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10 de enero de 2013

Análisis de El extraño caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde de Robert Louis Stevenson


Análisis de El extraño caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde de Robert Louis Stevenson

Narradores-personajes-descripción y función de espacios-diálogos- La estructura, entre el enigma y el suspenso-las cartas- Los elementos fantásticos- Los elementos policiales.-Las explicaciones psicoanalíticas














El narrador de El extraño caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde refiere los hechos en terce­ra persona, desde el punto de vista de uno de los personajes, el abogado Utterson. Este tiene un testamento de su amigo Jekyll que beneficia a Hyde (un sujeto desconocido por el aboga­do), ha escuchado una historia cruenta de Hyde que le ha contado Enfield y conoce la crítica de otro amigo, el doctor Lanyon, sobre las prácticas médicas de Jekyll.

Las preocupaciones, las fantasías, las sensaciones, los pensamientos, las conjeturas del abogado desfilan ante los ojos del lector, que sigue los hechos a través del punto de vista del personaje.

Utterson conoce solamente algunos aspectos de la historia de Jekyll y Hyde y, por lo tanto, el lector recibe la información en forma parcial. Muchas preguntas se hace el abogado y co­menzará a formularse también el lector: ¿Quién es Hyde? ¿Por qué el médico quiere dejarle su fortuna? ¿Por qué en el testamento se habla de desaparición? ¿Qué sucede en la casa del doc­tor Jekyll, a puertas cerradas? Los enigmas se multiplican a medida que avanza el relato: los sucesos que presencia Utterson o aquello que averigua no logran contestar los interrogantes. El misterio cubre, entonces, los hechos y las actitudes.

Las piezas del rompecabezas
La novela revela poco a poco la existencia de una historia secreta que intenta reconstruir Utterson y de la cual solo conoce algunos retazos. Otras miradas se entretejerán con las del abogado para recuperar todos los detalles necesarios.
El relato refiere algunas breves apreciaciones que no corresponden a Utterson, pero que permiten presentarlo. Cuenta, por ejemplo, lo que la gente decía de él y de Richard Enfield, con quien salía a caminar.-

Quienes se los habían cruzado en sus caminatas dominicales decían que no hablaban, que se los veía notoriamente aburridos y que mostraban un evidente alivio ante la apa­rición de un amigo. Pese a lo cual los dos le daban la mayor importancia a esas excur­siones, las consideraban el acontecimiento principal de sus semanas...

La novela también incorpora la narración de hechos que no ha presenciado Utterson, y que conoce a través de lo referido por otros personajes. La historia del asesinato de Carew llega al abogado por el testimonio de una criada. En este caso, el narrador en tercera persona aclara que lo expuesto sobre el suceso corresponde a la versión de la mujer:

Una criada que vivía sola en una casa no lejos del río había subido a su dormitorio a acostarse hacia las once. (...) se sentó sobre su baúl, que estaba junto a la ventana, y se quedó allí perdida en una ensoñación. Nunca (decía entre lágrimas cuando narra­ba la experiencia), nunca se había sentido más en paz con la humanidad (...) Y cuan­do estaba allí sentada advirtió...

En la mayor parte de los casos, el narrador prefiere reproducir textualmente lo que afir­man otros personajes y, entonces, aparecen:

Las escenas dialogadas. En ellas, Utterson toma conocimiento de hechos de los que no ha participado, a partir de lo que cuentan y comentan sus interlocutores:
Enfield y el abogado iban por la acera opuesta, pero cuando llegaron frente a la puerta, el primero alzó su bastón y la señaló:
-¿Alguna vez prestó atención a esa puerta? -preguntó, y cuando su acompañante hubo respondido afirmativamente, siguió:- La asocio con una historia muy curiosa. -¿Sí? -dijo Utterson, con un ligero cambio de voz - ¿Qué historia? -Bueno, fue así...

Los diálogos reponen información que desconoce el abogado y van llenando los vacíos de la historia de Jekyll.

Las cartas. En ellas, los participantes de los hechos misteriosos cuentan lo que sucedió, de­velan los interrogantes o generan nuevas expectativas:

Mi querido Utterson: Cuando esto caiga en sus manos, yo habré desaparecido, no alcan­zo a prever en qué circunstancias, pero mi instinto y todo lo que rodea a mi insólita situa­ción me dice que el fin es seguro y no tardará. Lea en primer lugar el relato que Lanyon me advirtió que había puesto en sus manos; y si quiere saber más, lea la confesión de su indigno y desdichado amigo
Henry Jekyll

Cuando LJtterson lee esta carta, Jekyll ha desaparecido y todo hace prever que algo terri­ble le ha sucedido. Lejos de develar el misterio, la esquela genera más preguntas: ¿cómo sa­bía Jekyll que iba a desaparecer? ¿Por qué desapareció? ¿La desaparición significa su muerte? ¿Por qué se califica como amigo indigno? Solamente cuando se hayan leído las otras dos car­tas anunciadas, todas las preguntas tendrán respuesta.

La estructura, entre el enigma y el suspenso


A partir de una serie de elementos que despiertan la sospecha de Utterson, en relación con la vida de su amigo Jekyll, el abogado emprende una investigación con el fin de explicar los enigmas. El lector sigue con curiosidad la búsqueda de datos e intenta, por su parte, recons­truir la historia secreta. La pesquisa es efectiva y el investigador, un buen observador, recono­ce los indicios cuyos significados ocultos eliminarían las dudas, pero la interpretación es in­correcta. 

El relato muestra aquí y allá, entremezclados en la investigación mencionada, hechos, si­tuaciones y actitudes que anuncian efectos no deseables para los personajes. Por ejemplo, la visión del rostro de Hyde produce una sensación inexplicable de desagrado, horror y temor que predice consecuencias poco felices para Jekyll.

El interés del lector está, en este caso, dominado por lo que sucederá en el futuro de la his­toria: sabe que algo ocurrirá, aunque no puede adivinar exactamente de qué se trata. El texto pro­duce cierta tensión en el lector que se sostiene por el suspenso, por la espera de lo inevitable.

Los espacios cumplen un papel importante en el relato. Observen la descripción de una calle de Londres:

...en un barrio muy populoso de Londres. La calle era estrecha, y de las llamadas tranquilas, aunque en los días de semana zumbaba de actividad. Sus habitantes parecían estar todos en buena posición, y todos confiaban en mejorarla con el tiempo, y utiliza­ban en embellecimiento el excedente de sus ganancias; de modo que los escaparates se alineaban con un aire invitante, como hileras de vendedoras sonrientes. Hasta en do­mingo, cuando velaba sus más floridos encantos y quedaba relativamente vacía de pea­tones, la calle brillaba en contraste con su deslucida vecindad, como una fogata en un bosque; y con sus postigos bien pintados, sus bronces pulidos, su limpieza y su nota alegre, atraía al instante la mirada complacida de un paseante.

En el mundo construido por la novela, donde las apariencias tienen un gran valor, los es­pacios (interiores y exteriores) se caracterizan por lo que muestran y lo que ocultan. Los es­pacios hablan de los personajes, de sus acciones, de sus valores. La calle manifiesta la posi­ción económica de sus habitantes y revela su concepción de belleza, basada en la limpieza, el orden, la prolijidad.

El espacio descripto en el fragmento anterior contrasta con el edificio de la calle lateral;

... un edificio de aire siniestro proyectaba su alero sobre la calle. Era una casa de alto, sin ventana, y nada más que una puerta sobre la que se alzaba un frente ciego de mu­ro descolorido; en todos sus rasgos mostraba las señas de una negligencia prolongada. La puerta, que no tenía ni timbre ni llamador, estaba ampollada y descolorida. El umbral servía de refugio a vagabundos, que encendían sus cerillas en la madera de la puerta...

Las puertas y ventanas se mencionan insistentemente en el texto, porque descubren o en­cubren el interior con el que comunican. Hacia adentro, las casas protegen la intimidad de sus habitantes. En ellas, algunos lugares corresponden a la vida social compartida y son frecuen­tados por amigos; otros pertenecen exclusivamente a la privacidad de su ocupante, como el despacho del doctor Jekyll, en la parte superior del laboratorio. En unos y otros podrán en­contrarse objetos que describen las costumbres sociales del personaje o los hábitos y gustos personales no confesados. Los cuartos que dan al frente de la casa de Jekyll constituyen el es­pacio de la faceta pública del doctor. Por el contrario, las habitaciones del fondo, separadas de la vivienda y con comunicación hacia una calle lateral, son el ámbito de la vida ocultada por Henry Jekyll.

Los acontecimientos transcurren en espacios públicos, donde los personajes ostentan su prestigio y buen nombre, y privados, donde se protege la intimidad. En las calles, y a la luz del día o en una noche diáfana, los caballeros cuidan las normas de conducta y cortesía. En el interior de sus casas, y especialmente en las habitaciones personales, guardan los secretos. Investiguen cuáles eran los rasgos de la sociedad victoriana inglesa y relacionen la información que encuentren con el universo que pinta la novela.

Los espacios se describen también a partir de estados particulares, temperaturas y grados de visibilidad, que crean atmósferas o climas. La brillante calle de Londres puede transformar­se en un espacio amenazador, bajo el efecto de la niebla o la oscuridad de la noche. El frío laboratorio del doctor Jekyll adquiere una atmósfera de calidez, gracias al fuego encendido y a pava humeante, lista para servir el té. Los climas o atmósferas colaboran con la construcción del misterio y del suspenso, como puede observarse en el fragmento que sigue:

Era una noche fría y poco acogedora, propia del mes de marzo, con una luna pálida tendida de espaldas como si el viento la hubiera volcado, y celajes móviles de la textu­ra más diáfana. El viento volvía difícil la conversación, y hacía afluir la sangre a la cara. Parecía haber barrido a los peatones hasta dejar las calles insólitamente vacías; Utterson creía no haber visto nunca tan desierta esa parte de Londres. Podría haber deseado que fuera distinto; nunca en su vida había sentido un anhelo tan fuerte de ver y tocar a su prójimo; pues, por más que la combatiera, se había despertado en su mente una aplas­tante premonición de calamidad.

En algunos casos, los elementos propios de una atmósfera invierten su significado a partir del estado del personaje que se encuentra inmerso en ella. En el fuego encendido de una sa­la las  llamas pueden dejar de representar la calidez del espacio protegido y volverse amenazantes bajo la mirada de un personaje perturbado.

Los personajes

La novela transcurre en la ciudad de Londres, pero se circunscribe a un ámbito más redu­cido en el que todos los personajes se conocen: el círculo de amigos de Utterson, "los de su sangre, o los conocidos de su juventud", aquellos afectos que, "como la hiedra, eran fruto del tiempo". Los personajes de este ámbito construyen un universo ficcional habitado por hom­bres. Las únicas mujeres mencionadas son criadas que tienen una participación mínima en la historia.
El personaje es presentado en varias oportunidades desde el punto de vista de distintos personajes. En todos los casos se lo caracteriza a partir de las sensaciones, los sentimientos y las impresiones que produce en quienes lo observan. Por otra parte, todos coinciden en que no existen palabras que puedan describir el aspecto extraño y siniestro de Hyde. Es que él evidencia o descubre zonas que habitualmente no están al alcance de la vista y cuya revela­ción inquieta a los que las perciben.

Los elementos fantásticos. El relato participa también de lo fantástico. En un mundo vero­símil, parecido al que habita el lector, sucede un hecho que no tiene explicación, dentro de lo que los hombres consideran como natural.

Los elementos policiales. Al comenzar el relato, el abogado Utterson sospecha que ha ha­bido un delito (una extorsión), cuyo culpable es Hyde, y una víctima, que es Jekyll. Sin em­bargo, no puede afirmarlo con certeza. Por lo tanto, inicia una investigación para recabar in­dicios que le permitan responder sus dudas. Este tipo de armado del texto lo acerca a las no­velas policiales, aunque el investigador no logre despejar los interrogantes. La reconstrucción de los hechos es realizada por otros personajes, Lanyon y Jekyll, en términos inesperados pa­ra Utterson: el supuesto culpable, si bien ha cometido otros crímenes de los cuales se cuenta solamente uno en la novela, no ha delinquido en los términos que cree el abogado; y es el pro­ducto de los experimentos de Jekyll, que solamente es víctima de sus deseos inconfesables.

Las explicaciones científicas. Ninguna interpretación lógica o sobrenatural explica comple­tamente los sucesos extraordinarios. La incertidumbre respecto del origen de estos hechos se mantiene, a pesar de que se develen las incógnitas. La explicación final que reconstruye la his­toria completa atribuye la transformación de Jekyll a un experimento científico y le otorga al relato algunos matices de las novelas de ciencia ficción.

El preparado químico otorga un sustento científico a lo sucedido: pero el texto no centra la justificación de los acontecimientos en el experimento. La pócima libera una de las facetas de la personalidad de Jekyll, que pugnaba por manifestarse antes de que tomara el brebaje y que, con el tiempo, comienza a rebelarse y a actuar sin necesidad de que el brebaje colabo­re. Por otra parte, el doctor ha conseguido su objetivo gracias a un error irrepetible. La impu­reza de las primeras sales empleadas no puede reproducirse y lo que aparentaba ser el hallaz­go científico de un estudio sistemático no es más que un producto del azar.

Las explicaciones psicoanalíticas. La crítica psicoanalítica interpreta la duplicidad de la personalidad de Jekyll y su desdoblamiento como una ficcionalización de conceptos que, pos­teriormente, aparecen en el desarrollo teórico de Sigmund Freud. Observen la siguiente cita de Lo inconsciente, de Freud:

Tanto en los sanos como en los enfermos surgen con frecuencia actos psíquicos cu­ya explicación presupone otros de los que la conciencia no nos ofrece testimonio algu­no. Actos de este género son no solo los actos fallidos y los sueños de los individuos sa­nos, sino también todos aquellos que calificamos de un síntoma psíquico o de una ob­sesión de los enfermos. Nuestra cotidiana experiencia personal nos muestra ocurren­cias cuyo origen desconocemos y conclusiones intelectuales cuya elaboración ignora­mos. Todos estos actos conscientes (...) quedarán ordenados en un conjunto coherente e inteligible si interpolamos entre ellos los actos inconscientes que hemos inferido.
En Obras completas. Madrid, Biblioteca Nueva, 1972.

Según la teoría de Freud, se encuentran, en el sujeto, actos conscientes y actos inconscien­tes. Muchos actos que para el sujeto resultan inexplicables adquieren una nueva significación a la luz de lo inconsciente. Estos conceptos justificarían los impulsos contradictorios que lu­chan en el interior de Jekyll y que él no puede explicar.

El psicoanalista argentino David Krapf dice en su artículo "El extraño caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde, no tan extraño para el psicoanálisis":

Si bien la terminología psicoanalítica ha cambiado la palabra "doble" por la de "neu­rosis" y, en este caso específico, por "neurosis obsesiva", nadie puede negar la increíble cercanía teórica de Stevenson con Freud, cuando define: "el hombre en realidad no es uno, sino dos (...) me atrevo a adivinar que algún día el hombre será conocido como una multiplicidad de forasteros, independientes, incongruentes y polifacéticos".

En esta línea, la confesión de Jekyll puede leerse como el relato de un paciente que, en un primer momento, supone que desde el "yo" puede dominar lo que le causa dolor y repulsión pero que, a medida que avanza el relato comienza a sospechar de una fuer­za que le pertenece pero que no reconoce como propia de su "yo", es más, que detesta y ama al mismo tiempo, contradiciendo las normas de la lógica clásica.

El relato, sin embargo, excede todas las interpretaciones y la construcción psicológica del personaje es solamente uno de los aspectos posibles del análisis. El señor Hyde, con su as­pecto repulsivo y diferente del de Jekyll, con sus reacciones descontroladas y con la marca de Satán en su cara, escapa a todas las definiciones y mantiene latente la posibilidad de que los acontecimientos narrados no se ajusten a ninguna explicación.

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