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16 de julio de 2018

LA EXPANSIÓN EUROPEA: LOS VIAJES DE EXPLORACIÓN


LA EXPANSIÓN EUROPEA: LOS VIAJES DE EXPLORACIÓN

Desde fines del siglo XV y comienzos del XVI, navegantes europeos se lanzaron a los grandes océanos y alcanzaron zonas del mundo que, has­ta entonces, desconocían. En unos pocos años, alrededor de 40, los límites del mundo conoci­do por los europeos se ampliaron en forma notable.
Cuando comenzó dicho proceso, Europa, África y Asia ya se conocían mutuamente. Du­rante mucho tiempo, esos mundos habían man­tenido contactos intermitentes a través del mar y de rutas terrestres, haciendo que los habitan­tes de uno tuvieran noticias de la existencia de los otros. Pero a pesar de esos contactos esporá­dicos, constituían mundos separados cultural, religiosa y política­mente. La información que cada uno de ellos tenía acerca de los otros era limitada, incompleta y, muchas veces, inexacta o defor­mada. Por su lado, el continente americano se mantuvo durante miles de años completamente aislado del resto.
Los viajes de exploración y descubrimiento llevados a cabo desde Europa a partir de mediados del siglo XV deter­minaron el final de los mundos aislados y la intercone­xión de todos ellos en un solo mundo.
EL MUNDO CONOCIDO POR LOS EUROPEOS A ME­DIADOS DEL SIGLO XV
Hacia mediados del siglo XV, los navegantes europeos ya te­nían una idea aproximada de buena parte del mundo: conocían Europa, algunas zonas de Asia y el norte de África. La existen­cia de un continente entre Europa y Asia, en cambio, era comple­tamente desconocida. Esa idea del mundo se había ido formando a partir de la acumulación de conocimientos geográficos desde la Antigüedad. Desde esa época, muchos viajeros -marinos, comer­ciantes, guerreros- brindaron innumerables informaciones acerca de los lugares que visitaban.
El conocimiento geográfico europeo tendía a ampliarse se­gún los productos que comerciaban. Así, por ejemplo, una vez que comenzaron a importar productos asiáticos regularmente en el siglo XII, conocieron mucho más acerca de Asia. Con respecto de África, estaban mucho menos informados debido a varias razones: el limitado comercio de productos provenientes del África subsa-hariana; las prevenciones europeas acerca de las condiciones climá­ticas de la zona tórrida; y la acción de los musulmanes para man­tener alejados a los mercaderes europeos del manejo directo del co­mercio africano.


NUEVOS CONOCIMIENTOS NÁUTICOS Y GEOGRÁFICOS
Cuando, durante la segunda mitad del siglo XV, los europeos comenzaron a navegar a través de los grandes océanos, ya conta­ban con algunos elementos técnicos que les permitieron llevar a cabo tales empresas. En primer lugar, disponían de los conocimien­tos geográficos y astronómicos que habían desarrollado los anti­guos griegos y perfeccionado los árabes. Además, los marinos euro­peos ya habían confeccionado algunos mapas rudimentarios , los llamados "portulanos". Los portulanos eran mapas en los que se di­bujaban el contorno de las costas, con todos sus accidentes (ba­hías, golfos), los principales puertos y las rutas conocidas.
Aunque en algunas ciudades, como Génova y Barcelona, exis­tían escuelas de náutica, lo que predominaba en el arte de navegar era la experiencia de los marinos en su lucha contra el mar.
Con el tiempo, se fueron desarrollando algunos recursos técnicos que permitieron la realización de viajes hacia distancias cada vez mayores. Uno de los problemas que tenían los navegantes de en­tonces era el de la orientación en alta mar. Para superar ese problema, se perfeccionaron algunos instrumentos de medición, como la brújula y el astrolabio. La brújula, ins­trumento inventado por los chinos y que ya se usaba en  Europa desde el siglo XIII tiene una aguja imantada que siempre apunta al Norte. El astrolabio era un instrumento  que permitía calcular la altura del Sol y de las estrellas sobre el horizonte y, así, conocer el lugar donde se hallaba la nave. Los marinos también utilizaban la rosa de los vientos, dibujo en el cual están indicados los cuatro puntos cardinales.
 Un gran avance técnico, instrumento genuino del descubri­miento, fue la carabela. Este velero liviano, de casco estrecho, que combinaba la vela triangular con la cuadrada, resultó una pieza de­cisiva en el éxito de las exploraciones. Las carabelas eran naves pequeñas (medían entre 20 m de largo por 8 m de ancho), resisten­tes, rápidas, podían transportar hasta 25 hombres, y poseían una gran capacidad de manio­bra. Años después, al desarrollarse  el comercio de ultramar, la carabela, de escasa capacidad de  carga, fue reemplazada por  el galeón.
LAS RAZONES DE LA EXPANSIÓN
Cuando se discuten los motivos que impulsaron la expansión europea, es fácil suponer que los europeos en general compartían un profundo deseo de explorar. Sin embargo, la mayoría de los que vivían en la Europa del siglo xv se hallaban demasiado ocupados en sobrellevar su propia vida como para preocuparse por otras cuestiones; las metas de marineros, mercaderes y príncipes -prota­gonistas de la expansión- se hallaban demasiado lejos de la expe­riencia cotidiana de la gente común.
Cualquier discusión acerca de los motivos del avance europeo debe tener en cuenta que sólo un segmento muy pequeño de la  sociedad fue responsable de impulsarlo. Aun aquellos que se sentían atraídos por las posibles recompensas que les brindaría la exploración de tierras lejanas, lo estaban de distintas maneras y perseguían diferentes metas. No obstante, la mayoría de las razo­nes de la expansión puede reunirse en dos grandes grupos: religio­sas y económicas.

Los móviles religiosos
Uno de los principales motivos que impulsaron la expansión europea, sobre todo en su primera etapa, fue el deseo de expandir el Cristianismo. Durante toda la Edad Media, la rivalidad entre cristianos y musulmanes había caracterizado la política europea. Las luchas seculares entre estas dos civilizaciones habían dejado un sentimiento de hostilidad entre ambas, que continuaría duran­te el siglo XVI y más allá.
La posibilidad de que los exploradores pudieran brindarles in­formación acerca de los musulmanes movió a varios monarcas eu­ropeos a financiar viajes de exploración. La guerra constante con­tra los musulmanes creó en Europa una idea de cruzada, de guerra santa contra el "infiel" musulmán. Este espíritu de cruzada fue uno de los móviles más importantes de los viajes hacia otras tie­rras. Así, por ejemplo, los portugueses intentaban que su expan­sión hacia África fuera un duro golpe contra los musulmanes, que extendiera la fe cristiana y que posibilitara un avance hacia la libe­ración de la Tierra Santa, en el Cercano Oriente.
En los primeros años de la Edad Moderna, la religiosidad cris­tiana todavía conservaba un enorme poder en Europa y ejercía una poderosa influencia en casi todos los aspectos de la vida. En esa at­mósfera, uno de los impulsos más antiguos de la Cristiandad -el envío de misioneros a los no creyentes- jugó un importante papel en la expansión europea. La fuerza del proselitismo religioso apareció claramente en los primeros momentos de ese proce­so. Tanto portugueses como españoles trataron de expandir el Cristianismo en los imperios que construyeron. En este sentido, los españoles fueron bastante más exitosos en América, que sus ri­vales en África y en la India.

Los móviles económicos
Las principales motivaciones para la exploración también provenían  del fortalecimiento de la economía europea posterior a1450, especialmente del desarrollo del comercio. La expansión tuvo dos objetivos principales: la búsqueda de nuevos productos y rutas comerciales.
El oro que alimentaba el comercio con el Lejano Oriente era extraído en el centro del continente africano y llegaba al Mediterráneo por medio de caravanas conducidas por comerciantes musulmanes. En el siglo XV, el comercio de bienes de lujo comenzó a demandar más cantidad de oro que antes. Llegar directamente a las fuentes de producción de oro en África se convirtió en el objetivo de muchos comerciantes europeos. También existía interés por incorporar nuevas tierras para el cultivo del azúcar, que comenzaba a ser muy demandado por las clases altas europeas. Además, para cultivar el azúcar, se necesitaban esclavos, que tradicionalmente provenían del este de Europa y de Asia.
Las especias, traídas de las islas del sudeste asiático, eran muy demandadas por sus cualidades como conservantes de carnes y, en menor medida, como condimentos para las comidas servidas en la mesa de los ricos. A mediados del siglo XV el significado del término “especias” era mucho más amplio que en la actualidad. No solo se incluóan dentro del él a la pimienta, la canela, el clavo  de olor el azafrán sino también a otras cuatrocientos productos: cobre, algodfón, seda, colorantes, productos medicinales, perfumes y gomas.

 Ya desde comienzos del siglo XIV la comunidad mercantil italiana poseía abundante información acerca de los productos asiáticos y de las rutas que llevaban a sus lugares de origen, gracias a más de un siglo de intercambio comercial a través de los puertos del Mediterráneo oriental y del Mar Negro. A mediados del siglo XV, el avance de los turcos desde el Asia Menor y la toma de Constantinopla en 1453 provocaron el cierre de las rutas comerciales que los europeos utilizaban habitualmente. Esta situación los obligó a lanzarse a la búsqueda de nuevos rumbos.



Fuente: Ciencias Sociales, Ed.Puerto de Palos, Bs.As., 2001




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