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7 de agosto de 2011

CUENTO POPULAR :La muñeca de brea

CUENTO POPULAR :La muñeca de brea

Fuente: Ralph Steele Boggs, Ei folklore de los Estados Unidos de Norteamérica, Bs. As., Raigal, 1954, p. 32. Tema ampliamente estudiado por Aurelio Espinosa (Journal of American Folklore, XLIH [1930], 129-209), quien sos­tiene que su origen es oriental y señala la existencia de más de trescientas versiones en Africa, América, India y otros puntos. Las versiones hispánicas, según el citado autor, estarían relacionadas con la versión indica de Jataka, 55. En sus Cuentos Populares Españoles cfr. "El hombre de pez".La versión de Boggs pertenece al folklore franco-americano de Luisiana.

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Había una sequía y a Buquí le faltaba el agua. Los canales se habían secado, dejando grietas grandes en el lodo. Buquí estaba preocupado. ¿Cómo iba a conseguir agua potable? Resolvió visitar a su compadre Lapén, el conejo, que era muy vivo. Cuando llegó a la casa de Lapén, dijo: "Lapén, he venido a verte para solucionar nuestro problema de cómo vamos a conseguir agua. De mi parte he decidido excavar un pozo. ¿Quieres ayudarme?" A Lapén nunca le había gustado el trabajo, aunque a él también le hacía mucha falta el agua, de modo que le contestó a Buquí con su malicia habitual: "No, Buquí, haz tu pozo tú solo. En cuanto a mí, beberé el rocío. Lo único que me hace falta para apagar la sed es un poco de rocío de la mañana". Contestó Buquí, indicando sus du­das con un meneo de cabeza: "Muy bien, pero buena falta te hará agua de mi pozo. No me quie­res ayudar, ¿verdad? ¡Bien! Pero Dios te ayude si te cojo en la vecindad de mi pozo después de terminado".

Buquí volvió solo a su casa e hizo un pozo. Ca­va que cava y al fin lo terminó. Ya no le faltaba agua para la casa y para beber. Pero Lapén tenía sed y resolvió visitar el pozo de Buquí. Buquí guar­daba sus botas al lado del pozo. Lapén se las po­nía, y jugaba y tomaba agua del pozo a la luz de la luna hasta el amanecer. Cuando oía que Buquí venía se escapaba de prisa. Tantas veces encon­tró Buquí el agua de su pozo sucia y lodosa que una mañana exclamó: "Yo sé quién es el pícaro que juega aquí y toma agua de mi pozo. Es Lapén. ¡El pillo!" Buquí trató muchas veces de cogerlo. Por fin ideó un plan. Preparo una muñeca de brea y la colocó cerca del pozo Aquella noche cuan­do vino Lapén, vio la muñeca negra de brea y al principio tuvo miedo: "¿Quién está ahí?", preguntó temblando. La muñeca de brea se quedó en si­lencio. Lapén volvióse más audaz y grité: "¿Quién eres tú?". "Contéstame o te doy una patada" Co­mo no contestó, le dio con la pata derecha delan­tera, que se pegó en la brea. Gritó: "Suéltame o te doy con la otra". Le dio con la pata izquierda delantera y gritó: "Te digo que me sueltes, si no, te daré patadas por todas partes". Por fin tuvo que darle a la muñeca de brea con todas las patas, y ellas se le quedaron pegadas. Por la ma­ñana vino Buquí y vio a Lapén completamente pegado a la muñeca de brea. Con gran gozo gri­tó: "¡Ahá! Ahora te tengo, pillito mío. Esta vez te cogí. De modo que bebes el rocío, ¿verdad?". La­pén, viéndose en tal apuro, pensaba cómo escapar sano y salvo. En tono de arrepentido le dijo a Bu­quí: "Ya comprendo, Buquí, que he errado. Me tienes donde merezco estar, por culpa mía. Haz conmigo lo que tú quieras. Sólo una cosa te ruego que no hagas conmigo". "¿Qué es eso?", pregun­tó Buquí ansiosamente. "Échame en el fuego, dijo Lapén, échame en el río, quémame vivo, ahóga­me, pero por favor no me eches en las zarzas. Las zarzas destruirán por completo mi pobre pellejo". "¡Muy bien! Eso es exactamente lo que haré", con­testó Buquí, con una sonrisa feliz. "Te echaré en medio de las matas espinosas, del zarzal más grande". Lapén puso una mirada de asustado y volvió a rogarle a Buquí: "Oh, Buquí, yo no te culpo por cualquier cosa que me hagas. Quéma­me vivo si quieres, ahógame si quieres, pero por Dios no me eches en el zarzal. Así sufriré más. Mi pobre carne quedará echa pedazos. Quiero morir de una vez si tengo que morir". "Tú, pícaro, dijo Buquí, mientras despegaba a Lapén de la muñeca de brea, ya estoy harto de tus engaños. Esta vez me las pagarás todas. Te voy a echar en aquel zarzal grande; allá. Espero que te rasques hasta que dejes pedacitos de la piel en todas partes". Buquí llevó a Lapén al zarzal, lo agarró bien por la cola y le dio varias vueltas en el aire cantando con placer antes de soltarlo Lapén cayó en medie del gran zarzal. Enseguida se paró y le gritó a Buquí "Mil gracias, Buquí. Nací y me crié en un zarzal, y ahí es dónde pertenezco".


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