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9 de agosto de 2009

En defensa propia de Rodolfo Walsh


Análisis de En defensa propia de Rodolfo Walsh

En el cuento En defensa propia, el investigador es un comisario ya retirado que recuer­da uno de los casos más importantes en los que participó. Al narrarlo, des­cribe con detalles el método de investigación empleado: la observación (en el escenario del hecho), la lectura de los indicios (como el tipo de vestimen­ta de la víctima), el reconocimiento de las pistas falsas (el revólver colocado por el culpable en la mano de su víctima) y la capacidad de deducción.

Recordemos que el personaje que cumple la función de realizar la investigación en los relatos policiales es, generalmente, un policía o un detective que se carac­teriza por su inteligencia y por su capacidad de deducción. En algunos ca­sos, aparecen ambos y compiten en la resolución del caso, siendo casi siempre el detective quien alcanza la verdad. En ciertas ocasiones, es un personaje cualquiera de la historia el que, por azar, se enfrenta con un enig­ma y se dedica a resolverlo. Asimismo, es frecuente que con el detective colabore un amigo o ayudante que es -además- testigo del modo en que aquel devela el enigma y que se sorprende frente a sus deducciones.


Sospechosos y coartadas
En el caso de "En defensa propia", no hay sospechosos porque el cul­pable revela desde el comienzo su identidad. Por eso mismo, no presenta ninguna coartada, pero introduce pistas falsas para desorientar al comisa­rio Laurenzi acerca de los móviles del crimen.



El enigma
En los relatos policiales aparecen formulados los enigmas fundamen­tales: ¿quién cometió el crimen? y ¿cómo lo hizo? Para poder resolverlos, el investigador reconoce la escena del hecho, interroga a los sospechosos, si­gue las pistas y busca indicios o huellas que lo orientan en su tarea. Pero, además, es preciso que utilice su capacidad de deducción, su inteligencia y los saberes que posee para llegar a la resolución. Por último, se produce la reconstrucción del hecho. que finaliza con el develamiento del enigma.

El enigma de "En defensa propia" presenta algunas variaciones respec­to de las características mencionadas: el investigador sabe de antemano quién es el culpable del crimen, pero debe averiguar si este fue cometido en defensa propia o por motivos personales. Además de la importancia que tiene la deducción, en este cuento es fundamental la experiencia del comisario como investigador y la ayuda que le otorga su memoria para reconocer la identidad de los distintos personajes que intervienen en la historia. Todos esos elementos contribuyen a plantear el verdadero enigma del cuento, que no es ¿quién cometió el crimen?, sino ¿por qué lo hizo? y ¿cómo lo hizo?

El investigador
A la manera de los grandes autores de relatos policiales que crearon in­vestigadores famosos a los que hicieron participar en más de una historia, también Rodolfo Walsh creó un personaje que se reitera en distintos tex­tos: el comisario Laurenzi quien no solo soluciona el caso de "En defensa pro­pia", sino que resuelve enigmas en otros cuentos de Walsh.


Las víctimas
En los relatos policiales puede haber una o más víctimas.

En el cuento "En defensa propia", hay en realidad dos víctimas. La pri­mera es el hombre que yace sin vida en la casa del juez. La otra es el pro­pio juez, como lo descubre el lector cuando el comisario explica los ver­daderos móviles del hecho. Es decir: en la situación de chantaje que ante­cede al crimen, es el juez quien cumple la función de víctima; en cambio en la situación enigmática propiamente dicha, el juez se convierte en cul­pable y el chantajista en víctima.

Los sospechosos y el culpable
Para que la trama sea más compleja, el número de sospechosos en los relatos policiales es am­plio aunque, casi siempre, solo uno de ellos es el culpable. Por lo general, cada uno de los sospechosos tiene un móvil, es decir un motivo personal para cometer e! crimen; de ese modo, el interés por develar el enigma au­menta. En general, los sospechosos presentan coartadas que demuestra que en el preciso momento en que se cometió el hecho no se encontra­ban en la escena del crimen. La sagacidad del investigador radica en des­cubrir cuál de los sospechosos tiene una coartada falsa, para dar así más rápidamente con el verdadero culpable.
Todo relato policial cuenta dos historias. La primera es aquella en la que el investigador se enfrenta con el hecho policial y el enigma correspondiente: se trata de la historia de la investigación, que termina cuando encuentra la solución del problema.
La segunda historia es la historia del crimen. Generalmente, esta aparec­e al final, cuando el investigador reconstruye los hechos hasta exponer resolución del enigma. La historia del crimen es anterior a la de la investigación, pero su relato aparece una vez finalizada esta última.
La presencia de estas dos historias significa que en los relatos policia­les se produce una alteración en la sucesión temporal de los hechos, es decir en la cronología, ya que solo así es posible que exista un enigma. La resolución del mismo hace posible el restablecimiento de la cronología.

En el cuento de Rodolfo Walsh, el comisario Lau­renzi cuenta cómo realizó la investigación y solo al final expone ordena­damente la historia del crimen, cuya cronología reconstruye gracias a la lectura correcta de los indicios hallados en el cuarto del juez y a su capa­cidad de deducción. Teniendo en cuenta la extensión del relato, es posi­ble observar que la historia de la investigación abarca casi todo el desarrollo d­el cuento, mientras la historia del crimen forma parte del desenlace.

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