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22 de enero de 2013

Resumen y análisis de la novela La bolsa de Julián Martel


 Resumen y análisis de la novela La bolsa de Julián Martel

José María Miró (Julián Martel) ofrece, a través de su novela La bolsa, un valioso documento sobre la crisis de 1890. Junto a Quilito de Carlos María Ocantos y a Horas de fiebre, de Segundo Villafañe, recrea literariamente un período de desenfreno económico y el consecuente desastre financiero.




 Síntesis del argumento

Los hechos se desarrollan en torno del doctor Luis Glow, un abogado de renombre, "liberal y falto de creencias", que, entregado "en cuerpo y alma" a las especulaciones  bursátiles, olvida su profesión y reúne una gran fortuna.
Se casa con Margarita, nieta de un guerrero de la Independencia, mujer ejemplar, que trata de alejarlo del mundo de la Bolsa.
A pesar del gran amor que siente por su mujer y por sus dos hijos, Glow sucumbe,  tentado por la ambición de dinero, y su estudio jurídico  se convierte en punto de reunión de una porción de gente elegante, embarcada, como él, en ese buque roto de la especulación, cuyo seguro naufragio es tanto más doloroso  cuanto que cada viajero imagina, al poner el pie en su resbaladiza cubierta, marchar a la conquista de un nuevo mundo" (I, 2).
Los que lo rodean viven de la apariencia, de la mentira, del robo y de la prostitución. Negocios turbios, fiestas frívolas, amores de conveniencia degradan paulatinamente la  moral de esa sociedad materialista y superflua.
Cuando Glow más necesita a los que han soñado con él "proyectos halagadores”, se  encuentra solo. Su estudio está vacío. La traición de sus falsos amigos lo llena de  amargura:
En la Bolsa no hay otra seguridad que la de fundirse tarde o temprano cuando se es hombre de honor. (II, 3)
Pone, entonces, sus últimas esperanzas en una carrera de caballos, pero pierde todo su dinero. Enferma de gravedad y, aunque logra reponerse, una carta de su corredor en la Bolsa, Ernesto Lillo, lo sume en la desesperación y en la locura:

Y él entonces, debatiéndose en el horror de una agonía espantosa, ¡loco, loco para siempre!, oyó estas tres palabras que salían roncamente por la boca del monstruo: —Soy la Bolsa. (II, 9)

Contexto social e histórico: apogeo y crisis de una época

Las páginas de La Bolsa reflejan la época aciaga del gobierno del doctor Juárez Celman (1886-1890), hombre incapaz de evitar el desastre financiero que  origina la revolución del 90.  El narrador hace una crítica de índole moral contra la corrupción gubernativa: ¡Si tuviésemos un Gobierno moral, celoso de los intereses del Estado [...] un Gobierno  económico, arreglado, patriota...! [...]
—Cuando uno considera que a pesar de los esquilmos  de que le hacen víctima, abunda tanto el dinero en ella, que la miseria, como me decía no sé quién el otro día, es  un verdadero mito entre nosotros... [...]
Pero el oro es corruptor. Allí donde el dinero abunda, rara vez el patriotismo  existe. (I, 7)

Sostiene, pues, que debe imperar el trabajo honrado para ganar el respeto y la consideración de los demás. De ahí, su concepto de la verdadera sociedad: El honor para nuestra clase consiste en el respeto de la palabra empeñada, en la de los tratos comerciales, en el castigo de las injurias; y en muchas otras cosas que se dividen al infinito, y cuyos matices varían con las circunstancias Por eso, afirma que el exhibicionismo "es una de las neurosis contemporáneas extendidas y desarrolladas" (I, 8).

Estructura:

La Bolsa consta de dos partes; cada una de ellas posee nueve capítulos. La primera  parte (ascenso) comienza con la descripción del viento —ambición vertiginosa—, que se introduce en  todas partes, y termina con el goce absoluto del bienestar fundado sobre una base endeble.

La segunda parte (descenso) es antitética respecto de la primera, pues representa la ruina eco­nómica. Ya no hay ética, ni religión, ni espiritualidad. Los personajes han perdido el respeto por sí mismos.
Todos los títulos se habían venido de golpe al suelo. Los Bancos habían suspendido sus créditos y no descontaban un peso a nadie, a nadie absolutamente. El oro se mantenía alto. La liquidación de fin de mes amenazaba ser desastrosa, y se susurraban nombres de fuertes casas seriamente comprometidas. En cuanto a quiebras de particulares, especialmente co­rredores, se aseguraba que las habría por docenas. El valor de la tierra había experimentado un súbito descenso, y el pánico reinaba en todas partes. (II, 1)

Los títulos de los capítulos de ambas partes también contrastan. Por ejemplo: "El escenario" (I, 1) y "El fantasma" (II, 1).

El punto de vista del narrador

El narrador es omnisciente, pero, al mismo tiempo, invoca al lector y establece con él una especie de complicidad empleando, a veces, la primera persona plural:
Glow, como el lector habrá observado, no tenía pelos en la lengua para cantar verda­des.. . (I, 2)

Además, interrumpe la narración con sus comentarios críticos:

¡Come, come, insigne doctor, saborea despacio los manjares que te presentan, porque los bolsistas como tú, sábelo bien, no tienen nunca seguro el pan de mañana!... (I, 3) y su voz "en off"  advierte a los personajes sobre los males futuros.

Los personajes:
Julián Martel emplea la palabra pincelada para señalar la forma en que va presen­tando a sus personajes, pero los retratos son más rigurosos que una pincelada; casi poseen el prolijo detalle de una fotografía. Todos los hombres están unidos por una característica común: son especuladores .
¡Sí, el bolsista, el especulador, es un infame traidor a la patria, porque en vez de bene­ficiarla la perjudica, porque tarde o temprano ocasiona su ruina! (U, 2)

Los personajes más heterogéneos, de toda naturaleza y condición, desfilan ante las piza­rras de la Bolsa: "el fastuoso banquero, el chalán marrullero, el humilde comi­sionista, el propietario acaudalado, el mozalbete recién iniciado en la turbulenta vida de los negocios, el estafador, el aventurero procaz, el simple dependiente, el insulso petimetre, el periodista burlón, el especulador arrojado, el anciano enriquecido, el usurero famélico".

El protagonista de la novela y primera víctima de ese medio que frecuenta es el doctor Luis Glow, hombre talentoso, recto, instruido, pero débil de carácter. Es hijo de un inmigrante inglés. A pesar de su origen humilde, logra reunir una gran fortuna, fruto "de la especulación irresponsable, de la fiebre de los negocios turbios":

¡Se lo tragó la Bolsa!... ¡Lo atrajo, lo absorbió con su inmenso aliento de abismo! Le presentó esos espejismos engañadores por los cuales le mostraba al pobre de ayer nadando hoy en ríos de oro. Al principio titubeó, tuvo escrúpulos. ¿Y si le iba mal? ¿Y si en vez de ganar como los otros, perdía lo poco que había adquirido a costa de tantos y tantos sacrificios? Pero ¡bah! —se había dicho recordando a multitud de conocidos suyos enri­quecidos de la noche a la mañana por las especulaciones bursátiles—. ¡Si es imposible perder! (I, 3)

Pero pierde todo su dinero; sólo le resta salvar "el honor de su nombre" y el bien­estar de su familia. Entonces, acepta la trampa y hace su apuesta en el hipódromo. El, que pertenece a la clase de hombres que respetan lo respetable, ha roto su inte­gridad moral y ha quedado sumergido en la más profunda miseria. Esta situación irreversible altera sus facultades mentales.

En torno de Glow se agrupan inocentes y estafadores. Entre los primeros figura Ernesto Lillo, joven corredor de la Bolsa, quien es el sostén de su anciana madre. "Razonable", "equilibrado", "antirromántico", "fuerte", Lillo no pierde las fuerzas para seguir luchando, aunque la quiebra lo ha alcanzado. El otro personaje de este grupo es el incorruptible Miguelín, uno de los pocos que no pierde el juicio "en la borrachera general de los negocios".

El segundo grupo corresponde a los que viven sin moral. A él pertenecen: 

  • Juan Gray, "un jovenzuelo de aspecto' enfermizo";
  • León Riffi, "el ratón";
  • Germán Zolé, ingeniero de "cabeza matemática", "esterilizado por la especulación demoledora", cuyo rasgo so­bresaliente es "la gravedad cómica";
  •  Granulillo, "abogado sin clientela y ex socio de Glow", cuyas armas son la intriga insidiosa y la falsedad;
  • Daniel Fouchez, inmigrante aventurero y ladino, que llega de Francia a estas tierras, porque aquí es fácil enrique­cerse;
  • Guillermo Peñas, el usurero tenebroso, quien mediante distintos disfraces asume papeles diversos para cumplir con su único objetivo: ganar mucho dinero.


Completan el cuadro el ministro Armel, el Barón de Mackser, Carcaneli, Anatolio Roselano, Rublo, William Pitt, Jacobo Leony, Luciano Boyst y otros personajes masculinos sin nombre, cuya personalidad se halla definida por breves notas.

Martel demuestra, sobre todo, su habilidad como retratista al presentar a las mujeres:

  • Margarita, la esposa del doctor Glow, "desdeñosa y espléndida";
  • doña Dolores, su tía;
  • Elenita Zurberán, "una niña encantadora";
  • la Baronesa de Mackser, de rasgos orien­tales;
  • Norma, la cortesana voluptuosa, amante de Granulillo;
  • Lucrecia, "la bailarina retirada", compañía de Juan Gray;
  • Victoria Geihl, "la célebre aventurera, la Condesa apócrifa";
  •  Lili, una mucama francesa, "corrompida hasta la médula"
  •  

El espacio

El primer capítulo de la novela ubica la acción en Buenos Aires y, específicamente, en el recinto de la Bolsa de Comercio. La personificación del viento permite al narrador mostrar los intersticios de ese ambiente contaminado por el afán de ganar dinero:
Después de larga gira por pasillos y corredores, por antesalas y gabinetes, gira en que parecía ir preludiando entusiastas discursos políticos, tenían que ver los bríos con que salía envuelto en lluvia, para lanzarse sobre la mole oscura y elegante de la Bolsa de Comercio, ¡como si con las lágrimas que le hiciera derramar su pesquisa por los antros administrativos, intentase barrer y limpiar de una sola vez toda la escoria financiera!... (I, 1)

La Plaza de Mayo se convierte, entonces, en "un muestrario antitético y curioso de todos los esplendores y de todas las miserias que informan la compleja y agitada vida social de la grande Buenos Aires". Ésta constituye, sin duda, el gran tema literario de la generación del 80; de ahí que aparezcan en la novela el Club del Progreso, el Club del Prisma, el Sport Club, el Café de París, las "Aguas Minerales", café de la calle San Martín; otras calles, como Corrientes, Florida, Suipacha, Reconquista, de la Piedad, Ave­nida Alvear, Cangallo, o paseos característicos, como Palermo y la barranca de la Recoleta.

Todos los lugares responden al tema de la novela. La Bolsa, el escritorio y la mansión del doctor Glow, la habitación de una cortesana, el despacho del Ministro, encierran la ambición sin escrúpulos y "tragedias íntimas, espantosas, no sospecha­das":

Elegancia, lujo casi, había en la que propiamente podía llamarse el bufete. Cubrían la pared del fondo dos estantes de libros vistosamente encuadernados. El centro lo ocupaba un ancho escritorio ministro, sobre cuyo paño verde se destacaba un hermoso tintero de bronce con el busto de Cicerón 94. Dos cómodos sofás de marroquí 95, y varios sillones y sillas del mismo cuero, todo rico, todo de buen gusto, invitaban al plácido descanso. Una estufa por­tátil [. . .]. Cuatro planos topográficos iluminados [. ..] y una blanda alfombra escarlata [. . .] completaban el mobiliario ... (I, 2)

El tiempo:

La primera parte de la novela transcurre en julio de 1889 y la segunda, a fines de octubre, "es decir, tres meses después de ocurridos los sucesos que hemos narrado".

Los hechos se desarrollan cronológicamente. Se produce un "racconto" cuando Luis Glow recuerda su ayer, junto a su padre, y el día y el lugar donde conoce a su esposa: . . .compara mentalmente su situación actual con aquella infancia miserable, cuando su padre, un inglés muy severo, venido a América en persecución de una fortuna que no logró alcanzar jamás (¡oh! ¡eran otros tiempos!) le obligaba a estudiar noche y día, queriendo sacar de él un hombre de provecho. [...]
En la segunda parte de la obra, el tratamiento del tiempo adquiere un cariz román­tico, cuando Glow lamenta su ruina:

El reloj de la Recoleta dio tres campanadas, graves, tristes, como debe ser la voz de los que fueron. (II, 2)

y cuando su mujer lo alienta:

El reloj de la Recoleta dio una campanada: pero esta vez su sonido no fue triste, sino alegre. Más que voz de ultratumba, parecía argentina  vibración que bajaba de los cielos como una promesa consoladora... (II, 2)

En el capítulo 8, en cambio, la angustia de Glow y de Juan Gray es tal, que el tiempo no avanza, pues es medido por la ansiedad:

¡Horribles diez minutos para Glow y su amigo aquellos que los parejeros tardaron en llegar al sitio convenido!

Consideraciones finales:
La Bolsa no es una novela rigurosamente naturalista, pues la postura crítica del narrador, su presencia latente en la trama, restan objetividad al argumento.
En la obra descubrimos las características del folletín : el suspenso, la intervención del narrador, repeticiones, uso de los signos de exclamación y de interrogación:

Hay dos niveles de lengua: el literario y el coloquial
Como otros escritores del 80, Martel usa gali­cismos, italanismos y anglicismos.
Un rasgo interesante de su estilo es el empleo de paréntesis y de rayas, a la manera teatral, para acotar actitudes o gestos de los personajes e, incluso, sus reflexiones: —En cuanto a mí —Zolé, al decir esto, se puso la mano abierta sobre el pecho, una
mano tremenda—, no pienso perder... (I, 2)

Respecto de las descripciones y de los retratos, se advierte una acumulación de adjetivos  que torna moroso el ritmo de la prosa. Lo mismo sucede, en otros pasajes de la novela, con los verbos, los participios y los gerundios
Entre los recursos estilísticos, predominan las imágenes visuales. La intención de Martel de trasladar al mundo de la ficción la realidad que él vive y padece, se manifiesta aun en la necesidad de mostrar los momentos en que simultáneamente  sus personales actúan. Asi, por ejemplo, en el capiuto 8 de la primera parte, presenta secuencias paralelas de carácter cinematográfico:
Doña Dolores, escandalizada por los horrores que le contaba Granulillo y aturdida al mis­mo tiempo por la música y el tumulto [.. .] se separó del director de Banco. [...] Escu­rriéndose por un pasillo, se metió en el dormitorio de su sobrina [...].
Mientras tanto, la animación crecía bajo los artesones de los techos relucientes y el dilu­vio de plata luminosa que caía de los focos.


Breve biografía de Julián Martel

José María Miró (Julián Martel nace en Buenos Aires, el 2 de junio de 1867. Pertenece a la rama pobre de una aristocrática familia. Huérfano de padre, se hace cargo de su madre, doña Justina Barros, y de su hermana. Desde 1888 y durante toda su vida se desem­peña, entonces, como cronista volante del diario La Nación . La índole de su trabajo lo obliga a frecuentar distintos ambientes de Buenos Aires y, por ende, a tratar con personas de clases diferentes. De esta manera, reúne valiosos datos para escribir su novela La Bolsa , que concluye el 30 de diciembre de 1890, cuando sólo cuenta vein­tidós años. Desde el 24 de agosto hasta el 4 de octubre de 1891, aparece como folletín en La Nación. En ese mismo año, la imprenta homónima publica la primera edición en libro de la obra .

Martel también publica relatos y poemas en diarios y revistas , pero carecen de la importancia que posee su novela.

Más tarde, enferma de tuberculosis y viaja a Santiago del Estero en busca de un clima más benigno. Finalmente, regresa a Buenos Aires, donde muere el 9 de di­ciembre de 1896.

Martel condena la moral corrompida de especuladores y funcionarios estatales y se rebela contra la falta de nacionalis­mo y la pérdida de los valores au­tóctonos. Aquello, atribuido a un siglo de materialismo exorbitante; esto último, a la inmigración. Ambos se resumen en una crítica acerba a la política liberal.
Acuciado por necesidades económicas, Martel también sufre la experiencia de la Bol­sa: "Yo estoy metido hasta los ojos en la Bol­sa, y Dios quiera que no pierda más de lo que tengo". (Carta de Martel a su amigo Gregorio de Laferrére.)

Sobre él escribió Rubén Darío:

Paso a paso, melancólicamente como un sonámbulo que persiguiese una mariposa y se perdiese en lo profundo de bosques sombríos, así tú, tras tu ilusión, mi amigo Julián Martel, penetras en la noche de la muerte.
Yo te he conocido en la primavera de tu juventud, triste enamorado de la gloria, soñador testarudo, cultivador de rosas de fantasía. Vivías en tu sueño que era un jardín cuidado perennemente por tu alma. Parecía que no oyeses la voz del mundo, de este mundo nuestro. [. . .] No te dejabas vencer por la vida, mentirosa y fatal enemiga; eras siempre fiel a la divina Imposible. [.'..] Tu corazón era una urna de bondad, de una bondad ingénita y sencilla, de una bondad columbina 80; había mucho de tu corazón en tu cerebro, de manera que pensabas sintiendo. [. . .] eras un sensitivo y un romántico.



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