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31 de julio de 2011

CUENTOS DE ANIMALES : ANIMALES SALVAJES- ANIMALES DOMÉSTICOS

CUENTOS DE ANIMALES : ANIMALES SALVAJES- ANIMALES DOMÉSTICOS

Los cuentos de animales son tan numerosos que constituyen una característica del folklore argentino. Nuestro pueblo siente verdadera preferencia por este cuento breve, gracioso, aleccionador, que refleja el ambiente y las costumbres de la vida campesina y las modalidades de los animales de su fauna, ingeniosamente humanizados. Esta preferencia se explica en nuestro pueblo eminentemente ganadero, que lo fue desde los primeros tiempos de la conquista, que lo sigue siendo en gran parte de su extenso territorio y que mantiene verdadero interés por las tradiciones del campo.

Estos cuentos de animales, heredados de España, tienen su fuente remota en la cultura clásica y oriental. Conservan elementos de la tradición oral occidental que en la Edad Media dieron materia para la elaboración de obras famosas como el Román de Renard. Estos cuentos y sus motivos, en su casi totalidad, han sido recreados por nuestros narradores y adaptados a la región y la comarca. También contamos con algunos cuentos que consideramos creaciones de nuestro pueblo sobre el modelo de los relatos tradicionales, como veremos.

Espinosa clasifica como esópicos a estos cuentos animalísticos. Tienen ellos, sin duda, lejana ascendencia en las fábulas de Esopo y sus fuentes. Esopo tomó, seguramente, elementos populares para sus fábulas, que elaboró en prosa y no escribió nunca; las usó en la oratoria con fines morales y políticos, y ello favoreció, juntamente con la sugerencia de la composición, su extraordinaria difusión en la tradición oral de la antigua Grecia y en la de Occidente. Diversos autores les dieron forma poética con el tiempo. Platón las recomienda y dice que Sócrates ponía en verso las que sabía y recordaba en su prisión, en los últimos días de su vida. Esopo contribuyó en forma esencial a la caracterización y enriquecimiento de la tradición oral occidental frente a la tradición oriental, en la que se cree que también influyeron sus fábulas. Cuando las grandes colecciones de fábulas escritas se divulgaron en Occidente, Aviano, Fedro, Rómulo, ya existía el mayor número de sus motivos en la tradición oral. La primera edición española conocida con el nombre de Fábulas de Esopo es la de 1498 reproducida en facsímil por la Real Academia Española en 1929. En su importante Prólogo, Emilio Cotarelo aclara que el traductor desconocido agregó al volumen Fábulas de Aviano y una colección de cuentos. En las recopilaciones y traducciones antiguas de fábulas es común agregar narraciones diversas.

Fueron innumerables los recolectores y los imitadores de las fábulas de Esopo en estos siglos; las colecciones llevaron siempre el calificativo de esópicas, término que revive la singularidad del creador.

Los personajes. Los personajes de nuestros cuentos son animales domésticos y animales salvajes de nuestra fauna. Los domésticos son, en general, los del cuento europeo. Los animales salvajes no son los del antiguo continente, pero muchos tienen los mismos nombres. Se los dieron los españoles de la Conquista al observar en éstos semejanzas con aquéllos, a veces acentuadas, por pertenecer a una familia común. A estos nombres debemos agregar la aclaración de americano. Así tenemos el zorro, el tigre, el león, el mono, el venado, el avestruz, el águila, la paloma, la perdiz. Algunos conservan sus nombres indígenas como el quirquincho, el guanaco, la vicuña, el aguará. Otros son nombres de nueva formación como el hornero, casero o alonsito, el carancho, el chimango. También, en casos determinados, alternan en el uso y en la narración el nombre español y el indígena, como tigre o jaguar, león o puma. La función que desempeñan estos personajes en el motivo tradicional sí es la misma que la de los animales del cuento popular occidental, y está siempre relacionada con sus modalidades particulares que los narradores conocen admirablemente.

El zorro ocupa el primer lugar en nuestros cuentos de animales. Esopo lo consagró en la narrativa como símbolo de astucia y picardía, y así figura en nuestros cuentos y en los más antiguos de la tradición occidental. Esopo elaboró, seguramente, algunos motivos de las narraciones campesinas de la Grecia del siglo VI a. de J.C., época en la que se asegura que vivió y en la que ya se atribuían al zorro humanizado, estas características. Una tradición remota que relacionaba al fabulista con su personaje animal más ingenioso y audaz, inspiró un precioso documento iconográfico. En el medallón central de un hermoso vaso del siglo V a. de J.C., conservado en el Museo del Vaticano, un artista anónimo pintó a Esopo y al zorro sentados frente a frente en actitud coloquial. El zorro, con ademanes y gestos expresivos, parece narrar graciosamente sus aventuras al fabulista que lo escucha absorto (véase el dibujo que lo reproduce).

El zorro es el personaje por excelencia del cuento animalístico de Occidente. En la narrativa oriental, en el Panchatantra, por ejemplo, no figura, y en cierto modo, ocupa su lugar el chacal. Nuestro zorro, que vive en todo el país y pertenece a varios géneros, tiene gran semejanza con el europeo. El Román de Renard de los siglos XII y XIII es un conjunto de cuentos del zorro y otros animales, cuyo tema central es la lucha del zorro y el lobo. Casi todos sus motivos están en los cuentos argentinos. Algunos críticos opinan que esta lucha del zorro y el lobo ha sido creada por los autores del Román de Renard, pero es, sin duda, materia de los motivos populares.

El lobo no existe en la fauna de Sudamérica y por lo tanto en la de la Argentina y es desconocido en nuestros cuentos. El animal cruel y sanguinario que ocupa su lugar es el tigre, el tigre americano o jaguar. Los cuentos del tigre y el zorro constituyen el ciclo más numeroso de nuestra narrativa animalística. En algunos cuentos figura el león, el león americano o puma.

El zorro, como en los cuentos europeos, burla y humilla a animales de mayor tamaño y ferocidad como el tigre y el león; este ciclo tiene gran semejanza con el del zorro y el lobo. Se ve en ello el triunfo de la inteligencia sobre la fuerza y del humilde sobre el poderoso.

En contraposición con este motivo, el zorro es burlado por animales más pequeños y débiles, también como en la narrativa occidental. Entre estos animales figuran el gallo, un armadillo, el quirquincho o peludo, algunos pájaros, el chingolo o chuschín, el hornero, casero o alonsito y otros que veremos en los diversos cuentos.

El recurso muy antiguo de dar nombres propios o apodos a los animales del cuento popular, se conserva en los nuestros, pero más en forma ocasional que general; lo veremos al tratar cada versión. El zorro es el único que mantiene en forma permanente un nombre propio o apodo que lo individualiza, el de Juan Zorro. Este nombre es, sin duda, antiguo y vino con los primeros motivos de los cuentos de animales de España. Un juglar gallego portugués del siglo XIII llevaba el nombre o apodo de Joan Zorro; personajes con este nombre figuran, en textos portugueses del mismo siglo, según documentos de Menéndez Pidal y de Corominas Seguramente el nombre se usó en España entre juglares y troveros andariegos que recorrían permanentemente estos países, y en su forma castellana de Juan Zorro. Un trovero francés, también del siglo XIII, autor del Lai de l'ombre sobre el motivo de un cuento popular, se llamaba Jean Renard, símil del nombre español y del nombre portugués. Estos elementos nos permiten conjeturar que zorro, nombre común de la lengua general, tiene una historia semejante a la del francés renard, forma definitiva de Reinardus del Isengrimus, que pasó al Román de Renard dando título a la obra y substituyendo al primitivo goupil en la lengua corriente. Posiblemente los narradores ambulantes en el afán de divertir a su público dieron al más pícaro de los personajes del cuento de animales el nombre de un juglar, Juan Zorro, desde luego de vida indecorosa, como correspondía a la humanización del animal. Sabemos que la parodia y la burla eran recursos del estilo juglaresco del siglo XIII y que los juglares tomaban nombre de oficio, distintos del de pila, y con frecuencia burlescos. El nombre Juan Zorro o don Juan Zorro se conserva en nuestros cuentos. Como ocurre con los nombres o apodos de gran popularidad, toma en las numerosas versiones y variantes formas diversas, y así se dice don Zorro, don Juan, Juan, Juancho, Juana o doña Juana y alguna vez doña Juana Zorra es la zorra. Juancitos o los Juancitos son los cachorros.

En los cuentos argentinos el zorro ocupa el primer lugar como personaje; en algunos aparece la zorra como hembra del zorro. En el habla general y en los estudios científicos se usa zorro como genérico. En España es la zorra la que ocupa ese lugar. Zorro predomina en algunas provincias como Burgos y es sin duda antiguo. Creo que en el resto de España influyó en el uso de la forma femenina, el primitivo vulpeja y el convencional raposa.

En nuestros cuentos figuran otros nombres propios dados a animales, en forma accidental: Ildefonso y Simón es el tigre; Gallardo el gallo; Alejandra la calandria; Agustín el chuschín o chingolo; Alonso y Alonsito el hornero; Petrona la paloma.

El tratamiento que se dan los animales en el relato es con frecuencia el de compadres; el de tío y sobrino es permanente entre el zorro y el tigre, tratamiento que se observa en el Isengrimus y en algunas branches del Román de Renard; el de socios en algunos motivos, y en otros el de compañeros y amigos.

Esta clase de cuentos de animales se encuentran en el folklore de todos los pueblos del mundo civilizado, y aunque en los relatos se repiten motivos universales, en su adaptación al medio y a la vida de sus hombres, adquieren características inconfundibles.

Los relatos etiológicos de animales han sido clasificados científicamente como leyendas. Narran el milagro de una transformación de hombres en animales y explican una característica llamativa de su conformación, de sus costumbres o de la onomatopeya de su grito. Son numerosos en el folklore argentino y están agregados al gran volumen de las leyendas.

Los relatos de los grupos indígenas, que conservan sus características primitivas, son tratados en un capítulo especial.

BERTA ELENA VIDAL DE BATTINI : CUENTOS Y LEYENDAS POPULARES DE LA ARGENTINA




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