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22 de agosto de 2017

Análisis de la Vida Nueva de Dante Alighieri

Análisis de la Vida Nueva de Dante Alighieri

La primera de las obras dantescas, en el orden del tiempo, es la Vida nueva. Es la única que compuso no sólo antes del exilio, sino antes de toda participación en los avatares políticos de Florencia. El "librito" —como él mismo suele llamarlo— está com­puesto de poemas líricos, que son como los documentos de la historia narrada, entre las que se intercalan pasajes de prosa explicativa. Sin em­bargo, estas prosas no tienen la mera función de aclarar el sentido, a veces literal, otras alegórico y simbólico de los versos —como las razos que acom­pañaban los sirventesios de Bertrán de Born—, sino un valor en sí y por sí, como en La consolación de la filo­sofía de Boecio.
Los poemas (veinti­cinco sonetos, cuatro canciones, una balada y la estancia de una canción inconclusa) habían sido escritos por Dante en diferentes épocas, a medida que se iban desenvolviendo los años y las experiencias de su amor por Beatriz. El primer soneto ("A cada alma cautiva") se remonta probable­mente a 1283, y el último ("Más allá de la esfera que más amplia gira") a por lo menos nueve años después. Las demás composiciones se extien­den entre estos límites cronológicos.
En cambio, la prosa que ordena y une entre sí los poemas, nació cier­tamente en forma unitaria, tal vez entre fines de 1292 y comienzos de 1293. Existe, pues, una distancia cro­nológica entre versos y prosa, y lo que más importa, una diversidad de carácter espiritual y literario. Quien leyera los poemas de la Vida nueva, separándolos de las prosas, podría observar fácilmente que testi­monian un desarrollo y una trans­formación en la poesía de Dante.
En los primeros se hace evidente el in­flujo de la poesía provenzal, aclima­tada en Italia por la escuela siciliana y por Guittone d'Arezzo, y del aná­lisis doctrinario de la pasión amorosa, a la manera de Guido Cavalcanti. Pero, a partir de la canción "Mujeres que tenéis intelección de amor", es fácil darse cuenta de que la atención y admiración del poeta están dirigidas hacia las concepciones y modos del bolones Guido Guinizelli.
Desde que incorpora la concepción guinixelliana de la mujer "angelizada", Dante co­mienza a colorear sus poemas con notas propias que, gradualmente, se tornan cada vez más originales, pro­fundizando conceptos y formas de la corriente stilnovista e imprimiendo un sello personalísimo, especialmente a las que aparecen en la última parte de la obra, o sea las que desarrollan el elogio de Beatriz, convertida en criatura paradisíaca.
Son evidente­mente originales en su valor artístico la canción "Mujer piadosa y joven" y los sonetos "Tan gentil y tan hones­ta parece", "Lleva en los ojos mi mujer Amor", "Perfectamente ve toda salud", si bien al lado de estos poe­mas el poeta compuso otros, contem­poráneas o posteriores, más artificio­sos y más anclados en la tradición del dolce stil novo.
En cambio, la prosa se revela más unitaria en concepción y tono espiri­tual. Ello se debe a que nació en su totalidad de una misma actitud del ánimo de Dante cuando, al recuperar la vivencia de los años pasados, los vio dominados por su amor hacia Beatriz, y la "gentilísima" se le mos­tró como la prodigiosa luz sobrena­tural qué había iluminado su vida y guiado su andar.
En realidad, cuan­do compuso la Vida nueva, Dante concibió a su amada más como un ángel que como una figura terrena, y le otorgó esa fascinación celestial y ese misterioso poder divino que sólo le había atribuido en algunas de sus líricas más recientes. Sin eliminar por completo su humanidad, le fue con­virtiendo gradualmente en un símbo­lo, en una revelación de la beatitud y la pureza paradisíaca. Por eso la Vida nueva se modeló sobre la ya tradicional manera en que se narra­ban las vidas de los santos, fundiendo en ella las concepciones del dolce stil novo y la actitud contemplativa de los místicos, la adoración religiosa y el rapto guinizelliano por la mujer resplandeciente de luz. Como testimonio de esta transforma­ción obrada en la Vida nueva, queda el hecho de que Dante no incluyó en la obra todas las líricas compuestas para Beatriz, sino tan sólo aquellas que se adaptaban, más o menos fácil­mente, a la nueva línea unitaria que expresaba la prosa.
Baste esta consideración para demos­trar lo peligroso que resultaría leer la Vida nueva como una narración autobiográfica o una efectiva historia del amor de Dante por Beatriz. Entre los acontecimientos reales y la trans­figuración que hallamos en ella, me­dia la distancia que siempre separa la realidad concreta de la poesía. Quien lee esta suerte de devocionario se siente transportado hacia un mun­do de incesantes milagros, entre vi­siones y presentimientos, fuera del espacio y del tiempo, en un continuo oscilar entre lo humano y lo divino, mientras una atónita luz dorada es­fuma los contornos de lo real y cor­póreo, como en ciertas pinturas, si cabe la comparación, de la escuela sienesa del Quattrocento. En esto con­siste el encanto peculiar de la primera obra de Dante, en la que ya se revela ese anhelo de virtud y de cielo,. ese ardor religioso que es el germen potencial del que nacerá la Comedia.
FUENTE: CEAL, Capítulo Universal- La Historia de la Literatura Mundial Nº 8 /101, Buenos Aires, 1970.

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