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21 de diciembre de 2016

FÁBULAS Y LEYENDAS- ACTIVIDADES Y GUÍA DE LECTURA

FÁBULAS Y LEYENDAS- ACTIVIDADES Y GUÍA DE LECTURA

¿Qué es una fábula? La fábula es una narración breve en la que intervienen animales u objetos personificados (es decir, que piensan, hablan y actúan como si fueran personas) y también seres humanos. Lo esencial de  la fábula es que deja una enseñanza: es la moraleja, que siempre que está al final del relato. Lea con atención la siguiente fábula  y luego responda las preguntas que encontrará al final del texto.

Los tres amigos y el león  (Anónimo)

       Se cuenta que, en otros tiempos, tres temibles búfalos se habían hecho muy amigos. Tanto, que eran inseparables. Ningún animal de la selva, por valiente que fuera, se animaba, cuando estaban juntos, a desafiarlos: no querían arriesgar el pellejo. De esta manera nadie se les acercaba y ellos vivían tranquilos y a sus anchas. Cierto día, llegó a oídos del león la fama de este peligroso trío. El rey de la selva sintió entonces que peligraba su poder, y decidió tomar cartas en el asunto. Visitó a los tres búfalos y simuló hacerse amigo de ellos.
       Un día, se acercó al más viejo de ellos, que estaba algo alejado de los demás, y le dijo al oído:
-Cuídate de tus amigos, ¿no has visto cómo a veces te dejan de lado? Tal vez estén tramando algo en tu contra. Pero no tengas miedo, yo siempre estaré contigo. El animal le creyó al león.
       Días después, el rey de la selva sembró la desconfianza en el búfalo más joven. Logró, de esta manera, separar a quienes hasta ese momento habían sido inseparables. No contento con esto, atacó a cada uno de los búfalos por separado y los hirió gravemente, aunque no logró darles muerte.
       Con el correr del tiempo, los búfalos se repusieron de las heridas y, cuando se dieron cuenta de que los tres habían sido víctimas del siniestro león, volvieron a ser amigos, juntaron sus fuerzas y tendieron una emboscada al rey de la selva. Lo dejaron tan maltrecho, que, por mucho tiempo, este se arrepintió de haberlos atacado. Los tres búfalos entendieron una vez más que la unión hace la fuerza.
                   Ahora responder:
a. ¿Está claramente determinado el marco en el que se desarrolla la acción, es decir, en qué lugar y tiempo suceden los hechos?
b. ¿Quiénes son los personajes de esta fábula? Caracterzarlos (recordemos que caracterizar significa  describir  a una persona o una cosa con sus rasgos peculiares (característicos)  de manera que resulte inconfundible.
c. ¿En qué situación se encuentran los búfalos al principio del relato?
d. ¿Quién rompe con esa calma inicial? ¿Qué hace para lograrlo?
e. ¿Cómo se resuelve el conflicto? Dicho en otras palabras: ¿cómo termina la historia?
f. Concluido el relato, hay una moraleja: “Los tres búfalos entendieron una vez más que la unión hace la fuerza”. Explíquela teniendo en cuenta el contenido de la fábula.
g. Piensa nuevamente en la moraleja. ¿Qué intención o propósito cree usted que tiene una fábula?


LAS LEYENDAS

       Hasta aquí han   leído un cuento y una fábula. Lo invitamos ahora a leer una leyenda. ¿Qué es una leyenda? Desde épocas remotas, los hombres se han preguntado sobre ciertos temas que constituían para ellos un misterio difícil de descifrar. Se preguntaban el porqué, por ejemplo, de algunos fenómenos de la naturaleza (¿qué es el trueno?, ¿y el rayo?); también querían saber, entre otras muchas cosas, cómo habrían aparecido sobre la Tierra algunos animales y plantas.
Y, para explicar aquello que no entendían, y que los asombraba, narraban historias. Historias en las que se mezclaban la realidad y la fantasía, lo verdadero y lo maravilloso: narraban leyendas.
Así surgieron en casi todos los pueblos primitivos las leyendas, narraciones que iban de boca en boca, y a las cuales cada narrador enriquecía agregándoles algo de su propia imaginación. Se transmitían, entonces, de generación en generación, en forma oral.
Las leyendas son relatos tradicionales y anónimos porque pertenecen a la comunidad en la que surgieron y no tienen un autor conocido. Las historias que relatan las leyendas suceden en un tiempo tan remoto y en un lugar tan desdibujado, que, por lo general, son difíciles de determinar.
En nuestros días, el propósito que generó la creación de leyendas en sus orígenes, se ha perdido. El avance de las distintas ciencias ha otorgado al hombre respuestas que los pueblos primitivos no tenían. Cuando alguien lee hoy una leyenda puede tener diferentes propósitos. Puede interesarse, tal vez, en conocer la mentalidad del pueblo que la originó. Pero también puede querer disfrutar y entretenerse con el relato.

Leer esta leyenda y prestar atención a las diferencias con el relato anterior (la fábula):

Las espinas del cacto

Al pie de un cerro lleno de piedras, había crecido un cacto que no tenía espinas como las tiene ahora. Casi nunca llovía en ese lugar, sin embargo, la planta se hallaba siempre verde y el interior de sus gruesas hojas estaba constantemente lleno de un líquido blanco y suave. Las llamas, vicuñas y alpacas que pasaban por allí, se acercaban al cacto y mordían las anchas hojas para refrescarse con su jugo.
Al pobre le causaban dolor los mordiscos que le daban y deseaba con todo su corazón, tener dientes como los animales para defenderse.
Una tarde, se hallaba muy tranquilo disfrutando del sol que lo acariciaba dulcemente. De repente oyó un ruido que venía de la cumbre del cerro. Miró hacia arriba y vio que bajaban corriendo una zorra y una enorme piedra. La piedra iba delante y el animal, tras ella, corriendo lo más que podía.
—¡No me vas a ganar! —gritó la zorra.
—¡Ya verás! ¡ Si ya no puedes más, estás con la lengua afuera! — le contestó la piedra que, dando vueltas y vueltas entre las rocas, bajaba a cada instante con mayor rapidez, dejando atrás a su contrincante.
En eso, el cacto oyó que lo llamaban:
—¡ Amigo cacto, amigo cacto!
Puso atención y se dio cuenta de que era la voz amiga de la zorra.
—¿Qué quieres? —preguntó la planta.
—Amigo cacto, ¿deseas hacerme un favor?
—¡Cómo no! — le respondió.
— Ataja la piedra y yo en pago te regalaré mis uñas.
“¿Uñas?— se dijo la planta— Pero si eso era precisamente lo que yo necesitaba. ¡Uñas para poder defenderme de las llamas, las vicuñas y las alpacas que me muerden todo el día sin compasión!”
—Te ayudaré— gritó con entusiasmo.
La piedra se le aproximaba cada vez más, dando saltos. La planta esperó que se le acercara lo suficiente y cuando ya la tenía a corta distancia, estiró cuanto pudo sus largas hojas, ni más ni menos que si fueran brazos, la atajó y la sujetó fuertemente.
Mientras tanto, la zorra había ido avanzando. Pasó junto a la piedra prisionera y llegó al pie del cerro, que era la meta de la carrera. Una vez allí levantó la cabeza y comenzó a gritar burlonamente:

—¡Piedrucha, piedrucha, te gané!
La otra intentaba soltarse, pero la planta la sujetaba fuertemente.
—¡Todavía no la dejes libre, amigo cacto! –suplicó la zorra— ¡Espera que me ponga a salvo! ¡Déjame llegar hasta mi cueva!
Cuando el cacto vio que el animal se encontraba a salvo, aflojó los brazos y soltó la piedra que siguió rodando y se perdió de vista. De pronto, la planta sintió algo raro. Se miró y vio que en los bordes de las hojas le habían crecido cientos de espinas parecidas a las uñas de la zorra. Desde aquel día la zorra y el cacto son grandes amigos.
Leyenda –Anónimo
Ahora responder:



1.       ¿Qué intenta explicar esta leyenda?
2.      ¿Dónde ocurren los hechos narrados? ¿Podría usted precisar de qué lugar se trata?
3.      En la leyenda, ¿se indica en qué época transcurre la historia?
4.      ¿Qué similitudes y diferencias encuentra con la fábula?


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