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4 de octubre de 2009

RESUMEN: La literatura pre-colombina


RESUMEN: La literatura pre-colombina
Manifestaciones dramáticas de los antiguos mejicanos: el "Rabinal Achí"
La prosa didáctico-religiosa en lengua mayance: los "Libros del Chilam-Balam"
El "Popal Vuh" .

El estudio de los textos literarios precolombinos conservados demuestra el alto nivel cultural alcanzado por algunos pueblos indígenas y enseña a valorar la ductilidad expresiva de los distintos idiomas en que fueran redactados.
Contexto histórico de la literatura pre-colombina
A fines del siglo XV existían, en América, culturas en muy diversos grados de de­sarrollo: desde las más rudimentarias, como las que habitaban las mesetas patagóni­cas, hasta las muy adelantadas de Méjico y Perú.
La extensión del continente albergaba miles de pueblos que -según los estudiosos más modernos- pueden agruparse en ciento veintitrés familias Lingüísticas, de las cuales sólo tres correspondieron a grupos étnicos de alta cultura:
· la azteca o náhuatl, que ocupaba el centro y el sur de la actual República de Méjico;
· la maya-quiché, que se extendía por parte de los actuales Méjico, Guatemala, Honduras y El Salvador;
· la inca o quechua, que comprendía los territorios de los modernos estados de Perú, Ecuador y Bolivia.

No todas estas culturas estaban en su mayor esplendor a la llegada de los espa­ñoles. Tampoco puede afirmarse que fueran originales. Sin embargo, el común deno­minador que las hermana, a pesar de sus notables diferencias, es la existencia cierta de una literatura peculiar, algunas de cuyas manifestaciones, preservadas por los mismos conquistadores europeos, han llegado hasta nosotros como prueba del alto desarrollo cultural alcanzado por esos pueblos.
Casi todos los cronistas nos hablan de la existencia, entre los indios, de libros y escribas dedicados a fijar sus mitos, historias y tradiciones. Así lo afirma Bernal Díaz del Castillo en su célebre Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, al referirse a las casas donde se guardaban "muchos libros de papel, cocidos a dobleces, como a manera de paños de Castilla". Estos libros de papel, hechos de la corteza del amato, servían en los centros educativos llamados "calmécac" (hileras de casas) y "telpuchcalli" (casas de jóvenes) para difundir la historia y las costumbres indígenas.
La escritura precolombina: sus formas
En las altas civilizaciones que habitaron Méjico y América Central se dieron tres formas sucesivas de escritura: la pictográfica, la ideográfica y la parcialmente fonética.
La pictográfica es la más elemental. Consiste en la representación de hechos y seres mediante el dibujo o la pintura.
La ideográfica constituye un avance, ya que se compone de un sistema de glifos, es decir, de figuras que simbolizan ideas. En general, los glifos pueden clasificarse en tres grupos: los de carácter numeral, los calendáricos y los representativos de ideas abs­tractas o metafísicas, como la divinidad, la vida, el movimiento.
Este sistema de glifos se complementaba en las culturas del Anáhuac con el uso de colores simbólicos. Así el amarillo identificaba al sexo femenino; el morado indicaba la condición real del "tlaotami" o jefe; el negro y el rojo, la sabiduría, que incluía el dominio de la escritura.
La forma parcialmente fonética para consignar por escrito el pensamiento, es decir, la representación de los sonidos o fonemas mediante signos gráficos, no alcanzó su total desarrollo en la América precolombina.
Tanto mayas y quichés, como nahuas (aztecas, tezcocanos, axcaltecas, etc.) no crearon sus propios sistemas de escritura, sino que los heredaron.
El sistema ideográfico maya, basado en glifos, aún no ha sido descifrado en su totalidad, lo que dificulta la comprensión de los textos literarios conservados.
Los nahuas, en cambio, usaban la pictografía, y con ella compusieron los "grandes y hermosos libros" de los que habla el misionero fray Diego Durán.
Cómo se preservaron algunas expresiones literarias precolombinas
La avidez de conocimiento que caracterizó al hombre renacentista, despertó su in­terés por cuanto de nuevo ofrecían estas tierras. Así, fueron los hombres de armas -Cortés, por ejemplo-, los misioneros en otros, quienes se encargaron de preservar el legado literario indígena.
Aprendidas las lenguas nativas, la misma tarea evangelizadora les permitió cono­cer las manifestaciones literarias autóctonas y preservarlas. En general, los misioneros se valieron de los indios, a quienes ya habían enseñado nuestro idioma y su escritura para fijar la literatura conservada hasta entonces por transmisión oral. Estos ama­nuenses la volcaron en caracteres latinos, pero mantuvieron la lengua original. Se formaron así riquísimos códices, que incluyen composiciones líricas, cantos épicos y. también, textos narrativas y aun fragmentos dramáticos.
El náhuatl, idioma rico en vocabulario y de expresión elegante, aparece como ve­hículo apropiado para transmitir ideas abstractas o difíciles.
Conscientes del valor de la palabra, los nahuas cultivaban el arte del buen decir. Quienes lo dominaban o "tia­quetzqui", es decir, "aquel que al hablar hace ponerse de pie a las cosas", eran los creadores o poetas, de cuyos labios brotaban las "flores" (las metáforas) sobre los grandes temas líricos y 'épicos de todos los tiempos y de todas las latitudes: la divi­nidad y sus enigmas, el placer de la amistad, la muerte, el amor, los hijos, las hazañas guerreras, etcétera.
Usaban formas estróficas irregulares, basadas, generalmente, en pies rítmicos, en las que abundan paralelismos, estribillos, antítesis y difrasismos (expresión formada por dos palabras que se complementan en el sentido, bien por ser de significación afín o bien por evocar una tercer idea. Ejemplo: flor y canto, significaba poesía; silla y estera, evocaba la idea de mando y poder).
La lírica mejicana precolombina presenta coincidencias con la del Renacimiento europeo: como ésta, exalta el culto de la amistad y considera a la poesía don divino.
Dios me envía como un mensajero, a mí transformado en poema.
a mí Temilotzin.
También yo he venido
a hacer amigos aquí.
Temilotzin. "Poema" (siglo XVI).
También, como los poetas renacentistas, los nahuas y los mayas se preguntaron sobre la muerte, discurrieron acerca de la fragilidad de las cosas terrenas y confiaron en alcanzar la "vida de la fama" -según la feliz expresión manriqueña- a través de sus poemas:
También yo he venido aquí estoy de pie:
de pronto cantos voy a forjar, haré un tallo florido con cantos. ¡oh vosotros amigos!
¿He de irme como las flores que perecieron? ¿Nada quedará de mi nombre?
¿Nada de mi fama aquí en la tierra?
¡Al menos mis flores, al menos mis cantos!
Aquí en la tierra es la región del momento fugaz.
Ayocuan. "Poema" (siglo XV).


Manifestaciones dramáticas de los antiguos mejicanos: el "Rabinal Achí"
En general, el teatro precolombino de esta región fue marcadamente religioso. León­Portilla lo llama "teatro perpetuo", ya que las representaciones abarcaban los veinte meses que, para ellos, tenía el año. Incluía cantos, bailes y parlamentos, interpretados estos últimos por los sacerdotes y el elegido para encarnar al dios, en cuyo honor se realizaban.
Pero, paralelamente a este teatro religioso, se desarrolló una dramaturgia profana, de la cual conservamos la obra titulada Rabinal Achí o Señor de Rabinal. Su texto fue recogido hacia 1856 por el estudioso Brasseur de Bourbourg, de los labios del indio Bartolo Diz.
La obra narra las proezas de un guerrero quiché que, prisionero del señor de Rabi­nal, trata de obtener su libertad y prefiere la muerte antes de rendir vasallaje a su enemigo.
La pieza combina pasajes trágicos con otros hondamente líricos. Entre estos últimos, merecen citarse aquellos que describen los sentimientos del guerrero quiché ya con­denado: pide se le permita volver a su patria para despedirse de sus valles y montañas, antes de morir.
Por su tema y desarrollo, la obra revela un origen prehispánico; lo corroboran, también, ciertos rasgos de estilo, como la abundancia de fórmulas de cortesía indígena, el difrasismo y las metáforas y simbolismo propios de la lengua de esa época.>
La prosa didáctico-religiosa en lengua mayance: los "Libros del Chilam-Balam"
También hacia 1859, los eruditos descubrieron antiguos códices que contienen los titulados Libros del Chilam-Balam.
Escrita en lengua maya, pero con caracteres arábigos, esta obra anónima y colectiva parece haber sido redactada a lo largo de cuatro siglos -del XVI al XIX-, es decir, después de la conquista, con el fin de preservar textos, mitos, costumbres y tradiciones de origen yucateco.

"Este libro es el primer libro pintado antaño: Pero su faz está oculta": el "Popal Vuh"
Estas palabras crípticas inician el Popal Vuh (de "popal" -comunidad, consejo-- y "vuh" -libro) o Libro del Consejo, o Libro del Común o Libro nacional de los quichés. Las expresiones arriba transcriptas parecen indicar que, en un principio, sus autores utilizaron el sistema pictográfico para fijarlo. Sin embargo, el manuscrito que lo conser­va es posterior a la conquista, ya que data de 1550. Fue alrededor de esta fecha que un indio lo escribió en lengua quiché, pero con caracteres latinos.
Debieron pasar casi tres siglos para que el padre Francisco Ximénez lo descubriera en Chichicastenango (Guatemala) y realizara su primera versión castellana. Se lo con­sidera anónimo y, tal vez, de redacción colectiva .
La estructura del "Popol Vuh"
Esta obra, considerada una suerte de biblia maya-quiché, resume las creencias de esos pueblos.
Su asunto puede dividirse en un preámbulo y cuatro grandes secciones.
En el preámbulo, el recopilador indígena manifiesta su intención de contar la historia del pueblo quiché tal como la reseñaba el libro original, perdido u oculto desde la llegada de los conquistadores: Esto lo escribiremos ya dentro de la ley de Dios, en el Cristianismo; la sacaremos a la luz porque ya no se ve el "Popol Vuh" [ ... 1.
Existía el libro original, escrito antiguamente, pero su vista está oculta al investigador y al pensador.
La primera sección resume las creencias quichés respecto del origen y formación del mundo, así como lo referente a la aparición definitiva del hombre sobre la Tierra, después de varios intentos infructuosos de creación por parte de los dioses.
La segunda sección incluye una serie de narraciones míticas y de leyendas religio­sas, y las últimas dos partes contienen la historia del pueblo quiché y de sus cuatro primeros caudillos, así como de sus desplazamientos y conquistas hasta lograr la con­solidación de su poderío.
Estructura:
Preámbulo: Resume la intención del autor: contar la historia del pueblo maya-quiché
Primea sección: Cosmogonía y génesis de la humanidad.
Segunda sección: Serie de narraciones míticas y de leyendas religiosas.
Tercera sección: Orígenes y desplazamientos del pueblo maya-quiché.
Cuanta sección. Hazañas de los cuatro primeros caudillos maya-quichés y sus conquistas.
En las dos primeras secciones del cuerpo del libro prevalece el elemento mitológico, enraizado en creencias, ritos y costumbres de antiquísimo origen, mientras que, en las dos últimas, predomina lo histórico en relación con el logro de la hegemonía maya-quiché.
La obra comienza con la enumeración de los seres divinos y de sus varias deno­minaciones. Ellos engendran el cielo, la tierra, el agua, las plantas y los animales. Finalmente, crean los astros. No necesitan crear la luz, que existió -según el Popol Vuh- desde siempre. Pero sí necesitan hacerla con la oscuridad, para lograr su propio descanso.
Terminadas estas primeras creaciones, desean oír alabanzas por la tarea realizada.
Como nada de lo hasta entonces existente puede ofrecérselas, deciden formar al hombre, al que hacen de tierra. Esta primera creación humana, incapaz de articular voces de alabanza para la obra divina, es destruida por el agua:
Entonces fue la creación y la formación. De tierra, de lodo hicieron la carne [del hombre]. Pero vieron que no estaba bien, porque se deshacía, estaba blando, no tenía movimiento, no tenía fuerza, se caía, estaba aguado, no movía la cabeza, la cara se le iba para un lado, tenía un cuello muy grande, no podía ver para atrás. Al principio hablaba, pero no tenía entendimiento. Rápidamente se humedeció dentro del agua y no se pudo sostener.
Primera parte, Cap. lI.
Los dioses echan suertes con granos de maíz y éstos indican que deben utilizar la madera para formar al hombre. Con esta nueva creación tampoco logran su objetivo: los seres así constituidos hablan, pero lo hacen sin ingenio ni sabiduría. Sus mani­festaciones no incluyen el agradecimiento ni la alabanza a sus creadores, quienes deciden destruirlos mediante un diluvio que cubre la Tierra:
... al instante fueron hechos los muñecos labrados en madera. Se parecían al hombre, hablaban como el hombre y poblaron la superficie de la tierra. [ ... ] pero no tenían alma, ni entendimiento, no se acordaban de su creador ...
En seguida fueron aniquilados, destruidos y deshechos los muñecos de palo; [ ... ] un gran diluvio se formó, que cayó sobre las cabezas de los muñecos de palo.
Primera parte, Cap. II y lIl.
El hombre definitivo será creado mucho después cuando, superadas las rencillas, las divinidades -dioses y semidioses- se abocan nuevamente a la tarea. Pero esta vez la materia prima será el maíz, fundamento de las economías de todos estos pueblos que, por esa razón, han sido llamados "culturas de maíz".
A continuación entraron en pláticas [los Creadores] acerca de la creación y formación de nuestra primera madre y padre; de maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros primeros padres, los cuatro hombres que fueron creados. Tercera parte, Cap. II.
y como tenían la apariencia de hombres, hombres fueron. [ ... ] Grande era su sabiduría. [ ... ] y en seguida acabaron de ver cuanto había en el mundo. Luego dieron las gracias al Creador y al Formador. Tercera parte, Cap. II
De estos cuatro primeros hombres, descienden los cuatro grupos distintos del pueblo quiché, cuyas historias ocupan las dos últimas secciones de la obra.
Sin embargo, la secuencia que corresponde a la aparición del hombre sobre la Tierra se ofrece continuamente escindida -como hemos visto- por episodios de difícil com­prensión, que relatan peripecias vividas por héroes míticos.
Así, el libro describe las secuencias del célebre juego de pelota entre magos y dioses que luchan por la supremacía, o pruebas iniciáticas que el héroe afronta para vencer el mal. También se insertan cuentos etiológicos que recogen antiguas recetas, sobre la base de hierbas y de conjuros, fábulas y costumbres ancestral es, cuyo origen sólo encuentra una explicación mítica.
Por todo lo expuesto, puede afirmarse que el Popol Vuh narra desde los sucesos legendarios, protagonizados por dioses y héroes gigantescos, propios de la edad mítica, hasta los hechos que conforman la historia del pueblo quiché, y resume las luchas de sus diferentes tribus para alcanzar la dominación de territorios con climas más propicios para el desarrollo de su cultura.

unte:AA:VV:Las letras en la américa hispánica
Ed.Estrada,Buenos Aires,1994

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