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20 de enero de 2015

LA ORACIÓN Y EL ENUNCIADO (II). ORACIÓN SIMPLE. EL VERBO Y SUS ARGUMENTOS. LOS ADVERBIOS. LA REFERENCIA. LAS MODALIDADES


  La oración simple

La oración puede ser estudiada desde la sintaxis, que se ocupa de las relaciones que establecen entre sí las pala­bras y las estructuras que conforman la oración. Desde el punto de vista sintáctico, esto es, de las partes que la constituyen, las oraciones se pueden dividir en simples y compuestas.

A su vez, las oraciones simples pueden ser de dos tipos, según tengan des miembros o sólo uno. En el primer caso se trata de oraciones bimembres; en el segundo, de oraciones unimembres.

Las oraciones bimembres están formadas por dos constituyentes -un sujeto y un predicado- que son codependientes, es decir, no puede apare­cer el uno sin el otro.

Las oraciones unimembres, por su parte, tienen un único constituyente que no es ni sujeto ni predicado. Estas oraciones se forman de tres maneras:

        con verbos atmosféricos Relampaguea en el horizonte.
    con el verbo "haber" conjugado cuando es impersonal:  
  •  Hay demasiada gente en este lugar.
  •   Hubo problemas para llegar hasta ahí.


       con un núcleo sustantivo derivado de un verbo:
  Importante embotellamiento en los accesos a esta ciudad.

Por su parte, las oraciones bimembres están formadas por un predica­do, cuyo núcleo suele ser un verbo conjugado y por un sujeto, que, como ya se dijo, concuerda con el verbo en persona y número. Ejemplo: 

  •  Una persona necesita entre 2.000 y 6.000 miligramos de potasio por día
  • Los comerciantes aumentaron los precios de los alimentos sólo un 30%.
  •  Nosotros viajamos a menudo para ver a mi familia. 


El verbo y sus argumentos
En una oración simple, el verbo conjugado cumple la función de núcleo del predicado verbal. Desde esa posición, selecciona argumentos que lo acompañan. Estos argumentos pueden ser de dos tipos: internos o externos.
 El argumento externo es el sujeto oracional, que puede ser un sustantivo -o construcción sustantiva- o un pronombre personal. Con el argumento externo, el verbo concuerda en persona y en número.
Los argumentos internos son los complementos del verbo que forman con él el predicado verbal. Sin embargo, no todos los verbos conjugados seleccionan argumentos internos ya que puede bastar por sí solo para decir todo lo que se quiere decir sobre el sujeto. Por ejemplo, en:
       El niño duerme.
       El perro huyó.
       Escribiré.

Los verbos ("duerme", "huyó", "escribiré") no seleccionan argumen­tos internos ya que no requieren de otras palabras que completen su sentido. En cambio en:

·         La niña dio un juguete a su hermano.  
·         El mensajero entregó el paquete.

Los verbos ("dio", "entregó") exigen los argumentos que necesitan para completar el sentido. En estos casos, se trata de verbos que requie­ren de argumento o complementos que los acompañen.
Sin embargo, la selección de los argumentos no depende únicamente el verbo sino del discurso y de la situación de enunciación, dado que en muchos casos puede reponerse la información faltante gracias al texto y al contexto. Así en:
·         Cierra un poquito.

·         Juan no viene. / -No sabía.


el sentido se completa por el contexto en el primer caso y por el cotexto, en el segundo. En el primer caso, no es necesario decir "la puerta" o "la ventana", que es lo que hay que cerrar, porque en la conversación el destinatario la ve o reconoce de qué se habla.
Por este motivo, existen pocos verbos que siempre requieren comple­mentos e, incluso, existen verbos que pueden en algunas oportunidades requerir complementos y en otras, no.
Por ejemplo:
·          Escribiré una carta al director.
·          Escribiré.
Estas oraciones presentan el mismo verbo pero en un caso, requiere un complemento mientras que en el otro, no.

Según los complementos que requieran los verbos pueden clasificarse, entre otros, en transitivos, intransitivos y copulativos.
a.      Los verbos transitivos son aquellos que requieren un complemento directo (argumento interno) para completar su significación. Entre ellos, pueden mencionarse: "dar", "dejar", "entregar", "abando­nar", "mostrar", "obtener", "difundir", "reconocer", "guardar", "quitar", "ver", "traer" y "tratar".
Por ejemplo:
·         El hombre abandonó el paquete cerca de la estación de ómni­bus.
·         El noticiero difundió la noticia poco después de ocurrida.

Muchos verbos transitivos no requieren objeto directo cuando de­notan habilidad, capacidad o disposición del sujeto. Por ejemplo, las siguientes oraciones se forman con verbos transitivos que, sin embargo, no seleccionan complementos directos:  
·         Después de la operación., mi madre ve perfectamente.
·         El niño lee sin dificultad.
b.      Los verbos intransitivos son aquellos que no llevan complemento directo, pero sí pueden estar acompañados por otros complemen­tos (indirectos, como construcciones preposicionales).
Son ejemplos de verbos intransitivos: "vivir", "morir", "quedar", "dormir, "venir", "soñar", "llorar" e "ir".

      El niño está llorando.
      La anciana vive en una choza alejada de la civilización.
Dentro de las oraciones formadas con verbos intransitivos (oracio­nes intransitivas), suele formarse un grupo aparte: las oraciones de verbo de estado. Los verbos de estado expresan en el sujeto una situación más o menos fija. Por ejemplo:
·          Mi amigo vive en Santiago de Chile.
·         Los abuelos están en casa con sus nietos.
c.      Los verbos copulativos son verbos de estado que seleccionan comocomplemento un predicativo subjetivo obligatorio. Como su nom­bre lo indica (copular: "unir"), estos verbos relacionan o unen el núcleo del sujeto oracional con un atributo (que es la construcción predicativa).
Entre los verbos copulativos pueden citarse "ser”, “parecer",""resultar", semejar, permanecer, quedar y estar (cuan­do no indica lugar). Estos verbos no admiten el pasaje a voz pasiva. Por ejemplo:

Las galletas eran blancas, de harina y grasa, los dientes de Pancho eran cuadrados y grandes . Su pelo era suave, rubio y de sorprendentes bucles naturales.

NO PUEDE DECIRSE:
Suave, rubio y de sorprendentes bucles naturales es sido su pelo.
Las dos primeras oraciones presentan verbos copulativos con sus correspondientes predicativos ("blancas", "cuadrados y grandes", en el primer caso y "suave, rubio y de sorprendentes bucles natu­rales, en el segundo). El tercer ejemplo es una construcción gramatical que resulta de pasar a voz pasiva una oración con verbo copulativo.

Los complementos del verbo
El objeto directo es la construcción que precisa la significación del verbo transitivo y denota, a la vez, el objeto (persona, animal o cosa) en que recae directamente la acción expresada por el verbo:    Juan cantó la canción favorita de su novia.
También puede ser un objeto creado por la acción del verbo, como en    María pintó el cuadro.

Este complemento se puede definir por les rasgos que lo caracterizan:

a.      se estructura como una construcción sustantiva:
Dejó sus herramientas en el lugar de los hechos.
b.      la construcción sustantiva va precedida por la preposición a cuan­do el núcleo designa una persona o entidad personalizada:

  A pesar del paso del tiempo, reconocí a mi amigo a la distancia.
c.       el objeto directo puede sustituirse por un pronombre personal: lo(s), la(s):
d.       
  El hombre compró el periódico antes de ir a trabajar.
El hombre lo compró antes de ir a trabajar.
d.     el objeto directo es sujeto en la voz pasiva:
Los estudiantes de Letras admiran al poeta Juan Gelman.
E1 poeta Juan Gelman es admirado por los estudiantes de Letras.

El objeto indirecto es el complemento que suele acompañar a los verbos que:
·     denotan transferencia ("dar", "ofrecer", "regalar", "devolver "),
·         a los verbos de comunicación y de decir ("decir", "comunicar", "prometer", "indicar", "señalar")
·         y, también, a los verbos de influencia ("ordenar", "aconsejar", "pedir").

Este complemento suele indicar el receptor de la acción y, también, al paciente.
El objeto indirecto puede caracterizarse porque

a. está siempre encabezado por la preposición a:   Le extendí la mano a Juan.
b.      no sufre cambios en el pasaje a voz pasiva:

       El señor mayor le vendió el libro a María.
  El libro fue vendido a María por el señor mayor.
c.     puede sustituirse o duplicarse por el pronombre le(s): a  Juan pidió a los alumnos un poco de silencio.
  Juan les pidió un poco de silencio.
  Juan les pidió a los alumnos un poco de silencio.

Otro tipo de complemento directo de ciertos verbos, que tiene un funcionamiento diferente, es el predicativo
.
El predicativo puede ser subjetivo (obligatorio o no obligatorio) u objetivo.

El predicativo subjetivo obligatorio es el que acompaña a los verbos copulativos y completa su significación. Además de complementar al verbo, se refiere al sujeto de la oración.

El predicativo subjetivo se caracteriza porque:
a.      puede estructurarse como construcción sustantiva ("Juan es amigo de María"), construcción adjetiva ("Juan parece celoso"), construc­ción preposicional ("Mis amigas están de buen humor") o cons­trucción adverbial ("Sus padres están maravillosamente").
b.     cuando el predicativo es una construcción adjetiva, concuerda con el sujeto en género y número:
El hombre parece demasiado listo para este trabajo.
c.      Cuando es obligatorio, puede ser sustituido por la forma pronomi­nal invariable lo:
 María está contenta.  María lo está.
d.     los predicativos no obligatorios pueden confundirse con el circuns­tancial de modo, pero se diferencian de él porque el predicativo concuerda con el núcleo del sujeto:
Juan llegó cansado.
        María estaba cansada.

EL PREDICATIVO OBJETIVO es un complemento del verbo que modifica, también, al objeto directo, con el que concuerda en género y número. El predicativo objetivo puede estar seleccionado por el verbo, como en los siguientes ejemplos:
* Considero interesante tu propuesta.
•  Las autoridades del teatro nombraron a Pedro director de or­questa.
En los dos casos anteriores, los verbos no sólo seleccionan un objeto directo sino también un predicativo objetivo, ya que sin él el verbo tiene otro significado.

Los verbos que seleccionan predicativos objetivos pueden ser de en­tendimiento ("considerar", "creer", "imaginar", "juzgar", "suponer"), de percepción ("ver", "oír") y otros similares en los que el predicativo obje­tivo denota un cargo o una denominación ("designar", "elegir", "nom­brar", "llamar").


LOS ADVERBIOS
El adverbio es una clase de palabra invariable que puede cumplir distin­tas funciones dentro de la oración. Entre ellas: pueden ser modificadores de un verbo ("Llegó tarde a la cita", "Se levantó lentamente"), de otro adverbio ("Se levantó demasiado lentamente") y de un adjetivo ("Nos sentimos muy satisfechos por su actuación").
Además, puede ser modificador de la modali­dad de la oración, es decir, indicar una valoración del hablante con respecto a la cláusula en su conjunto (por ejemplo,'Lamentablemente, ya salió el ferry rumbo a Colonia), en esos casos son modificadores de modalidad.
Los adverbios que funcionan como modificadores del verbo no son complementos de él sino adjuntos, ya que el verbo no los selecciona como argumentos. Además, se diferencian de los complementos por varios factores:

a.      señalan las circunstancias (tiempo, modo, lugar, etcétera) en las que se desarrolla la acción, el estado o el proceso indicado por el verbo;
b.      no permiten clasificar el verbo (a diferencia de los complementos que permiten clasificarlos en transitivos, intransitivos, etcétera);
c.      por lo general, pueden omitirse, sin que ello cause agramaticalidad;

d.     en algunos casos, pueden ocupar distintas posiciones en la ora­ción, sin restricciones;
e.     no pueden sustituirse por pronombres personales;
f.      en el traspaso a voz pasiva no sufren cambios.
Por lo general, los adverbios tienen significado descriptivo pleno, es decir, independiente de la situación en que se los use o del discurso previo ("despacio", "tarde", "mucho", "rápidamente"). Pero existen otros adverbios, llamados deícticos, que sólo se interpretan a partir del contexto o de la situación en los que aparecen, como "ahora", "ayer", "allí".
Los adverbios en-mente
Los adverbios en -mente son un subconjunto de los adverbios que se distinguen porque se forman con un adjetivo calificativo al que se le agrega la terminación -mente.

Son típicamente adverbios de modo que funcionan como adjuntos (modificadores del verbo). Pero también pueden cumplir otras funciones:

a.     especificadores: de grado ("excesivamente", "escasamente", "to­talmente", "plenamente", "absolutamente") o de precisión ("aproxi­madamente" diez minutos);
b.     adjuntos extraclausulares (modifican a toda la cláusula): de fre­cuencia ("habituaimente", "generalmente", "normalmente"), de cuantiíicación ("enormemente", "exageradamente", "moderada­mente") o de tiempo ("recientemente", "antiguamente", "actual­mente"); .

c- adverbios oracionales:
de actitud del hablante, en general, ("fran­camente", "sinceramente", "honestamente"); modales que pue­den ser de dos tipos: los que precisan la actitud del hablante hacia el contenido del enunciado ("felizmente", "lamentablemente") y los que precisan la evaluación del hablante sobre la posibilidad de que un estado de cosas sea o no verdadero ("ciertamente", "segu­ramente", "probablemente", "posiblemente");  conectivos ("consiguientemente", "primeramente", "igualmente").


La referencia. Los pronombres
Existen, en las oraciones, ciertas palabras cuya función es la de man­tener la identificación de la referencia, de aquello de lo que el texto habla, bien porque establecen un puente con dicho referente, bien porque esta­blecen una relación intra-textual con el sustantivo o la expresión que se ha utilizado para mencionarlo por primera vez. Entre estas palabras se encuentra la compleja clase de los pronombres.

Los pronombres suelen considerarse sustantivos con propiedades semánticas específicas. Esta caracterización se debe, principalmente a que su significado es gramatical y no descriptivo, es decir, no agrega ningún elemento conceptual o dato acerca de aquello a lo que se refiere -a diferencia de palabras como "mesa", "auto" o "árbol" que permiten pensar en un objeto con características determinadas- y, además, porque su referente es ocasional y sólo puede interpretarse en relación con el contexto (pronombres deícticos) o en relación con el discurso (pronom­bres anafóricos).

Los pronombres deícticos son aquellos cuyo referente varía de acuerdo con la situación comunicativa, es decir, son aquellos cuyo significado está vinculado al uso que él hablante hace para referirse a todo lo que forma parte de la situación en la que está participando. Así, los pronombres hacen referencia a distintas entidades o propiedades y su significado podría describirse como "instrucciones" para reconocer su referencia en el contexto o situación de enunciación.

Dentro de este grupo se encuentran los pronombres personales, los posesivos y los demostrativos.
Los pronombres personales designan a las personas que intervienen en el acto comunicativo (primera y segunda persona) y a la que no participa directamente del acto comunicativo (tercera). Estos pro­nombres constan de dos series: átonas y tónicas.
Los pronombres tónicos son los que están marcados en caso nominativo y cumplen la función de sujeto ("yo", "tú", "vos", "él", "ella", "nosotros(as)", "vosotros(as)", "usted(es)", "ellos", "ellas") y, también, los que están marcados en caso terminal (cumplen la función de término de un complemento encabezado por preposición: "mí", "conmi­go", "ti", "contigo", "sí", "consigo", "nosotros(as)", "vosotros(as)", "ustedes)", "ellos", "ellas").
Los pronombres átonos están marcados en caso objetivo (cumplen las funciones de objeto directo é indirecto). Estos son: "me", "te", "la(s)", "lo(s)", "le(s)", "se", "nos", "ustedes".

Ejemplo: Me sentía cansada entonces le pregunté a Lito si podía ayudarme a terminar mis tareas. Sin embargo, él se negó rotundamente. Ellos le habían prohibido hablar conmigo hasta que no hubiera terminado. Por eso no pude escribirte como te había prometido.

En este caso, tenemos una primera persona "yo", de género feme­nino, una tercera persona singular, definida, Lito y una tercera persona plural, "ellos". Además, hay un pronombre de segunda persona singular, que se refiere a aquel/aquella a quien la primera persona le está hablando (el lector/oyente del enunciado).
Los pronombres demostrativos señalan la relación de distancia entre el objeto-a ser señalado y el hablante. Estos son: este, esto(s), estáis), ese, esa(s), eso(s), aquel aquello(s), aquella(s). Cabe se­ñalar que, si bien los demostrativos funcionan fundamentalmente como deícticos, pueden también ser usados anafóricamente.

 Aquel día Juan Carlos agradeció a su madre las atenciones recibidas y se marchó.
Los pronombres posesivos señalan posesión. Estos pronombres con-cuerdan en número con la palabra a la que modifican y en persona con el poseedor {"mis casas", "nuestra casa"). Los posesivos pre­sentan dos series: una átona y otra tónica. Los átonos siempre preceden al sustantivo (mi /-s, tu /-s, su /-s). Los tónicos, en cambio, se le posponen (mío /-s, tuyo/-s, suyo /-s). Sin embargo esta distinción se anula con los pronombres tónicos de primera y segunda plural (nuestro /-s, vuestro/-s).
Los pronombres anafóricos son aquellos que toman su referente del discurso, es decir, del cotexto o palabras que los rodean. Estos son los relativos, los enfáticos y los indefinidos.
Los pronombres relativos reproducen un antecedente (su referente) y lo relacionan con una construcción en la cual el pronombre funciona como encabezador (es decir, introduce esa construcción dentro de la oración). Estos pronombres son: que, cual, quien, cuyo, cuanto, cuando, como y donde.
       El general que se había rendido, aceptó los términos de la derrota.
       Enfrentó a su vecino, quien lo había perturbado durante largo tiempo.



Los pronombres enfáticos (interrogativos y exclamativos) se caracte­rizan por ser tónicos. Estos son: qué, quién(es), cómo, cuándo, cuánto (s), cuánta(s), dónde, cuál (es).
       -¿Quién habla?, la Nene?
 -Sí, ¿cómo andas?, ¿de dónde hablas?1

Los pronombres indefinidos señalan personas o cosas pero de manera general, vaga o imprecisa. Entre ellos se pueden mencionar: poco, bastante, demasiado, todo, un, alguien, algo, alguno, nadie, nada, ninguno y otro.

Ejemplo:
 Doña Lucía alquiló la casa a otra persona, recomendada por su hermana.


LAS MODALIDADES

La modalidad es un fenómeno discursivo que se refiere a cómo se dicen las cosas y, por lo tanto, se relaciona con los fenómenos verbales y no verbales que expresan la visión del enunciador sobre el contenido de su enunciado. Es decir, se trata del modo en que el locutor percibe lo que enuncia. La modalidad afecta al contenido del enunciado (a lo dicho) porque añade la perspectiva desde la cual el enunciador considera lo que dice.

Las posibilidades de manifestar la modalidad se mueven en un eje que cuenta con dos extremos: la expresión de una posibilidad (modalidad epistémica: cierto, probable, dudoso, improbable) y la expresión de una necesidad u obligación (modalidad deóntica: obligatorio, permitido, pro­hibido). Entre estos dos polos, sin embargo, pueden encontrarse otras modalidades intermedias, como la de cantidad (todo, nada, algo, ningu­no, alguno) y la de volición (querer, rechazar, desear, procurar). De esta manera, el hablante tiene una escala de posibilidades desde las que se puede situar en relación con el contenido de su enunciado.

El locutor tiene diversas maneras de manifestar su posición respecto de su enunciado, como por ejemplo:
a. Las modalidades de la frase (asertiva, interrogativa, exclamativa, imperativa) y los modos verbales (Indicativo, Subjuntivo e Imperati­vo) . Estas dos formas suponen una perspectiva implícita del suje­to. Por ejemplo:

·         Podría tratarse de una falsa alarma.
·          Se. trata de una falsa larma.
·         ¿Se tratará de una falsa alarma?
En los ejemplos anteriores, la elección de distintos modos verbales y modalidades de frase manifiesta un cambio en la relación entre el enunciador y el contenido preposicional de su enunciado.
c.       Las modalidades que expresan el grado de certidumbre, probabilidad o posibilidad de lo dicho, que se manifiestan por el uso de expresio­nes modales, de formas no personales del verbo (Participio, Infinitivo y Gerundio) y de algunos adverbios. Estos fenómenos suponen una perspectiva explícita del sujeto.
Ejemplo:
·          Hay que olvidarse de este asunto lo antes posible.
·         Es posible que la mayoría de los ciudadanos mayores de 80 años decidan no votar en las próximas elecciones.
d.      Las modalidades apreciativas que se indican a través del empleo de ciertos lexemas como los adjetivos o los adverbios y, también, por medio de la entonación.
 Difícilmente se olvidará lo que le dije.
 ¡Qué simpático ese niño!
d- Las modalidades deónticas, que se refieren a la obligación que se establece para el destinatario o para un tercero. Se expresan por medio del verbo modal "deber", por el futuro del indicativo o por formas como "hay que..." y "tener que...".
e. LAS MODALIDADES EPISTÉMICAS están relacionadas con los conocimientos y creencias del anunciador respecto de lo expresado en la oración. Se expresan por medio de verbos epistémicos como "creer" o "pensar".
Ejemplo: creo que la vida extraterrestre es posible, pero improbable.

LA EXPRESIÓN DE LA MODALIDAD
Para expresar la modalidad se emplean, típicamente, los verbos mo­dales y las formas léxicas relacionadas, como las perífrasis verbales, los adjetivos y los adverbios.
Entre los verbos modales, pueden mencionarse: saber, deber, querer, poder, soler. Cada uno de ellos puede sustituirse por otras estructuras que conllevan la misma función modalizadora
Por ejemplo:
·         Debe presentarse mañana a primera hora para empezar a traba­jar.
·         Es necesario que se presente mañana a primera hora para empe­zar a trabajar.
·         Sus abuelos suelen caminar durante horas cuando cae del sol.
·         Habitualmente, sus abuelos caminan durante horas cuando cae del sol

En los dos primeros ejemplos, se manifiesta una modalidad deóntica: en el primer caso a partir del empleo del verbo modal "deber", mientras que en el segundo, partir de la perífrasis verbal "es necesario". Sucede lo mismo en el tercer y el cuarto ejemplos, en los que se manifiesta una modalidad de usualidad con un verbo modal en un caso ("soler") y con un adverbio en el otro.
Además de lo ya visto, los modalizadores permiten al anunciador expresar diversas valoraciones sobre su enunciado;
a.     Certeza o incertidumbre sobre el contenido de lo enunciado: pro­bablemente, seguramente, es (im)posible que, casi seguro, etcétera.
b.    Grado de responsabilidad frente al contenido del enunciado. En este caso puede optar por suspender la aserción: no sé, supongo que, parece que, según X, posiblemente, prácticamente, tal vez, a lo mejor, quizás, etcétera. O, también, por reforzarla: es evidente que, la verdad es que, está claro que, ciertamente, efectivamente, lógica­mente, sin duda, por supuesto, claro, etcétera.
 c. Apreciaciones subjetivas, morales o estéticas sobre lo enunciado. Para eso puede emplear las siguientes formas: sintagmas (por suerte/ por desgracia), adverbios (felizmente, des-afortunadamente), cons­trucciones verbales (me alegra, es lamentable, es una pena que), adjetivos (fantástico, increíble, horrible) o derivativos( ible:: im­perdible, -able: esperable, -oso: espantoso; -azo: cuponazo).
Por último, también existen marcadores discursivos de la expresión de la perspectiva subjetiva del enunciador, por ejemplo: en mi opinión, desde mi punto de vista / perspectiva, a mi parecer, a mi modo de ver, según tengo entendido, en lo que a mí respecta, a mi juicio, etcétera.

En todos los casos, es importante recordar que la modalización es un reflejo de la subjetividad del enunciador, quien manifiesta su posición con respecto a lo enunciado y a la relación entre lo enunciado y el contenido.

Fuente: Eje de Lengua
AAVV: Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires
Fecha de publicación: sin datos






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