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29 de noviembre de 2011

Las raíces del Romanticismo

Las raíces del Romanticismo de Isaiah Berlin


  Isaiah Berlín , uno de los autores más brillan­tes de nuestra época, estaba poco menos que obsesionado por el problema del ro­manticismo y su confrontación con la modernidad. Debate y polémica en los que él tomó siempre partido por las ideas, pers­pectivas y posiciones de los hombres del Iluminismo, como lo demuestra otra de sus frases favoritas: "Soy un admirador de los enciclopedistas, los grandes materialistas liberales del siglo XVIII que llevaron a cabo la tarea de burlarse y minar una gran cantidad de cosas oscurantistas y odiosas en la Europa de la época. ( ... ) Voltaire fue el liberador más grande los tiempos mo­dernos".

Sobre este apoyo a los hombres e ideas de la Ilustración, no hay margen para ningún error, pero un liberal de la estirpe de Berlin, un humanista amigo de la di­versidad de las culturas, a quien, si algo le producía escozor era el espíritu dogmático y la pertenencia a escuelas, comenzó a preocuparse por algunas falencias del pen­samiento moderno. Entre ellas, la excesiva confianza en que la razón podía alcanzar un saber completo, su excesiva incons­ciencia e indiferencia por la complejidad de las sociedades modernas y la necesidad de reconstruir su legado.

Es esto precisamente, lo que lo llevó a interesarse en las concepciones del romanticismo, en sus más diversos campos y su expresión no sólo en el movimiento conocido en Alemania como el Sturm und Drang, sino en sus fuentes y proyecciones en otros países como Inglaterra, Francia, e incluso en Rusia, donde las obras de Her­der, Fichte, Schelling y Friedrich Schlegel impactaron con fuerza en la estética de Pushkin, Gogol Lermontov y Nekrasov.

El núcleo del trabajo de Isaiah Berlin es correlacionar dos perspectivas en oposición, examinando los ataques del romanticismo a la mo­dernidad desde dos campos: el de los románticos "moderados" y el de los román­ticos "desesperados" (...) A partir de esta distinción entre uno y otro tipo de románticos, Berlin examina la polémica contra la modernidad relatando, por un lado, su oposición común a las ideas de la Ilustración y, por el otro, sus di­ferencias internas que excluyen toda creencia en un romanticismo homogéneo, dado que algunos están dotados de un op­timismo místico y otros de un pesimismo aterrador, lo que pone en juego una desi­gual calidad de los escritos. Pero antes de hablar sobre la multiplicidad de autores, escritos e ideas, vale la pena abordar los puntos centrales de la polémica y los efec­tos perdurables del Romanticismo.

Si ponemos frente a frente las cuestio­nes en debate, encontramos en la colum­na de la modernidad algunos puntos fun­damentales. El primero de ellos es el ra­cionalismo como rechazo de la tradición y el oscurantismo del pasado, de todo el sistema medieval y el antiguo régimen del poder absoluto de los reyes. El segundo, la afirmación del conocimiento como paradigma del modelo racional. Luego, el rol preponderante de la ciencia, independizada de la religión desde la creación del método científico  por Francis Bacon en el siglo XVII. Y, finalmente, el concepto de verdad como soporte, fundamento y ga­rantía de todo el edificio. Una verdad obje­tiva, absoluta, válida en todo tiempo y lu­gar, eterna, respaldada por la teoría de la correspondencia, propuesta por Aristóte­les en su Organon.

La isla de los muertos de Arnold Bocklin. Esta imagen refleja e  ilustra un momento típico del tardío Romanticismo alemán.
Todo este edificio se presentaba para los románticos como algo impenetrable, co­mo un corsé que dejaba sin aliento a la subjetividad, limitativo de la libertad indi­vidual y el espíritu humano. Un horizonte sobre el que se puede construir un saber completo, con su pendiente al dogmatis­mo. Para los principales románticos el yo no es una cosa, un objeto, sino un flujo de experiencias. 
No habría  una estructura de la naturaleza que condicione al hombre: es una voluntad libre, asentada en la consig­na “quiero, luego soy", contra el "pienso, luego existo" cartesiano. Las cosas no son lo que son por necesidad, por depender de una estructura inalterable metafísica o teológica, con el hombre como una ameba a los pies de Dios o de la creación. El error, para ellos, estaba en suponer que había leyes externas, objetivas ya dadas, fuera del control humano. El núcleo de la vida consistía en un vasto proceso creativo, en la invención; nuestro universo es lo que elegimos hacer de él. El flujo de la vi­da sería, entonces,  la interminable creatividad propia, el impulso infinito, inagotable en la realidad, que lo finito intentaba simbolizar sin lograr­lo nunca en forma completa.

Muchos son los románticos citados por Berlin, de Byron a Goethe, de Hölderlin a Hoffmann, de Shakespeare a Milton, Wal­ter Scott, List y Gérard de Nerval, quien para provocar y atraer la atención arrastraba una langosta por las calles de París.
Pe­ro los desarrollos más circunstanciados se asignan en particular a dos pastores protestantes: al vitalismo místico de Johann G. Hamann, llamado Mago del Norte, y a su discípulo Johann G. Herder, quien du­rante cuarenta años usaba en sus escritos la palabra "palingenesia" para calificar su trabajo como dinámica de renacimiento, repetición o devenir. Un romanticismo que si se introduce en lo divino no lo hace por religiosidad, sino por razones líricas, de estética, a fin de incorporar la ilusión, el Wahn, convocante de palabras "para que dancen ululando sobre las ideas", e inyecten sangre en una lengua clásica anémica. Un romanticismo que influyó en el Juan Bautista Alberdi de la música, el autor de El espíritu de la música. Método para aprender el piano con la mayor facilidad y El Gigante Amapolas y en todo el ro­manticismo del Río de la Plata.

En cuanto a Berlin, digamos como con­clusión, que en ningún modo desatendió los riesgos del Romanticismo "desenfre­nado" en la acción política, su influencia en el núcleo de la teoría orgánica 
de la política y la concepción de la ley como el producto de la fuerza palpitante de una nación.


Fuente: Enrique Mari- Suplemento  Cultura Y nación-Diario Clarín-
 Fecha de publicación :sin datos

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