda de muchas conciencias. De lo individual se proyecta a lo  universal.
El mundo que aparece en el poema ( como en numerosos poemas de Machado) está decantado, poetizado, a través del recuerdo. Evoca, elabora nostálgicamente su realidad íntima y al mismo tiempo la desdibuja como si se tratara de sueños. Todo lo que nombra está presentado de modo tal que sugiera impresión de fragilidad y levedad. Observemos:

la blanca sombra: no hay color en la imagen, sino luminosidad, atenuada por la oposición sombra-blancura;
la voz que fue a tu corazón: la voz no sigue su camino normal; sutil y mágicamente llega hasta el corazón;
- la mano que tú querías retener en sueño: la mano, lo único típico y pal­pable pierde su consistencia cuando se la asocia con los sueños.
- mundo tuyo / vieja vida: la vida es un fluir permanente, algo que no se extingue (vieja vida); pero en cada conciencia individual se realiza en forma única e intransferible;
- yunques, crisoles / polvo, viento: esa suma de actos originales, propios que es el vivir de cada individuo y creación original sólo marcha hacia la desintegración, se disolverá en el polvo y en el viento. Opone pues, vida, creación a desintegración. ¿Se borrarán tan fácilmente las huellas de ese orden único e irrepetible que es la vida de cada ser humano?

El yo poético se ubica dentro del poema para interrogar desde allí a un receptor imaginario, quizás la joven esposa muerta; a través de ella parece plantear su duda angustiosa a todos los receptores. Dos son los procedimientos utilizados para comprometerlo en su honda preocupación:
1.             Las preguntas directas que apuntan sin desvíos hacia un oyente: ¿Y ha de morir contigo el mundo mago?
2.             La insistente presencia de formas pronominales de segunda persona de singular: contigo, tu corazón, querías, mundo tuyo, orden tuyo, tu alma. La apelación resulta, pues, evidente.

El receptor es, por lo tanto, el destinatario de una inquietud que sale del hombre-poeta  y que quizás a él mismo regresa. Quizás él se interroga a sí mismo. Ese reiterado está actuando como un rayo reflexivo; la relación autor-receptor  acaso se presente como un espejismo: el yo del poeta se desdobla y se enfrenta consigo, para preguntarse.
El contenido del poema se organiza en tres grandes pregun­tas de un carácter aparentemente polémico. Sacuden al receptor, tratan de bus­car su reacción afectiva, procuran ubicarlo en el punto de vista del poeta. Sin embargo, el tono no es de ningún modo agresivo. La actitud apelativa se suaviza gracias a los eficaces recursos técnicos.  
    
El esquema general tiende a la simetría y esto produce la impresión de estructura armónica, equilibrada:
- Pregunta clave (¿ Y ha de morir ... ?) Desarrollo con ejemplos: ( ¿Y ha de morir...?)
- Pregunta clave (¿ Y ha de morir ... ?) • Síntesis sugeridora (Los yunques y crisoles ... ).
Un nuevo esquema interno simétrico se produce en el desarrollo:
 - Lo general (los hálitos)
- Lo particular (sombra, voz, mano)
- Lo general (los amores)
El poeta evita la rigidez de estos esquemas, gracias al movimiento interno que se produce por la distribución de las preguntas, los encabalgamientos, el metro, la rima, los acentos, las preguntas.
La primera pregunta dilatada se inicia con ritmo lento y se demora en dos estrofas deteniéndose en la enu­meración de todo lo que puebla el recuerdo. Las dos siguientes preguntas se concentran en la última estrofa que contiene la clave de la inquietud del poeta. Son más breves y densas. Pero lejos de aligerar la tensión la dejan pendiente, en suspenso. La duda no se resuelve. Queda planteada en forma más inquisidora.
Contribuyen también a darle fluidez al esquema los encabalgamientos, que quiebran el ritmo lento de la primera pregunta. (Ya vimos que se trata de unidades sintácticas que no coinciden con las unidades rítmicas):
- La mano que tú querías retener en sueños
y todos los amores que llegaron al alma ...

 Siguiendo la tradición española, Machado combina versos en decasílabos y heptasílabos en tres cuartetos .
Ritmo huidizo, zigzagueante pero simétrico en los primeros cuartetos (la enumeración), que se remansa en los lentos endecasílabos finales (el nudo esencial de contenido). Los acentos son fluctuantes; aparecen ya en 4ª y 8ª sílaba (la blanca sombra del amor primero), ya en 4ª y 6ª  (y ha de morir contigo el mundo mago ... ?).

Los tiempos verbales.:Se ob­serva una simetría semejante a la que ofrece el esquema de contenido:

l.                Ha de morir. Equivale a un: "¿Es posible que muera?", que expresa la tímida incredulidad del poeta ante una posible afirmación que no se resuelve a aceptar. Se trata de una forma perifrástica de futuro.
2.              Guarda. Es una realidad que se conoce, en la que cree el autor. Él sabe o cree saber que el recuerdo encierra los "hálitos más puros de la vida".
3.             Fue, llegaron, querías (este último con el valor de un pretérito dura­tivo). Los pretéritos aparecen cuando se menciona todo lo que contie­ne el recuerdo, todo lo que quedó en el pasado.
4.            y ha de morir contigo. Se repite la primera forma. Se trata de un fu­turo perifrástico.
5.             Trabajan. Regreso al momento actual. El poeta  parece inclinarse ha­cia la afirmación que lo perturba: la vida, el mundo original que cada uno crea con los yunques y crisoles de su alma desaparece con la muerte; nada quedará de él sino el vacío. Este presente parece insinuar una solución pesimista, pero sólo lo insinúa. La angustia queda en pie.

La partícula "y "que encabeza el poema sugiere una actitud: que el poeta ha reflexionado mucho y sólo después de ese hondo cavilar, de concentrarse en su dolor, irrumpe bruscamente con suspenso: "y ha de mo­rir ... " Esa “yenlaza lo no dicho, lo pensado, con lo que va a decir en esas breves estrofas, que contienen apretadamente su suave protesta, su melancó­lica resignación.

Para finalizar, recordemos que Antonio Machado dedicó largos años de su vida a la enseñanza. En 1907 fue destinado a Soria.  Allí conoce a Leonor, una joven de dieciséis años que será su esposa. Estando en París, su esposa enferma repentinamente; regresan a Soria, donde Machado se dedica a cuidada, pero ella muere en agosto de 1912. Este hecho deja una huella profunda en la vida y en la obra del poeta.


¿Y ha de morir contigo el mundo mago
donde guarda el recuerdo
los hálitos más puros de la vida,
la blanca sombra del amor primero,

la voz que fue a tu corazón, la mano
que tú querías retener en sueños,
y todos los amores
que llegaron al alma, al hondo cielo?

¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo,
la vieja vida en orden tuyo y nuevo?
¿Los yunques y crisoles de tu alma
trabajan para el polvo y para el viento?


Antonio Machado
(
Soledades, galerías y otros poemas, 1907)

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