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14 de junio de 2014

Colombia: resumen de su historia y su literatura

Colombia: resumen de su historia  y su literatura

Los albores de la modernidad
Colombia, parte principal del Virreinato de Nueva Granada y cus­todia del poder militar español sobre el estratégico mar Caribe, aportaba a la metrópoli el fruto de sus minas de metales preciosos. La agricultura del tabaco que se consolidó luego no se extendió más allá de ciertas áreas reducidas.
Su vida independiente nacida tras violentas luchas, se inicia junto a Venezuela y Ecuador, en el territorio de la Gran Colombia, proyecto bolivariano cuyo fracaso, hacia 1830, consumó la fragmentación de las naciones latinoamericanas y truncó definitivamente el sueño de la Patria Grande. Los comienzos del siglo auguraron una nueva pérdida para Colombia: su provincia, Panamá, se declaraba independiente y Estados Unidos comenzaba con la virtual ocupación de la zona: la construcción del canal.
En lo económico la república colombiana se vincula al mercado mundial a través de las exportaciones de café que permiten la moderni­zación del país dentro de los límites de la estructura agroexportadora. El poder político, reducido a un escaso círculo de familias señoriales, se disputa entre liberales y conservadores. La aspereza de esta oposi­ción culmina en una devastadora guerra civil, "la guerra de los mil días", en los últimos años del siglo XIX.
Un nuevo auge cafetalero en la primera posguerra alienta las mejo­ras en las comunicaciones y la expansión de la frontera agrícola. A la vez, coincidiendo con transformaciones a nivel mundial, aumentan las inversiones norteamericanas que se asientan en dos nuevos rubros de exportación: banano y petróleo.
La huelga de obreros bananeros contra la United Fruit Company en 1928, recreada por García Márquez en "Cien años de soledad" y repri­mida por el gobierno con una feroz matanza, es una muestra del nuevo orden reinante en donde el enclave norteamericano constituye el factor real de poder.
La república liberal
Desde comienzos de siglo la estructura de la vieja Colombia había ido modificándose al crecer los centros urbanos relacionados con la exportación y formarse incipientes ciudades manufactureras como Medellín, destinadas a abastecer el cada vez más populoso mercado interno.
La gran depresión de 1930 y el derrumbe de los precios del café hacen posible el cambio político y la instauración de la república liberal. Se encaran reformas de corte progresista como la institucionalización del sindicalismo y cierto control estatal sobre la dete­riorada economía.
Como contrapartida, la "nueva ley del petróleo" de 1931 legaliza los privilegios y exenciones de las compañías concesionarias alentando la instalación indiscriminada. La república liberal sucumbe hacia 1945 ante su incapacidad para resolver los problemas nacionales.
La violencia generalizada
Es en ese contexto, marcado por la segunda posguerra, que surge la figura de José Eliecer Gaitán, líder de un movimiento popular con arraigo en los sectores rurales que habían emigrado a las ciudades. Su aparición como nueva fuerza en el escenario político a través de la movilización de masas de 1945 provoca nuevas definiciones en el poder. En efecto, el nuevo gobierno, surgido de la alianza de conservadores y sectores liberales, fórmula que en lo sucesivo tendrá carácter permanen­te, decreta la ¡legalización de las luchas sociales y de los sindicatos. Las elecciones del 46 otorgan la victoria al conservador Mariano Ospina Pérez, pero Gaitán, jefe de la facción liberal extrema, obtiene la mayo­ría parlamentaria. Durante este gobierno se acentúa la política repre­siva que culmina con el asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948 cuando la popularidad del líder había llegado a su máxima expresión. La vio­lenta reacción popular que provocó este hecho constituyó el denominado "bogotazo" en el que la ciudad quedó prácticamente devastada por la indignación espontánea de amplios sectores que se volcaron a la calle en un clima de altísima tensión política. Ospina decretó la supresión del congreso y de las garantías constitucionales.
Ese mismo año en el marco mundial de la "guerra fría"( se ha denominado así a uno de los períodos de mayor tensión en el enfrentamiento entre EE.UU. y los países socialistas. Las relaciones entre ambos bloques se endurecieron a partir de 1950 y el peligro de un enfrentamiento armado no decayó hasta comen­zar la década de! 60. Esta situación, considerada de guerra virtual, permitió a los EE.UU. exigir de sus aliados latinoamericanos muestras de adhesión y concesiones de todo tipo), se cele­bró en Bogotá la Conferencia Panamericana presidida por el Gral. G. Marshall, secretario de estado de los Estados Unidos, que dio naci­miento a la Organización de los Estados Americanos (OÉA) con sede en Washington D.C. Colombia adhirió inmediatamente a la doctrina norteamericana de las fronteras ideológicas y rompió relaciones con los países socialistas.
Con el gobierno de Laureano Gómez, sucesor de Ospina, la violencia estatal asume ribetes trágicos. Como contrapartida, se desarrolla un poderoso movimiento guerrillero que recibe el apoyo de campesinos y de núcleos opositores marginados de toda participación en la vida po­lítica de su país. En un clima de turbulencia inusitada, se produce el golpe militar del 13 de junio de 1953 que lleva al poder al Gral. Gustavo Rojas Pinilla. Éste toma medidas de corte nacionalista y restablece las libertades democráticas. Sin embargo, sus reformas se rebelan insufi­cientes para paliar la crisis de la república. Un nuevo golpe militar lo derroca en 1957.
La junta de generales, surgida del golpe, entrega el poder al Frente Nacional Bipartidista, constituido por los dos partidos tradicionales que acuerdan un sistema de hegemonía, bajo la forma constitucional de alternancia en el gobierno. Pese a la aparente estabi­lidad de una fórmula que continúa vigente, han surgido, desde entonces, grupos de oposición, a veces disidencias de los partidos tradicionales, que proponen nuevos rumbos para encarar los principales problemas del país.
En tanto, el crecimiento de la guerrilla con firme sostén en amplias zonas rurales, la ha convertido en un insoslayable factor de poder que impone, palmo a palmo, su inclusión entre las fuerzas políticas del país. En 1984 los principales grupos armados realizaron dos acciones trascen­dentales, dirigidas a lograr ese objetivo: la negociación de una tregua con el presidente conservador Belisario Betancur y el anuncio de su decisión de organizarse legalmente para concurrir a las elecciones presidenciales de 1986.
También en 1984, las poderosas redes del narcotráfico que vinculan a Colombia con la mafia estadounidense, hicieron sentir su presencia inquietante con el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de justicia que se había atrevido a desafiar la impunidad que gozaban.
En junio de ese mismo año, Colombia acogió en Cartagena a once países de Latinoamérica para encarar conjuntamente la difícil y común problemática de la deuda externa.
En enero de 1985, Betancur inició el ajuste económico a través de un plan que implicó medidas antipopulares como la reducción del gasto público, el incremento de los impuestos, incluso a los artículos de primera necesidad; aumento de los precios de los combustibles y del transporte, etc., compensados por reajustes salariales inferiores al alza del costo de vida. A lo largo de la gestión del gobierno conservador la situación social y económica de Colombia sufrió graves deterioros. El terrorismo de los grupos paramilitares y de las bandas del narcotráfico creció hasta alcanzar niveles de violencia desconocidos en los anterio­res 30 años de lucha política armada. Los organismos de derechos humanos denunciaron permanentemente la aplicación de torturas, las ejecuciones clandestinas y las desapariciones de militantes y prisione­ros políticos.
Durante la presidencia de Virgilio Barco (1987-1990) fueron asesi­nados dirigentes políticos de varias tendencias. Como represalia, Barco inició una confrontación en gran escala contra el Cartel de Medellín, dirigido por Pablo Escobar Gaviria. En 1989 autorizó la extradición de los narcotraficantes a los EE.UU., atacó las bases de producción y elaboración de drogas e interfirió algunos de sus tradicionales circuitos de comercialización. La respuesta del cartel fue la movilización del grupo terrorista conocido con el nombre de "Los extraditables", que bajo el lema de "preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos", desencadenó una guerra sin cuartel contra el Estado colombiano. El mismo Escobar Gaviria ofreció el pago de la deuda externa de su país a cambio de no ser extraditado.
Según el Banco de la República de Colombia, las finanzas de los carteles de las drogas en este país (los mayores son los de Medellín y Cali) se elevan a 25 mil millones de dólares. Y de acuerdo a informa­ciones de la agencia antidroga norteamericana —DEA—, la organización encabezada por Escobar Gaviria, comercializaba alrededor del 60% de la cocaína consumida en los Estados Unidos.
En las elecciones presidenciales de mayo de 1990 resultó ganador el candidato del Partido Liberal, Cesar Gaviria Trujillo. Éste, al iniciar su gobierno, comprometió los esfuerzos necesarios para terminar con el narcoterrorismo. En función de este objetivo presentó su política de sometimiento a la justicia, que implicaba, entre otras condiciones, la derogación de las extradiciones a los EE.UU. Escobar Gaviria y sus lugartenientes se acogieron a ella. Recluidos en una cárcel de alta seguridad, fugaron en julio de 1992. Recién el 3 de diciembre de 1993, Pablo Escobar Gaviria pudo ser abatido en un enfrentamiento con la policía. Su muerte, presentada como "un triunfo sobre la criminalidad", tuvo repercusiones políticas y sociales contradictorias. Desde las esfe­ras oficiales latinoamericanas, europeas y norteamericanas se felicitó al gobierno de Colombia por su éxito en la lucha contra uno de los "mayores enemigos de la humanidad". Los sectores postergados de la sociedad colombiana, por su parte, concurrieron multitudinariamente a su sepelio. Nadie puede vaticinar sin embargo, que con su muerte se han debilitado las causas de la violencia ni que cesará el tráfico de cocaína hacia los mercados occidentales, particularmente, los EE.UU.

LA LITERATURA
Del Realismo o Naturalismo de intención social al despegue mágico de la realidad
Aunque consideraremos etapas posteriores, no podemos dejar de mencionar al padre de la prosa colombiana, Jorge Isaacs (1837-1875) con su novela Maria (1867) que ha hecho llorar a varias generaciones. Luis Harss inicia una recorrida por la literatura colombiana a partir de la expresión de García Márquez referida a la misma: "Inventario de muertos", ya que considera que desde la época de La Vorágine de Rivera, "la literatura americana parece estar en su último suspiro".
En esta recorrida llega hasta la generación inmediatamente anterior a García Márquez y rescata como representante de ella, a José Osorio Lizarazo (1900-1964), autor de El hombre bajo tierra, referida a la vida de los mineros, que explotó con fines didácticos el naturalismo. En su prosa, como dice Ernesto Volkening2, "cruelmente desnuda y penetran­te... palpita un tremendo patetismo que se nutre de encono tenaz, ¡levado a demoníacos extremos."
Pero esa prosa carece tal vez de méritos todavía suficientes para catapultar la literatura de Colombia al resto del mundo. Fue necesario el advenimiento de un nuevo grupo de escritores colombianos, el que se inscribe en la vanguardia literaria de Latinoamérica. A esta nueva generación pertenecen Gabriel García Márquez y Cepeda Samudio.
Rodolfo Terragno  en "Caimán y el rebelde de Latinoamérica" ,  Clarín, 26/1/84 cuenta: "Tuve acceso de este modo a las actas no escritas del grupo de Barranquilla, aquella bandada de bebedores pintorescos como personajes del Pagnol, que devoraban a Joyce y Hemingway en la boca del Magdalena y que —según me contó uno de ellos, el mismo García Márquez— se emborracharon, enloquecieron y cantaron hasta el amanecer del día que la Academia Sueca le dio el premio Nobel a William Faulkner". Todas estas menciones de autores son clara alusión a las influencias que los escritores de esta generación han recibido.
Así lo confirma el mismo García Márquez cuando confiesa a Harss que en Faulkner y también en Virginia Wolf había encontrado un arte y un estilo: "Cuando leí a Faulkner pensé: tengo que ser escritor".
Estas citas corroboran la conocida adhesión de García Márquez a Faulkner —todo escritor elige un maestro— pero para comprender la importancia de su obra, la cabal transformación que ella proporciona a la literatura colombiana, hay que considerar que, más allá de la fide­lidad al espíritu de su mentor, García Márquez supera toda influencia, todas las barreras de la seducción y logra crear un estilo en que lo mágico, lo real, lo tierno, lo humorístico son propios y son colombianos, latinoamericanos.

Si se recuerda la asfixiante falta de humor o de ternura en Faulkner (apenas insinuada en Mientras yo agonizo y en algún cuento) se notará más las diferencias, aún frente a la manifiesta intención de "Gabo" de no romper el cordón umbilical con su maestro. Para Colombia, parti­cularmente, el estallido combinatorio de formas reales y fantásticas en la escritura de García Márquez modifica las limitaciones de la prolongación del naturalismo en que se encerraban sus predecesores.

Fuente: Antología de cuentistas latinoamericanos
Ed.Colihue, Bs.As., 1999




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