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28 de julio de 2008

Leopoldo Lugones y el Modernismo



Leopoldo Lugones es el poeta argentino que inaugura el siglo XX y el heredero de la estética modernista de Rubén Darío, aunque su obra excedió los límites del movimiento.
Su pro­ducción es variada y osciló entre los motivos locales, patrióticos o simplemente paisajísti­cos. Probó todos los artificios verbales que le permitía la lengua, y aunque fue desprendién­dose de los juegos con la palabra, nunca aban­donó la rima, a la que consideraba esencial.
"Tentación" es un soneto que exhibe los rasgos clásicos del Modernismo. El paisaje integra el detalle individual y coti­diano de una "media negra" en una visión cósmico-religiosa -de la que Dios no está ausente-.
A la delicadeza romántica de "Se extenuaba de amor la tar­de quieta", le opone el exótico brillo de "la ducal decrepitud del raso". Es un campo idealizado por la percepción del poeta, con comparaciones igualmente raras: la siembra se asemeja a una esposa, y la golondrina atraviesa el cielo "Como un pequeño pensamiento oscuro". El énfasis puesto en el color (violeta, rosa, dorado) y la elección de imágenes lujosas le dan un relieve pictórico .
La oda "A los ganados y las mieses" integra las Odas seculares, el homenaje que Lugones rindió al centenario de la Revolución de Mayo. Es su primer libro dedicado a temas relacionados con la argentinidad. Aunque tiene tramos sencillos, el fervor provocado por el festejo dio a los versos un tono grave, por momentos exagerado. En su larga extensión, repasa todo lo concerniente a las actividades agrícola-ganaderas, interrumpidas sólo por algún re­cuerdo propio o por alguna escena familiar a la que le transmite su sentimiento.
Lugones tiene una imagen poco realista del campo argentino y de su traducción. Se deja llevar por la valoración que se ha hecho de ese espacio como definitorio para la economía del país y por una tendencia, común a los intelectuales, de ensalzar la vida simple de la gente de campo fren­te a la existencia trajinada y poco profunda de los habitantes de la ciu­dad. Esa postura idealista se advierte en la unión del "color indiano de las caras" y el "juvenil rubio de Europa" cuando, en realidad, los indios fueron objeto del despojo de sus tierras y, además, la vida fue muy dura para los inmi­grantes campesinos europeos.
Los dos últimos versos (¡Feliz quien como yo ha bebido patria / en la miel de su selva y de su roca!") muestran que el concep­to de patria para Lugones proviene de las vivencias del paisaje natural.
Parecida intención lo guía en "La poesía gaucha" cuando describe al gau­cho y a su expresión a través de la música y de la poesía. Lugones otorga un alto valor a la actitud del gaucho frente a la inmensidad desértica, de la que elude el aspecto negativo que objetivamente pudo tener para el poblamiento homogéneo de la Argentina. La idiosincrasia del gaucho y su modo de comunicarse y entretenerse también le merecen una defensa elogiosa. Para Lugones, en el gaucho, puede rastrearse la esencia del ser nacional.

Dice Guillermo García : Leopoldo Lugones (Argentina, 1874-1938) constituyó, a no dudarlo, la figura central del sistema literario argentino durante las primeras cuatro décadas del siglo XX. En el área rioplatense su influencia fue absoluta sobre la generación vanguardista de la década de 1920 y su impronta, asimismo, tampoco careció de proyección continental:

La literatura de América aún se nutre de la obra de este gran escritor; escribir bien es, para muchos, escribir a la manera de Lugones. Desde el ultraísmo hasta nuestro tiempo, su inevitable influjo perdura creciendo y transformándose. Tan general es ese influjo que para ser discípulo de Lugones, no es necesario haberlo leído.”Jorge Luis Borges

Se inicia en la poesía en 1897 con la publicación de Las montañas de oro, donde tensa hasta la exasperación las audacias formales, sintácticas y verbales del modernismo. En Los crepúsculos del jardín (1905) y Lunario sentimental (1909), continuará haciendo gala de rebuscados alardes técnicos y riesgosos virtuosismos lingüísticos. Pero a partir de Odas seculares (1910) y pasando por El libro fiel (1912), El libro de los paisajes (1917) y Poemas solariegos (1927), entre otros, el poeta cambia de rumbo abocándose a la búsqueda de una voz más personal y de carácter nacional, proceso que culminará en Romances de Río Seco, su último libro, de 1938.
Se ha criticado a la primera etapa de Lugones -la signada por la impronta modernista- su desmesurada intención de asombrar mediante el uso abusivo de artificios poéticos de toda índole. En cambio a la segunda, tan austera en lo formal, se la ha desvalorizado a la luz de las ideas políticas de corte nacionalista a las que se volcó nuestro autor en sus años finales. No obstante, la valoración que de él hace un escritor de la talla de Borges es contundente:

Leopoldo Lugones fue y sigue siendo el máximo escritor argentino”.
Jorge Luis Borges


OLAS GRISES

Llueve en el mar con un murmullo lento.
La brisa gime tanto, que da pena.
El día es largo y triste. El elemento
duerme el sueño pesado de la arena.

Llueve. La lluvia lánguida trasciende
su olor de flor helada y desabrida.
El día es largo y triste. Uno comprende
que la muerte es así..., que así es la vida.

Sigue lloviendo. El día es triste y largo.
En el remoto gris se abisma el ser.
Llueve... Y uno quisiera, sin embargo,
que no acabara nunca de llover.

EN LA IMAGEN, LEOPOLDO LUGONES Y SU ESPOSA, EN
EL AÑO 1924

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