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4 de agosto de 2009

Análisis de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez


Análisis de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez
Esquema :Árbol genealógico- Etapas- Posición del narrador- Tiempo y novela




La historia de Macondo y de la familia Buendía constituye la espina dorsal de la novela, en la que se insertan multitud de episodios.
La narración sigue un orden aparentemente cronológico, desde la fundación de Macondo por la pareja inicial -José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán-, hasta la desaparición del pueblo, al cumplirse la predicción acerca del nacimiento, con cola de cerdo, del último de la estirpe. Pero, en realidad, el tiempo de la novela no es sucesivo ni cronológico, sino "cíclico": el pasado se repite en el presente y el futuro es previsible porque de alguna manera ya ocurrió.
Puede sintetizarse en cuatro etapas lo sucedido a las casi seis generaciones de Buendía.
Primera etapa: El mundo y el tiempo míticos de los fundadores
Corresponde al viaje que emprenden los esposos Buendía en busca de tierras más propicias donde asentarse, impelidos por el fantasma de Prudencio Aguilar, a quien José Arcadio ha dado muerte. Respecto de esas apariciones el narrador afirma:
Prudencio Aguilar no se fue, ni José Arcadio Buendía se atrevió a arrojar la lanza. Desde entonces no pudo dormir bien.
Es una constante de la obra: los vivos se comunican con los muertos con naturalidad, como si tal hecho no escapara a las coordenadas normales. Y es que en esta novela lo fantástico se interpola en la realidad cotidiana, hasta lo más extraño o insólito adquiere visos de verosimilitud.
En la estirpe de los fundadores hay, pues, un crimen, el de Prudencio Aguilar consecuencia, a su vez, del estigma que pesa sobre la descendencia de los Buendía -el último nacerá con cola de cerdo-, por lo que Úrsula insiste en no consumar matrimonio.
En esta primera etapa o tiempo mítico, los Buendía descubren las cosas que forman el nuevo mundo que los rodea, y fundan Macondo.
También corresponden a esta etapa las llamadas "pestes del insomnio y del olvido que atacan al pueblo. Sus habitantes pierden la costumbre de dormir. Pero la secuencia peor es la pérdida de la memoria. Es entonces cuando Aureliano y su padre José Arcadio deciden "marcar", es decir nombrar todas las cosas a la manera bíblica.
El retorno de Melquíades, poseedor de la historia de Macondo escrita en sánscrito que sólo podrá descifrar el último de los Buendía, pone fin a esta etapa, pues el gitano cura a los habitantes del pueblo.
Segunda etapa: El mundo y el tiempo históricos de las guerras del coronel Aureliano Buendía
Se narran aquí los treinta y dos levantamientos armados promovidos por el segundo hijo varón de los fundadores. El tono hiperbólico y el sentido paródico del texto se manifiestan en este fragmento:
El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados uno tras otro en una sola noche Declinó la pensión vitalicia que le ofrecieron de la guerra y vivió hasta la vejez de los pescaditos de oro que fabricaba en su taller Macondo.
Se subraya, de este modo, la inutilidad de las guerras civiles y la taciturna arrogancia del coronel, quien, sin embargo, comparte con otros personajes de la obra el "hacer para el deshacer" objetos recurrentes -pescaditos de oro en Aureliano, figuritas deazúcar en Úrsula, la mortaja que teje y desteje Amaranta-, que actúan como "prendas de rescate" en cuanto aplazan el tiempo de muerte de los personajes".
Tercera etapa: El tiempo de la inserción de Macondo en la realidad exterior
La invasión de Macondo por el mundo exterior, personificado en la compañía bananera, provoca un cambio total en la vida del pueblo y de sus habitantes. La momentánea felicidad así como la desventura final llegan con el tren que trae a los cultivos de la compañía. Macondo alcanza su mejor periodo económico, hasta que pasa la fiebre del banano y la explotación deja al pueblo sumido en la pobreza y en la desesperanza. Más adelante, el narrador cuenta las "realizaciones" de la compañía:
... modificaron el régimen de lluvias, apresuraron el ciclo de las cosechas, y quitaron el río de donde estuvo siempre y lo pusieron con sus piedras blancas y sus corrientes heladas en el otro extremo de la población, detrás del cementerio.
Cuarta etapa: La destrucción de Macondo
Aparece, entonces, el diluvio como castigo impuesto por Dios a los hombres, por su codicia y su orgullo en tiempos de la compañía bananera.
Llovió cuatro años, once meses y dos días. Hubo épocas de llovizna en que todo el mundo se puso sus ropas de pontifical y se compuso una cara de convaleciente para celebrar la escampada, pero pronto se acostumbraron a interpretar las pausas como anuncios de recrudecimiento. Se desempedraba el cielo en unas tempestades de estropicio, y el norte mandaba unos huracanes que desportillaron techos y derribaron paredes, y desenterraron de raíz las últimas cepas de las plantaciones.

Los personajes van muriendo uno a uno, sepultados por sus propias culpas. Sobre el final, Aureliano IV descifra la historia de su familia, escrita en sánscrito por Melquíades. Lo logra cuando su mujer, Amaranta Úrsula, da a luz al último de los Aurelianos, quien llega al mundo con la cola de cerdo pronosticada.
Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico, cuando Aureliano [ ... ] ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto [ ... ], y que todo lo escrito en ellos [los pergaminos] era irrepetible [ ... ], porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.
La posición del narrador
La tercera persona omnisciente adopta un tono familiar, que acorta la distancia con el lector y le permite dar verosimilitud a los hechos más alejados de la realidad. Nunca manifiesta opinión, ni toma partido. Se limita a contar los sucesos con naturalidad y sin ostentación de tecnicismos narrativas. Aparece, por lo tanto, como alguien ajeno a lo narrado, que no se detiene en justificaciones o explicaciones que restarían verismo a seres y a situaciones cuasi mágicas. Ese tono familiar hace tolerable la inexistencia de barreras entre lo real y lo imaginario.
Tiempo y novela
La obra se presenta como "una rueda giratoria", en la que hombres y acontecimien¬tos se repiten indefinidamente; el tiempo determina un eterno retorno en su devenir cíclico y los hombres reinciden en actitudes y hasta en los mismos nombres de sus antepasados'. Es Úrsula Iguarán quien primero lo advierte:
Ya esto me lo sé de memoria -gritaba Úrsula-. Es como si el tiempo diera vueltas en redondo y hubiéramos vuelto al principio.
Y más adelante repite:
Ante el dibujo que trazó Aureliano Triste en la mesa, y que era un descendiente directo de los esquemas con que José Arcadio Buendía ilustró el proyecto de la guerra solar, Úrsula confirmó su impresión de que el tiempo estaba dando vueltas en redondo.
En el libro no hay indicaciones temporales precisas. Sin embargo, la variedad y la multitud de episodios no atentan contra la idea de un tiempo paradigmático, no regis¬trable en medidas terrenas, sino que apuntan a subrayar su sentido simbólico, en cuanto el tiempo de la obra es representativo del tiempo de la humanidad sobre la Tierra Es la soledad que rodea a todos los personajes. Soledad que nace por carencia de amor solidario. Hasta Úrsula Iguarán, "la madre" entregada a los demás, cuyas virtudes domésticas sirven de eje a los acontecimientos centrales de la obra, termina sus días ciega, es decir, sola en su decrepitud '.
Pero tal vez el mejor ejemplo sea el del coronel Aureliano Buendía, que ordena trazar un círculo de tiza a su alrededor. Nadie podrá acercársele en esa "soledad del poder". Ni siquiera su madre Úrsula, quien, desde ese momento, lo considera perdido para siempre.

Personajes
En la familia inicial ya están determinados los caracteres de los personajes que des¬filarán a lo largo de la vida de Macondo. Así, en la pareja primigenia -José Arcadio y Úrsula- se da el parentesco -son primos- que también se repetirá en la última de Aureliano IV y Amaranta Úrsula.
Del mismo modo, los dos hijos varones de la primera pareja presentan los caracteres que distinguirán a los sucesores que reiteren sus nombres respectivos.
Mientras los Aurelianos eran retraídos, pero de mentalidad lúcida, los José Arcadio eran impulsivos y emprendedores, pero estaban marcados por un signo trágico.
Lo mismo sucede con los personajes femeninos. Este recurso subraya la caracterís¬tica cíclica del tiempo novelesco, ya que el linaje se repite en un juego de espejos.
Mención aparte merece Melquíades, múltiple figura mítica, en cuanto reedita el mito de Fausto en su poder de rejuvenecimiento; el de Lázaro, al resucitar; el de Nostra¬damus, al deslumbrar con sus artes mágicas; y el de Prometeo, cuando libera al hombre del calor insoportable, trayéndole hielo.
Pero su papel más importante es el de adivino. Como tal redacta la historia de los Buendía y predice su destrucción: "El primero de la estirpe está amarrado en un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas". Y así sucede: José Arcadio muere amarrado al árbol de su jardín y su último descendiente, nacido con la cola de cerdo, muere comido por las hormigas.
Ya hemos apuntado algunas notas del estilo de Cien años de soledad. Cabe subrayar, sin embargo, un aspecto distintivo: la desmesura que invade toda la obra y trasciende aun las acciones cotidianas de sus personajes. La hipérbole es, pues, el recurso narrativo más usado por el autor, en su afán de crear un mundo esencial.


Fuente: A.A.V.V. Las letras en la América hispana
Editorial Estrada

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