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27 de julio de 2008

Veronique, una chica de hierro de Sonia Sarfati

Así es como aparece definida varias veces a lo largo de la novela la protagonista de esta historia. En un primer momento, nadie dudaría de las ventajas de ser “una chica de hierro”: uno puede imaginarse a una persona fuerte, decidida, inquebrantable, alguien para quien nada es un obstáculo, tal vez un poquito insensible... (ciertamente el hierro no es un material cálido).
Sin embargo, luego de leer este fragmento de la vida de Véronique podemos cambiar nuestra opinión y creer que una personalidad de hierro no sirve de nada si no se acompaña de un fuerte deseo de aferrarse a la vida, de cierta flexibilidad (que el hierro no tiene en absoluto) para permitirse errores, para darse gustos, para abrazar, para llorar, para pedir ayuda.
En definitiva, descubrir que la clave es el equilibrio, que nadie puede ni debe ser perfecto y que ser uno mismo, aunque suene muy simple, es una de las tareas más difíciles y, tal vez la más comprometida, de nuestras vidas.
Véronique bajo la lupa
La historia de la protagonista está contada desde la perspectiva de su mejor amiga, Gabrielle Perrault. El primer cambio que nota en Véronique, con una mezcla de envidia y admiración, es el descenso de peso que ha experimentado y la increíble figura que luce una chica a la que la pubertad le había regalado unas curvas que ella juzgaba demasiado generosas (pág. 12).
Estos cambios físicos están acompañados por cambios de conducta, tal como lo nota Gabrielle al final del capítulo 1: Cuidadosamente, Véronique se puso a cortar la pizza. Pequeños bocados. Muy pequeños. Que nunca se llevaba a la boca (pág. 19).
Gabrielle también experimenta un descenso de peso debido a la preocupación por la situación que está atravesando su amiga. Probablemente, en algún momento “se le cerró el estómago” y empezó a comer menos. Sus padres y su hermano se preocupan y piensan que se está “contagiando” de Véronique. Ella responde: Una anoréxica no es solamente una chica que adelgaza, Lionel. Es una chica que tiene serios problemas, y bastante más complejos de lo que te imaginás (pág. 65).
Por otra parte, hay ciertos factores del entorno social y familiar que favorecen que una persona se enferme de esta manera. Por lo leído en la novela, es sabido que Gabrielle Perrault, la fiel amiga de Véronique, no es deslumbrante ni excesivamente coqueta. Adora el ski de fondo y la bicicleta y disfruta también su “look ciclo–delirante pimaveral” (pantalón corto roto puesto encima de unas calzas, casco con motivos... personalizados, anteojos de diseño futurista)... (pág. 45). Y no podemos desconocer que es una “amiga de fierro”: Pero más allá de todo esto, más allá de los celos y de la mezquindad, en un momento de su historia, Véronique lee con avidez una novela de Honoré de Balzac, Piel de zapa Y esta lectura deja una huella en su corazón: Rafael, el protagonista de esta historia de Balzac, tiene 26 años pero no quiere vivir más; está dispuesto a arrojarse al río Sena. Sin embargo, no quiere hacerlo en pleno día y decide vagabundear, sin un centavo en el bolsillo hasta que llegue la noche. Distraído, entra en una tienda de antigüedades y su dueño le muestra una piel de zapa, que es un cuero de asno trabajado de manera especial y con una superficie granulada, semejante a una lija. Esta piel en particular tiene grabada una misteriosa y atractiva leyenda: “Si me posees, poseerás todo. Pero tu vida me pertenecerá. Dios lo quiso así. Desea y tus deseos serán cumplidos. Pero dosifica tus deseos conforme con tu vida. Ella está aquí. Por cada deseo disminuiré los días de tu vida. ¿Me quieres? Tómame. Dios te concederá lo que pidas. Amén.”
A medida que avanza su enfermedad, Vero siente que no puede controlar su vida, que hay una fuerza dentro de ella que la lleva a no alimentarse a pesar de que sabe que este camino también la lleva a la propia destrucción. Vero se siente muy cerca de la locura.
Con la lectura de Véronique hemos acompañado a una chica y a su amiga durante algunos meses de su vida; hemos pasado por la observación de nuestro entorno y la lectura de tres grandes obras del siglo XIX, nuestros conocimientos se han enriquecido y tal vez tenemos más preguntas que respuestas sobre la naturaleza humana.
A cargo de la Prof.Verónica PiaggioEd.Cántaro

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