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20 de octubre de 2011

Caballo de Troya

EN LA IMAGEN: MAESTRO DE LA ENEIDA: EL CABALLO DE TROYA (esmalte pinta­do, 22,5 x 19,5 cm.)

Caballo de Troya, en la mitología griega, caballo de madera grande y hueco empleado por los griegos para conseguir entrar en la ciudad que asediaban, Troya, y así terminar con la guerra de Troya. Incapaces de capturar la ciudad después de diez años de asedio, los griegos recurrieron a una estratagema. Construyeron el caballo, metieron dentro guerreros armados y lo abandonaron en la playa antes de zarpar en sus barcos. Sinón, un espía griego, convenció a los troyanos para que metieran el caballo, diciéndoles que era un regalo de Poseidón. Por la noche, Sinón dejó salir a los soldados griegos armados, que mataron a los guardianes y abrieron las puertas a su ejército, capturando e incendiando la ciudad. El ardid del caballo fue una astucia del héroe Odiseo.

EN LA IMAGEN: MAESTRO DE LA ENEIDA: EL CABALLO DE TROYA

(esmalte pinta­do, 22,5 x 19,5 cm.), hacia 1510. París, Louvre.-

EN LA IMAGEN: MAESTRO DE LA ENEIDA: EL CABALLO DE TROYA

(esmalte pinta­do, 22,5 x 19,5 cm.), hacia 1510. París, Louvre.-

El primer nombre que en­contramos en la pintura francesa de comienzos del siglo XVI es el de

Jean Bourdichon (1457·1521 aprox.), que fue retratista oficial de la Corte, pero del que sólo se

conservan hoy miniaturas (las Horas de Francois de Vendóme y

la Grandes Horas de Anna de Bretagne). Se trata de un artista que todavía debe bastante a

Jean Fouquet, pero que pronto se diferencia de él por cier­ta languidez,

en la que se inspirará la escuela miniaturista de Ruán que, bajo la influencia también de

los italia­nos, acabará por desembocar en el manierismo y prestará su contribución a la

gran escuela de Fontainebleau.

Ni en Bourdichon ni en otro seguidor de Fouquet, Jean Colombe, posible her­mano de Michel,

el gran escultor,, se aprecian huellas de la in· fluencia italiana, sino más bien la continuación de una tradición nacional que se afirma vigorosamente durante la primera mitad del siglo XVI en obras de pintores sobre esmalte adscritos generalmente a la célebre escuela de Limoges.

Presentamos aquí la obra del anónimo Maestro de la Eneida, así llamado

por haber ejecutado una serie de esmaltes sobre episodios del poema de Virgilio.

Aparece claro todavía en el grafismo de la factura un recuer­do medieval, pero la

elección de un tema clásico, como la Eneida, nos habla ya de los nuevos ideales.

Desde el punto de vista técnico, nótese que los esmaltistas abandonan ya el

procedi­miento de "cloisonné»; utiliza sopor­tes de cobre y superponen los colores

como haría un pintor, aunque con la diferencia fundamental de que se cuece primero

cada capa de color antes de aplicar la capa siguiente. Puesto que el color se modifica

tras la cocción, esta técnica exige una habilidad y una experiencia fuera de lo común,

sobre todo cuando se emplea el cla­roscuro o gradación cromática de los tonos.


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