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11 de enero de 2017

La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca Guía de lectura y actividades

La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca
Guía de lectura y actividades


1-Bernarda Alba, una mujerona tremenda que guarda a sus hijas solteronas con mano de hierro, acaba de enviudar y les comunica que deberán llevar ocho años de luto. Las hijas (Angustias, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela), con engañosa resignación, ven pasar su juventud, porque su madre ferozmente or­gullosa no quiere casarlas con nadie que considere "inferior'. Lean el siguiente fragmento y luego respondan:

a)    ¿Cuál es el conflicto que aparece en este fragmento?
b)   ¿Quiénes son los antagonistas, es decir, los personajes enfrentados entre sí?
c)    Transcriban frases o expresiones textuales que caractericen a Bernarda.
d)   Redacten una descripción (retrato) de Adela según aparece en este Acto.
e)    ¿Qué les parece que sucederá en el Segundo Acto?

La casa de Bernarda Alba – Acto I- fragmento


ANGUSTIAS ¿Qué hora es?
MARTIRIO Ya deben ser las doce.
ANGUSTIAS ¿Tanto?
AMELIA ¡Estarán al caer!
(Sale Angustias.)
MAGDALENA (Con intención.) ¿Sabéis ya la cosa...? (Señalando a Angustias.)
AMELIA No.
MAGDALENA ¡Vamos!
MARTIRIO ¡No sé a qué cosa te refieres...!
MAGDALENA Mejor que yo lo sabéis las dos. Siempre cabeza con cabeza como dos ovejitas, pero sin desahogaros con nadie. ¡Lo de Pepe el Romano!
MARTIRIO ¡Ah!
MAGDALENA (Remedándola.) ¡Ah! Ya se comenta por el pueblo. Pepe el Romano viene a casarse con Angustias. Anoche estuvo rondando la casa y creo que pronto va a mandar un emisario.
MARTIRIO ¡Yo me alegro! Es buen hombre.
AMELIA Yo también. Angustias tiene buenas condiciones.
MAGDALENA Ninguna de las dos os alegráis.
MARTIRIO ¡Magdalena! ¡Mujer!
MAGDALENA Si viniera por el tipo de Angustias, por Angustias como mujer, yo me alegraría, pero viene por el dinero. Aunque Angustias es nuestra hermana aquí estamos en familia y reconocemos que está vieja, enfermiza, y que siempre ha sido la que ha tenido menos méritos de todas nosotras, porque si con veinte años parecía un palo vestido, ¡qué será ahora que tiene cuarenta!
MARTIRIO No hables así. La suerte viene a quien menos la aguarda.
AMELIA ¡Después de todo dice la verdad! Angustias tiene el dinero de su padre, es la única rica de la casa y por eso ahora, que nuestro padre ha muerto y ya se harán particiones, vienen por ella!
MAGDALENA Pepe el Romano tiene veinticinco años y es el mejor tipo de todos estos contornos. Lo natural sería que te pretendiera a ti, Amelia, o a nuestra Adela, que tiene veinte años, pero no que venga a buscar lo más oscuro de esta casa, a una mujer que, como su padre habla con la nariz.
MARTIRIO ¡Puede que a él le guste!
MAGDALENA ¡Nunca he podido resistir tu hipocresía!
MARTIRIO ¡Dios nos valga!
(Entra Adela.)
MAGDALENA ¿Te han visto ya las gallinas?
ADELA ¿Y qué querías que hiciera?
AMELIA ¡Si te ve nuestra madre te arrastra del pelo!
ADELA Tenía mucha ilusión con el vestido. Pensaba ponérmelo el día que vamos a comer sandías a la noria. No hubiera habido otro igual.
MARTIRIO ¡Es un vestido precioso!
ADELA Y me está muy bien. Es lo que mejor ha cortado Magdalena.
MAGDALENA ¿Y las gallinas qué te han dicho?
ADELA Regalarme unas cuantas pulgas que me han acribillado las piernas. (Ríen)
MARTIRIO Lo que puedes hacer es teñirlo de negro.
MAGDALENA Lo mejor que puedes hacer es regalárselo a Angustias para la boda con Pepe el Romano.
ADELA (Con emoción contenida.) ¡Pero Pepe el Romano...!
AMELIA ¿No lo has oído decir?
ADELA No.
MAGDALENA ¡Pues ya lo sabes!
ADELA ¡Pero si no puede ser!
MAGDALENA ¡El dinero lo puede todo!
ADELA ¿Por eso ha salido detrás del duelo y estuvo mirando por el portón? (Pausa) Y ese hombre es capaz de...
MAGDALENA Es capaz de todo.
(Pausa)
MARTIRIO ¿Qué piensas, Adela?
ADELA Pienso que este luto me ha cogido en la peor época de mi vida para pasarlo.
MAGDALENA Ya te acostumbrarás.
ADELA (Rompiendo a llorar con ira) ¡No , no me acostumbraré! Yo no quiero estar encerrada. No quiero que se me pongan las carnes como a vosotras. ¡No quiero perder mi blancura en estas habitaciones! ¡Mañana me pondré mi vestido verde y me echaré a pasear por la calle! ¡Yo quiero salir!
(Entra la Criada.)
MAGDALENA (Autoritaria.) ¡Adela!
CRIADA ¡La pobre! ¡Cuánto ha sentido a su padre! (Sale)
MARTIRIO ¡Calla!
AMELIA Lo que sea de una será de todas.
(Adela se calma.)
MAGDALENA Ha estado a punto de oírte la criada.
CRIADA (Apareciendo.) Pepe el Romano viene por lo alto de la calle.
(Amelia, Martirio y Magdalena corren presurosas.)
MAGDALENA ¡Vamos a verlo!
(Salen rápidas.)
CRIADA (A Adela.) ¿Tú no vas?
ADELA No me importa.
CRIADA Como dará la vuelta a la esquina, desde la ventana de tu cuarto se verá mejor. (Sale la Criada.) (Adela queda en escena dudando. Después de un instante se va también rápida hacia su habitación. Salen Bernarda y la Poncia.)
BERNARDA ¡Malditas particiones!
LA PONCIA ¡Cuánto dinero le queda a Angustias!
BERNARDA Sí.
LA PONCIA Y a las otras, bastante menos.
BERNARDA Ya me lo has dicho tres veces y no te he querido replicar. Bastante menos, mucho menos. No me lo recuerdes más.
(Sale Angustias muy compuesta de cara.)
BERNARDA ¡Angustias!
ANGUSTIAS Madre.
BERNARDA ¿Pero has tenido valor de echarte polvos en la cara? ¿Has tenido valor de lavarte la cara el día de la misa de tu padre?
ANGUSTIAS No era mi padre. El mío murió hace tiempo. ¿Es que ya no lo recuerda usted?
BERNARDA ¡Más debes a este hombre, padre de tus hermanas, que al tuyo! Gracias a este hombre tienes colmada tu fortuna.
ANGUSTIAS ¡Eso lo teníamos que ver!
BERNARDA ¡Aunque fuera por decencia! ¡Por respeto!
ANGUSTIAS Madre, déjeme usted salir.
BERNARDA ¿Salir? Después que te hayas quitado esos polvos de la cara. ¡Suavona! ¡Yeyo! ¡Espejo de tus tías! (Le quita violentamente con su pañuelo los polvos) ¡Ahora vete!
LA PONCIA ¡Bernarda, no seas tan inquisitiva!
BERNARDA Aunque mi madre esté loca yo estoy con mis cinco sentidos y sé perfectamente lo que hago. (Entran todas.)
MAGDALENA ¿Qué pasa?
BERNARDA No pasa nada.
MAGDALENA (A Angustias.) Si es que discutís por las particiones, tú, que eres la más rica, te puedes quedar con todo.
ANGUSTIAS ¡Guárdate la lengua en la madriguera!
BERNARDA (Golpeando con el bastón en el suelo.) ¡No os hagáis ilusiones de que vais a poder conmigo. ¡Hasta que salga de esta casa con los pies adelante mandaré en lo mío y en lo vuestro! (…)


2- Según la gravedad del conflicto y el tratamiento que recibe, la obra de teatro puede ser:
una tragedia, cuando el conflicto tiene un desenlace nefasto o grave que arras­tra a la destrucción física o moral del o de los personajes.
una comedia, cuando el conflicto está tratado con humor e ironía, se resuelve fe­lizmente porque su gravedad no es tal y se busca ridiculizar a algunos personajes. Hay escalas intermedias entre la tragedia y la comedia; entre estos tipos de obras se encuentran el drama, la tragicomedia, la comedia dramática, el sainete...

a)    Averigüen las características que posee cada variante teatral mencionada. Por los datos con los que cuentan hasta el momento, ¿en qué clasificación incluirían a La casa de Bernarda Alba?

MANIFESTACIÓN-RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO EN EL DISCURSO TEATRAL

3- Las hijas de Bernarda y Poncia, la criada, han estado cosiendo "sus ajuares de novia". La Poncia les ha contado su experiencia como mujer casada. Todas han notado el cambio en Adela. Cuando las hijas acuden a un llamado de Ber­narda, la Poncia enfrenta a la muchacha, que está ferozmente decidida a ha­cer su voluntad. Las hermanas vuelven y, al cabo de un rato, se produce la si­guiente situación:

Acto Segundo
[...]
Angustias: (Entrando furiosa en escena, de modo que haya un gran contras­te con los silencios anteriores.) ¿Dónde está el retrato de Pepe que tenía yo de­bajo de mi almohada? ¿Quién de vosotras lo tiene?
Martirio: Ninguna.
Amelia: Ni que Pepe fuera un San Bartolomé de plata. (Entran Poncia, Magdalena y Adela.) Angustias: ¿Dónde está el retrato? Adela: ¿Qué retrato?
Angustias: Una de vosotras me lo ha escondido. Magdalena: ¿Tienes la desvergüenza de decir esto? Angustias: Estaba en mi cuarto y no está.
Martirio: ¿Y no se habrá escapado a medianoche al corral? A Pepe le gusta andar con la luna.
Angustias: ¡No me gastes bromas! Cuando venga se lo contaré. Poncia: ¡Eso, no! ¡Porque aparecerá! (Mirando a Adela.) Angustias: ¡Me gustaría saber cuál de vosotras lo tiene! Adela: (Mirando a Martirio.) ¡Alguna! ¡Todas, menos yo! Martirio: (Con intención.) ¡Desde luego!


Respondan:


a) ¿Qué recurso usa el autor para dar impulso a esta nueva situación?

b) ¿Quiénes se enfrentan en este caso? Establezcan los dos bandos que se forman en un primer momento.

c) Resalten las palabras con que Martirio introduce el tema de la traición entre las hermanas. ¿Puede Angustias comprender el sobreentendido? Recuerden el prin­cipio de cooperación cuando respondan por qué.

d) ¿Qué palabras de Poncia encierran, también, un sobreentendido?

e) ¿Quiénes son las antagonistas al final del fragmento?



3-En este momento, el asunto de la pérdida del retrato parece agotado; la discu­sión ha llegado a un punto muerto: ninguno de los personajes proporciona infor­mación que permita continuar la acción. El autor introduce, entonces, un nuevo personaje en la escena:

Bernarda: (Entrando con su bastón.) ¡Qué escándalo es este en mi casa y con el silencio del peso del calor! Estarán las vecinas con el oído pegado a los tabi­ques.
Angustias: Me han quitado el retrato de mi novio.
Bernarda: (Fiera.) ¿Quién? ¿Quién? Angustias: ¡Estas!
Bernarda: ¿Cuál de vosotras? (Silencio.) ¡Contestadme! (Silencio. A Poncia.) Registra los cuartos, mira por las camas. Esto tiene no ataros más cortas. ¡Pero me vais a soñar! (A Angustias.) ¿Estás segura?
Angustias: Sí.
Bernarda: ¿Lo has buscado bien?
Angustias: Sí, madre. (Todas están de pie en medio de un embarazoso silen­cio.)
Bernarda: Me hacéis al final de mi vida beber el veneno más amargo que una madre puede resistir. (A Poncia.) ¿No lo encuentras? (Sale Poncia.) Poncia: Aquí está.
Bernarda: ¿Dónde lo has encontrado? Poncia: Estaba... Bernarda: Dilo sin temor.
Poncia: (Extrañada.) Entre las sábanas de la cama de Martirio. Bernarda: (A Martirio.) ¿Es verdad? Martirio: ¡Es verdad!
Bernarda: (Avanzando y golpeándola con el bastón.) ¡Mala puñalada te den, mosca muerta! ¡Sembradura de vidrios!
Martirio: (Fiera.) ¡No me pegue usted, madre! Bernarda: ¡Todo lo que quiera! Martirio: ¡Si yo la dejo! ¿Lo oye? ¡Retírese usted! Poncia: No faltes a tu madre.
Angustias: (Teniendo a Bernarda.) Déjela. ¡Por favor! Bernarda: Ni lágrimas te quedan en esos ojos. Martirio: No voy a llorar para darle gusto. Bernarda: ¿Por qué has retenido el retrato?
Martirio: ¿Es que yo no puedo gastar una broma a mi hermana? ¡Para qué otra cosa lo iba a querer!

Respondan:



a) ¿Cuál es la justificación que pone el autor en boca de Bernarda para hacerla intervenir?

b) ¿Cómo cumple Angustias con el principio de cooperación?

c) Bernarda reacciona, indignada. ¿Cómo se recomponen ahora los "dos bandos" antagónicos? Q

d) Tampoco a ella las hijas le dan la información buscada. El asunto podría haber quedado así; pero la madre realiza un acto del habla (da una orden) que permite continuar la acción. ¿Qué consecuencias tiene este acto para Martirio?

e) ¿Qué sucedería en la obra si todas aceptaran esta explicación? ¿Qué conflicto permanecería oculto?


3- Si la escena finalizara allí, se produciría un anticlímax: igual que en una teleno­vela, cuando alguien está a punto de revelar un secreto y no lo hace, la acción se retardaría; se produciría un retroceso, esto motivaría más episodios para vol­ver al punto donde se desperdició la oportunidad. Observen cómo lo resuelve García Lorca:

Adela: (Saltando llena de celos.) No ha sido broma, que tú no has gustado ja­más de juegos. Ha sido otra cosa que te reventaba en el pecho por querer salir. Dilo ya claramente.
Martirio: ¡Calla y no me hagas hablar, que si hablo se van a juntar las pare­des unas con otras de vergüenza!
Adela: ¡La mala lengua no tiene fin para inventar! Bernarda: ¡Adela! Magdalena: Estáis locas.
Amelia: Y nos apedreáis con malos pensamientos. Martirio: Otras hacen cosas más malas.
Adela: Hasta que se pongan en cueros de una vez y se las lleve el río. Bernarda:: ¡Perversa!
Angustias: Yo no tengo la culpa de que Pepe el Romano se haya fijado en mí.
Adela: ¡Por tus dineros! Angustias: ¡Madre! Bernarda: ¡Silencio!
Martirio: Por tus marjales y tus arboledas. Magdalena: ¡Eso es lo justo!
Bernarda: ¡Silencio digo! Yo veía la tormenta venir, pero no creía que esta­llara tan pronto. ¡Ay, qué pedrisco de odio habéis echado sobre mi corazón! Pero todavía no soy anciana y tengo cinco cadenas para vosotras y esta casa levantada por mi padre para que ni las hierbas se enteren de mi desolación. ¡Fuera de aquí! (Salen. Bernarda se sienta desolada. Poncia está de pie arrimada a los muros. Bernarda reacciona, da un golpe en el suelo y dice.}. ¡Tendré que sentarles la ma­no! Bernarda, ¡acuérdate que esta es tu obligación!

Responder:

a)    ¿Quiénes son las antagonistas? ¿Qué se disputan?
b)   ¿Qué papel desempeña Angustias en todo este enfrentamiento?
c)    ¿Qué sabe Martirio y no dice? ¿Quiénes están en condiciones de comprender el sobreentendido?
d)   ¿Quiénes sospechan algo, según sus palabras?



4- Una vez leído el fragmento del Acto Tercero:

a)    Expli­quen en un breve resumen los hechos allí ocurridos.

b)   ¿Qué-sobreentendidos se deducen del diálogo entre Poncia y la Criada?

c)    ¿Cuál creen que puede ser el final de La casa de Bernarda Alba?.

d)   ¿Qué valor simbólico tiene la "casa" como espacio físico? Transcriban un frag­mento del texto que lo identifique.

e)    ¿En qué momento se llega a la mayor tensión dramática?

f)     Lean las acotaciones que escribió el autor para marcar la intencionalidad del tex­to, los gestos de los personajes y los movimientos en el escenario. Siguiendo ta­les acotaciones, redacten, en hoja aparte, uno de estos diálogos:
-Martirio y el Romano, cuando sale de visitar a Angustias;
-Martirio y Angustias, mientras la primera le cuenta lo que sabe sobre Adela;
-Adela y el Romano, cuando ella se entera de que se casará con Angustias;
-Martirio y Adela, cuando la primera la descubre volviendo de su cita.
Recuerden que el diálogo debe tener un inicio, un desarrollo, en el que se perciba la tensión dramática y un desenlace o final que resuelva o profundice el conflicto.

g)   Redacten un texto argumentativo en el que justifiquen o condenen la traición de Adela a su hermana Angustias.
h)   Lean la obra completa para comprender y comprobar las hipótesis elaboradas.
Fragmento del Acto Tercero

BERNARDA Ya hemos comido. (Se levantan.)
ADELA Voy a llegarme hasta el portón para estirar las piernas y tomar un poco el fresco. (Magdalena se sienta en una silla baja retrepada contra la pared.)
AMELIA Yo voy contigo.
MARTIRIO Y yo.
ADELA (Con odio contenido.) No me voy a perder.
AMELIA La noche quiere compaña.
(Salen. Bernarda se sienta y Angustias está arreglando la mesa.)
BERNARDA Ya te he dicho que quiero que hables con tu hermana Martirio. Lo que pasó del retrato fue una broma y lo debes olvidar.
ANGUSTIAS Usted sabe que ella no me quiere.
BERNARDA Cada uno sabe lo que piensa por dentro. Yo no me meto en los corazones, pero quiero buena fachada y armonía familiar. ¿Lo entiendes?
ANGUSTIAS Sí.
BERNARDA Pues ya está.
MAGDALENA (Casi dormida.) Además, ¡si te vas a ir antes de nada! (Se duerme.)
ANGUSTIAS Tarde me parece.
BERNARDA ¿A qué hora terminaste anoche de hablar?
ANGUSTIAS A las doce y media.
BERNARDA ¿Qué cuenta Pepe?
ANGUSTIAS Yo lo encuentro distraído. Me habla siempre como pensando en otra cosa. Si le pregunto qué le pasa, me contesta: «Los hombres tenemos nuestras preocupaciones.»
BERNARDA No le debes preguntar. Y cuando te cases, menos. Habla si él habla y míralo cuando te mire. Así no tendrás disgustos.
ANGUSTIAS Yo creo, madre, que él me oculta muchas cosas.
BERNARDA No procures descubrirlas, no le preguntes y, desde luego, que no te vea llorar jamás.
ANGUSTIAS Debía estar contenta y no lo estoy.
BERNARDA Eso es lo mismo.
ANGUSTIAS Muchas veces miro a Pepe con mucha fijeza y se me borra a través de los hierros, como si lo tapara una nube de polvo de las que levantan los rebaños.
BERNARDA Eso son cosas de debilidad.
ANGUSTIAS ¡Ojalá!
BERNARDA ¿Viene esta noche?
ANGUSTIAS No. Fue con su madre a la capital.
BERNARDA Así nos acostaremos antes. ¡Magdalena!
ANGUSTIAS Está dormida.
(Entran Adela, Martirio y Amelia.)
AMELIA ¡Qué noche más oscura!
ADELA No se ve a dos pasos de distancia.
MARTIRIO Una buena noche para ladrones, para el que necesite escondrijo.
ADELA El caballo garañón estaba en el centro del corral. ¡Blanco! Doble de grande, llenando todo lo oscuro.
AMELIA Es verdad. Daba miedo. ¡Parecía una aparición!
ADELA Tiene el cielo unas estrellas como puños.
MARTIRIO Ésta se puso a mirarlas de modo que se iba a tronchar el cuello.
ADELA ¿Es que no te gustan a ti?
MARTIRIO A mí las cosas de tejas arriba no me importan nada. Con lo que pasa dentro de las habitaciones tengo bastante.
ADELA Así te va a ti.
BERNARDA A ella le va en lo suyo como a ti en lo tuyo.
ANGUSTIAS Buenas noches.
ADELA ¿Ya te acuestas?
ANGUSTIAS Sí, esta noche no viene Pepe. (Sale.)
ADELA Madre, ¿por qué cuando se corre una estrella o luce un relámpago se dice:
Santa Bárbara bendita, que en el cielo estás escrita con papel y agua bendita?
BERNARDA Los antiguos sabían muchas cosas que hemos olvidado.
AMELIA Yo cierro los ojos para no verlas.
ADELA Yo no. A mí me gusta ver correr lleno de lumbre lo que está quieto y quieto años enteros.
MARTIRIO Pero estas cosas nada tienen que ver con nosotros.
BERNARDA Y es mejor no pensar en ellas.
ADELA ¡Qué noche más hermosa! Me gustaría quedarme hasta muy tarde para disfrutar el fresco del campo.
BERNARDA Pero hay que acostarse. ¡Magdalena!
AMELIA Está en el primer sueño.
BERNARDA ¡Magdalena!
MAGDALENA (Disgustada.) ¡Dejarme en paz!
BERNARDA ¡A la cama!
MAGDALENA (Levantándose malhumorada.) ¡No la dejáis a una tranquila! (Se va refunfuñando.)
AMELIA Buenas noches. (Se va.)
BERNARDA Andar vosotras también.
MARTIRIO ¿Cómo es que esta noche no viene el novio de Angustias?
BERNARDA Fue de viaje.
MARTIRIO (Mirando a Adela.) ¡Ah!
ADELA Hasta mañana. (Sale.) (Martirio bebe agua y sale lentamente mirando hacia la puerta del corral. Sale La Poncia.)
LA PONCIA ¿Estás todavía aquí?
BERNARDA Disfrutando este silencio y sin lograr ver por parte alguna «la cosa tan grande» que aquí pasa, según tú.
LA PONCIA Bernarda, dejemos esa conversación.
BERNARDA En esta casa no hay un sí ni un no. Mi vigilancia lo puede todo.
LA PONCIA No pasa nada por fuera. Eso es verdad. Tus hijas están y viven como metidas en alacenas. Pero ni tú ni nadie puede vigilar por el interior de los pechos.
BERNARDA Mis hijas tienen la respiración tranquila.
LA PONCIA Eso te importa a ti, que eres su madre. A mí, con servir tu casa tengo bastante.
BERNARDA Ahora te has vuelto callada.
LA PONCIA Me estoy en mi sitio, y en paz.
BERNARDA Lo que pasa es que no tienes nada que decir. Si en esta casa hubiera hierbas, ya te encargarías de traer a pastar las ovejas del vecindario.
LA PONCIA Yo tapo más de lo que te figuras.
BERNARDA ¿Sigue tu hijo viendo a Pepe a las cuatro de la mañana? ¿Siguen diciendo todavía la mala letanía de esta casa?
LA PONCIA No dicen nada.
BERNARDA Porque no pueden. Porque no hay carne donde morder. ¡A la vigilia de mis ojos se debe esto!
LA PONCIA Bernarda, yo no quiero hablar porque temo tus intenciones. Pero no estés segura.
BERNARDA ¡Segurísima!
LA PONCIA ¡A lo mejor, de pronto, cae un rayo! ¡A lo mejor, de pronto, un golpe de sangre te para el corazón!
BERNARDA Aquí no pasará nada. Ya estoy alerta contra tus suposiciones.
LA PONCIA Pues mejor para ti.
BERNARDA ¡No faltaba más!
CRIADA (Entrando.) Ya terminé de fregar los platos. ¿Manda usted algo, Bernarda?
BERNARDA (Levantándose.) Nada. Yo voy a descansar.
LA PONCIA ¿A qué hora quiere que la llame?
BERNARDA A ninguna. Esta noche voy a dormir bien. (Se va.)
LA PONCIA Cuando una no puede con el mar lo más fácil es volver las espaldas para no verlo.
CRIADA Es tan orgullosa que ella misma se pone una venda en los ojos.
LA PONCIA Yo no puedo hacer nada. Quise atajar las cosas, pero ya me asustan demasiado. ¿Tú ves este silencio? Pues hay una tormenta en cada cuarto. El día que estallen nos barrerán a todas. Yo he dicho lo que tenía que decir.
CRIADA Bernarda cree que nadie puede con ella y no sabe la fuerza que tiene un hombre entre mujeres solas.
LA PONCIA No es toda la culpa de Pepe el Romano. Es verdad que el año pasado anduvo detrás de Adela, y ésta estaba loca por él, pero ella debió estarse en su sitio y no provocarlo. Un hombre es un hombre.
CRIADA Hay quien cree que habló muchas noches con Adela.
LA PONCIA Es verdad. (En voz baja) Y otras cosas.
CRIADA No sé lo que va a pasar aquí.
LA PONCIA A mí me gustaría cruzar el mar y dejar esta casa de guerra..
CRIADA Bernarda está aligerando la boda y es posible que nada pase.
LA PONCIA Las cosas se han puesto ya demasiado maduras. Adela está decidida a lo que sea, y las demás vigilan sin descanso.
CRIADA ¿Y Martirio también?
LA PONCIA Ésa es la peor. Es un pozo de veneno. Ve que el Romano no es para ella y hundiría el mundo si estuviera en su mano.
CRIADA ¡Es que son malas!
LA PONCIA Son mujeres sin hombre, nada más. En estas cuestiones se olvida hasta la sangre. ¡Chisssssss! (Escucha.)
CRIADA ¿Qué pasa?
LA PONCIA (Se levanta.) Están ladrando los perros.
CRIADA Debe haber pasado alguien por el portón.
(Sale Adela en enaguas blancas y corpiño.)
LA PONCIA ¿No te habías acostado?
ADELA Voy a beber agua. (Bebe en un vaso de la mesa.)
LA PONCIA Yo te suponía dormida.
ADELA Me despertó la sed. Y vosotras, ¿no descansáis?
CRIADA Ahora.
(Sale Adela.)

FUENTE: LENGUA 9; ED. KAPELUSZ; BS.AS.; 2009


































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