BUSCAR EN ESTE BLOG

21 de diciembre de 2015

El Siglo de Oro español: La Época Áurea

El Siglo de Oro español: La Época Áurea

Los Reyes Católicos propician el advenimiento de un período de esplendor que enriquece los caminos espirituales de España. La aspiración de Fernando de extender su influencia por toda Europa culmina con la llegada al trono de su nieto Carlos I. Con él se consolida la hegemonía de la Península.
Comienza, entonces, una nueva etapa para las letras españolas, que se co­noce con el nombre de "Siglo de Oro", pues se considera que su momento más fecundo comprende los últimos cincuenta años del siglo XVI y los primeros cincuenta del XVII. Respecto de esta denominación hay diversas posturas: algunos lo sitúan entre 1500 y 1680; otros, entre 1550 y 1650.
La crítica actual prefiere llamar "Época Áurea" a los dos siglos casi comple­tos: desde el advenimiento de Carlos I (1516) hasta la muerte de Calderón (1681); por lo tanto, juzga impropia la vieja expresión.
La "Época Áurea" puede dividirse en dos ciclos:
  • el de plenitud renacentista, que abarca los reinados de Carlos I (Primer Renacimiento) y de Felipe II (Segundo Renacimiento) y se caracteriza por su clasicismo grecorromano; más universal, sin dejar de ser español, recibe la influencia de Italia y sigue la línea paganizante que cunde por toda Europa;
  • el de decadencia, después del reinado de Felipe IV; representa el Barroco, cuyo nacimiento coincide con la declinación política y el estancamiento de la sociedad española.
Primer Renacimiento: la España imperial de Carlos I
Las bodas de España con Europa
Con Carlos I de España y V de Alemania se establece en la Península la Casa de Austria, es decir, la dinastía de Habsburgo o de Habsburgo-Lorena, que recibe este nombre, porque sus primitivos condes se radicaron en Habsburgo del Aare. Esta Casa da a España cuatro reyes más: Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Todos ellos reinan entre los siglos XVI y XVII.
El poderío de los Habsburgo se acrecentó mediante tratados y matrimonios, de ahí que se dijera: “Que otros hagan las guerras/tú, Austria feliz, cásate.

Carlos I supedita toda su política a la defensa del catolicismo. "En la deci­sión del emperador —dice Ángel del Río— se conjugaban la voluntad imperial de origen germánico y el espíritu de cruzada o guerra santa, engendrado en España durante las luchas contra los moros y heredado de sus abuelos espa­ñoles". De ahí su decidida actuación contra los protestantes (1521-1555), quienes alteran las ideas morales y políticas de su reino.

No se ponía el Sol en la España del siglo XVI
Durante el reinado de Carlos I se realizan conquistas y exploraciones que despiertan verdadera admiración. Por este motivo se dice que este monarca forma el Imperio español allende los mares.
Las naves hispanas dan por vez primera la vuelta al mundo y se conquistan dos grandes imperios: México y Perú. A estos hechos podemos agregar otros:
  • Hernán Cortés anexiona las regiones de Guatemala y de Honduras, después de la conquista de México (1519-1521),
  • Fernando de Magallanes llega a las islas de las Especias (Indias Orientales) por la ruta marítima del Oeste. Su expedición, que completó Elcano en 1522, constituye el primer viaje de circunnavegación. Con él se prueba la esferi­cidad de la tierra, se conocen nuevos datos acerca de los países no descu­biertos y se trazan rutas marítimas que luego siguen otros navegantes.
  • La fundación de Lima (1535).
  • El Adelantado Pedro de Mendoza lleva a cabo la primera población de la ciu­dad de Nuestra Señora del Buen Aire (1536).


Segundo Renacimiento: la España católica de Felipe II
España al servicio de Dios
Felipe II, el "rey prudente", no obtiene el título de Emperador como su padre, pero gobierna un verdadero imperio constituido por tierras europeas, africanas, americanas, oceánicas y asiáticas.
Lucha contra el protestantismo y el Islam, para defender la causa del cato­licismo, y logra la tan ansiada unidad ibérica con la anexión de Portugal y de su imperio colonial a la corona española.
Su época se caracteriza por el ansia de expansión colonial, nutrida por el espíritu de aventura, y por el anhelo de implantar en las tierras del Nuevo Mundo la civilización europea:
  • Juan de Garay funda Buenos Aires (1580) y la ciudad de Santa Fe (1573).
  • Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre se lanzan a la búsqueda de El Dorado.
  • Pedro Menéndez de Aviles funda en La Florida la villa de San Agustín, la más antigua de los Estados Unidos de América.
  • Son descubiertas en el océano Pacífico las islas Filipinas, a las que dan este nombre en homenaje a Felipe II.


El Renacimiento español
El Renacimiento en España no implica una ruptura con la tradición medieval como ocurre en otros países, porque:
  • la Edad Media no pierde contacto con las letras clásicas;
  • no se produce una crisis en el seno de las creencias religiosas.

Por eso, dice Dámaso Alonso que "lo esencialmente español, lo diferencialmente español en literatura es esto: que nuestro Renacimiento y nuestro Post­renacimiento barroco son una conjunción de lo medieval hispánico y de lo renacentista y barroco europeo. España no se vuelve de espaldas a lo medie­val al llegar el siglo XVI (como lo hace Francia), sino que, sin cerrarse a los influjos del momento, continúa la tradición de la Edad Media. Ésta es la gran originalidad de España y de la literatura española, su gran secreto y la clave de su fuerza y de su desasosiego íntimo. Hay como una veta de literatura medieval (romancero y cancionero popular, etc.) que entra en el siglo XVI, y llega hasta nuestros días".
Se caracteriza por la:
  • fusión de la tradición medieval con los nuevos aportes europeos,
  • valoración que hace España de su pasado;
  • cristianización de la antigüedad;
  • coexistencia de lo popular, local e hispánico con la cultura universal, recibida de la herencia clásica;
  • unidad político-religiosa;
  • armonización de tendencias contrapuestas (tradición religiosa más humanis­mo pagano);
  • fusión de idealismo y realismo;
  • nacionalización de temas extranjeros;
  • finalidad ética y didáctica.


La cultura renacentista española
Sus valores artísticos, éticos y literarios
Los valores de la cultura renacentista se hallan en:
Política. Se produce un fortalecimiento del poder real. Surge la preocupación por el Estado.
Filosofía. Comienza la crítica de la Escolástica medieval. Juan Luis Vives (1492-1540) es el representante más destacado del humanismo antiescolásti­co; católico ortodoxo, fiel a lo más sustantivo del mundo medieval, pero lleno del nuevo espíritu. Su tratado De anima et vita (Sobre el alma y la vida) es uno de los libros más vivos y agudos que produjo el movimiento humanístico. Es­cribe, además, De institutione feminae chrístianae (Sobre la formación de la mujer cristiana) y Filosofía primera.
El renacimiento de la Escolástica es iniciado y proseguido por la escuela dominica de Salamanca, con repercusión en otras universidades peninsulares, sobre todo en la de Alcalá de Henares. La Escolástica renace en torno del Concilio de Trento, en el nivel al que la había elevado Santo Tomás, y orienta filosófica y teológicamente todo el movimiento de la Contrarreforma, vivificado por la obra de los místicos Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.
También se advierte la Influencia de cuatro escuelas filosóficas que atienden a la vida moral: el eclecticismo, el estoicismo, el epicureismo y el escepticismo.
Ciencias exactas, físicas y naturales. El mayor progreso científico se produce en el arte de navegar, en la Oceanografía, la Astronomía, la Física, la Matemáti­ca, la Geografía y la Cartografía.
Pedro de Medina publica en 1542 su Arte de navegar, utilizado por todos los marinos del mundo durante dos siglos, y en 1500 aparece el Mapa de Juan de la Cosa, primer mapamundi. El primer Atlas de América, que contiene treinta y siete mapas, es obra de García de Céspedes.
Historia. El Padre Juan de Mariana (1535-1624) escribe la célebre Historia de España (1601). Los historiadores de Indias son Gonzalo Fernández de Oviedo, Bartolomé de las Casas, Bernal Díaz del Castillo y Antonio de Solís. Se inician la crítica histórica y la filosofía de la historia-Derecho. El más señalado representante es Elio Antonio de Nebrija (1444-1522), quien, por su Lexicón juris civilis (Diccionario de Derecho civil) y otras obras, puede ser considerado el padre de la jurisprudencia culta y racional y el restaurador del Derecho civil. Economía. Se inicia el movimiento mercantilista.
Educación. La primera Universidad española, la de Salamanca, fundada en 1253, tiene su mayor esplendor entre los siglos XV y XVI. Luego se fundan otras, como la de Alcalá de Henares (al comenzar el siglo XVI), la de Toledo (1520), la de Santiago de Compostela (1527) y la de Oviedo (1608). Y, en el Nuevo Mundo, las de México, Santo Domingo y Lima.
A fines del siglo XVI comienza la actuación pedagógica de la Compañía de Jesús, cuyo libro inspirador, la Ratio studiorum (Método de estudios), es com­puesto en 1588.
Se publican, además, libros de caligrafía y de índole pedagógica.
Arquitectura. Se introduce en España a fines del siglo XV. Predominan los siguientes estilos: plateresco (por su semejanza con la labor de los orfebres) y herreriano (por su creador, Juan de Herrera). Ejemplo del primero es la Univer­sidad de Alcalá de Henares, y del segundo, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Escultura. Descuellan artistas gloriosos: Bartolomé Ordóñez, Diego de Siloé, Alonso Berruguete. El sentido religioso da origen a la gran escuela de ima­ginería policroma de la Época Áurea.
Pintura. Refleja las influencias flamencas e italianas (Van Eyck, Giotto). Se caracteriza por su realismo y religiosidad: Luis Dalmau, Juan de Borgoña, Pe­dro Berruguete. El pintor más destacado, por la magnificencia de su obra, es Domenico Theotocópuli, el Greco (1541-1614), autor de "El Martirio de San Mauricio y la legión tebana" (El Escorial); "La Trinidad"; "El Bautismo de Cris­to"; "La Crucifixión"; "El entierro del conde de Orgaz".
Felipe II siente gran admiración por Hieronimus Bosch, "el Bosco".
Música. Tanto Carlos I como Felipe II protegen la música religiosa. El com­positor más importante es Tomás Luis de Victoria, fiel a la tradición objetiva y eclesiástica de la polifonía.

Religión. Frente a la rebelión protestante, la teología española da origen a la auténtica reforma católica que culminará con el Concilio de Trento.
La España de los Austria es gran defensora de la fe y profesa la obediencia al magisterio romano.
Literatura. Entre los autores más destacados nombraremos a Juan Boscán, quien deja la lengua lemosina por el castellano y adopta, por influencia de An­drea Navagero, los metros italianos: el soneto, la octava rima, la epístola en tercetos, etc., e instala plenamente el Renacimiento en las letras españolas. Garcilaso de la Vega, humanista también, renueva el mundo bucólico de los autores latinos; exalta el amor platónico, fórmula nueva —aunque de inspira­ción clásica— del ya olvidado "amor cortés". Fray Luis de León, representante de la escuela salmantina; profesor, humanista, dedica la mayor parte de su tiempo a obras de traducciones bíblicas y a la poesía, en la que desprecia la artificiosidad de la vida social y admira la obra del Creador en la naturaleza, cantando la aproximación que el hombre siente hacia Dios con la poesía. Santa Teresa de Jesús; quien —según Ballesteros Gaibrois— se halla encendida de amor místico, pero llena de una incansable actividad fundadora y reformadora dentro de su propia orden —la del Carmelo— y de un poder creador literario asombroso. Las Moradas, Camino de perfección, el Libro de las Fundaciones y otras obras reflejan su gran aventura espiritual en busca del Supremo Hace­dor y el lenguaje llano de su tiempo. San Juan de la Cruz escribe las composi­ciones poéticas más elevadas en el ámbito religioso: "Cántico espiritual", "Lla­ma de amor viva", "Noche oscura del alma", "Subida al Monte Carmelo".
La novela picaresca tiene su máxima expresión en El Lazarillo de Tormes.


Fuente: AAVV: España en sus letras; Ed. Estrada; Bs.AS.; 1985












Seguidores

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

+GOOGLE

Add to Google Reader or Homepage

PÁGINA PRINCIPAL