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29 de septiembre de 2009

El vanguardismo en Argentina.Los grupos de Boedo y Florida

El vanguardismo en Argentina. Los grupos de Boedo y Florida
En la década del 20, Buenos Aires participa de un movimiento de renovación intelectual. Jorge Luis Borges regresa de Europa en 1921 y comienza a difundir el ultraísmo. Enuncia sus principios en un artículo que publica en la revista Nosotros: " ... el ultraísmo tiende a la meta principal de toda poesía, esto es, a la transmutación de la realidad palpable del mundo en realidad interior y emocional".
Meses más tarde, Borges firma una "Proclama" en la revista Prisma, junto a su primo, Guillermo Juan, a Eduardo González Lanuza y a Guillermo de Torre:
Nosotros los ultraístas [ ... ] queremos desanquilosar el arte. [ ... ] Hemos sinte­tizado la poesía en su elemento primordial: la metáfora, a la que concedemos una máxima independencia [ ... ]. Cada verso de nuestros poemas posee su vida individual y representa una visión inédita. El Ultraísmo propende así a la formación de una mitología emocional y variable.
Después, Borges desdeña este movimiento; lo considera falso; se avergüenza de haber firmado sus manifiestos. Entonces encauza sus ansias de renovación hacia el martinfierrismo. A pesar de su nombre, no se relaciona con la poesía gauchesca ni con las características literarias del siglo XIX. Nace sin ideología política, pero con el tiempo da origen a dos grupos: el de Florida (conservador) y el de Boedo (socia­lizante).

Grupo de Florida: el arte

La calle más frívola y cosmopolita de Buenos Aires da nombre a este grupo, para simbolizar una poesía importada de Europa, como la de Borges y la de Ricardo Güi­raldes. Sus integrantes constituyen la verdadera generación ultraísta.
El martinfierrismo surge como movimiento literario con Martin Fierro, periódico quincenal de arte y crítica libre, cuya publicación se extiende desde 1924 a 1927 (cuarenta y cinco números). Aunque defiende los cánones del ultraísmo, abre sus páginas a otras tendencias y orientaciones. Su objetivo es -según su director, Evar Méndez-­"promover la renovación poética y alentarla en toda forma: ayudar a que la juventud realice lo que mi vida no me permitió realizar en literatura. Y ello debido a mi antigua y profunda convicción de la necesidad de elevar el nivel de la lírica en América [ ... ] y cumplir aquí, la evolución que la poesía experimentó en otros continentes".
El martinfierrismo reconoce como maes­tro al escritor argentino Macedonio fer­nández (1874-1952), porque sus peculia­ridades poéticas responden a la revolu­ción que intenta iniciar.
A pesar de que Leopoldo Lugones fue blanco de no pocas chanzas, Jorge Luis Borges afirma que la obra de los poetas de Martín Fierro "está prefigurada, abso­lutamente", en algunas páginas del Lunario sentimental, del poeta cordobés. "Realmente pensábamos que escribir bien era escribir como Lugones."

El nombre de la publicación (Martín Fierro) se asocia con sus redactores, quienes comienzan a llamarse martinfierristas:
Postmodernistas: Conrado Nalé Roxlo (1898-1973) Cayetano Córdova Iturburu (1902-1977) Luis Leopoldo Franco (1898-1988) Horacio Rega Molina (1899-1957) Carlos Mastronardi (1901-1976)
Versolibristas (Adeptos al ultraísmo.) Ricardo Güiraldes (1886-1927) Oliverio Girondo (1891-1967) ,Pablo Rojas Paz (1896-1956) ,Ricardo E. Molinari (1898) Jorge Luis Borges (1899-1986) Leopoldo Marechal (1900-1970) 7 Eduardo González Lanuza (1900-1976) Francisco Luis Bernárdez (1900-1978) Norah Lange (1906-1972)

Ricardo Güiraldes colabora en Martín Fierro desde mayo de 1924 y, en agosto de ese año, funda Proa con Jorge Luis Borges, Brandán Caraffa y Pablo Rojas Paz. Desde estas páginas comunica su experiencia literaria de París, donde conoce los mo­vimientos de vanguardia. En "Prisma", de El cencerro de cristal, expone las aspiraciones del ultraísmo:
No busquéis aquí, verdad, razón o deducción alguna. A otros la enseñanza. A esas enormes cabezas cuadradas, pensantes y rumi-pensantes, que hacen de la verde yerba campera, un bolo alimenticio.
Ellos dicen: "mucho de lo que crees hermoso, no es sino cieno".
No tengo aptitudes de máquina, para transformar bellezas en utilidades y si algo hay de verdad en mis escritos, culpa mía no es.
El prisma recibe luz e, inconsciente, rompe transparencia, en siete colores.


La presencia de Güiraldes entre los martinfierristas -todos menores que él- es en­riquecedora.
El 15 de mayo de 1924, en el N° 4, Martín Fierro da a conocer su Manifiesto, escrito por Oliverio Girondo, que se caracteriza por su actitud desprejuiciada ante los nuevos movimientos literarios y por su fe en la capacidad de expresión original:
MArtíN FIERRO siente la necesidad imprescindible de definirse y de llamar a cuantos sean capaces de percibir que nos hallamos en presencia de una NUEVA sensibilidad y de una NUEVA comprensión, que, al ponemos de acuerdo con nosotros mismos, nos descubre panoramas insospechados y nuevos medios y formas de expresión.

Apetencia de novedades y afán de expresividad. Borges considera que el idioma se suelta, los verbos intransitivos se hacen activos y el adjetivo sienta plaza de nombre.
Cuando se halla en prensa el número de homenaje a Ricardo Güiraldes por el éxito de Don Segundo Sombra, Martín Fierro deja de aparecer a causa de las divergencias que surgen entre los que apoyan la candidatura de Hipólito Yrigoyen y los que no acep­tan que el periódico tenga connotaciones políticas.

El grupo de Boedo: la vida
La calle Boedo, popular y comercial, da nombre a este grupo que contrasta con el de Florida. Sus escritores se inspiran en el mundo del trabajo, en la ciudad, y expresan, a través de la literatura, sus preocupaciones sociales. Se oponen al ultraísmo y se reúnen en tomo de la revista Los Pensadores, que luego se llamará Claridad.
Pertenecen al grupo de Boedo:
· Álvaro Yunque (1889)
· Nicolás Olivari (1900-1966)
· Enrique González Tuñón (1901-1943)
· Leónidas Barletta (1902-1975)
· Raúl González Tuñón (1905-1975)
· César Tiempo (1906-1980)

Con el correr del tiempo, los grupos de Florida y Boedo se fusionan; algunos integrantes del primero manifiestan preocupación por los problema sociales y otros del segundo se interesan por las nuevas técnicas literarias . Entre 1927 y 1936 , el ultraísmo desaparece. Surge, entonces, una nueva revista: Sur, fundada por Victoria Ocampo (1891-1979)

Fuente: AA:VV:
Las letras en la américa hispana
Ed.Estrada.
Buenos Aires, 1974

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