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1 de febrero de 2013

Análisis de Nocturno de Oliverio Girondo


Análisis de Nocturno de Oliverio Girondo



Nocturno es un excelente ejemplo de prosa poética, pues en ella Girondo emplea para referirse a la noche los recursos expresivos habituales en el lenguaje poético, pero sin sujetarse a la métrica que impone el verso. Además, lo que define al texto (transcripto al final del artículo) como esencialmente poético es la importancia que tiene en él lo subjetivo: Nocturno es una sucesión de imágenes que expresan el sentir del yo poético ante el carácter peculiar que adquieren las cosas durante la noche.
La sensibilidad del poeta se deja impresionar hondamente por los objetos y capta todos sus matices y las transformaciones que sufren cuando la noche los invade: de esa comuni­cación entre el poeta y la realidad exterior nace la carga subjetiva que cons­tituye la tónica del texto y que se manifiesta por medio de diversos recursos:

1)   El reiterado uso del pronombre personal nos y del verbo en primera persona:
nos dejan todavía más solos nos emocionan sin razón nos hace recordar
desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, se nos mete en el oído—. quisiéramos avisarles

2)   La profusión de imágenes anímicas por medio de las cuales se expresa un intenso contenido afectivo:
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón, desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo.
se comprende que no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme.

A causa de esa carga afectiva que el yo poético vuelca en el mundo exter­no, logra descubrir en los objetos inanimados un alma, una forma de vida, y llega a personificarlos atribuyéndoles gestos, intenciones y sen­timientos humanos. Con ello obtiene insólitos efectos que estimulan la fantasía del lector por su poder de sugerencia:
¿y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos'! Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras, y en que las cañerías tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran dentro de las paredes. A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que senti­rán las sombras y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.

El poeta logra comunicarnos el relieve particular y la vida que adquie­ren los papeles abandonados, los muebles viejos y las sombras, durante las horas en que el hombre se llama a reposo y son las cosas las que pasan a un primer plano.
Las imágenes sensoriales que predominan son las visuales, en particu­lar las dinámicas, y las auditivas, porque yo poético sabe descubrir, en medio de la quietud y el silencio nocturnos, sutiles movimientos, sonidos apagados:

1)    Imágenes visuales
Luces trasnochadas .
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan   . (dinámica y auditiva a la vez) ¿    papeles que se arrastran en los patios vacíos?
Las cruces de los postes telefónicos sobre las azoteas, tienen algo de siniestro .

2)    Imágenes auditivas
aullido de los gatos en celo,
los muebles- viejos aprovechan para sacarse las mentiras, las cañerías tienen gritos estrangulados

Las dos comparaciones que aparecen en el texto son particularmente eficaces por lo insólito y expresivo de los términos de comparación

Nocturno de Oliverio Girondo
Frescor de los vidrios al apoyar la fren­te en la ventana. Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo, y cuál será la in­tención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos apro­vechan para sacarse las mentiras, y en que las cañerías tienen gritos estrangu­lados, como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones. Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme.
¡Silencio! —grillo afónico que se nos mete en el oído—. ¡Cantar de las canillas mal cerradas! —único grillo que le con­viene a la ciudad—.
Oliverio Glrondo

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