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2 de mayo de 2008

RESUMEN. El Boom de la literatura latinoamericana: la década de 1960

RESUMEN: La década de 1960 vio surgir un fenómeno inaudito en la literatura latinoamericana. Este fenómeno se conoce con el nombre de boom. 

¿Qué ES  el boom? La palabra BOOM (del inglés 'estallido' ) proviene de las técnicas de investigación de mercado creadas por los norteamericanos (marketillg) y se utiliza para describir un alza brusca de las ventas de un determinado producto en las sociedades de consumo. 

El crítico uruguayo Ángel Rama explica que fue sorprendente la aplicación del término a un objeto como el libro, ya que este se encontraba al margen de esas mediciones, cada vez más habituales en otras formas del consumo tales como, por ejemplo, el boom  de los electrodomésticos.

Para Rama, el boom de la literatura latinoamericana fue un fenómeno de la sociedad de consumo, a la que se estaban incorporando algunas ciudades latinoamericanas, en las que era posible el consumo editorial. Sectores medios querían estar informados y a la moda, y los semanarios fundieron a los autores del boom como la novedad literaria del momento. También, contribuyeron a su difusión las universidades norteamericanas y europeas, que promovieron la lectura y las traducciones a otras lenguas de los textos escritos en América latina, en esta década.

El crítico argentino Noé Jitrik agrupó en cuatro tendencias básicas las diversas interpretaciones que se dieron en la década de 1960 acerca este auge editorial.

1. Para algunos, el auge se debía al interés mundial por los conflicto políticos del continente despertado por la Revolución cubana.

2. Para otros, que privilegiaban lo económico, se trataba del interés de europeos y norteamericanos en la sociedad latinoamericana, por considerarla terreno fértil para los proyectos desarrollistas de inversión de capital. Las voces más historicistas predicaban que, en Europa, reinaba un cierto cansancio cultural y América poseía una imaginación joven, fresca, desbordante.

3- Para otros (como Rama), sólo se trató de una cuestión de coyuntura de mercado editorial.

4-. Por último, había quienes tenían la idea de que había llegado la hora de América, hora de madurez y de libertad de expresión en que los latinoamericanos podían cantar sus verdades ajenos a los modelos extranjeros.

Todas estas teorías, afirma Jitrik, tan verdaderas como falsas, no bastan para explicar un fenómeno tan complejo. 

Para el escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984): "el boom no lo hicieron los editores sino lectores y, ¿quiénes son los lectores sino el pueblo de América latina que tomó conciencia de una parte de su propia identidad?".

El peruano Vargas Llosa (n. 1936), por su parte, había afirmado en 1962: "Lo que se llama boom [ ... ] es un conjunto de escritores, tampoco se sabe exactamente quienes, pues cada uno tiene su propia lista, que adquirieron de manera más menos simultánea en el tiempo, cierta difusión, cierto reconocimiento por parte del público y de la crítica. [ ... ] Los editores aprovecharon muchísimo esa situación, pero ésta también contribuyó a que se difundiera la literatura latinoamericana.

Los narradores del boom profundizaron la ruptura con la herencia del Realismo naturalista que la narrativa regionalista había dejado. Además, continuaron con la búsqueda de voces y formas estéticas diversas, plurales y hasta contradictorias -que habían iniciado novelistas de la talla de Onetti, Asturias, Rulfo o Roa Bastos en la década anterior- para narrar las problemáticas cruciales del hombre latinoamericano.

Así, se llevó a cabo un proceso de fusión entre las tradiciones locales, las leyendas indígenas, los diversos paisajes rurales y urbanos, personajes propios de América latina y nuevas técnicas narrativas (ruptura del orden cronológico temporal, el juego de narradores, el monólogo interior o el fluir de la conciencia). Con todos esos elementos, 'fue afirmándose lo que se conoce como la nueva novela latinoamericana.

Las producciones de los autores del boom mostraban un lenguaje nuevo que les permitía narrar las respectivas problemáticas locales y trascender sus fronteras para exigir a sus lectores estar abiertos a nuevas formas de lectura que demandaban mayor compromiso y participación. Esta narrativa hizo que autores y lectores ya no se sintieran peruanos, paraguayos, colombianos, cubanos o mexicanos, sino latinoamericanos.

Ese lenguaje singular, para algunos escritores, como el cubano Alejo Carpentier (1904-1980), surgía de una revelación privilegiada de la realidad americana (lo real maravilloso); para Cortázar, surgía de instalar lo ambiguo o lo absurdo en un entorno conocido o cotidiano (lo fantástico). Para el colombiano Gabriel García Márquez (n. 1928), todo estaba en potenciar la desmesura de los personajes y la exuberante naturaleza en América latina (el realismo mágico); para otros, como el cubano José Lezama Lima (1910-1976),
se trataba de recrear los deslumbrantes artificios verbales del Barroco español para ponerle palabras a una realidad compleja y contradictoria (el Neobarroco).

 Pero más allá de estas tendencias o variantes estéticas, pueden advertirse temáticas e inquietudes comunes.
Otros autores del momento, además de los mencionados, son: Vargas LIosa, algunas de cuyas novelas más leídas -La ciudad y los perros, y La casa verde- se publicaron en la década de 1960; el mexicano Carlos Fuentes (n. 1928), quien asombró, en 1962, con sus procedimientos narrativas en La muerte de Artemio Cruz; el chileno José Donoso (1924-1977); y el brasileño José Guimaraes Rosa (1908-1967).


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